19 de mayo de 2015

El Santo Sudario de Oviedo (conocido también por pañolón de Oviedo)

EL SANTO SUDARIO DE OVIEDO. 
"Testigo elocuente de Cristo crucificado" (Art. actualizado)

http://webs.ono.com
En la Catedral de Oviedo  se conserva, con gran veneración del pueblo cristiano, el llamado "Santo Sudario", que según fuentes históricas bien documentadas llegó allí en los años de la invasión musulmana de España, procedente de la Catedral de Toledo. El Santo Sudario de Oviedo, según la tradición, fue colocado sobre el rostro de Jesucristo en el descendimiento de la cruz y hasta su definitivo entierro. Se trata de una reliquia directamente relacionada con la Sábana Santa de Turín, como comprobaremos en las páginas que siguen.  
El Arzobispo de Oviedo, con ocasión  del I Congreso Internacional del Santo Sudario, afirmó lo siguiente:
 
    "La devoción del pueblo cristiano a este recordatorio de la Pasión de Jesús es conmovedora. Como movidos por un poderoso resorte interior, miles de fieles cristianos vienen todos los años a nuestra Catedral para  recibir la bendición con el Santo Sudario y manifiestan de esa manera su profundo respeto por este tesoro religioso que hemos recibido de nuestros padres y que debemos conservar cuidadosamente, rodeándolo de la estima y veneración que nos merece este testigo elocuente de Jesucristo crucificado".

El Santo Sudario de Oviedo ha sido objeto de una exhaustivo estudio por parte de un equipo de prestigiosos investigadores españoles, coordinado por en Centro Español de Sindonología (www.linteum.com) . Entre otros, componían este equipo de investigadores  Don Jorge Manuel Rodríguez Almenar, Don José Delfín Villalaín Blanco, Don Guillermo Heras Moreno, Don Celestino A. Cano Tello, Don Felipe Montero Ortego, Don Jaime Izquierdo Gómez, Don Enrique Monte Vázquez, Doña María Socorro Mantilla de los Ríos Rojas, Don Vicente José González García, Don José Antonio Sánchez Sánchez, Don Ángel del Campo Francés y Don Enrique López Fernández
En las páginas que siguen vamos a aproximarnos y a conocer mejor el Santo Sudario de Oviedo, recordatorio de la Pasión de Jesús y testigo elocuente de Cristo crucificado.

Un largo itinerario.
El Santo Sudario de Oviedo llegó a la bella ciudad asturiana después de un largo itinerario.
Los primeros cristianos debieron conservar en Jerusalén una serie de objetos directamente relacionados con Jesús. Según la tradición, estas reliquias se conservaban en lo que se llamó el Arca Santa. Hacia el año 614, ante  la inminente invasión de los persas, se hizo necesario poner a salvo el arca con las reliquias. Según los datos de la tradición, el  presbítero Filipo fue el encargado de llevar las reliquias hasta Alejandría.El empuje de los persas en África dio lugar a nuevos traslados, de modo que el arca con las reliquias llegó a España.  El obispo de Ecija, San Fulgencio, acogió a los huidos, que llegaron a la península por Cartagena, y puso las reliquias en manos de San Leandro, obispo de Sevilla, que era al mismo tiempo su superior y su hermano. Más tarde, cuando San Ildefonso fue nombrado obispo de Toledo, se llevó consigo el arca con las reliquias.El Diccionario Eclesiástico de España señala la presencia de la misma en los primeros años del S. VII.En la primera mitad del S. VIII, una nueva arca -de roble- sale de Toledo en dirección al norte, esta vez coincidiendo prácticamente su traslado con la invasión musulmana y llegando a Asturias -según diversos autores- entre el 812 y el 842.Para albergar tal tesoro, Alfonso II el Casto mandó construir la llamada "Cámara Santa", que inicialmente sería la capilla de su palacio, y que hoy se halla incorporada a la Catedral gótica que se edificó posteriormente. Desde ese momento la denominada "Arca Santa" y su contenido han recibido la veneración constante de los asturianos, a pesar de las diversas vicisitudes históricasQue el Sudario está en Oviedo desde muy antiguo es algo que no se discute. En 1075, con ocasión de la visita del Rey Alfonso VI ,se procedió a la apertura del Arca y la realización de un inventario de los distintos objetos guardados en ella. El monarca ordenó que se la recubriera de plata como homenaje a su precioso contenido. En el recubrimiento del Arca Santa podemos leer la fecha de su realización (el año 1113) y la relación del contenido que atesoraba. Se menciona expresamente "el Santo Sudario de N. S. J. C.". Desde ese momento son constantes las referencias documentales al Sudario, puesto que se hicieron diversos inventarios. No hay circunstancia alguna que permita dudar de la permanencia ininterrumpida de la reliquia en Asturias.  Su fama llegó a ser tal durante la Edad Media que, a pesar de la dificultad que suponía atravesar el macizo montañoso que separa Asturias de Castilla, muchos peregrinos se desviaban del Camino francés a Compostela para acercarse a San Salvador de Oviedo (la Catedral) y venerar el "Arca Santa" de las reliquias.

