15 de abril de 2015

Y Mieres tiene "Santa", Práxedes Fernández García, la "más venerable" de los vecino/as del concejo

Práxedes Fernández, "la santa de Sueros"
Práxedes Fernández García nació el 21 de julio de 1886 en Puente La Luisa (Sueros) en un ambiente obrero y católico y se bautizó en la parroquia de Seana, donde una placa recuerda el hecho. .  El Vaticano acaba de otorgar la condición de "venerable" de esta religiosa seglar de Mieres. 
La fachada de la casa de Sueros donde nació Práxedes Fernández
Por Amadeo Gancedo (Desde mi Mieres del Camino)
No todo lugar "bautizado" por el cristianismo católico puede presumir de tener su santo o santa que le distinga del resto, e incluso, metidos en el meollo mundano, sirva como gancho más o menos turístico en estos tiempos de fuerte atracción materialista. Mieres puede estar, a un paso de ello, puesto que la Santa Sede, por decisión propia bajo el mandato del Papa Francisco aprobó, el pasado día seis de diciembre de 2014, la condición de "Venerable como muestra de heroicidad de virtud", a la que fue nacida y vecina de Sueros, Práxedes Fernández, lo que la sitúa a un solo paso de la declaración de beata y como consecuencia su elevación a los altares, a expensas de que se produzca la certificación del primer milagro como puede ser, a modo de ejemplo, una curación súbita, completa y duradera.
Al socaire de esta especial circunstancia, en su domicilio del Puente de la Luisa, donde nació el 21 de julio de 1886, a unos pasos de la localidad de Sueros, se celebra un acto eucarístico, bajo la advocación de la Virgen del Rosario, de la que era tremendamente piadosa, en su recuerdo, memoria y homenaje a una especial peregrinación por esta vida. Y se hace todos los días seis de cada mes, con asistencia de unas treinta o cuarenta personas principalmente de Mieres, Oviedo y valle del Nalón, a las seis de la tarde, día y hora en que falleció. Todo ello promovido por el actual párroco de Figaredo, Santa Cruz y Santullano, Gonzalo Suárez, ya que Práxedes vivió en la primera de las localidades citadas durante el tiempo que estuvo casada, hasta el fallecimiento de su marido Gabriel, electricista en el interior de la mina, a cuya labor estuvo muy ligado, al igual que el hijo de ambos Arturo, minero de interior y el padre de Práxedes, Celestino, facultativo de la Escuela de Capataces de Mieres.
Pero al contrario que otros muchos santos y patronos que encontraron el reconocimiento de su iglesia, Práxedes Fernández no fundó congregación alguna, ni escribió tratados de espiritualidad, tampoco vivió recluida en un convento ni menos formó parte de la legión de seres humanos consagrados de por vida mediante la profesión religiosa al servicio del prójimo, enfermo y necesitado y menos habiendo viajado a tierras lejanas para llevar el Evangelio, como tampoco fue mártir.
El crucifijo de la religiosa mierense, se encuentra hoy en la iglesia de Figaredo (Mieres)
Su figura y obra se presenta como "heróica, pero humilde" en su condición de esposa y madre e inmersa en una determinada sociedad y época con rasgos convulsos, es los que hace gala de su entrega y generosidad sin límites, siempre bajo una perfecta simbiosis de lo humano y lo divino.
Tal como relata Gonzalo Suárez, a quien su condición al frente de la parroquia donde Práxedes dejó discurrir una buena parte de su vida, le lleva a dedicarle especial interés, la mierense llamada a la santidad vio morir a su esposo en accidente de tren y el mismo final tuvo Arturo, su pequeño niño de sus ojos, mientras que Enrique cursaba estudios eclesiásticos en la orden de Santo Domingo de Guzmán, Gabriel terminaba la carrera de derecho y Celestino desarrollaba una determinada profesión. Al quedarse viuda Práxedes decide trasladarse a Sueros donde sigue con su labor de ayuda permanente a todo necesitado y, más tarde, tras superar la crisis de la Revolución de octubre de 1934, toma camino de Oviedo, donde se pone fin a su vida terrena el día seis de octubre de de 1936.
