8 de julio de 2016

Juan Francisco Siñériz y Trelles, el ilustrado de “El Franco” (concejo de la comunidad autónoma del Principado de Asturias)

Siñériz, el cervantista asturiano precursor de la Unión Europea
Vista parcial de Sueiro
Las avanzadas teorías del ilustrado de El Franco que escribió su propio "Quijote"
Ilustración de Alfonso Zapico
En un artículo sobre escritores asturianos que hicieron imitaciones del "Quijote" (que Jovellanos le reprochaba a Bernardo Ribero y Larrea, el autor de el "Quijote de la Cantabria", porque "es una de aquellas producciones que atestiguan a la república literaria cuánto es peligroso el empeño de imitar los grandes modelos"), seguramente por motivos de espacio, la referencia a don Juan Francisco Siñériz y Trelles se redujo a una línea, aunque mereciendo él algunas más, siquiera sea por las muchas que escribió sobre los asuntos más variados.
Siñériz, nacido en Sueiro, en tierras de El Franco, en 1778, es una personalidad muy típica del convulso e ilusionado tiempo en que vivió. Su familia era distinguida y vivía acomodadamente de las labores del campo. Compartió sus primeros años con la ayuda a las labranzas de la casa y la lectura de Virgilio y Horacio, hasta que, al alcanzar la edad ingresó en la Universidad de Oviedo, cursando todos los estudios de la Facultad de Filosofía y casi todos de la de Jurisprudencia. Hacia 1802, obtenido el grado de bachiller, regresa a El Franco, donde se dedica a estudiar y a escribir, habiendo quedado toda su obra inédita. Se casó joven y enviudó a los dos años.
Destinado por su posición y aficiones a ser un ilustrado de pueblo, la invasión francesa de 1808 le saca de ese proyecto de vida rutinaria. En Oviedo se puso al servicio de la Junta General. Fue secretario de la nueva comisión asturiana que se trasladó a Inglaterra en 1809 en demanda de más auxilios contra las tropas napoleónicas. Según anota Constantino Suárez, Siñériz aprovechó para perfeccionar su inglés.
De vuelta a la patria, se le encomendaron otros cometidos. Terminada la guerra, regresa a la aldea, donde se dedica a cuidar su hacienda, a leer y a escribir, desempeñando eventualmente cargos públicos, desinteresadamente.

