3 de febrero de 2013

Dr. Rafael Fernández Calzada

Rafael Fernández Calzada: Un abogado en Argentina.

                       Dr. Rafael Fernández Calzada.

Natural de Navia, fue uno de los indianos con mayor reconocimiento y tuvo gran protagonismo en la celebración del IV Centenario del Descubrimiento

Rafael Fernández Calzada fue de los grandes indianos asturianos; no de los más conocidos. Su relevancia en diversos campos, su gran labor social, cultural y política a ambos lados del Atlántico, le convierten en figura de extraordinario interés, tanto por la persona como por las obras. «Cuando aún no llevaba dos décadas residiendo en Buenos Aires -escribe el profesor Rafael Anes, su mejor biógrafo-, era Calzada el español con mayor prestigio y más influencia de los que allí había. Hay muchas pruebas de ello y una la tenemos en que cuando los gobiernos español y argentino acuerdan la celebración con toda solemnidad del IV Centenario del Descubrimiento de América, designan a Calzada como presidente de la comisión que se forma. El prestigio que ya entonces tiene Calzada sobrepasa el ámbito del Río de la Plata y llega, lógicamente, a Paraguay, donde, en 1892, a la avenida Recoleta se le cambia el nombre por el de España, y también a Chile, como lo pudo comprobar en la visita que llevó a cabo en 1889. El reconocimiento de que gozaba Calzada en España era comparable a su preocupación por todo cuanto se relacionaba con su país de origen».

Había nacido en Navia el 23 de enero de 1854 y fue bautizado en la iglesia parroquial al día siguiente. Era el mayor de los seis hermanos vivos, de los cuales cinco fueron emigrantes. Uno de ellos, Carlos, marchó a Cuba, y los otros cuatro fueron a Argentina, quedando en Navia una de las hermanas, y como escribe Víctor García Costa, «dejaron huella». El de huella más profunda fue Rafael, indiano multifacético, adalid republicano, escritor, elocuentísimo orador (según la terminología de la época), periodista, autor de «cuentos emocionantes» y fundador de la población Villa Calzada, próxima a Buenos Aires, que según el poeta Salvador Rueda consiguió triunfar en el «epiléptico torbellino de Buenos Aires» y a quien F. A. Barroetaveña calificó como «un "specimen" de Garibaldi civil, tan español como americano, que puso al servicio del progreso y del bien público de ambos mundos todas sus vigorosas y nobles energías, como noble ciudadano de la Península y del Mundo de Colón».

Cuando los ingenios americanos se despeñan por la «barranca abajo» del elogio desmesurado y a toda costa, no hay quien los frene, y por lo general sueltan lo primero que se les ocurre a condición de que sea sonoro. ¿Qué tiene que ver Rafael Calzada con Garibaldi salvo que ambos anduvieron bajo la Cruz del Sur, los dos fueron republicanos y también a Garibaldi le dio por escribir, en su retiro de Capri, dos o tres novelas deplorables? Pero si al señor Barroetaveña le parece ajustado comparar a Calzada con Garibaldi, a mí no me parece mal, porque un aventurero de la talla de aquel gran «condottiero» del siglo XIX me resulta simpático. Ahora bien: Calzada no evoca a un «condottiero», sino a un abogado que triunfa dedicándose a la política y a los negocios.

Los primeros estudios de Calzada los realizó en su propia casa, ya que su madre era maestra aunque no estaba en activo, y más tarde en la escuela de Navia, de la que era maestro Francisco Alonso Trelles, de Coaña y padre de otro emigrante singular, José María Alonso Trelles, que se haría famoso al otro lado del charco como uno de los principales representantes de la poesía gauchesca con el pseudónimo de «Viejo Pancho». ¿Coincidieron Calzada y Viejo Pacho más allá del mar? América es muy grande, pero todo es posible. Seguidamente estudió latín en Coaña con un ex seminarista de Mondoñedo, sabio latinista según Eva Canel, y el Bachillerato en el instituto de Tapia, en el que muy tempranamente se significó como republicano precoz, pronunciando un discurso en la campaña electoral de 1869 que con el título de «Al pueblo», fue impreso por cuenta del Comité Republicano de Navia. Al parecer tales ideas le venían de su padre, amigo de Pi y Margall.