A la hora de analizar la personalidad de esta mujer mierense, según palabras del párroco Gonzalo Suárez, hay que detenerse en su talante de dominio sin alarde de altanería y menos soberbia, con una suavidad de carácter exenta por completo de críticas hacia sus semejantes y menos salidas de tono. Tenía una gran capacidad para el perdón sin que el perdonado sintiese la menor señal de ser humillado. Era gran cumplidora, hasta la heroicidad en sus deberes con la familia y la comunidad que le rodeaba, poseyendo, a la vez, una convicción profunda que destacaba por su generosidad. Tuvo directa relación con los religiosos de la zona, siendo como era seglar de la Orden Dominicana, y una permanente cercanía con la Orden Pasionista afincada en el municipio de Mieres.
Cuenta el anecdotario de una de sus biografías que Práxedes Fernández tenía la virtud de desarrollar una labor humanitaria de alto voltaje que ella llevaba a cabo sin el menor deseo de notoriedad. Famoso, sin quererlo, fue el caso de la llamada "tuberculosa de Rimeses", una mujer que había sido agraciada en su juventud, habiendo trabajado en los lavaderos de carbón.
Casada en 1913 tuvo cuatro hijos que se sumaron a los tres de soltera, lo que hizo que viviese míseramente en su pueblo, un caserío por encima de Sueros. Su situación hizo que pronto despertara las atenciones de Práxedes porque, tras la muerte de su marido, había quedado sin recursos, sufriendo posteriormente los achaques de una enfermadad: la tuberculosis.
La vecina de Sueros le prodigó los mayores cuidados con visitas diarias, subiendo hasta el caserío, a veces en condiciones extremas de frío y nieve durante el invierno. Esta entrega encontró la oposición de sus familiares que temían el contagio de la enfermedad. Pero Práxedes Fernández superó este obstáculo gracias a su fuerza y tesón, viéndose obligada a emplear las más rigurosas cautelas.
Asegura Gonzalo Suárez que en el ambiente mierense y asturiano no ha trascendido mucho la gran labor desarrollada por la candidata a la santificación. El motivo, sin duda, fue su sencillez y falta de deseos de destacar. Pero, sin embargo, en su proceso de beatificación aparecen testimonios de conocimiento y reconocimiento desde lugares tan distantes como Ciudad de La Habana, Tokio de Japón y Córdoba de Argentina, amén de otros españoles.
Y cuenta Gonzalo Suárez que estando él en Méjico, hace nueve años, con motivo de unos cursos, se le acercó una anciana que caminaba dificultosamente con un bastón, para preguntarse si conocía a Práxedes Fernández. En Sueros, al lado de su barrio natal, vive gente cercana a su familia, como es el caso de Obdulia Llaneza, hija de Marcelino, pariente de Práxedes, cuya hija preside hoy la Asociación de Vecinos del pueblo. Y deja constancia Obdulia de que "durante muchos años, una vez a la semana, el primer pobre que picase en la casa de Práxedes tenía comida para toda la jornada".
