16 de junio de 2017

El escritor de Tiraña (Laviana), Albino Suárez (I)

"Alfonso Camín fue un gran amigo y un maestro para mí"
El lavianés y Alfonso Camín, durante una visita del escritor a Laviana.
Ver artículo del blog: Albino Suárez (escritor Lavianes).
"En 1960 publiqué en un periódico por primera vez; en Tiraña decían que eso no lo podía escribir yo, que yo no tenía escuela, pensaban que lo hacía el cura"
Albino Suárez en un acto. (Lne)
Albino Suárez fue un antisistema cuando los antisistema aún no existían. Nació en 1933, en Tiraña (Laviana). Le quitaron la escuela, él aprendió a leer y a escribir solo. Le mandaron hacer el saludo a la romana, él se prendió una insignia con la tricolor. Le dijeron que Dios es "el ojo que todo lo ve", él sólo se confesó agnóstico. Minero, socialista, ateo y escritor. Borda el relato de su vida con los libros que ha publicado: ochenta y cinco títulos, más de uno por cada vela que sopla. El número ochenta y seis ya está en la imprenta. 
En un homenaje a Alfonso Camín el día 5 enero de 1983. (Blog de Albino Suárez)
Verso, prosa, antologías y monografías. Obsesionado por que la memoria no se pierda, busca en archivos lo imposible de encontrar: "Yo recupero historias y personajes de los que no se acuerda nadie". Letras para la vida y martillo en el tajo. La primera vez que bajó al pozo, supo que no dejaría de picar carbón: "Tiene algo que te atrapa, que te encarcela, como si no pudieras dedicarte a nada más en la vida". Otra vez antisistema, él sí lo hizo. Publicó durante veinticinco años la revista "Alto Nalón". "Era una cosa mía. Lo hacía yo solo porque, si llega a haber más gente, esto no hubiera durado ni tres meses. Las cosas son así. Luego tuve que terminar porque me dejaron a deber anuncios, sin publicidad esto no se mantenía. Además, neña, yo ya canso". 
Cuesta creerlo cuando pasea erguido por la plaza del Ayuntamiento de Pola de Laviana. El sombrero, marca de la casa: "Empecé a usarlo hace quince años. Si hace frío, me abriga. Si sale el sol, me da sombra". Un sombrero más discreto que el alón que lucía siempre el poeta Alfonso Camín, único nombre al que Albino Suárez reza: "Fue un gran amigo, me enseñó muchísimo. De él recuerdo su memoria, su agilidad mental y que hablaba un castellano perfecto. Decían que hablaba mejor que los nativos de Zocodover". Llega a la cafetería, pide un té y empieza a dictar sus memorias para LA NUEVA ESPAÑA: "Yo creo que la mi vida no da para tanto, pero mira a ver". 
Albino Suárez, en el parque de los Príncipes de Pola de Laviana, con uno de sus libros
Un escritor sin escuela. 
"Nací en abril de 1933, en Tiraña. Un año pésimo para nacer. En el 34 fue la Revolución de Octubre, y luego ya la Guerra Civil. Vivía en una aldea, así que ¿qué escuela voy a tener? Ninguna, yo no tengo escuela. Alguna vez fui a una escueluca en Tiraña, con la señorita María, y aprendí unos versos que nunca se me olvidaron". 
"En esos años sólo viví hambre, penitencias y calamidades. Era el mayor de tres hermanos, y yo era el único 'paisano' en casa. Soy hijo de madre soltera, pero de eso no me gusta hablar porque luego también tuve buena relación con mi padre. Era un socialista de fe, como yo. De neñu no tenía absolutamente nada; ni zapatos, ni ropa. No podía ir al cine porque no tenía las cincuenta pesetas que costaba la entrada. Era la más absoluta miseria, pero añoro esos años". 
Rafa y Albino en el Ridea. (Con el verso en la voz)
Autodidacta.
"No me acuerdo de que nadie me enseñara a leer, creo que aprendí solo. Por la noche leía lo que tenía a mano, no sé ni de dónde lo sacaba. Si encontraba unas tiras de 'Mujercitas', eso leía. O una novela del Oeste. Lo que encontraba por ahí tirao". 
"Luego empecé a leer a autores que no tenían mucha complicación. A Bécquer, el primer libro que tuve yo igual fue 'Rimas y leyendas'. Dejé de leer todas las noches cuando ya teníamos una radio en casa. Me tapaba con la sábana y escuchaba Radio Pirenaica. Tenías que tener ojos hasta en la espalda porque entonces no había libertad, ya me entiendes. No te podían ver haciendo algo que se saliera ni un poco de lo que se podía hacer". 
Joaquín de la Buelga y Albino Suárez. (Con el verso en la voz)
El "guaje" que quería ir a la mina. 
"Empecé a trabajar a los 12 años. Machacando tierra y grava en una cantera, para una carretera. No tenía zapatos y me tapaba los pies con trapos y sacos, para no estar descalzo. Cuando terminó la obra de la carretera, con la ropa remendada, fui a pedir trabajo en una empresa de Laviana. Aquel empresario era el demonio, no pagaba a nadie. Era una minuca de nada, y yo tenía que cargar carbón". "Como seguía sin cobrar ni un duro, fui para otra mina de Víctor Mayo. Ahí, como todavía tenía 13 años, lo único que podía hacer era llevar herramienta de los tajos a la fragua. Ocho kilómetros, de Barredos a Tiraña, y de noche me oscurecía. Tenía miedo, era un neñu de nada. Mucho lloré por esa carretera; solo, cargado hasta los dientes y sin una triste luz. Yo ya sabía que los mineros ganaban un poco más. Con quince años y medio falsifiqué la documentación, puse que tenía ya los 16 años, y entré en el pozo de 'guaje'". 
Albino Suárez, en su casa de Laviana. (Lne)
La lectura "prohibida".
"La mina no era una broma. Decían que éramos unos privilegiados, pero ¿qué teníamos? Nada, si acaso un cachín más de pan que los otros. Estaba llena de precariedades, de privaciones. Y trabajábamos como burros. Hasta el 62, cuando la huelga, no mejoró la cosa. Me emociono cuando me acuerdo de un día que le di el bocadillo a un andaluz, los andaluces lo pasaban muy mal. Comió con un ansia... ¡qué fame no tendría aquel hombre! Yo ganaba a veces más de horas extra que de sueldo? Eso por trabajar sin parar, todos los días dos turnos". 
"Hice grandes amigos en la mina, es de lo que más me acuerdo. De los accidentes también, de eso no te olvidas nunca. Una vez en Tiraña, se mataron tres amigos míos porque encendieron un 'pitu'. Había grisú y no hubo explosión, pero se ahogaron. Con los accidentes en la mina sientes una desazón muy grande de pensar lo que pasó, también porque pasa bajo tierra. Y mucha impotencia cuando pasan por una imprudencia como fue la de aquellos tres probes. A mí me ofrecieron ser del sindicato, pero yo dije que no porque soy consciente de mis limitaciones. Había gente mucho más preparada que yo. Siempre me sentí muy querido entre los compañeros, aunque también reñíamos mucho". 
"A los 22 años o así, un compañero me dijo 'Albino, tengo un libro que te va a gustar'. Era 'La religión al alcance de todos', y yo contesté que de religión no quería saber nada. Fui así de ignorante, ese libro era una joya. Era una crítica a todo lo que nos habían dicho los curas. Sólo le faltaba tener cinco duros en cada página. Tuvimos un tira y afloja porque yo quería comprarlo. Un día me lo dejó en la lampistería y me pidió cincuenta pesetas por él. Yo hubiera pagado mil, más de lo que ganaba en un mes. Soy un apasionado de los libros prohibidos". 
Albino Suárez, tiempo de poesía. (lne)
El primer libro.
"Ya había leído mucho cuando empecé a escribir. Los ochenta y cinco libros que son míos, que escribí yo, la mayoría son autoeditados. Yo con la escritura nunca gané nada. Bueno, voy a decirte más, perdí mucho dinero. Pero es que lo necesito. Necesito escribir? Cualquiera que escriba sabe que esto es una necesidad como el que tiene que comer. El primero fue 'Horas lejanas', que salió en 1959. Es de poesía romántica porque yo, que entonces tenía 26 años, ya sabía mucha letra. Ya tenía mis peripecias, mis hazañas. Aquí donde me ves, yo era un chaval con muy buena planta. A ver, no era un donjuán, pero tenía aceptación".
"En 1960 empecé a colaborar con 'La Voz de Asturias', también en un semanario que se llamaba 'Nalón'. El primer artículo que escribí, cuando lo leyeron en Tiraña, decían 'pero esto no lo escribió Albino, hombre, ¿cómo va a escribir si no tiene escuela? Eso lo escribió el cura, seguro'. Claro, con lo bien que me llevaba yo con los curas...".
"Yo no me meto con la religión de nadie, ¿eh?, cada uno que piense lo que quiera. Pero lo que no me gusta es que se diga que alguien que cree en Dios es mejor que el que no cree. Eso no. Puede ser mejor o peor. En 2013 publiqué 'La gente dice que son el demonio'. Y ahí hablo de que es sabido que hay muchos que hacen el voto de castidad y sostenimiento del celibato, y luego ni uno ni otro cumplen". 
Alfonso Camín.(Lne)
La carta de Alfonso Camín. 
"Cuando publiqué 'Horas lejanas' fue cuando descubrí la obra de Alfonso Camín. Yo tenía cierto pudor, todavía dudaba un poco antes de enseñar lo que escribía. Conocí a Emilio Martínez, que había marchado emigrado para Argentina en 1958. Era un gran amigo de Alfonso Camín. Un día lo encontré en la Pola (de Laviana) y le enseñé unos versos. Me dijo que estaban bien, aunque alguno estaba un poco cojo. Me preguntó si conocía a Alfonso Camín, y le contesté que no. 'Pues conózcalo'. Y así me dejó". "Yo no supe más hasta que, un año más tarde, leí un artículo en 'Región' que hablaba de él. Contacté con Emilio Díaz, que era ahijado de Emilio Martínez, y me dejó el primer libro que leí de Camín. Era 'Adelfas', quedé alucinado. En ese libro describía una Asturias que yo, aun estando aquí, no sabía ver. Hablaba de la espiritualidad, del alma y de las tradiciones. Quedé tan ensimismado que le mandé una carta a la dirección que me dio Emilio. Le expliqué que era minero, que admiraba su obra y que si tenía a bien darme respuesta estaría encantado. Al mes tenía una carta certificada suya, llegaba desde México, y me envió unos cuantos libros. Así empezó nuestra amistad, primero epistolar. Fue un gran amigo, un maestro para mí. Me arrepiento de no haber grabado ninguna de sus enseñanzas, porque hay detalles que no recuerdo con nitidez. Pero le tenía tanto respeto que nunca me atreví a sacar una grabadora o a tomar notas en su presencia". 
El libro 'Los que no volvieron', Albino Suárez, Imprenta Gofer, Pola de Laviana, Asturias 2011. (Protestante Digital)
FUENTE: CARMEN M. BASTEIRO
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