29 de septiembre de 2014

Covadonga, 9 de septiembre de 1934, acto de las Juventudes de Acción Popular (JAP)

Gil Robles dice basta en Covadonga

El arquitecto Mendoza Ussía retrató la visita del líder de la CEDA al santuario el 9 de septiembre de 1934, en el preludio de la revolución asturiana.

Entre los numerosos fondos conservados en el Archivo General de la Guerra Civil Española que se encuentran en Salamanca, producto de la incautación con fines represivos de esa documentación, perteneciente tanto a particulares como a diversas organizaciones políticas y sociales, hay un interesante álbum fotográfico de José María Mendoza Ussía (1886-1943). Fue éste un arquitecto nacido en Madrid y vinculado a Asturias, y más concretamente a Gijón, por su matrimonio con Dolores Alvargonzález Domínguez-Gil, celebrado en esta ciudad en 1911. Por esta razón, pasaba sus veraneos en Gijón, ciudad en la que incluso realizó algún trabajo profesional, como la intervención en la reconstrucción del teatro Dindurra, destruido durante la guerra y reinaugurado en 1942 con el nombre de Jovellanos, según señala Ramón María Alvargonzález en el estudio sobre su obra fotográfica asturiana publicado en 1996.
El álbum en cuestión, motivo de estas líneas, es un pequeño reportaje sobre el acto celebrado en Covadonga, hace ochenta años, el 9 de septiembre de 1934, organizado por las Juventudes de Acción Popular (JAP), con la intervención de José María Gil-Robles, abogado salmantino y máximo dirigente de la Confederación de Derechas Autónomas (CEDA), de las que formaba parte como principal aglutinador el partido de Acción Popular (AP) y sus Juventudes.
La convocatoria de este evento fue respondida por las organizaciones de izquierda asturiana, socialistas y anarquistas, con la declaración de una huelga general en protesta por el mismo. El discurso que el líder de la derecha pudiera pronunciar en Covadonga era esperado con expectación no sólo por sus seguidores sino por toda la clase política, por lo que pudiera adelantar sobre la postura de su partido en cuanto al sostenimiento del Gobierno o la posibilidad de provocar una crisis, como ocurriría poco después. La huelga duró 36 horas, desde el mediodía del sábado 8 de septiembre a las 12 de la noche del 9, y fue general en Oviedo, Gijón, las dos cuencas mineras de Mieres y Langreo y algunas otras localidades.

Desde el 8 y durante la mañana del 9 fueron numerosos los actos de sabotaje llevados a cabo en carreteras y líneas de ferrocarril por los huelguistas para impedir la celebración del acto. Se atravesaron troncos en las carreteras y se sembraron éstas de tachuelas y piedras, se levantaron raíles de las líneas de ferrocarril y durante toda la jornada se produjeron diversos incidentes. En Gijón no aparecieron 20 autocares que estaban contratados, por la huelga de los conductores, y numerosos coches aparecieron pinchados. En Lieres (Siero) fueron levantadas las vías del Ferrocarril de Económicos, que hubieron de ser reparadas por soldados de la Armada que habían llegado procedentes del Ferrol. En Ujo (Mieres) fue volada la línea del Ferrocarril Vasco-Asturiano. En el de Langreo también fueron levantados varios tramos de vía. En la carretera entre Grado y Trubia se derribaron varios árboles. En Colloto, cerca del fielato, se tiró un muro que cortó 500 metros de carretera.
Desde las elecciones de noviembre de 1933, Gil-Robles y otros dirigentes de la derecha propugnaban un frente antimarxista y habían acudido a las elecciones con un programa que contemplaba, entre otras medidas, la "revisión de la legislación laica y socializante desenvuelta tanto en el texto constitucional como en las demás leyes". Por otra parte, los actos que organizaban las JAP, como el celebrado en El Escorial el 22 de abril de 1934, estaban rodeados de una parafernalia militarista y declaraciones filofascistas, que unidas a la ambigüedad que Gil-Robles mantuvo siempre sobre la aceptación del régimen republicano, provocaban cada vez mayor recelo no sólo en las organizaciones de izquierda, sino también en los republicanos de centro.
Pese a todos los obstáculos interpuestos, un gran número de personas consiguió llegar a Covadonga. José María Gil-Robles lo hizo por la carretera del Pontón, para evitar problemas. En primer lugar intervinieron los presidentes de las JAP de Gijón, León y Santander. Luego habló José María Fernández Ladreda, dirigente asturiano de Acción Popular, que se dirigió a las Juventudes poniéndoles el ejemplo de la epopeya de Covadonga, "para que sigan su camino en pro de la Fe, del patriotismo y del valor". El más esperado era Gil Robles, que había anunciado que en Covadonga fijaría sus posiciones políticas de cara al próximo otoño. Sus declaraciones tuvieron un tono de amenaza: "Para ensayos ya basta. La experiencia se ha realizado íntegramente y consideramos concluida esta primera etapa de nuestra difícil tarea.

No hemos puesto obstáculos; los hemos removido. No hemos derribado gobiernos; los hemos salvado en circunstancias difíciles. No hemos sido un elemento de perturbación sino un elemento constructivo en la política española. Pero ni aún con esa ayuda y esa buena voluntad ha sido posible que las cosas marchen por donde debían marchar. El camino se nos muestra ahora despejado. ¡Hasta aquí hemos llegado y de aquí no se puede pasar!".
Menos de un mes más tarde, Gil-Robles retiró su apoyo al Gobierno que presidía el republicano radical Ricardo Samper y en el nuevo Gobierno formado el 4 de octubre de 1934, bajo la presidencia del también radical Alejandro Lerroux, entraron tres ministros de la CEDA. Esa misma noche, estallaba la conocida como Revolución de Octubre de 1934.


FUENTE: JAVIER RODRÍGUEZ MUÑOZ
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