24 de diciembre de 2016

Mitos históricos tradicionales, sobre las Navidades en Asturias

La Antigua Navidad o Solsticio Invernal Asturiano
Mascarada del osos de Evaristo valle
La celebración del solsticio de invierno no es un patrimonio exclusivamente cristiano, puesto que se celebraba en toda la vieja Europa pagana, ofreciendo sacrificios y libaciones a los dioses y a los muertos para obtener un año fecundo y en paz
Jóvenes aguinalderos de J.Cuevas
Este tipo de celebraciones fue asumido y adulterado por el cristianismo. Así por ejemplo Máximo de Turín en “Sermo” dice:
“Oportunamente dispuso la Providencia que Cristo Señor naciese durante las fiestas de los paganos y que el esplendor de la luz divina apareciese en medio de las tinieblas (...)”.
Más adelante crítica y condena como acto pagano la costumbre de dar regalos: “Levantándose muy de mañana todos van al encuentro de la gente con el regalito en la mano (...) ofrecen el regalo antes aún que el beso (...) no es sentimiento de amor sino acto de avaricia (...) los desgraciados vuelven cargados de pecados”.

Grabado por Theodoor van Kessel hacia 1660
Sin embargo el cristianismo no pudo erradicar esta costumbre y recurrió a los Reyes Magos para justificarla. La historia de los Reyes Magos está muy arraigada en el catolicismo, mientras que el protestantismo recurrió a Papá Noel para justificar los regalos de Navidad. Los “reyes” magos aparecen en los evangelios apócrifos y son solamente “unos magos”. La tradición dice que predicaron en la India donde fueron decapitados y después de muchos avatares sus cabezas reposan en la catedral de Colonia, en Alemania. Ni que decir tiene que las cabalgatas de reyes son relativamente recientes en los pueblos asturianos y que fueron sustituyendo a las mascaradas de invierno. En las “Constituciones Synodales” del Obispo Guevara en 1541 leemos:
“Item nos contó que la Noche de Navidad echan un gran leño en el fuego que dura hasta el año nuevo que llaman “tizón de Navidad” y dan después para quitar las calenturas y como esto es rito diabólico y gentilicio anatemizamos y descomulgamos y maldecimos (...)”.
Roble sagrado de Tineo (Asturias)
Dicho tizón fue conocido en Belerda (Casu) y Grau como “Nataliegu”.
Esta tradición era conocida en toda Europa. El leño era de roble, cuestión que para algunos antropólogos guardaría relación con el germano Woden, el dios del trueno. Además, los restos del leño se usaban para protegerse de la tormenta. En Serbia se creía que la casa tendría tantas cabezas de ganado como pavesas saltasen al fuego. En Inglaterra se guardaba un fragmento del tizón para protegerse de brujas y demonios. En Westfalia recibía el nombre de Christbrand y cuando estaba carbonizado se guardaba un tizón para proteger del trueno. En Provenza se guardaba bajo la cama de los consortes y protegía del rayo. En Euskadi las cenizas del “Gabon mukur” o “Olentzero Enbor” (leño de Navidad) se esparcían cuidadosamente por casa y corral. En Bigorra lo llaman “Catsau de Nadau” y se le hacían ofrendas de sal, vino, pan y dulces. Esta fue una costumbre del día de Navidad que fue quedando de manera relictiva (usabilidad  de los verbos antiguos), en algunas aldeas asturianas.
Otra creencia era que según aconteciesen los primeros doce días de enero, así transcurrirían los doce meses del año.
Elaboración del lino en Asturias. Dibujo de José Cuevas-siglo XIX
La Navidad absorbe antiguas fiestas paganas dedicadas a festejar el solsticio de invierno. 
