10 de diciembre de 2016

El ambiente gijonés se enrarecía cada vez más en el año 1926

El directorio militar hasta impuso la censura en los baños en la playa
Postal antigua dibujo de una mujer en la playa
El "maillot" fue prohibido, las casetas fueron separadas para evitar la promiscuidad sexual, una zona especial fue delimitada para tomar el sol y los policías vigilaron el uso indebido de cámaras fotográficas y gemelos
Mujeres en la playa de Gijón
La ciudadanía reaccionaba con una cierta tranquilidad con los elegantes paseos, de todas las clases sociales, por el arenal de la playa de San Lorenzo como si nada fuera con ellos, a pesar de que el ambiente gijonés se enrarecía cada vez más. Aquel año de 1926, a nivel internacional, la hazaña del comandante Ramón Franco Bahamonde y su tripulación al cruzar el Atlántico con el hidroavión "Plus Ultra" -desde Palos de la Frontera a Buenos Aires- dio un triunfalismo al "espíritu nacional", ya que hasta fue comparado por algunos mentecatos con la hazaña de Cristóbal Colón. Pero la realidad a pie de calle era otra ante las calamidades dictatoriales que acosaban las libertades con prohibiciones para todo y hasta impusieron férreas normativas en la playa de Gijón para evitar, desde una mentalidad absolutamente represora, el placer de disfrutar de los baños de sol en la playa de San Lorenzo.

