2 de julio de 2015

Las sospechas sobre las cuentas de las ayudas a los represaliados de la revolución de Octubre de 1934

Dudas sobre el Socorro Rojo
 Fernando Solano Palacio (anarquista de Mieres)
Las sospechas sobre las cuentas de las ayudas a los represaliados de la revolución de Octubre del 34 vertidas en una carta por el cenetista asturiano Fernando Solano Palacio
Ilustración de Alfonso zapico
http://www.lne.es
Fernando Solano Palacio nació en Morcín el 23 de agosto de 1887 y falleció en un piso de la calle Premio Real en Gijón el 27 de octubre de 1973; la causa de su muerte según obra en su partida de su defunción fue simplemente la senectud1. Una larga vida, llena de luchas cárceles y exilios que desembocó en una vejez solitaria.
Solano fue anarquista desde su primera juventud hasta sus últimos días. Militante de la CNT y como muchos otros protagonistas de aquellos años que llenaron de sangre la historia de las cuencas mineras en la primera mitad del siglo XX, a la vez hombre de acción y de letras.
Ya les traje una vez a esta página el relato de su viaje en el barco Winnipeg2 , desde Francia hasta a Chile en 1939 extraído de su libro "El Éxodo, por un refugiado español", donde escribió claramente sus críticas ante el comportamiento de los comunistas, pero él dejó muchas más publicaciones, memorias, poemas, novelas y un relato escrito en la cárcel de Oviedo, "La revolución de octubre. Quince días de comunismo libertario en Asturias", en el que contó lo ocurrido en 1934 desde el punto de vista libertario.
De aquella misma época es una curiosa carta que se publicó en La Revista Blanca, de Barcelona en septiembre de 1935 firmada por él y otros cuatro presos cenetistas -Aurelio Canteli; Antonio Raigada; Eleuterio Álvarez y Faustino González- con el ruego de que se difundiese en toda la prensa cenetista.
La Revista Blanca fue una publicación imprescindible para conocer el pensamiento libertario y en sus páginas se recogieron análisis políticos y comunicados puntuales junto a aquellos textos literarios que tanto gustaban a los anarquistas. En la misiva de los presos se exponían las dudas que les suscitaba el reparto de ayudas monetarias del Socorro Rojo dentro de la cárcel y su negativa a aceptar el dinero que les asignaban, dado que no lo veían muy claro. Como es un asunto que muy pocas veces se ha tratado, hoy se lo quiero contar a ustedes para que saquen sus propias conclusiones.
Barco  Francés Winnipeg
Desde 1920 ya existían grupos repartidos por Europa que se planteaban ayudar a los represaliados por actividades revolucionarias, pero el Socorro Rojo dependiendo de la Internacional no se organizó hasta finales de 1922. Aún tuvieron que pasar dos años más para que tomase su estructura definitiva en una Conferencia a la que asistieron en Rusia 108 delegados, la mayoría llegados desde otros países y donde se decidió que fuese la URSS quien dirigiese y controlase su funcionamiento.
Como se ve, el Socorro Rojo fue un brazo más del partido comunista que los soviéticos quisieron convertir en un arma de masas para atraerse las simpatías de todos los luchadores obreros que sufrían persecución por su actividad en los países burgueses y para ello crearon secciones por todo el mundo.
En 1932 ya existían 66, entre ellas la española, que aunque contaba desde 1929 con una flamante dirección nacional todavía era muy débil, porque es sabido que uno de los mayores errores de la ortodoxia comunista siempre ha sido dar preferencia a la burocracia antes de asegurar la eficacia de sus acciones.
Después de sobrevivir a la represión de la Dictadura de Primo de Rivera, el momento del Socorro Rojo Internacional llegó con la revolución de Asturias. En 1934 trabajaban secciones locales en Oviedo, Gijón, Mieres, Turón, Langreo y Trubia con un total de 1.000 cotizantes y unos 200 afiliados. Poca cosa ante la implantación y el poder del Partido Socialista, que sin embargo se despistó ante aquella fenomenal oportunidad para demostrar su capacidad de organización.
En cambio, el Partido Comunista, con solo 800 militantes en Asturias, incluyendo a sus juventudes, sí supo aprovechar aquella circunstancia y encontró en la ayuda a los represaliados de octubre la palanca que necesitaba para su despegue definitivo.
Ilustración de Alfonso zapico
En febrero de 1935 habían sido juzgados por su implicación en los hechos revolucionarios unos 10.000 hombres y, según Paco Taibo II, la cifra total de detenidos que pasaron por las prisiones asturianas debe situarse en los 15.000, pero los datos de Solano Palacio y sus compañeros eran otros y por eso no les salían las cuentas, ya que sabiendo que aquí era donde se concentraban más presos y que ellos conocían de primera mano lo que se había repartido en las cárceles de Mieres y Oviedo, era evidente que las familias sólo estaban recibiendo una mínima parte de lo que se había destinado a este fin y así lo hicieron saber en La Revista Blanca:
"Como ha llegado a nuestras manos La Defensa (órgano del Socorro Rojo Internacional) editado en Sevilla de fecha 15 de agosto pasado, donde se dice haber mandado a España por medio del Socorro Rojo Internacional la cantidad de 849.058,15 pesetas para repartir entre los presos y sus familias, queremos hacer constar que nosotros, los de la CNT no hemos aceptado, salvo rarísimas excepciones, ninguna cantidad repartida por dicho Socorro ni formamos parte de ningún Comité de los creados con dicho fin, porque suponíamos que este asunto estaba algo obscuro y no quisimos arrostrar la responsabilidad de ser inconscientemente colaboradores de una obra que nos parecía muy poco clara, como en realidad parece que ha sido la distribución de esos fondos.
Ilustración de Alfonso Zapico
Hacemos constar para que lo sepan todos los trabajadores, que en la cárcel de Mieres se repartieron, por una sola vez, 1500 pesetas, correspondiendo 5,60 a cada preso. En la cárcel de Oviedo se llevan hechos tres repartos desde octubre hasta la fecha: uno lo hicieron los socialistas repartiendo a razón 2, 50 por cada preso, otra de 2,00 pesetas y la última de 2,50 por cada individuo. Como, aproximadamente, entre las cárceles de Oviedo y Mieres había de mil a mil cien presos, suponemos que lo repartido serían de siete mil a ocho mil pesetas, cantidad que contrasta con la arriba indicada. Suponemos que los presos de toda España estarán atendidos en la misma forma, según los informes que hemos recibido".
Este es un caso claro de la polémica que siempre enfrenta a los historiadores sobre la importancia de valorar las fuentes directas cuando no coinciden con los datos que se obtienen de los archivos. Hemos adelantado que la carta de Solano Palacio se fechó en septiembre de 1935, por lo que parece que la opinión surgida de su propia experiencia no podía diferir mucho de la realidad.
El hecho fue que, sin saber lo que iba a venir, el Socorro Rojo Internacional se dio a conocer con el apoyo de artistas e intelectuales y aumentó su prestigio ensayando en aquellos meses la gran experiencia asistencial que iba a vivir poco después durante la Guerra Civil coordinando las ayudas económicas y la asistencia jurídica a las familias de presos y refugiados y llegando en muchos casos a gestionar los trámites para la concesión del derecho de asilo, lógicamente en la Unión Soviética.
De aquí partió también la propuesta del PCE para que la ayuda a los presos fuese el embrión de su pretendido frente único y no puede dudarse que en lo meramente político la experiencia sirvió como banderín de enganche para construir la unidad de acción en el Frente Popular gracias a la creación del Comité Nacional de Ayuda a las Víctimas de la represión de Octubre. En él se integraron socialistas, comunistas y miembros de los sindicatos de UGT, CGTU y autónomos?, aunque la CNT nunca lo vio claro y tampoco vamos a saber si sus dudas estaban justificadas.
Cartel del Socorro Rojo Internacional
FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR

1.- senectud - Último periodo natural de la vida humana, vejez.

2.- Winnipeg -  Barco francés de la primera mitad del siglo XX. Fue famoso porque arribó a las costas de Valparaíso, Chile el día 3 de septiembre de 1939, con 2.200 inmigrantes españoles provenientes desde Francia por iniciativa del poeta chileno Pablo Neruda. Los inmigrantes eran refugiados republicanos o comunistas de la Guerra Civil Española que habían huido de España por la llegada de Francisco Franco al poder. Tras la caida de Francia, el Winnipeg permaneció bajo bandera de Francia, navegando para la Francia de Vichy. Fue capturado el 26 de mayo de 1941 por el balandro holandés HNMS Van Kinsbergen (U 93) en el mar Caribe, y confiscado por el gobierno británico posteriormente. Algunos meses después fue adquirido por Canadá, y renombrado Winnipeg II. Fue torpedeado por el submarino alemán U-443 el 22 de octubre de 1942 mientras navegaba desde Liverpool hasta Saint John, New Brunswick. Todo el personal a bordo, fue rescatado.

Ver artículo de "El blog de Acebedo" de 21 de julio de 2012:
"Un anarquista en el Winnepeg"
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El asalto, según Fernando Solano Palacio
(Otro episodio del anarquista mierense Fernando Solano Palacio)