Casa natal de Siñériz, en Sueiro (El Franco)
En 1826, con cuarenta y ocho años, da por terminado el periodo bucólico. Parte a Madrid con el propósito de "acopiar nuevos conocimientos y dar publicidad a sus obras". Entendía, con buen sentido, que residiendo en la aldea nadie repararía en él. No obstante, Madrid no estaba llena de editores dispuestos a imprimir lo primero que les presentasen. Pasaron cuatro años para que Siñériz publicase su primera obra, "Compendio de las artes y las ciencias", refundición de un libro inglés. Fue acercándose al mundillo intelectual madrileño.
En 1833 ingresa en la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, la Sociedad Económica de León le hace socio honorario, pertenece a la Academia de Ciencias Naturales y le hacen vocal de la Junta Directiva del Colegio Nacional de Sordomudos. Trabajó como censor del Boletín Oficial de Madrid. Siguió escribiendo y publica "Nuevo plan de gobierno económico doméstico" con lecciones para vivir sin empeñarse y reglas fijas para que cualquiera pueda reunir un capital propio al cabo de cierto tiempo, entre otras obras.
El éxito le llega en 1836 con "El Quijote del siglo XVIII, o historia de la vida y hechos, aventuras y fazañas de Mr. Le Grand, héroe filósofo moderno, caballero andante, prevaricador y reformador de todo el género humano. Obra escrita en beneficio de la humanidad y aplicada al siglo XIX".
Fue publicada en Barcelona en 1841 con el título de "El Quijote de la Revolución". Se trata de un Quijote ideólogo, aunque Siñériz no se manifiesta en él demasiado al día, ya que continúa refiriéndose a los "filósofos" cuando en Francia hace años que ha sucedido la revolución de 1830. No obstante, un escritor de prestigio europeo, como Cantú, le pone a la altura de Larra, Mesonero Romanos y Miñano. El "Quijote" de Siñériz se divide en cuatro tomos. En los dos últimos, según Cotarelo y Mori, pierde la línea argumental y se dedica a hacer libros de viajes. No contento Siñériz aborda a otra figura literaria, publicando en 1844 "El Gil Blas del siglo XIX", cuyas aventuras comienzan en la Guerra de la Independencia y continúan con la relación de lo acaecido en España hasta 1844. Publicó también en 1839 una "Constitución "Europea, con cuya observancia se evitarían las guerras civiles, las nacionales y las revoluciones, y con cuya sanción se consolidará una paz permanente para Europa. Es la única obra que hoy puede consultar el lector, ya que en 2005 la Junta General hizo una edición, a cargo del profesor José A. Tomás Ortiz de la Torre.
Siñériz se adelantó, con una decidida visión europeísta, a los proyectos de paz perpetua, convirtiéndose así en el precursor español, y asturiano, de la constitución europea. Poco caso debieron hacerle a Siñériz, ya que su constitución es una prédica en el desierto, y es una lástima, ya que es notable, siquiera sea por su brevedad: consta de trece artículos.
Siñériz falleció en Madrid en 1857, Merece ser recordado por su versión del "Quijote", que con seguridad pocos leyeron en este siglo, y por una constitución en la que se adelanta a su tiempo, proponiendo la creación de un tribunal internacional, para el que da detalles precisos.
Aunque yo sea contrario al Mercado Común, que de mercado libre no tiene nada, ya que está intervenido por un banco único y político, es digno de destacar que uno de los primeros constitucionalistas asturianos que pensó en la idea de Europa fue un ilustrado de El Franco.
Localización  de El Franco en Asturias
FUENTE: IGNACIO GRACIA NORIEGA
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ESCRITORES CERVANTISTAS
Ilustración de Alfonso Zapico
A lo largo del siglo XVIII «El Quijote» fue más apreciado e imitado en Inglaterra que en la propia España. Smollet y Lawrence Sterne jamás ocultaron lo mucho que le debieron a Cervantes, y Henry Fielding proclama en el título de su «Joseph Andrews» que se trata de una novela escrita a la manera de «El Quijote». A finales del siglo XVIII, el clérigo asturiano, de Villaviciosa, Alonso Bernardo Rivero y Larrea publica una novela en dos tomos, «Historia fabulosa del distinguido caballero don Pelayo, infanzón de la Vega, Quijote de la Cantabria», en la que el protagonista sale también al mundo en compañía de un criado, Mateo de Palacio, especie de Sancho Panza, pero asturiano. Don Pelayo y Mateo viajan no por La Mancha, sino por el Norte, hacia la Montaña, pues el caballero regresa al solar de sus mayores. En el habla rústica y disparatada de Mateo de Palacio se aprecian balbuceos del bable. Jovellanos juzgó esta novela con excesiva dureza. Más justicia le hace Cotarelo Mori en «Imitaciones castellanas de El Quijote», señalando que Rivero y Larrea es «el único, entre los imitadores de Cervantes, que supo crear un tipo a la vez ridículo y simpático». Añado, por mi cuenta, que es una novela que se lee con agrado, aunque, es natural, quede muy por debajo del libro cervantino.
Ilustración de Alfonso Zapico
Juan Francisco Siñériz y Trelles (1778-1857), natural de El Sueiro, en El Franco, publica en 1836 una novela en cuatro tomos titulada «El Quijote del siglo XVIII o historia de la vida y hechos, aventuras y hazañas de Mr. Le Grand, héroe filósofo moderno, caballero andante, prevaricador y reformador de todo el género humano», obra que conoció varias ediciones y fue traducida al francés, recibiendo en la edición de Barcelona de 1841 el título de «El Quijote de la revolución». En un próximo artículo sobre Siñériz me referiré más extensamente a ella.
El humorista ovetense Atanasio Rivero es autor del cuento «Pollinería andante», cuyo protagonista es Sancho Panza, caballero en una borrica, pero, sobre todo, se hizo famoso con «El crimen de Avellaneda», publicado en 1916, donde afirma que el seudónimo de Avellaneda encubría a Gabriel Leonardo Albión y Argensola, quien escribió el falso «Quijote» en colaboración con Mira de Amescua. También divulgó Rivero la superchería de que «El Quijote» estaba escrito con doble sentido y él había descifrado el texto oculto por un procedimiento matemático. Hasta el propio Rodríguez Marín estuvo a punto de «picar». Constantino Suárez se refiere a esta superchería, le habría encantado conocer a Atanasio Rivero, alegre e intrépido mixtificador.
Ilustración de Alfonso Zapico
(Publicado por Ignacio Gracia Noriega el 19 de enero de 2005 en La Nueva España)

FUENTE: IGNACIO GRACIA NORIEGA
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