Los populares paseos elegantes por el arenal de la playa de San Lorenzo.
La represora normativa para los baños en la playa
Tras dejar la Alcaldía, Enrique Zubillaga lo sustituyó, con carácter interino, Julio Rodríguez Navia quien endureció las normas para los baños en San Lorenzo. La prohibición del uso del maillot, la delimitación de una determinada zona del arenal para tomar baños de sol y la separación de las casetas móviles -unas para mujeres y otras para hombres- para evitar la promiscuidad de sexos fueron algunas de las órdenes dadas. En su afán represor, el Directorio Militar también encomendó a los guardias municipales que vigilasen la indebida utilización de máquinas fotográficas y gemelos ópticos. Los mirones, pues, ya eran entonces una realidad incómoda para las mujeres que tomaban el sol en un más que discreto traje de baño. Nada nuevo. A todas aquellas medidas solamente se alzaban algunas voces de protesta, como las de las Juventudes Reformistas, cuyo líder era Mariano Merediz. En una reaccionaria gacetilla de un periódico local conservador se respaldaba la nueva normativa al publicar que "la playa con ello no pierde ningún encanto. El encanto reside en las reuniones y el paseo que se forma después de tomar el baño. El uso del maillot será un atractivo en otras playas que se distingan por su cosmopolitismo: aquí no lo creemos esencial. Aplaudimos todas las medidas que eviten escenas poco gratas a las personas cultas".
El vuelo del Plus Ultra, Ramón Franco Bahamonde, Julio Ruiz de Alda Miqueléiz, Pablo Rada Ustárroz, y Juan Manuel Durán González.
La gran visión de Romualdo Alvargonzález sobre Asturias
A principios del año 1926, el clarividente Romualdo Alvargonzález Lanquine inició en Oviedo -en su último año al frente de la Feria Internacional de Muestras de Asturias- un ciclo de medio centenar de conferencias por toda la provincia para fomentar una campaña de unión regional como prioridad absoluta para lograr el progreso de Asturias. Las nubes negras ya se vislumbraban en el horizonte.
La III Feria Internacional de Muestras de Asturias fue organizada también en los Campos Elíseos siendo inaugurada el día 25 de agosto y clausurada el 12 de septiembre. La gran popularidad lograda motivó que todas las tiendas gijonesas cerrasen sus puertas, a fin de que todos participasen en la nueva procesión cívica que fue presidida por el alcalde accidental Julio Rodríguez Navia.
A pesar de la constitución de la asociación empresarial, los vientos todavía no soplaban de popa para afrontar un futuro próspero, por lo que Romualdo Alvargonzález Lanquine -tal como se recordó en el libro editado con motivo del cincuentenario de la FIDMA- dejó constancia entonces claramente de su filosofía al advertir -antes de cesar en sus responsabilidades como directivo y responsable de su organización- de que "la feria comercial no es un espectáculo, aunque tenga algo de espectacular. Tampoco es un bazar de ventas, aunque en ella se hagan contrataciones. Es el punto de cita de los productos fabriles selectos, de las manufacturas comerciales de última hora. Es la escuela del estímulo debido a la competencia. Para celebrarse con dinero necesita un presupuesto de gastos de trescientas mil pesetas y la entrada del público solamente proporciona cincuenta mil pesetas. Necesita que la Diputación Provincial y el Ayuntamiento pongan cien mil pesetas en total y el Ministerio de Trabajo, otras ciento cincuenta mil pesetas? Si no es así el día que perdáis la Feria de Muestras clamaréis por ella?".
Seis décadas de historia de la Feria de Muestras
La vida social gijonesa cada vez estaba más radicalizada
El libro oficial de actas del Real Club de Astur de Regatas escrito por quien fuera el Cronista Oficial de Gijón, Joaquín Alonso Bonet, nos ha dejado testimonios escalofriantes de cómo la vida social gijonesa se encontraba cada vez más radicalizada en dos frentes. El país se empezaba a fracturar y se abría el abismo entre las dos Españas.
Debido a ello, el magnate José Antonio García Sol, a quien le habían sacado de su relax en La Habana para volver a imponerle las responsabilidades presidenciales, lo que hizo fue presentar su dimisión irrevocable después de aquellos dos últimos años de gestión, al no comprender todos los incidentes y enfrentamientos que ocurrían a su alrededor, lo que perjudicaba la buena imagen del RCAR, por el que tanto había hecho.
A la sombra de los paraguas con el Real Club Astur de Regatas al fondo
La nueva directiva estuvo presidida por Rafael Cangas Valdés, pero cuarenta y ocho horas después las discrepancias motivaron la inmediata dimisión de Romualdo Alvargonzález Lanquine, Pedro González Coto y Ángel G. Santa Marina, a pesar de la llamada a la concordia por parte del nuevo presidente. En lo que se logró la unanimidad fue en la prolongación del contrato de la fabulosa orquesta de José Ibarra hasta la clausura de la III Feria Internacional de Muestras de Asturias.
Catorce años después de su fundación, algo se empezaba a resquebrajar en los cimientos de aquella sociedad aparentemente tan pujante desde su fundación, aunque no todos los años las cuentas saliesen -sin el respaldo financiero de José Antonio García Sol, las deudas ascendían en 1926 a unas cien mil pesetas- y sus directivos hasta optaron por jugar a la lotería para salir de los graves apuros económicos que si no fuera así deberían de afrontar con su patrimonio personal.
No obstante, como el Banco de Gijón -que tampoco atravesaba buenos momentos de liquidez lo que había alertado a la ciudadanía aunque la respuesta fue que gozaba de una sólida situación financiera- ya apretaba las cuerdas de forma acuciante e insoportable -los sistemas financieros antes y ahora han sido siempre implacables con las economías débiles- por lo que tuvieron que realizar grandes esfuerzos para afrontar los primeros pagos del crédito.
Gijón - 1926
Hasta Valle-Inclán animaba la vida cultural
Al margen de las deprimentes cuestiones políticas, la vida cultural se animaba con la presencia del genial Ramón del Valle Inclán con una conferencia en el Ateneo Obrero sobre "La Literatura y los motivos de la decadencia del Arte", tesis que a nadie podía extrañar; mientras que el optimismo social quedaba alentado por el invento maravilloso contra las canas de "La Carmela" y los encáusticos "Alirón" para limpiar suelos y muebles. En los cinematógrafos se proyectaban "La quimera de Oro" de Charles Chaplin (Charlot) y "El nieto de don Juan" protagonizado por el simpar Rodolfo Valentino, además de "Siberia", la más terrible evocación de la vida rusa, por ser toda una historia de dolor y ternura, por lo que muchos podían mirarse en el espejo de su vida real. Armando Palacio Valdés triunfaba con "José" en el "Teatro Dindurra", quien había escrito en su novela "La alegría del capitán Ribot" que los mejores callos se comían en una taberna de la cuesta del Cholo, en Cimadevilla.
Eran otros tiempos, por supuesto.
La soprano María Barrientos, el príncipe de Asturias y José Antonio García Sol
FUENTE: MANUEL DE CIMADEVILLA
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