Un ejemplo lo tenemos en la Navidad de los países escandinavos, conocida como la fiesta del Jol. El Señor del Jol (“Jolnir”) es uno de los nombres de Odín, fiesta también de los fallecidos. En Noruega Odín y un cortejo de muertos viajan de noche por los poblados requiriendo y cogiendo cerveza y alimentos. Odín, al igual que Jesucristo, fue colgado/crucificado de un árbol para después renacer lleno de sabiduría (está claro que las religiones se solapan unas a otras) pero lo que nos interesa de estos cortejos oscuros que reciben ofrendas es la similitud que tienen con las mascaradas de invierno asturianas, llamadas “Aguinaldos”, y que nada tienen que ver con los villancicos que cantan los críos en las ciudades acompañados de una pandereta a cambio de dulces o monedas. Para empezar, el Aguinaldo era cosa de los mozos solteros que salían a pedir bebida o comida el día de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Iban revestidos con pieles y cencerros, y había personajes fijos:
  • La cardadora, una vieja con las cardas de la lana que venía a simbolizar el invierno
  • El oso, vinculado a la fuerza generadora y el bosque, en algunos lugares sustituido por el diablo (gran cajón de sastre y palabra polisémica que bien podía aglutinar a los antiguos genios del bosque)
  • El ceniceru, que embadurnaba con ceniza, (la ceniza se emplea como fertilizante)
  • El Xamasqueiru (que llevaba un xamascu-ramo-de acebo)
  • Etcétera
Venían a simbolizar esos personajes oscuros a las fuerzas de la naturaleza a los que se ofrendaban licores, frixuelos y viandas en todas las casas. Era buena señal ser visitados esa noche por ese cortejo “infernal”.
Mascarada de invierno en Bulgaria, al igual que las celebradas en Asturias
Las canciones eran del tipo:
“Esta casa si ía casa
estas sí que son paredes
onde viven sol y lluna
la hermosura las muyeres”.
En el caso de que en la casa no diesen nada se cantaba:
“Allá arriba n’aquel altu
hai una perra cagando
pa los señores d’esta casa
que nun mos dan l’aguinaldu”.
Buenos ejemplos de este tipo de mascaradas de invierno son el guirria de San Xuan de Beleñu (Ponga) o la celebración de Os Reises (Valledor en Allande y en el conceyu de Ibias). También los aguinaldos a caballo de Amieva, que por suerte todavía siguen celebrándose.
La adoración de los magos en el “Libro de horas de Hastings”. Siglo XVI
Este tipo de celebraciones se extendió por toda la Europa previa al cristianismo, que intentó erradicar estas prácticas. Cesáreo de Arlés decía:
“Hay algunos campesinos que, en esta noche, preparan mesas con muchos manjares (...) convencidos de que las calendas de enero traerán suerte (...) De aquí también la costumbre entre los paganos de cubrirse estos días el rostro de máscaras obscenas y deformes (...) Algunos se ponen pieles de animales como la cabra, otros cabezas de animales, felices y contentos si consiguen transformarse hasta tal punto en seres animalescos (...) ¡Qué torpe e indigno espectáculo ver a individuos, que habiendo nacido varones, se ponen vestidos femeninos (...) sin avergonzarse de meter los rudos bíceps de soldado en túnicas femeninas(...)”.
Audoeno de Rúan remataba diciendo:
“Nadie durante las calendas de Enero (...) Se disfrace de vaca, de ciervo o de otro animal, ni tenga puesta la mesa durante la noche, ni distribuya regalos ni se abandone a la embriaguez (...)
Al final el catolicismo tuvo que maquillar y adaptar los antiguos ritos que, a poco que raspemos el barniz, afloran en multitud de manifestaciones.
Ponga (Asturias). Fiesta Aguinaldo - El Guirria
Algunos mitos tradicionales sobre la Navidad en Asturias
La Navidad cristiana no es otra cosa que la celebración del solsticio de invierno que bebe de antiguos ritos paganos, que en algunos casos intentó erradicar y en otros absorbió.