El día 4 a las doce de la noche aproximadamente, llegó [a Olloniego] un delegado con la noticia del levantamiento general de los trabajadores contra sus opresores. Aseguraba aquel emisario que la Revolución era nacional, cosa que complació grandemente a los obreros sedientos de reivindicaciones. Sin pérdida de tiempo éstos, en su mayoría mineros, se aprestaron a buscar las armas que poseían, dispuestos a atacar el cuartel como primera medida. Con los rumores esparcidos por toda la provincia de la posibilidad de una insurrección, los cuarteles habían sido reforzados, teniendo el de Olloniego veintiún números, compuestos de dieciocho guardias, un cabo, un brigada y un subteniente.
Los obreros, armados muchos de ellos con fusiles procedentes de la chatarra del taller de Acero de la Fábrica de Mieres, y con escopetas y pistolas, se disponían a atacar el cuartel cuando encontraron tres guardias en la carretera, a los que atacaron simultáneamente pero sin lograr herirles. Estos, lejos de defenderse, huyeron, refugiándose en el cuartel.
A las dos de la mañana principió el ataque organizado contra el cuartel pero sin resultados prácticos, ya que los revolucionarios no eran un número considerable para la fuerza que allí se encontraba. Persuadidos los asaltantes de la inutilidad y hasta del peligro que representaba un ataque decidido, establecieron puestos de vigilancia a fin de impedir la huida a los sitiados, durando esta situación hasta las seis de la mañana. A esa hora llegaron algunos revolucionarios portando grandes cantidades de dinamita procedentes de los polvorines de las empresas mineras que allí existen, conocidas por "El Fayen" y "El Caudal".
A las primeras explosiones de dinamita, los sitiados pusieron bandera blanca, pidiendo parlamentar con los revolucionarios. El brigada, llamado Manzanares, comandante del puesto, les pidió que cesasen el ataque ya que la revolución no había estallado en ninguna parte de España, estando por tanto engañados. Le respondieron los obreros diciéndole que se rindiese si no querían morir, porque la Revolución había estallado en toda España y el único cuartel que quedaba sin tomar era el de Olloniego.
En vista de la terquedad de los sitiados de no querer rendirse, se reanudó la pelea. Nuevamente funcionó la dinamita con su estruendo horrísono. Los atacantes serían unos cuarenta, mal armados, no siendo faena fácil la de rendir un cuartel defendido por dieciocho guardias y tres clases; pero la voz de la dinamita es aterradora para esta gente pusilánime, que solamente demuestran valor cuando apalean a indefensas víctimas. Ante las formidables detonaciones que estremecían el edificio hasta su base, pidieron nuevamente parlamento; pero, vista su decisión de no rendirse, les dieron veinte minutos de término para que ordenasen la salida de las mujeres y los niños. Los revolucionarios no querían derramar sangre de inocentes. Así lo hicieron saber antes de emprender nuevamente el ataque. Se rociaron las puertas con gasolina, pero la explosión de una bomba apagó el fuego. De nuevo quisieron parlamentar, pero no se les atendió, comprendiendo que lo que querían era hacer tiempo, con la esperanza de que llegasen fuerzas de Oviedo, por ser este el puesto de la Guardia civil más próximo a la capital en carretera Gijón-Adanero, aunque la línea telefónica estaba cortada.
En lo más álgido de la pelea, cuando alternaban los disparos de fusil y escopeta con las explosiones de dinamita, apareció en la puerta una mujer, loca de dolor, llevando dos niños, uno en cada brazo. Los revolucionarios cesaron de hacer fuego como movidos por un resorte.
Esta pobre mujer, loca de terror, se refugió en el caño con las dos criaturas, completamente aterrorizadas. Aprovechando este alto en la lucha, se asomaron al balcón dos guardias, diciendo que no tirasen más, pues ya que los jefes habían huido, ellos se entregaban. Uno de ellos, llamado Constante, arengó a los demás para que se rindiesen. Lo de la huida de los jefes no era cierto. El brigada Manzanares, el subteniente y dos guardias más, habían salido por la parte trasera del edificio a ocupar posiciones.
Debe tenerse en cuenta que dicho cuartel está situado a la orilla de la carretera que sigue al fondo del valle, por la parte oriental del cuartel. La parte trasera del edificio linda con unos prados con setos y mucha arboleda en sus linderos, y un poco más allá un castañero, cuyos árboles les podrían servir de parapeto. El terreno es pendiente, de manera que, saliendo por aquel lado, mientras que los otros entretenían a los obreros, podían tomar posiciones ventajosas, hostilizándolos desde allí a fin de cogerlos entre dos fuegos si lograban los guardias entretenerlos y ellos subir a la ladera indicada. Pero los revolucionarios, que conocían todos estos detalles, al darse cuenta de lo que se intentaba, subieron algunos de ellos al castañero, disparando contra los que salían por aquel lado. Hirieron de gravedad al brigada Manzanares. Caído éste, los demás ya no hicieron resistencia, rindiéndose los diciocho guardias, el cabo y el subteniente.
Fernando Solano Palacio: La Revolución de octubre. 15 días de comunismo libertario en Asturias. Barcelona, Ediciones "El luchador", sin fecha (pero 1935), páginas 41 a 44.
Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: Marco Antonio Yglesias (Blog - http://robustianohevia.blogspot.com.es)
____________________________________________________________
____________________________________________________________
NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de “correo del blog” con la seguridad de ser prontamente atendido.

¡¡¡Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades!!!

Sígueme en:
  • § Twitter – “El blog de Acebedo”

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada