11 de junio de 2013

El republicanismo decimonónico en la región

Insurrecciones republicanas en Asturias

                          El historiador Sergio Sánchez Collantes.

El historiador Sergio Sánchez Collantes se adentra en el estudio del republicanismo decimonónico en la región, un campo historiográfico casi inédito hasta hace una década

El republicanismo toma cuerpo en España en el XIX, en la etapa liberal, y se define, frente a los regímenes oligárquicos moderado isabelino y conservador restauracionista, como una ideología que propugna una forma de Estado que se sustenta sobre unos principios democráticos, la reforma social y un sistema laico. Sus bases sociales de apoyo son sectores de las clases populares y la clase media. Dada la condición oligárquica y autoritaria de esos regímenes que pretendían derribar, el movimiento republicano español alternó la vía política con la insurreccional a lo largo del XIX. De modo que la represión que provocaron esas acciones violentas obligó a sus partidarios a moverse en la clandestinidad, esto es, en el mundo de las sociedades secretas, de las logias masónicas, de los círculos de sociabilidad privados y, consecuentemente, muchos de ellos sufrieron la prisión y el exilio por defender su avanzado ideario.
El estudio de ese republicanismo decimonónico ha sido durante mucho tiempo un tema relegado en la historiografía española, sobre todo en el aspecto de las acciones insurreccionales. Sin embargo, en la última década ha habido un notable avance en su conocimiento -sobre todo en cuanto a su organización y acción política- y, en menor medida, en el aspecto de su actividad insurreccional. En el caso asturiano también ha sido un asunto apenas tratado por la historiografía regional en su doble dimensión política e insurreccional. Sin embargo, ese vacío ha comenzado a ser subsanado estos últimos años, como demuestran los diversos trabajos sobre el republicanismo asturiano decimonónico de Sergio Sánchez Collantes. Este joven y prometedor historiador es, además, autor de una tesis doctoral recientemente leída y aprobada con sobresaliente en la Universidad de Oviedo sobre el movimiento republicano decimonónico en Asturias realizada bajo la dirección del profesor del Área de Historia contemporánea Francisco Erice. Su último libro, «Sediciosos y románticos» (Zahorí Ediciones, 2011) trata sobre los movimientos insurreccionales republicanos decimonónicos en Asturias y de la activa y destacada participación de asturianos en esos movimientos sediciosos en otras partes de España.
Hasta los años cincuenta del siglo XIX no hubo en Asturias un movimiento político organizado republicano. A finales de esa década ya están documentados algunos focos demorrepublicanos organizados y conocemos a sus principales líderes ovetenses, como José González Alegre Álvarez y Manuel Pedregal. Pero ese republicanismo político, cuando definitivamente alcanzó cierta entidad, fue en los años sesenta, en los que ya se puede hablar de una verdadera cultura republicana en Asturias cuyos principales focos se localizaron en Oviedo y Gijón. Así, en 1869, había ya veinte comités republicano-federales y numerosos Círculos Republicanos distribuidos por todo el territorio asturiano.
Esa lenta cristalización del republicanismo en Asturias es lo que explica que hasta finales de los sesenta la región no fuera escenario importante en ninguna de las asonadas que contra el régimen isabelino protagonizaron en otras partes de España los republicanos. Pero sí hubo algunos asturianos de esa ideología que tuvieron un importante papel en las insurrecciones republicanas que se desarrollaron fuera de la región. Personajes que Sánchez Collantes rescata del olvido demostrando cuánto hay de verdad en el aserto de que la historia la escriben los vencedores y en ella los vencidos, o son vilipendiados, u olvidados. Entre ellos es preciso mencionar al ovetense Pedro Méndez Vigo y al tinetense Rafael del Riego, sobrino del héroe del Trienio, que participaron en varias asonadas organizadas desde Francia o Portugal contra el absolutismo fernandino y el régimen isabelino respectivamente. Y asimismo tenemos dentro de Asturias algunos ejemplos individuales de evidente filiación demorrepublicana que protestaron contra la monarquía isabelina como el del zapatero librepensador de Avilés que menciona Armando Palacio Valdés, Mamerto, el cual se dedicaba a cantar por las tabernas el Himno a Garibaldi y daba gritos subversivos como «¡Que muera Pío IX y viva la libertad», o el del médico noreñés Dionisio Cuesta Olay, que regaló a sus amigos unos trajes garibaldinos, gesto simbólico de protesta que le costó la cárcel.
Pero sólo fue a partir de 1868 cuando se desarrollaron en Asturias verdaderos episodios insurreccionales con importante participación republicana como ocurrió en la revolución de 1868 o de exclusiva inspiración republicana como en 1869, 1870 y 1880.