Ilustración de Práxedes Fernández García vista por Alfonso Zapico
Práxedes Fernández, la última mística
Por Ernesto Burgos-Historiador (Historias heterodoxas) 
(Publicado en La Nueva España el Martes 06 de abril de 2010)
Alguien escribió en otra época que en este país a los españoles nos gustaba salir a la calle con los curas, aunque unos preferían ir delante rezando con ellos en las procesiones y otros detrás, dándoles garrotazos. La fama, justificada por la historia aunque no lo queramos, sitúa a los habitantes de la Montaña Central en este último papel y cuando aparecemos citados en el santoral salimos malparados porque siempre se nos asocia con el asesinato en octubre de 1934 de los frailes de Turón y en ese desgraciado asunto los autóctonos jugamos ante el mundo del catolicismo el mismo papel de desalmados que los vietnamitas que martirizaron a nuestro santo más próximo: San Melchor de Quirós.Sin embargo, hoy estoy seguro de que se van a sorprender cuando sepan que el personaje de las Cuencas que hasta el momento ha sido objeto de más biografías y publicaciones sobre su vida, dentro y fuera de nuestras fronteras, no es ningún político, sindicalista, artista o aventurero sino una mujer que actualmente se encuentra en el umbral de los altares de la Iglesia romana, aunque sus fieles la llaman desde hace tiempo la santa de Sueros.Los libros que se ocupan de su vida se cuentan por decenas, algunos traducidos a varios idiomas, porque los fieles de la venerable Práxedes Fernández García también se reparten por todo el mundo, y periódicamente se edita un boletín informativo apoyando la causa de su canonización que se distribuye por Europa y América y en el que aparecen las peticiones de sus devotos y las gracias que les concede curando sus enfermedades o apartando las desgracias de sus vidas.Las biografías repiten los mismos datos adornándolos según la maestría de sus autores, pero siguen publicándose porque las ediciones se agotan rápidamente. Sus títulos anuncian su contenido: «Práxedes Fernández, apóstol de la civilización del amor»; «Práxedes Fernández, un caso carismático»; «Práxedes Fernández, prodigio de santidad»; «Práxedes Fernández, camino de los altares»; «Práxedes (1886-1936), mensajera de reconciliación», y así casi todos, aunque también hay alguno más poético: «Un diamante en la Cuenca Hullera. La sierva de Dios Práxedes Fernández».
El sacerdote Gonzalo Suárez, párroco de Figaredo, en la iglesia de la localidad
Está todo tan dicho que la cabecera de este mismo artículo tendría que ser: «Práxedes, la santa de Mieres», pero para ser un poco original he preferido centrarme en el aspecto místico de su testimonio, empezando por aclarar a quienes desconocen o han olvidado estos asuntos que la mística es una vivencia religiosa difícil de definir que lleva a la persona al conocimiento de lo divino empleando en ocasiones caminos tan tortuosos como el desprecio al propio cuerpo o la vivencia de fenómenos extraordinarios.
Y qué otra cosa puede decirse de Práxedes Fernández, que citaba a menudo a santa Teresa, salía a caminar con piedras colocadas en los zapatos, ayunaba a veces hasta tres días seguidos y se mortificaba clavándose agujas en los dedos y azotándose con correas hasta el punto de que el sonido de los golpes alarmaba a sus vecinos. Aunque los incrédulos tengan otra opinión, para los más piadosos esos suplicios no son más que pruebas de santidad, y a ellas hay que sumar otras experiencias extraordinarias, como la que contó uno de sus confesores manifestando que «mientras oraba un día ante el Santísimo expuesto en la Capilla de la Fábrica de Mieres, había visto a Jesucristo en la Hostia envuelto en resplandores».El seis de octubre de 1953, Mieres vivió el acto religioso más importante de su historia reciente cuando en la parroquia de San Juan Bautista, monseñor Labrador, arzobispo dominico, concelebró una misa en honor de esta mujer con 25 sacerdotes de las Cuencas, ante la presencia de más de dos mil fieles y las religiosas del Hospital de Fábrica, que había sido uno de los lugares elegidos para sus oraciones, y el siete de noviembre de 1957, se inició en el mismo templo, su expediente de beatificación, que se clausuró en la década de 1970, para pasar al Vaticano, tras recibir el apoyo de 126 obispos de todo el mundo. Esto quiere decir que los mayores conocen de sobra la fama de Práxedes, pero no así los más jóvenes, de manera que vamos a contarles quien era, para que todos, creyentes, agnósticos y ateos, conozcan a la más cristiana de sus vecinas.
EL PUENTE LA LUISA es un pueblo de Sueros cercano a Ablaña y perteneciente a la parroquia de Siana que cuenta, según el censo de 15 de enero de 2015, con unos 8 habitantes aproximadamente que se reparten entre las once viviendas que conforman el pueblo. http://elblogdelmierense.blogspot.com.es
Práxedes García nació el 21 de julio de 1886 en Puente La Luisa (Sueros) en un ambiente obrero y católico y se bautizó en la parroquia de Seana, donde una placa recuerda el hecho. Fue hija, hermana y madre de mineros, casi todos trabajadores de Hulleras de Turón, y aunque manifestó desde niña su vocación religiosa, por la enfermedad de su padre tuvo que conformarse con ser catequista y directiva de las Hijas de María hasta que en 1934, dos años antes de su muerte, se convirtió en terciaria dominica. En 1891 se trasladó a Ablaña y el 25 de abril de 1914, cuando tenía 28 años se casó, también en Siana, con Gabriel Fernández, un electricista de Valdecuna, con el que fue a vivir a una casa alquilada de Figaredo. La familia tuvo cuatro hijos, el último nacido tres días antes de que el marido falleciese en un accidente ferroviario, lo que obligó a la madre a trabajar como criada, al servicio de otros familiares más pudientes. «Dios lo ha querido» -dicen que fue su reacción ante el suceso, la misma que tuvo once años más tarde, cuando otro tren alcanzó la camioneta en que viajaba su segundo hijo matándole también. «Él ha dispuesto así la muerte de mi hijo y debo aceptar los deseos de su voluntad de buen grado» -le contestó al conductor que fue a darle el pésame.Asumía todas las desgracias según los cánones de la resignación cristiana y por ello decía a quienes la consolaban: «Esto todavía es poco para mí: Dios me dé más que sufrir», y mientras tanto regalaba sus ropas y las de sus hijos y ofrecía su desayuno y su cena a quienes lo necesitaban, olvidando su propio hambre y el de los suyos.Seguramente en la formación de esta actitud tuvo mucho que ver el obispo Manuel González García, que actualmente también es reconocido por el Vaticano como beato. El llamado «Obispo del Sagrario» visitaba por los veranos a los condes de Mieres, y con él mantuvo largas conversaciones en la casa de la Gerencia que orientaron su visión de la fe: «Sin Misa y sin Comunión -repetía según sus enseñanzas- los días para mí no tienen sol».Y cumplía de verdad lo que decía, porque según el testimonio de la dominica María Canal Gómez, destinada en el Colegio de Fábrica, Práxedes llegaba todos los días hasta la capilla del edificio en el trenillo de las ocho y cuarto de la mañana para oír misa, después de cumplir el mismo rito en la iglesia de los padres pasionistas y aún remataba el día con otra más: en la primera se preparaba para la comunión, en la segunda comulgaba y en la tercera daba gracias?Práxedes tuvo en vida la que para ella fue la mejor de las recompensas cuando uno de sus hijos, Enrique, decidió profesar como dominico; ella le acompañó hasta la Escuela Apostólica de Las Caldas de Besaya para que iniciase sus estudios y la correspondencia que le envió, cuarenta y siete cartas, son hoy un documento fundamental en el proceso que tramita la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos.Tras la Revolución de Octubre, marcada especialmente por la persecución religiosa en Mieres, se trasladó a vivir a Oviedo, donde siguió cumpliendo su estricta vida religiosa en la parroquia de Santa María la Real de la Corte en Oviedo, que tenía casualmente una imagen con la misma santa que había visto en su niñez de Siana: «Hay una Santa Rita muy hermosa de un tamaño grande, y varios santos muy bonitos que aquí no explico», le escribió en una de las cartas a su hijo. Y allí transcurrieron sus últimos meses, entre misas y paseos con su madre por el campo de San Francisco, hasta que la guerra volvió otra vez a interrumpir su tranquilidad.Así, una tarde sufrió un ataque de apendicitis, imposible de operar en la ciudad sitiada, y el médico la obligó a guardar reposo. Fue inútil, Práxedes murió a las 18.30 horas del día 6 de octubre de 1936 después de haberse escapado de la cama unas horas antes para oír misa y comulgar por última vez.
Práxedes Fernández García
FUENTES: http://www.lne.es
AMADEO GANCEDO - ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR (La Nueva España)
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1 comentario:

  1. Bienaventurada Práxedes, ¡qué santa envidia me das! Sin duda el Señor puso su mirada sobre ti y te ha elegido para vivir una vida santa, aceptando paciente las duras pruebas que te trajo la vida...Si ya disfrutas, como creemos, de las maravillas que el Señor tiene reservadas en el cielo para los que le aman... esas que aquí en la tierra "ni el ojo vio ni el oído oyó", ruega por nosotros, por esta Iglesia sufriente que aún caminamos por este valle de lágrimas. Amén.

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