El Arca Santa.

Esta es el arca en la que se conserva el Santo Sudario de Oviedo.

Imagen del lienzo.
El Santo Sudario de Oviedo es una tela blanca en origen, de lino, con textura tafetán, manchada, sucia y arrugada. Tiene forma rectangular, aunque con alguna irregularidad, y mide 83 por 53 centímetros. aproximadamente. Presenta numerosísimas manchas de diversos tonos, de color fundamentalmente marrón claro.
Salta a la vista en la observación de la tela dos manchas simétricas con respecto a su  eje menor, que son de color marrón con diversas intensidades.Se le denomina tradicionalmente "Santo Sudario" o "Santo Rostro" a pesar de que en él no se puede apreciar rostro alguno.En la época de Jesús un sudario era un pañolón (equivalente, aunque algo mayor a uno de nuestros pañuelos actuales) que se usaba como una pequeña toalla para quitarse el sudor de la cabeza o limpiarse la cara en caso de necesidad. La Enciclopedia Universal Judía recoge la prescripción según la cual cuando un cadáver tenía desfigurado o mutilado el rostro era imprescindible que este fuera cubierto con un velo para ocultarlo a los ojos de la gente. No es extraño que se empleara para este menester el pañolón -sudario- que se tenía a mano (en ocasiones enrollado en la muñeca) y que se colocara sobre el difunto aun antes del entierro.Por otra parte sabemos que uno de los "lienzos funerarios" empleados en enterramientos judíos es el sudario, y que cubre exclusivamente el rostro. San Juan en su evangelio menciona en dos ocasiones un sudario sobre la cabeza de un cadáver. En el relato de la resurrección de Lázaro (Jn 11,44) dice que salió el muerto "atado de pies y manos y envuelta la cabeza en un sudario" pero el texto evangélico más importante del Apóstol en este punto es el Cap. XX. En sus versículos 6 y 7 distingue claramente entre los lienzos en los que fue envuelto el cadáver (entre ellos, lógicamente, la Sábana que mencionan los evangelios sinópticos) y "el sudario que había estado sobre su cabeza".
Otra fotografía del lienzo.

Gracias al tratamiento de la imagen fotográfica, aquí se han señalado con mayor precisión las manchas que se aprecian en el sudario. En el lienzo se observan, además de las manchas, unas importantes arrugas y también unas pequeñas perforaciones o agujeros. 

Observación microscópica.
El examen al microscopio del lienzo revela la existencia de manchas de sangre, límites entre zonas manchadas y no manchadas, orificios, manchas geométricas, etc. El lienzo está cubierto de polvo y materiales propios del ambiente, como polen, esporas de hongos, etc.En esta ampliación del lienzo puede verse el ligamento o textura de tipo tafetán, con el que fue tejido. En este sistema  los hilos se torsionan en Z. Según los estudios de los especialistas, existen multitud de lazos en los hilos  debido a haber quedado flojos durante el proceso del tejido de la tela, lo que apunta a un tejedor inexperto.   En esta fotografía observan también unos orificios que atraviesan en lienzo
 En esta imagen se ven restos de sangre. En concreto, se aprecia el límite entre la zona manchada de sangre y la zona limpia.
Formación de la mancha de sangre (1).
Los estudios de Medicina Legal a que ha sido sometido el Santo Sudario han permitido reconstruir la forma en la que formaron las manchas. El Sudario debió colocarse  sobre la cabeza desfigurada del crucificado ya muerto, según se puede ver en estas dos fotografías. La primera posición del sudario fue seguramente la de la fotografía de la izquierda: el sudario fue colocado todavía cuando el cuerpo muerto colgaba de la cruz y se sujetó con alfileres al cabello. Al producirse la rigidez cadavérica fluye entonces edema pulmonar que moja  barba y bigote.
El cadáver fue luego descolgado. En ese momento, por desaparecer el obstáculo del brazo derecho levantado, la tela se colocaría mejor, rodeando totalmente la cabeza y se sujetaría por detrás, posiblemente por un nudo. Tras ello el cuerpo fue  colocado sobre su costado derecho. Continúa manando por la nariz suavemente líquido pulmonar, que forma la mancha propia del macizo facial, del dorso de la nariz y de la frente, que se suma a las anteriores, configurando la mancha general más extensa, suave y progresivamente.
El hombre del sudario estuvo en posición vertical una hora y posteriormente en decúbito prono lateral derecho alrededor de una hora más.