Aunque en Asturias se formaron comités revolucionarios progresistas y republicanos para apoyar la revolución del sesenta y ocho contra Isabel II, parece ser que tales comités se mantuvieron a la expectativa de lo que ocurriese con el movimiento revolucionario en el resto de España y sólo después de la derrota isabelina en el puente de Alcolea se sumaron a la victoriosa revolución. Así y todo, la situación provocó un notoria asonada en Asturias que ha pasado en cierta medida desapercibida para los historiadores asturianos. Se puede decir que Asturias también tuvo su Alcolea, aunque en sentido contrario porque aquí los insurrectos fueron vencidos. Se organizó una columna en Oviedo al mando del ex capitán Fontela con alrededor de 150 ovetenses. Entre sus miembros estaban algunos republicanos conspicuos como Bernardo Coterón y José María Celleruelo y los escritores Manuel González Llana y Evaristo Escalera. Su aspecto no debía de ser muy marcial según la versión de Víctor Polledo («por zapatos de guarnición llevaban botines apretadísimos de charol (?) y por capote y prendas militares vestían chaquetas, americanas, chaqués, algunos levitas sin faltar hasta los sombreros de copa en las cabezas»). La partida levantó una barricada en el puente de Cornellana. Pero sus miembros se dispersaron sin llegar a entrar en combate ante la llegada de las fuerzas monárquicas.
En su «Juan Ruiz», Leopoldo Alas, con 16 años, expresó con ironía su frustración por el mantenimiento de la forma monárquica tras la revolución gloriosa de 1868: «Topete, tú a la dinastía/ supiste darle un cachete/ Y hoy con mucha sangre fría/ esperas la monarquía/ Ya no me gustas, Topete». Era, sin duda, la frustración de la mayoría de los republicanos asturianos. Y tal sentimiento acentuó la inclinación del republicanismo federal por la vía insurreccional hasta tal punto que el movimiento terminó dividiéndose entre «benévolos» e «intransigentes» o «vaites» o templados y «vitis» o rojos. De hecho, el Partido Republicano Federal firmó una serie de pactos interregionales, entre los que estaba el Pacto Galaico-Asturiano, en el que ya se hablaba de combatir «a sus encarnizados enemigos por medios legales primero, y después por todos cuantos las circunstancias hagan precisos».
No tardaron los republicanos asturianos en hacer efectiva la segunda parte de aquel pacto, sumándose al levantamiento llevado a cabo por varias provincias en octubre de 1869 al suspender las Cortes las garantías constitucionales. En los territorios del Pacto Galaico-Asturiano el levantamiento lo iba a dirigir el diputado republicano federal por León Manuel Álvarez Acevedo, el cual fue detenido. A pesar de ello hubo disturbios en Gijón y una partida formada por trabajadores de la Fábrica de Armas de Trubia y mineros con armamento sustraído de la instalación fabril trubieca y encabezada por Bernardo Coterón y Antonio Rodil, se levantó en armas y fue derrotada en Barros, refugiándose parte de sus miembros en Sama, donde fueron definitivamente dispersados.
En 1870, ante la votación en el Parlamento de Amadeo como rey, los republicanos asturianos, a través de sus periódicos, se opusieron a la candidatura amadeísta y se sumaron a la conspiración que preparaba una sublevación en toda España. Asturias era uno de los focos del levantamiento y para prepararla se desplazaron a Oviedo E. Rodríguez Solís, Bernardo Coterón y Felipe Fernández, un contumaz republicano de origen asturiano, llamado «El Carbonerín» por dedicarse a ese oficio en Madrid, donde ya había participado en otras asonadas republicanas y al que menciona Pérez Galdós en sus «Episodios Nacionales». Sin embargo, el asesinato de Prim y otras fortuitas circunstancias abortaron la planeada sublevación.
Finalmente, durante la Restauración, ante la ilegalización de las organizaciones y los periódicos antimonárquicos, los republicanos siguieron practicando (alternándola con subterfugios con la legal) la vía insurreccional a base de levantamientos de pequeñas partidas como la que se formó en el concejo de Lena en 1880. El promotor del alzamiento fue el lenense Valeriano Díaz Vigil, apodado Valeriano Argull, quien levantó una pequeña partida que trató de obtener el apoyo de los trabajadores del ferrocarril y que después de una semana terminó disolviéndose.
El balance de la vía insurreccional republicana fue, pues, el de un completo fracaso, pero -como bien dice Sergio Sánchez Collantes en este necesario libro que cubre un importante vacío en la historiografía asturiana- sirvió, sin duda (junto con la acción política), para fomentar la posterior notable tradición republicana asturiana.
 El Gobierno Provisional en 1869. De izquierda a derecha: Laureano Figuerola, Hacienda; Práxedes Mateo Sagasta, Gobernación; Manuel Ruiz Zorrilla, Fomento; Juan Prim, Guerra; Francisco Serrano, presidente del gobierno provisional; Juan Bautista Topete, Marina; Adelardo López de Ayala, Ultramar; Antonio Romero Ortiz, Gracia y Justicia; y Juan Álvarez Lorenzana, Estado. Foto de J. Laurent.