Luego inicia los estudios de Derecho en Madrid, donde compagina la asistencia a las aulas con la práctica en el bufete de Pi y Margall. Después de pasar por la Universidad de Barcelona el curso 1871-72, volver a la de Madrid y reintegrarse al bufete de Pi y Margall, se licencia en la Universidad de Oviedo en junio de 1875, con 21 años. Precisamente esos 21 años fueron los que determinaron que emigrara a América, ya que su propósito era ser juez, pero tenía que esperar a cumplir los 25 años para opositar; y aunque su tío, el abogado Eduardo Rayón, quiso quitárselo de la cabeza, alegando que a América sólo emigraban los hijos de los campesinos que no poseían más ciencia que la fuerza de sus brazos, Rafael Calzada marchó a Montevideo, adonde llega el 29 de octubre de 1875, viajando en primera, lo que es una manera bastante peculiar de emigrar. De Montevideo se cansa pronto, y el 19 de noviembre pisa por primera vez Buenos Aires, la ciudad en la que residirá el resto de sus días, salvo los inevitables desplazamientos fuera de ella por motivos políticos (fue diputado republicano en Madrid) y de negocios.

Su primer trabajo en Argentina lo hizo como abogado en el bufete de José María Moreno, catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Buenos Aires, que le ayudó a la revalidación de su título. Las cosas debieron irle bien porque en 1876, al año de establecido en Buenos Aires, cuenta con despacho propio y dirige la «Revista de Legislación y Jurisprudencia». En 1878 es admitido como socio del exclusivo Club Español, del que llega a presidente ocho años más tarde: lo que indica que Calzada a donde llegaba, besaba el santo, según el conocido refrán. También fue abogado del Consulado Español, lo que le permitía intervenir en las testamentarías de los españoles que morían sin herederos en argentina, y en 1879 funda el Ateneo Español y es socio honorario del Colegio de Escribanos de Buenos Aires. Reconocimiento o condecoración que le proponían, la aceptaba, aunque fuera de la latón.

Debido a una actividad profesional y social incansables y sabiendo encontrarse siempre en el lugar adecuado, donde actúa en el momento oportuno, antes de los treinta años, según Martín Dedeu, había alcanzado «legítimos y ruidosos éxitos, que hicieron muy pronto de su estudio uno de los más acreditados de Buenos Aires». Entre los casos famosos que le tocó defender figura el del cabecilla de una banda conocida por «los caballeros de la noche», que habían sacado del cementerio de la Recoleta el cadáver de una acaudalada señora para exigir rescate, el caso conocido como el de «La niña de los dos padres», o la intervención en la sucesión de la herencia del dictador Juan Manuel de Rosas, muerto en el destierro, en Southampton, el cual tenía tres mujeres, y una herencia complicada, por tanto. Actuando en casos como éstos, no es de extrañar que se haya hecho en poco tiempo un abogado muy popular. En 1889 ingresa en la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Argentina.

Simultaneándola con la jurídica, la actividad periodística de Calzada, tanto en España como en Argentina, obedece a motivos políticos y vocación. Después de colaborar en «La Discusión», controla «El Correo Español» hasta que en 1903 se convierte en sociedad anónima, en la que preside en consejo de administración, y «se dice», apunta cautamente Rafael Anes, patrocinó «El Porvenir Asturiano», editado en Navia y dirigido por Carlos Fernández Calzada. A la labor periodística añade la literaria de creación, siendo calificado por Vicente Blasco Ibáñez en 1903 de prosista notable y de importante poeta, capaz de convertir un artículo del periódico en una obra de arte. Calzada publicó su autobiografía con el título de «Cincuenta años en América» y sus «obras completas» fueron publicadas por el librero de Buenos Aires Jesús Menéndez, natural de Oviedo y compañero de Calzada en la Universidad, previstas en un total de diez volúmenes. Narrador además de periodista y poeta, sus cuentos fueron coleccionados en un volumen que lleva el imaginativo título de «Narraciones», más otro independiente titulado «Katara», que contiene una narración de ambiente polinésico. «La patria de Colón» es un estudio histórico, y «Cincuenta años en América», en dos volúmenes, es, además de sus aspectos autobiográficos, una historia del desenvolvimiento de la colonia española en Argentina. Y otros volúmenes contendrían los artículos de periódicos, y los discursos tanto políticos como forenses y de circunstancias, y completarían las «obras completas» la reedición del libro «Galería de españoles ilustres».