Formación de la mancha de sangre (2)
Cuando se movilizan los brazos (para el transporte) aparece entonces la salida brusca y tumultuosa del líquido pulmonar, arrastrando partículas de sangre. Esto es común en los cadáveres de personas muertas por encharcamiento pulmonar. Probablemente durante el traslado se intentó tapar esta salida de líquido apretando con la mano, como en esta fotografía.
Una vez en el sepulcro debieron tirar del sudario para quitarlo de la cabeza. El sudario quedó enrollado sobre sí mismo en un sitio. Esta posición coincide exactamente con el texto de Juan.

Conclusión estudio Medicina Legal.

Investigadores españoles confirman que el Santo Sudario de Oviedo cubrió a Jesús de Nazaret
El estudio  hematológico y de Medicina Legal efectuado realiza las siguientes conclusiones:
  • El Sudario de Oviedo muestra manchas originadas por sangre humana del grupo AB.
  • Este lienzo está sucio, arrugado, parcialmente roto y quemado; tiene un elevado nivel de contaminación, pero no muestra signos de manipulación fraudulenta. 
  • Parece ser un lienzo mortuorio que, con toda probabilidad, estuvo colocado sobre la cabeza del cadáver de un hombre adulto, normalmente constituido.
  • El hombre del lienzo tenía bigote, barba y pelo largo recogido en la nuca.
  • En la zona suboccipital, presentaba una serie de heridas punzantes, producidas en vida, que habían sangrado alrededor de un hora antes de colocar el lienzo mortuorio sobre ellas.
  • Su boca estaba cerrada y la nariz aplastada y desviada hacia la derecha por la presión de lienzo mortuorio.
  • Dicho sujeto era cadáver. El mecanismo de formación de las manchas es incompatible con cualquier posible movimiento respiratorio.
  • El Hombre del Sudario padeció un gran edema o encharcamiento pulmonar como consecuencia del proceso terminal. Sobre el lienzo que estuvo en contacto con la cara del cadáver, aparecen numerosas manchas originadas por líquido de edema pulmonar y sangre en la proporción 6:1 producidas en momentos distintos y consecutivos.
  • Ocurrida la muerte, el cadáver estuvo en posición vertical, en torno a una hora, y tenía, al menos, el brazo derecho levantado y la cabeza flexionada 70 grados hacia adelante y 20 grados a la derecha en relación a la vertical.
  • Posteriormente, sin alterar la posición de los brazos fue colocado en decúbito prono lateral derecho, manteniendo el giro de la cabeza 20 grados a la derecha y colocando ésta a 115 grados respecto a la vertical, con la frente apoyada sobre una superficie dura, posición en la que se le mantuvo alrededor de 45 minutos.
  • Posteriormente el cadáver fue movilizado al tiempo que una mano ajena, en diversas posiciones trataba de contener la salida de líquido serohemático por la nariz.
  • Por último fue colocado en decúbito supino
Relación con la Sábana Santa (1).
Existe una clara relación entre el Sudario de Oviedo y la Sábana Santa de Turín. En esta fotografía puede ya apreciarse esta semejanza.
Las coincidencias que resultan de los análisis efectuados son las siguientes:

