9 de abril de 2015

El Club La Cucaracha de Mieres del Camino

Los cincuenta años de un acto de rebeldía juvenil

Una de las fotos de familia de los integrantes de La Cucaracha.
El Club La Cucaracha celebró el medio siglo de su fundación
Casa Rectoral-años 80
http://www.lne.es
De nuevo la vieja Casa Rectoral de San Juan de Mieres, esquina a las calles Jerónimo Ibrán y Carreño Miranda, volvió a ser protagonista en diciembre del 2014 de un destacado hecho singular a todas luces. En su fachada figura una simple placa con esta inscripción: "Club La Cucaracha 1964-1971". El acto de su descubrimiento resultó también sencillo pero con una fuerte carga de emoción. Allí estaba una más que fuerte representación de aquellos ¡jovencitos!, entre los quince y los dieciocho años, hoy hombres maduros, hechos y derechos, que por aquellos andares de principios de la década de los sesenta, se convirtieron en artífices de un espontáneo acto de rebeldía sana y pacífica, para dirigir libremente su forma de vida en el campo de la diversión, la práctica de deportes y visión propia de aprovechamiento del tiempo libre. Había nacido el Club de La Cucaracha. Pero, como en cualquier cuestión vital, existían unos motivos y fueron necesarios unos mimbres para alcanzar el objetivo.
Dos de los asistentes al acto junto a la placa descubierta
El primer presidente de La Cucaracha, Javier Díaz Puerta, es la más certera fuente de información. De todas formas cabe decir de entrada que el aniversario se completó con una comida y a los postres hubo proyección de diapositivas y vídeos con una amplia visión fotográfica de la época, entrega de un libro con la experiencia vivida por cada uno de ellos, obsequio en forma de original recuerdo a cada participante y picoteo final con un ambiente de plena camaradería en el que, por primera vez, participaron las parejas femeninas.
     
Imagen de Nicanor López Brugos , visto por Alonso Zapico
"La adolescencia y primera juventud de aquellos tiempos", comienza Díaz Puerta, "no tenía más salida para sus ansias de expansión, tanto en la práctica de algunos deportes como en la organización y aprovechamiento del tiempo libre, que acudir a las organizaciones establecidas por el actual régimen, que en este caso era la OJE (Organización Juvenil Española), donde se notaba una clara tendencia a establecer formas muy cercanas al reclutamiento ideológico, lo que iba en contra de la forma de pensar de una mayoría, dispuesta a forjarse su propio camino. Y comenzó a surgir, ya digo que de forma espontánea, una corriente de inclinación hacia el movimiento que nos permitiera concebir y establecer nuestra propia filosofía".
Y claro está, se precisaban medios materiales para llevar a buen puerto aquella idea de total intento en expresarse con libertad dentro de campos tan sanos como el deporte, principalmente balonmano y unas maneras consensuadas por la mayoría, de aprovechar el tiempo libre. El primer paso y sin duda el más incisivo, venía a ser la localización de un lugar con amplios espacios donde establecer el cuartel y actividades. Difícil tarea. Sin embargo, en esta vida todo tiene salida si existe ilusión e imaginación. Casi por encanto a alguien se le vino a la mente el nombre del nuevo párroco de San Juan (llevaba dos años), Nicanor López Brugos.

"Y a él, sabedores de que tenía un talante abierto a estas y otras iniciativas, acudimos", dice el amigo Puerta como habitualmente se le conoce, para obtener una respuesta medio alentadora. "Hombre", dijo el sacerdote a quién acompañaban los cuadjutores Baldomero Pérez Méndez y el recordado José María Bardales, "a mí sólo se me ocurre dejaros el sótano y el patio de la Casa Rectoral, pero os advierto de que deben estar de pena". "Así era, puesto que lo encontramos lleno de cascos de botellas y otras materias inservibles que lo ocupaban casi por completo".
Un par de meses del verano de 1964 fueron necesarios para dejar, tanto el sótano, como el patio, en condiciones de uso. Y allí trabajaron los incansables de La Cucaracha en tareas de limpieza, construcción de un mostrador, adecentamiento de otros huecos y la llegada de ciertos muebles necesarios para las actividades. Había vencido la idea de divertirse y aprovechar el tiempo a su manera, sin limitaciones ni condicionantes, con guateques, fiestas y mucha música de los Beatles. Y este invento de una juventud inconformista duró hasta 1971, cuando las circunstancias personales fueron provocando las lógicas separaciones, como ejemplo el de Víctor Manuel que se fue tras la fama a Madrid y algunas lamentadas desapariciones como la del gran futbolista Crisanto García Valdés "Tati", pero con el compromiso irrompible, de reunirse todos los años en cena recordatoria como se viene haciendo actualmente.
Tati Valdés
Por la fuerza de las circunstancias de entonces, aquella aparición habría de provocar reacciones. Se sabe que los servicios especializados de la Guardia Civil (la famosa Brigadilla) acudieron más de una vez con la insinuación de que podría tratarse de una célula comunista y hubo gentes de Mieres que lo tacharon de grupo de gamberros capaces de los mayores desmanes. Don Nicanor, como todo el mundo lo llamaba, se encargó de alejar rumores y patrañas, aunque no faltó un corto cierre del Club. La Cucaracha seguía adelante.
D. Nicanor López Brugos el día del acto en Mieres

Precisamente en la figura de Nicanor López Brugos se basa la total creencia de que fue pieza determinante hasta el punto de considerar que, "sin él y sus colaboradores, La Cucaracha no hubiese apenas existido". Con el titular de San Juan, también señala Puerta, "que acudió, como director de la sección de fútbol, Joaquín Prieto el conocido 'Mister Látigo". Por este escenario especial pasaron algunos mierenses de arraigo caso del doctor Carlos Villanueva, Víctor Alperi, Raimundo Peña, Luis Jesús Llaneza, Manuel Martínez y otros, con charlas y reuniones formativas. La Cucaracha cesó en sus actividades, pero queda la huella inconfundible de su gesto de rebeldía y la constancia de una amistad colectiva irrompible. "En cierta ocasión", dice Javier Díaz Puerta, "al cura quisimos regalarle una sotana porque la que traía estaba un tanto raída. Y rechazó en intento sin más contemplaciones. Era su estilo".

Victor Manuel y Baldomero Pérez Méndez
FUENTE: AMADEO GANCEDO

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