Elegido diputado republicano en Madrid, fue víctima de pucherazo descomunal, pero al fin pudo ocupar su escaño de 1905 y 1907, haciéndose notar por su oratoria y por su decidida oposición a la ley de Administración Local de Maura. Perdido el escaño, en 1908 regresa a Argentina.

Una de sus empresas más memorables fue la fundación de Villa Calzada, próxima a Buenos Aires, del Barrio España en Rosario y de la Colonia Calzada en Navia. También fue el autor de los estatutos y presidente de la Asociación Patriótica Española, de la Liga Republicana Española y de la Federación Republicana Española de América. Su republicanismo, un tanto retórico, era indesmayable. Quien acabó claudicando a causa de la edad y los achaques fue Calzada, muerto en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1929.

                          Ilustración de: Pablo garcia

FUENTE:  IGNACIO GRACIA NORIEGA
___________________________________________
 BIOGRAFIA. Dr. Rafael Fernández Calzada.

Un poco de historia… RAFAEL CALZADA, UN MULTIFÁCETICO HACEDOR.
http://todobrown.com.ar
La localidad de Rafael Calzada,  en el municipio de Almirante Brown, lleva su nombre. También la estación ferroviaria, claro. Muchos se preguntarán ¿quién fue? La mejor respuesta -también la más sintética- sería ¡qué no fue! este hombre, español de nacimiento pero que amó en sumo grado a la Argentina y que residió precisamente en la localidad epónima -surgida al influjo de su propia iniciativa- hasta sus últimos días, integrando diversas entidades fomentistas, y cuyos restos descansan en el cementerio local. Jurisconsulto, escritor, poeta, abogado aqui y en su España, filántropo, político, periodista, diputado  en las Cortes españolas, fundador de pueblos, barrios y de las instituciones más diversas. Era, lo que se dice, un hombre “todo terreno”, teniendo en cuenta su multifacética personalidad.
Nació en Navia, provincia de Oviedo, el 23 de enero de 1854, como fruto del matrimonio de Rafael Fernández Calzada y Rosa Fernández Luengas. Cursó sus primeros estudios en su aldea  natal y pueblos vecinos. Completó el bachillerato en la cercana  localidad de Tapia en tan solo 4 años, revelando sus cualidades. Por entonces, en 1869, pronunció su primer discurso político. Un año después, ingresó en la Facultad de Derecho de Madrid pero en 1871, los continuó en Barcelona.
En esa etapa de su vida, escribió  varias obras teatrales, “Escapando de un ingles”, “Empleados y Cesantes”, “¡Ladrones, Ladrones!” y “El médico de mi mujer”, entre otras. Fundó también el semanario político “El Rey H” e ingresó a trabajar en el diario republicano “La Discusión”.
De regreso a Madrid, en 1874, rindió todas las materias del ultimo año de la Facultad de Derecho, excepto  una, la correspondiente a Ampliación del Derecho Civil. Un año más tarde, en Oviedo aprueba la ultima asignatura de la carrera y da el examen de revalida con un “sobresaliente”.
Calzada aspiraba a ingresar en el cuerpo judicial, pero para ello debía tener 25 anos;  con solo 21,  podía trabajar de abogado. Por ello, resuelve intentar suerte en América durante los años venideros, con la idea de  volver a España al cumplir los 25.
Así, llegó a Buenos Aires, luego de haber permanecido varios días en Montevideo. En la Capital conoce al doctor José María Moreno,  abogado y destacado político, comenzando a trabajar en su estudio. Poco después, en 1876 revalidó su titulo de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires , teniendo  el honor de ser el primer extranjero en hacerlo en nuestro país.
Más tarde se haría cargo de la dirección de la “Revista de Legislación y Jurisprudencia”, además de instalar su propio etudio  en la calle Florida 63. También fue elegido miembro del Club Español y pasó a desempeñarse como abogado del consulado ibérico en Buenos Aires. Posteriormente, sería socio fundador del Ateneo Español y socio honorario del Colegio de Escribanos de la Capital, además de integrar la comisión directiva del Instituto Geográfico Argentino.