1. Las dos piezas de tela "contuvieron" a un hombre de largo cabello, barbado y cabello recogido en la nuca. 2. Ambos eran adultos de unos 30-40 años y constitución fuerte.
3. Ambos comparten tipo sanguíneo = AB, típico de la etnia judía en la zona israelita.4. Ambos fueron maltratados antes de morir (latigazos, tortura física (tirones de barba), casco de espinas...)5. Ambos murieron en posición vertical, crucificados y apoyándose en los pies.6. Ambos fallecieron por colapso ortostático y consecuente edema pulmonar en grado agudo.7. Las dos son telas fácilmente elaboradas en la zona hebrea.8. Las manchas de sangre contenidas en uno y otro lienzo son "coincidentes" y por tanto ambas son complementarias.9. Gotas de sangre bajo una mancha en forma de 3 invertido. Es la misma impresión en ambas reliquias.10. Los Evangelios -sobre todo Juan- nos hablan de estos lienzos.11. Ambos contienen rastros de pólenes de la zona.12. Ambos tienen rastros de mirra y áloe para preservar de la corrupción.13. Los más importante: superponiendo la Sábana Santa de Turín con el Sudario de Oviedo sobre la zona que cubría descubrimos que sus proporciones son coincidentes y concurrentes a una emanación sanguínea tras muerte por edema pulmonar. Correspondencias manifiestas con los regueros de sangre provocados por el caso de espinas y con las proporciones del craneales.

Relación con la Sábana Santa (2).
 
Las proporciones anatómicas también indican las analogías entre estas dos reliquias. Así, guardan estrecha relación:

1. Los arcos superciliares.2. Superficie y forma de la nariz.3. Abultamiento de la zona derecha de la nariz.4. Fosas nasales presionadas.5. Pómulo derecho hinchado y sanguinoliento.6. Posición y tamaño de la boca.7. Mentón y forma desigual de la barba.
Sería difícil para el investigador poder afirmar con total rotundidad que la Sábana Santa y el Sudario de Oviedo estuvieron en contacto directo con el cuerpo de Jesús de Nazaret. Pero, poco a poco, los paralelismos y demostraciones científicas van demostrando que ambas reliquias estuvieron en una época contemporánea a la de Jesús de Nazaret, en los mismos lugares y que contuvieron el cuerpo sin vida de un ser que sufrió la misma muerte que el nazareno. Todo apunta, en suma, que se corresponden con las empleadas con Jesús de Nazaret.

Conclusión.
El Santo Sudario de Oviedo, según todos los estudios a los que se ha sometido, se corresponde verdaderamente con el sudario con el que fue envuelto el rostro de Jesús una vez muerto en la Cruz. Sus semejanzas con la Sábana Santa de Turín, como se han visto, son concluyentes.
Como dijimos al principio, el Santo Sudario se nos presenta ante nuestros ojos como un impresionante recordatorio de la Pasión de Cristo. El Sudario de Oviedo es  hoy un testigo elocuente de Cristo crucificado. El rostro ensangrentado del Crucificado se nos ofrece en este lienzo con toda su aterradora crudeza. La contemplación del Santo Sudario de Oviedo nos recuerda que, como nos dice San Pablo, "nosotros predicamos a un Cristo crucificado".


FUENTE: http://webs.ono.com
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El Santo Sudario, patrimonio excepcional de Asturias.