FUENTE:  JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
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La España revolucionaria.  http://www.hiru.com/
La I República y la monarquía de Amadeo de Saboya supusieron la instauración del liberalismo democrático. Los problemas económicos, los enfrentamientos políticos y el cantonalismo precipitaron el fracaso de la República y la Restauración borbónica. 
 
Prim, Serrano y Topete subastan los atributos del trono español durante la búsqueda de un nuevo rey. Publicado en La Flaca en abril de 1869.
  
La Revolución Gloriosa.
En los últimos años del reinado de Isabel II se formó un amplio movimiento contra el régimen moderado que sustentaba a la soberana. En el Pacto de Ostende (1867) participaron progresistas, miembros de la Unión Liberal y demócratas. Las causas del descontento eran:
  • La represión política: el gobierno persiguió a los liberales y en 1867 promulgó una ley de prensa muy restrictiva.
  • La crisis económica, que dio lugar al cierre de fábricas y a revueltas campesinas.
                                                                    Juan Prim en 1869
En septiembre de 1868 el general progresista Juan Prim (1814-1870) y el almirante Topete (1821-1885) se sublevaron en Cádiz. En la batalla del Puente de Alcolea (Córdoba), el general Francisco Serrano (1810- 1885) venció a las tropas gubernamentales y a continuación se dirigió a Madrid.
                                              Almirante Juan Bautista Topete.

La reina huyó a Pau (Francia) y se estableció un gobierno provisional presidido por Serrano.
Las Cortes Constituyentes elaboraron la Constitución de 1869, que recogía los principios del liberalismo democrático: soberanía nacional, sufragio universal, libertad de cultos, declaración de derechos individuales.
El poder legislativo recaía en dos cámaras (Senado y Congreso) de carácter electivo, mientras al rey le correspondería la sanción y promulgación de las leyes.
La batalla de Alcolea. El triunfo del general Serrano sobre el general Pavía supuso la caída de Isabel II y su salida de España. Era el triunfo de la Revolución Gloriosa.

 
 El Puente de Alcolea, CÓRDOBA (actual)

Amadeo I

El principio monárquico había triunfado en la Constitución. Serrano fue nombrado regente y Prim, jefe del Gobierno, se encargó de la difícil tarea de buscar un rey para España.

Fueron varias las candidaturas que se barajaron para ocupar el trono español. Finalmente, en noviembre de 1870, fue elegido por las Cortes Amadeo de Saboya (1845-1890), duque de Aosta e hijo de Víctor Manuel II de Italia.
Amadeo I llegó a Cartagena el 30 de diciembre, el mismo día que moría en Madrid el general Prim, quien hubiera sido un fuerte apoyo para el nuevo rey.
La situación política se complicó por la acción de los extremistas de izquierda y de derecha:
  • Los carlistas volvieron a tomar las armas en el País Vasco, Navarra y Cataluña, ahora en defensa del pretendiente Carlos VII (1848-1909).
  • Los republicanos, descontentos con la adopción de la monarquía constitucional, promovieron levantamientos, especialmente graves en Cataluña, Aragón y Valencia.
Los partidos que sustentaban la nueva monarquía eran el Constitucional, dirigido por Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903); y el Radical de Manuel Ruiz Zorrilla (1833- 1895), pero la falta de colaboración entre ambos impidió la estabilidad política.

 Amadeo I, rey de España y duque de Aosta, nació en la ciudad italiana de Turín en el año 1845 y murió en la misma ciudad en el año 1890. Fue el segundo hijo de Víctor Manuel II Rey de Saboya-Piamonte, de la Casa de Saboya, y de María Adelaida de Austria. Se casó en 1867 con María Victoria dall Pozzo. Tras la revolución de 1868 en España se proclama una monarquía constitucional. Hay una dificultad inherente al cambio de régimen y es encontrar un rey que acepte el cargo. España en esos tiempos es un país pobre y convulso. Finalmente el 16 de noviembre de 1870 con el apoyo del sector progresista de las Cortes y de los carlistas, Amadeo de Saboya es elegido rey como Amadeo I de España, sucediendo a Isabel II. Mientras Amadeo viajaba a Madrid para tomar posesión de su cargo, el general Juan Prim, su principal valedor, muere asesinado. Su reinado duró muy poco, tres años. Abdicó por falta de apoyo popular el 11 de febrero de 1873, regresando a Italia donde asumió el título de conde de Aosta. A su marcha se proclamó la Primera República Española.  http://enciclopedia.us.es
Amadeo I. Amadeo de Saboya era un rey educado en la práctica del constitucionalismo y dispuesto a cumplir fielmente su papel. Las luchas entre los partidos, la guerra carlista y la oposición de los propios monárquicos partidarios de la dinastía borbónica le animaron a abandonar el trono a los dos años de ocuparlo.