Fue también director de la Revista de los Tribunales, socio honorario del Centro Gallego de Buenos Aires, integró la comisión pro monumento al doctor José María Moreno y socio fundador del Club Liberal.
Años después sería electo presidente del Club Español de Buenos Aires e interviene en una demanda por petición de herencia, en la sucesión de don Juan Manuel de Rosas, abierta en Southampton, Inglaterra, donde falleciera el “Restaurador”.
Reelecto titular del Club Español y sumándose como socio honorario a la Unión Protectora de Inmigrantes  Españoles, integró la comisión redactora para  uniformar los estatutos de sodas las sociedades españolas de socorros mutuos existentes en el país y confederarlas entre si.
Por otra parte, Calzada integró  el directorio del Banco Nacional Inmobiliario y fue miembro de la Asociación de Prensa de la República Argentina, además de académico en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación,  adquiriendo por otra parte el diario El Correo Español, quedando desde entonces como su propietario y director.
En 1891 fue candidato a concejal en la ciudad de Buenos Aires, y se unió en matrimonio  -en Asunción del Paraguay- con Celina G. Pena, hija del entonces presidente del vecino país,  Juan G. González.  Más adelante pasó a integrar la comisión directiva de la Liga Patriota Española y fue designado presidente honorario de la Sociedad Filantrópica Española de Beneficencia de Santiago de Chile.
En el 1900, pública su libro “Discursos”,  viaja a Europa y  es nombrado presidente honorario del Congreso Hispano Americano. A año siguiente, junto a su esposa iniciaría una extensa gira por el exterior. Ese periplo lo lleva a Oran, Tanger, Túnez, Tripoli, Alejandría, El Cairo, Assuan, Canal de Suez, Port-Said, Jerusalén, Belén, Damasco, Constantinopla, Atenas, Corfu, Italia, Malta, Marsella, Barcelona y Madrid, para concluir en Navia, su pueblo natal. En sesión extraordinaria, el  Ayuntamiento lo nombra “Hijo Predilecto de Navia”, resolviendo que en lo sucesivo llevara el nombre de “Doctor Calzada” una calle de esa villa.
De regreso a Buenos Aires, integró la comisión  para erigir el monumento en homenaje al Dr. Bernardo de Irigoyen, pero retorna a España donde es presidente honorario de la Asamblea Municipal Republicana realizada en Zaragoza.
En 1907, junto a otro eminente escritor, Benito Pérez Galdos, Calzada es electo diputado  a las Cortes de Madrid, representando al partido Republicano.
De regreso a estos lares, en terrenos que el propio Calzada donara, se funda el barrio “España” en Rosario y se coloca la  piedra fundamental del Hospital Español de esa ciudad santafesina. Poco después funda en la provincia de San Luis la “Colonia Calzada”, lindante con la provincia de Mendoza, en campos atravesados por el ex ferrocarril Pacífico. Entonces, la empresa ferroviaria estableció dos estaciones “Colonia Calzada” y “Plumerillo”; esta última, debido a sus gestiones, cambia de nombre por el de “Navia” (nombre de su pueblo natal).
Por si fuera poco, fue  Vicepresidente de la Unión Republicana reunida en Madrid,  presidente honorario de la Liga Republicana de la Argentina; del Comité Federal de Gijón, y del Centro Instructivo Obrero Republicano de Huelva, socio honorario del Centro Republicano, de la Juventud Republicana y del Circulo de Bellas Artes, los tres de Madrid; y de la Juventud Republicana de Zaragoza, además de integrar la comisión encargada de erigir el Monumento de los Españoles a la Argentina, con motivo de la celebración del primer centenario del 25 de Mayo de 1910.

E1 18 de julio de 1909, se funda en su honor, la localidad de Villa  Rafael Calzada, en el municipio bonaerense de Almirante Brown.  Fueron padrinos de la ceremonia su  esposa,  Celina G. Peña de Calzada y el escritor español Vicente Blasco Ibañez.
El mismo año, su espíritu emprendedor lo  lleva a fundar el barrio “Calzada” en la ciudad de Rosario, en una superficie aproximada de 20 manzanas. La Municipalidad de esa ciudad acordó espontáneamente darle su apellido, en testimonio de gratitud por su acción en bien del progreso.

Ya en 1911,  fija  el 22 de diciembre, su residencia en Villa Calzada, donde o había hecho construir un chalet que denomino “La Celina” y que había obsequiado a su esposa.

 
En 1913,  publica un nuevo libro: “Rasgos biográficos de José S. Decoud”, en el cuarto  aniversario del fallecimiento del destacado ciudadano paraguayo.
Un año más tarde, aparece un libro sobre su vida -obra de Martín Dedeu-, titulado: “Nuestros hombres de la Argentina – Dr. Rafael Calzada”.
Vista de “La Celina”, la quinta del Dr. Calzada, en Rafael Calzada
Poco después publica Calzada otro de sus libros: “Narraciones”, con prologo del escritor español Salvador Rueda. Pronuncia también una conferencia en el Teatro Nacional de Asunción del Paraguay  sobre la patria de Colon, que serviría de base para un libro sobre el tema.
Fue presidente honorario del Club Atlético Calzada de Rosario, integró la comisión pro monumento homenaje a Cervantes en Buenos Aires, prologó el libro del doctor José León Suárez “Carácter de la Revolución Americana”, al tiempo que  se inaugura en Rosario  la Escuela de Artes y Oficios de la Infancia Desvalida”, levantada en una manzana de terreno que donara oportunamente para ese fin.
Prologó luego  el libro de Martín Dedeu intitulado: “El catalanismo en acción” y en 1920, Calzada publica “La Patria de Colon”.
En 1924, año en que aparece su libro “Katara – Recuerdos de Hana Hiva”, comienza a desempeñarse como presidente de la Comisión de Fomento de Villa Calzada. Además, a iniciativa suya, se da el nombre de Pi y Margall a la  hasta entonces calle Dulce, de la Capital Federal. Por otra parte, cede gratuitamente, en la ciudad de Rosario, una manzana de terreno en el barrio Saavedra, para la construcción de una plaza con ese nombre.
Ya en 1925, celebra sus bodas de oro en la Argentina. Ya llevaba  50 añoos trabajando por el  país cuando el entonces presidente Alvear lo felicita por “haber sido un hombre útil para la patria”.
En 1926 y 1927, aparecen sus dos últimos libros:  “Cincuenta años de América”, volumen I y volumen II, respectivamente. 1928, lo encuentra como presidente
honorario de la Cooperadora Sarniento, de Villa Calzada.

Foto de Rafael Calzada (ya mayor)
El infatigable doctor Rarael Calzada, quien no tuvo descendencia,  falleció el 4 de noviembre de 1929,  mientras caminaba por un andén de la estación Plaza Constitución.
Sus restos fueron velados en el domicilio del doctor Luis Méndez Calzada para luego  recibir sepultura en el cementerio  de su pueblo,  Villa Calzada.
Inumerables anécdotas pintan a Calzada de cuerpo y alma. Sólo mencionaremos tres y bien breves.
Poco después de haber aprobado el examen de reválida de su titulo en Buenos Aires, el doctor Calzada debió prestar juramento ante la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
“Me pidieron que jurara por Dios y por la Patria – tal la fórmula consagrada – siendo yo extranjero. Así lo hice, pensando de corazón que, si juraba por la mía, juraba también por la Argentina, que quedaba adoptada como mi segunda patria desde aquel momento, uno de los mas solemnes y memorables de mi vida”.
En tierras ibéricas tanto como aquí, siendo fervoroso republicano, era muy conocida su postura política adversa a la monarquía.
En enero de 1908 el entonces Rey Alfonso XIII recibió en audiencia a Anselmo Villar, viejo amigo de Calzada. Durante la entrevista Villar  habló de la Argentina y pero no de los republicanos. “No me habla usted de los republicanos y hace mal; para mi todos los españoles allá residentes no son mas que amigos y compatriotas. Personalmente me he alegrado de la elección del jefe de los republicanos de allá, doctor Calzada, como diputado por Madrid. Me regocija pensar que pueda infundir a sus correligionarios de aquí el sano espíritu que ustedes demuestran, anteponiendo en interés patrio a todo otro pensamiento”, le dijo el monarca.
Por otra parte, los estudios finales para graduarse de abogado en España, le habían exigido al doctor Calzada un gran esfuerzo que, unido a su tarea de periodista, determinaron un estado físico deplorable. Al extremo  que algunos de sus amigos se alarmaron, pues creían que padecía alguna grave enfermedad. Coincidió eello  con su convocatoria al ingreso al servicio militar y los médicos que lo revisaron lo declararon “inútil”, creyéndolo tísico.
“No me sorprendió aquella declaración porque yo mismo, lleno de aprensiones, estaba convencido que tendría vida para muy poco”, diría Calzada muchos años después.

Como curiosidad, hay una cerveza que lleva su nombre, producida en la ciudad.











Firma de:
Dr. Rafael Fernández Calzada

No hay comentarios:

Publicar un comentario