El Santo Sudario enseñado a los feligreses
A veces, es necesario tratar de deslocalizarse mentalmente en un intento de tomar la perspectiva precisa para la concreta valoración de las cosas próximas. Creo, sinceramente, que los asturianos no somos plenamente conscientes del valor patrimonial, histórico y religioso que supone la posesión del Santo Sudario que se custodia en la catedral de Oviedo. El fallecido deán, don Ángel Pandavenes, tenía muy clara noción de ello.
Pensemos, por un momento, lo que significa para los seguidores del islam la peregrinación a la Meca y la veneración de la Caaba, que mueve anualmente a millones de fieles a venerar la Piedra Negra, la que, según la tradición, el arcángel Gabriel depositó allí, y por la que el mismo Abraham -siguiendo una orden de Dios- prescribió la peregrinación.
¿Qué es el Santo Sudario? El Sudario o 'pañolón' de Oviedo, como también se le conoce, es la pieza de tela que recogió la efusión de sangre de Jesús, provocada por el edema pulmonar originado como consecuencia de la tortura de la crucifixión. Se trata de un lienzo de lino, de origen palestino, y con unas dimensiones de 83 x 53 centímetros, que corresponden aproximadamente a 1,5 x 1 codos siríacos. El tejido de estructura ortogonal - es decir, cruzado en ángulo recto- está organizado en una trama de 43 hilos/centímetro y urdimbre de 19. Presenta manchas de color marrón-amarillento de sangre, sin duda, producidas por la extrusión de un edema pulmonar, en una cabeza abatida hacia adelante y a la derecha. Villalaín, Bollone y Goldone identifican la sangre como perteneciente al grupo AB, lo que coincide con la estudiada en la Sábana Santa. Las manchas del Sudario de Oviedo presentan también entre 70 y 100 puntos de coincidencia con las de la Sábana Santa o Síndone de Turín.
Estudios científicos de radiodatación con Carbono 14 (C-14), realizados por la Universidad de Arizona y por Isotrace Radiocarbón de Toronto (Canadá), le otorgan una antigüedad de 679-710 años, lo que nos retrae aproximadamente a finales del siglo XIII o principios del XIV. Esta sorprendente 'modernidad' se atribuye, como también ocurre con la Síndone de Turín, a errores diagnósticos, que se explican así: incremento de carbono en la celulosa por carboxilación (-COOH) de los grupos hidroxilo (-OH), propiciada por acción enzimática (Kouznetsov); enriquecimiento en carbono más moderno tras la voladura de la Cámara Santa, en la revolución de1934; alteraciones de las fibras, producidas por hongos, claramente localizados en las fibras, y contaminación de las muestras por manipulaciones indebidas, como denunció Damon desde Tucson. No son inhabituales errores graves en las dataciones por C-14, como bien saben científicos y arqueólogos.
«La Sábana Santa y el Santo Sudario envolvieron a la misma persona»
Como notas históricas interesantes, hay que registrar que el Arca Santa -también custodiada en nuestra catedral- y las reliquias que encerraba fueron trasladadas a España cuando fue tomada Jerusalén en el año 614. De Jerusalén, el Arca se trasladó a Jaffa, y de allí a los puertos de Cartagena y Sevilla; luego, a Toledo y, por último, para preservarla de los invasores sarracenos, se trasladó a Asturias por la calzada romana de la Ruta de la Plata. Después del 718, permaneció largos años escondida en un pozo escavado en el Mont Sacro. Según Guscin, en 1075 se procedió a la apertura del Arca.
Se ha discutido largamente sobre las funciones del Sudario. Se presentan tres opciones: 1.- Mentonera utilizada para sujetar la mandíbula del difunto. Toda vez que la muerte por crucifixión se sigue inmediatamente de la rigidez cadavérica, no sería de utilidad. 2.-Recoger la sangre derramada tras las muertes violentas, que, según la ley judía, no debiera lavarse. 3.- Utilizarse como chal o mantilla de oración, que se empleaba en la sinagoga durante los rezos y que después constituía parte del ritual del entierro judío. Se especula que, si se hubiera colocado bajo la Síndone, no se habría grabado en esta última el rostro de Jesús, porque las grabaciones que se registran en la Sábana afectan muy superficialmente a las fibras del tejido.
Son de gran interés científico los estudios palinológicos, realizados por Frei, Ricci y otros, sobre granos de polen recogidos con cintas adhesivas o mediante técnicas cuidadosas de aspiración. Tanto del Sudario de Oviedo, como de la Sábana de Turín, Danin y Baruch aportan conocimientos de gran interés sobre el origen y los desplazamientos de las muestras, y añaden información sobre la antigüedad de las mismas. En los casos que nos ocupan, se recogieron, además de formas de polen mediterráneas comunes, otras netamente específicas de Palestina, Turquía y África. Las rutas seguidas por el Sudario y la Síndone son esencialmente coincidentes. Los nuevos muestrarios polínicos y la espectacular mejora de las técnicas microscópicas seguirán aportando, sin duda, datos de gran interés.

FUENTE:  JOSÉ MARÍA CASIELLES AGUADÉ | CATEDRÁTICO Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA CATEDRAL (http://www.elcomercio.es)

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El tesoro de la Sancta Ovetensis


 La actual catedral de San Salvador de Oviedo fue levantada entre los siglos XIV y XVI, en el lugar dónde Fruela I, padre de Alfonso II El Casto, mandó construir una iglesia en el siglo VIII.