“La adoración de los Magos” (1504) obra de Alberto Durero (Nuremberg). En ella pueden verse el buey y la mula y los míticos Reyes Magos con sus ofrendas de oro, incienso y mirra.
Tal es el caso de los obsequios que se hacía la gente entre sí, en un primer momento condenados por la Iglesia, asumidos luego con la tradición de los Reyes Magos, entre los católicos, y el Papá Noel o Santa Claus, entre los protestantes. También comentamos la desaparecida costumbre del leño de Navidad (conocido como “Nataliegu” en Casu y Grau) común en multitud de países europeos y anatemizado por los clérigos a la costumbre de los aguinaldos, con personajes revestidos de pieles y máscaras y profiriendo cantares jocosos y profanos. Ritos que el cristianismo intentó maquillar y adaptar a su propio interés, aunque a poco que raspemos ese barniz vuelven a aflorar en multitud de manifestaciones. Hoy, vamos a hacernos eco de algunos mitos de tradición oral que transcurren por estas fechas en Asturias y que tienen como núcleo central las maldiciones de la Virgen hacia aquellos, animales o personas, que no les ayudan en su huida hacia Belén.
Salida de misa de J. Cuevas
En el Valledor (Allande) se dice que los judíos perseguían a San José y a la Virgen María que se dirigían a Belén. Por el camino se encontraron con unas ovejas y les preguntaron dónde iba a nacer Jesús, las ovejas respondieron: “En Beleeen, en Beleeen”. Entonces la Virgen echó una maldición a las ovejas: “Permita Dios que os coman los lobos”. Por eso, desde entonces, los lobos comen ovejas y ellas dicen: “beee, beee”. En un romance de Bustantigu (Allande) se explica por qué la mula no puede tener descendencia. El fragmento dice así: (…) “Nun teniendo más auxilio qu’el refugio d’una cuadra, allí parió la Virgen un niño con su gracia. Ente un buey y una mula y un peselbre en paya. La mula se las comía y el buey se las xuntaba, maldita seas tu mula, nunca fruto de ti salga”. (…)
En otro romance, esta vez parragueso, huyendo del Rey Herodes, es un labriego el que “paga los platos rotos” por un desplante: (…) “Caminaron adelante y a un labrador que vieron, “la” preguntado la Virgen: ¿labrador qué estás haciendo? Señora sembrando, unas pocas piedras para l’otru añu.
La fila  de Manuel Medina Díaz. Museo de Bellas Artes de Asturias
El labrador fuese pa casa y a la mañana siguiente se marchó arar sos tierras, y parecía su era una grandísima sierra. Esi fue’l castigu que Dios le mandó por ser mal hablado, con quien bien habló” (…). El romance continúa encontrándose con otro labrador que contesta “sembrando trigo para l’otru añu” y la Virgen obrará un milagro y el trigo germinará de un día para otro inmediatamente. Sobre la maldición de la mula y las ovejas ni que decir tiene que los Evangelios nada dicen, pero en diversas mitologías la mula presenta algunos aspectos diabólicos. De todos modos la iconografía del buey y la mula son una constante en el arte medieval.
En cuanto a los Reyes Magos, nunca aparecen como tales, sino como unos magos que se dirigen a Belén guiados por una estrella que vaticina el nacimiento del llamado Rey de los Judíos. Nada más vuelve a decirse de ellos, aunque la tradición dice que terminarán siendo decapitados en la India y sus cabezas llevadas como reliquias a la catedral de Colonia, en Alemania. Como curiosidad decir que los tres Reyes Magos aparecen representados en el escudo del apellido Pena fechado en 1663 en Marentes (Ibias) en la, actualmente en ruinas, Casa del Salón. Lo cual dio lugar a no pocas leyendas en las que el apellido Pena o de la Peña, era descendiente directo de los míticos reyes.
La iglesia el atrio y el árbol de juntas de J. Cuevas
FUENTE: ALBERTO ÁLVAREZ PEÑA (http://fusionasturias.com)
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