La I República

El 11 de febrero de 1873 Amadeo I presentó su abdicación ante las Cortes. A continuación, el Congreso y el Senado aprobaron la instauración de la República.
Apenas once meses duró el nuevo régimen. En el Norte se reavivó la guerra carlista y en Cuba se extendió el movimiento de rebeldía. Pero el problema más grave fue el cantonalismo, tendencia extremista del federalismo.
El federalismo, que propugnaba la creación de un Estado federal, era una de las tendencias más fuertes del republicanismo. Pi i Margall ocupó la presidencia de la República en junio de 1873 y en julio se estableció la República democrática y federal, con una nueva Constitución que no llegó a promulgarse.
Se produjo entonces la insurrección cantonal: muchos pueblos, aldeas y ciudades se constituyeron en cantones independientes, con su propio gobierno.
Pi i Margall abandonó la presidencia y fue sustituido por Nicolás Salmerón (1838- 1908), quien encargó al general Arsenio Martínez Campos (1831-1900) la represión de los cantones de Valencia y Andalucía. Un nuevo presidente, Emilio Castelar (1832- 1899), combatió con energía los últimos residuos cantonales.
El 29 de diciembre de 1873, el general Pavía (1827-1895) disolvió las Cortes y ofreció el Gobierno al general Serrano. La I República había dejado de existir. 

 
La reina Isabel II de España en su exilio de París.
 Fechas clave.
  • 1868 Revolución Gloriosa. Isabel II es destronada y Serrano preside un gobierno provisional. Comienza la guerra de Cuba. Se inicia el movimiento obrero en Barcelona y Madrid.
  • 1869 Constitución democrática.
  • 1870 Isabel II renuncia a sus derechos dinásticos en favor de su hijo Alfonso XII.
  • 1871 Comienza el reinado de Amadeo I de Saboya.
  • 1872 Comienza la segunda guerra carlista.
  • 1873 Abdicación del rey. Proclamación de la I República. Insurrección cantonal en Cartagena, que se extiende a Levante y Andalucía. Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar se suceden en la presidencia de la República. Constitución progresista, que no llega a entrar en vigor.
  • 1874 Golpe de Estado de Pavía: el general Serrano preside el poder ejecutivo. Pronunciamiento de Martínez Campos en favor de la restauración de la monarquía.

Caricatura sobre las etapas del Sexenio Democrático publicado por la revista la Flaca con el encabezado de La Madeja, en 1874.
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 http://es.wikipedia.org

El pacto de Ostende entre progresistas y demócratas, que recibe su nombre por el de la ciudad de Bélgica donde se firmó el 16 de agosto de 1866, fue una iniciativa del general progresista Juan Prim con el objetivo de derribar la Monarquía de Isabel II. Constaba de dos puntos:
1º, destruir lo existente en las altas esferas del poder;
2º, nombramiento de una asamblea constituyente, bajo la dirección de un Gobierno provisorio, la cual decidiría la suerte del país, cuya soberanía era la ley que representase, siendo elegida por sufragio universal directo.
La ambigua redacción del primer punto permitía incorporar al mismo a otras personalidades y fuerzas políticas. Así, tras el fallecimiento de O'Donnell, Prim y Serrano -paradójicamente, el mismo militar que había dirigido la represión de la sublevación del cuartel de San Gil- firmaron un acuerdo en marzo de 1868 por el que la Unión Liberal se sumaba al mismo. "Con esto la Unión Liberal aceptaba la entrada en un nuevo proceso constituyente y en la búsqueda de una nueva dinastía, y, según el punto segundo [del pacto de Ostende], la soberanía única de la nación y el sufragio universal".
La respuesta de Narváez fue acentuar su política autoritaria. Las Cortes cerradas en julio de 1866 no volvieron a abrirse porque fueron disueltas y se convocaron nuevas elecciones para principios de 1867. La "influencia moral" del gobierno dio una mayoría tan aplastante a los diputados ministeriales que la Unión Liberal, lo más parecido a una oposición parlamentaria, quedó reducida a cuatro diputados. Además en el nuevo reglamento de las Cortes aprobado en junio de 1867, tres meses después de haber sido abiertas, se suprimió el voto de censura, reduciendo así sensiblemente su capacidad para controlar al gobierno. En abril de 1868 fallecío el general Narváez y la reina nombró para sustituirle al ultraconservador Luis González Bravo que siguió con la política autoritaria y represiva de su antecesor.

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