Relato de un hallazgo que precisa nuevas investigaciones

Una impresionante talla fruto de un estudio minucioso de la Sábana de Turín y Santo Sudario de Oviedo en el que aparecen en positivo las marcas que la tortura de Nuestro Señor dejó en negativo en el Santo Sudario y Sábana Santa (Yacente Miñarro)
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El calificativo de «Santa» que se vincula a la Catedral de Oviedo hace que aparezca a los ojos del espectador como la Sancta Ovetensis, apelativo con el que la Historia la singulariza entre las catedrales hispanas. La santidad de sus reliquias ha sido el motivante que justifica tal denominación.
Fuente importante para el conocimiento de las santas reliquias de la Catedral ovetense lo constituye el pergamino catedralicio catalogado con la siguiente sigla: Perg. Serie B, carpeta 2, n.º 9 y 9A, copias de comienzos del siglo XIII, correspondientes a un primitivo arquetipo, desaparecido probablemente ya en época muy antigua. Este instrumento jurídico contiene la enumeración de las santas reliquias que hicieron famosa a la «Sancta Ovetensis», a la vez que incluye la donación que el rey Alfonso VI, el 14 de marzo de 1075, al abrirse el Arca Santa y enumerar las santas reliquias en ella contenidas, hizo al Obispado de San Salvador de Oviedo del territorio de Langreo, con la finalidad de garantizar la dignidad del culto litúrgico que se venía tributando al preciado tesoro contenido en el relicario de la Catedral de Oviedo, conocido como Cámara Santa, y para ennoblecer el Arca Santa, que contenía las santas reliquias, haciéndola recamar de planchas de plata en la forma que hoy se ofrece a nuestra contemplación.
Al hacer la lectura de las reliquias contenidas en el Arca Santa es posible ofrecer un clasificación tipológica, que nos enumera las referidas a personajes y cosas del Antiguo Testamento y, por otra parte, las que hacen referencia al Nuevo, entre las que destacan las referidas a Nuestro Señor, a la Santísima Virgen María, a los apóstoles, a los mártires y los confesores de la Iglesia «y otros muchísimos cuyo número sólo conoce la sabiduría divina».
Cada vez que hago la relectura de esta copiosa lista de reliquias no puedo menos que sentir un estremecimiento, cuando paso los ojos sobre las palabras «de Sudario eius», referido al sudario que envolvió la cabeza del Señor en el traslado del lugar del descendimiento de la cruz hasta el sepulcro. Ese sudario que destacó el Evangelista San Juan (20,7) y que Pedro y él vieron «plegado y puesto separadamente de los lienzos», hace que yo lea el pasaje joannino con un especial regusto de veneración y emoción, que traslado a la lectura del pergamino de la apertura del Arca Santa ante el, para mí, veneradísimo Santo Sudario. El pensar que sea nuestro «Sudario de Oviedo» el que refiere San Juan, que «estuvo colocado sobre la cabeza del Señor» viene siendo objeto de mi emocionada veneración y adoración del sacro lienzo, que desenfoca mi atención del resto del sacro relicario, expresado en la relación actuaria de la apertura del Arca Santa aquel 14 de marzo de 1075, en que con el mayor boato litúrgico, entre aromas y perfumes de nubes de incienso, el obispo del momento, don Ariano, el antiguo abad de Corias, abrió y desplegó ante los ojos extasiados del rey Alfonso VI y de los obispos, abades y magnates de su corte, el más sacrosanto tesoro de reliquias que conociera la Cristiandad.
He de confesar que, como si me hubiera dejado obnubilar o eclipsar, en lo físico y en el espíritu, por la palabra «sudario», que yo nunca acierto a pronunciar si no es aplicándole el calificativo de «santo», no venía prestando atención a la reliquia que antecede en el inventario, que recoge la preciada acta.


Por eso, agradezco la oportunidad de una visita a la Cámara Santa, acompañando a mi buen amigo don Álvaro Blanco, comisario de la magnífica exposición sobre la Sábana Santa, que se exhibe con gran afluencia de público estos días en la plaza de la Catedral, para prestar atención a una reliquia que se ofrece en el centro del expositor de la izquierda, y que se etiqueta en los inventarios antiguos de las visitas a las santas reliquias como «de la Sábana Santa». Intercambiamos pareceres, invocando yo el testimonio del sindonólogo Guillermo Heras, quien me había explicado que resultaba imposible la pertenencia de aquel sagrado lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús para su embalsamamiento para la sepultura, dado que la textura y trama de la Sábana Santa eran totalmente diferentes de las de nuestra reliquia, en lo cual abundó también mi amigo, buen conocedor de la textura de la Síndone de Turín.
Pasamos después a visitar en el Archivo catedralicio el pergamino que contiene el acta de apertura del Arca Santa. Como hago muchas veces con visitas cualificadas, fui desentrañando la traducción del famoso texto, que nos ofrece una lectura por demás interesante respecto a nuestras reliquias. Tratando de hallar la palabra para mí más atractiva de la narración, posé la vista en la reliquia inmediatamente anterior y leí y traduje: «De vestimento Domini sorte partito et de sudario eius», es decir, «del vestido del Señor, repartido por suerte, y de su sudario». Me vino a la memoria inmediatamente el texto del evangelista San Juan, para poder ver en esas palabras la alusión a la «sagrada túnica de Nuestro Señor», de la que los soldados lo despojaron momentos antes de la crucifixión.
Efectivamente, el texto de San Juan (19,23) dice así: «Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado y la túnica. La túnica era sin costura (inconsútil), tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: "No la rompamos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Para que se cumpliera la Escritura: "Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica". Y esto hicieron los soldados».
Quiero insistir en dos palabras del original latino del acta de apertura del Arca Santa: «Sorte partito» (echado a suerte). Comparándolo con el texto del evangelista San Juan en la Vulgata, donde se emplean estas dos palabras: «sortiamur» (sorteémoslos, en referencia a los vestidos), donde aparece claro el sorteo aplicado a la túnica. La segunda palabra «partito», aparece en San Juan, tomándolo del Psalmo 21,19: «Partiti sunt vestimenta mea»: «Se repartieron mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes». Para mí, confieso que constituyó una novedad la lectura. Para mi amigo Álvaro, en cambio, fue un momento de intensa emoción, haciendo confluir en una sola reliquia la exhibida en la Cámara Santa como «de la Sábana Santa» y la que aquí aparecía, en la relación de las reliquias, como del «vestido del Señor», vinculando ésta con la denominada de la «Sábana Santa». Le expresé que quizá pudiera asumirse como hipótesis de trabajo, teniendo en cuenta que sí existía una base en el sentido de que en el acta del Arca Santa sólo existen dos telas o lienzos referidos a Nuestro Señor: el vestido, al que yo preferiría denominar «túnica del Señor», y el «Santo Sudario», siendo solamente dos también las exhibidas en la Cámara Santa.
No cabe duda de que el ofrecer la reliquia de la llamada en los inventarios «Sábana Santa», que su textura y trama declaran como apócrifa, frente a la que revelaría el texto del acta de apertura como «túnica del Señor» sería una verdadera novedad, pero sería necesario hacer antes un exhaustivo estudio sobre su trama y textura del lino o lana de que esté hecha, analizando sus pigmentos de origen sanguíneo, pues, si fuera de la sagrada túnica del Señor, habría de reflejar restos de la sangre de los azotes de la flagelación, que aparecen en la Sábana Santa. Si la túnica acompañó al Señor hasta el momento de la crucifixión, alguna huella habría de testimoniarse en las reliquias que de ella quedan.
Sería preciso también hacer un estudio comparativo con las reliquias de la Santa Túnica que posee la Catedral de Tréveris, en Alemania, o la del monasterio de San Denis, en Francia. Habría de hacerse el estudio literario de la tradición del «sorte partito», el echado a suertes, partiendo de la mala interpretación de Floriano Cumbreño, que, en su obra clásica «Los documentos de la Catedral de Oviedo», introduce la lectura «forte», en vez de «sorte», que considero la genuina lectura que ha de hacerse, siendo equivocada la de aquél. Es decir, que hay tela cortada para nuevas y exhaustivas investigaciones. Tengamos paciencia y demos tiempo al tiempo, que en asunto de tanta importancia la postura de la cautela es la más conveniente.


 Interior de la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. 
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1 comentario:

  1. Gracias al blog de Acebedo por esta valiosa información sobre el santo Sudario... Con un afectuoso saludo. M.L.

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