15 de mayo de 2016

Hace más de trescientos años, el capitán asturiano Jerónimo de Estrada cruzaba el océano Atlántico camino de las costas de la actual Colombia

El capitán Jerónimo de Estrada y el galeón "San José"
El galeón español San José
Una aproximación a las circunstancias históricas que vivió el marino yerbato a finales del siglo XVII y principios del XVIII
Palacio de Martimporra. (Foto Argüelles)
Hace ahora trescientos diez años una escuadra de navíos españoles cruzaba el océano Atlántico camino de las costas de la actual Colombia. Por la importancia que tuvo este viaje para la historia de España y para el concejo de Bimenes retrocederemos hasta los siglos XVII y XVIII para recrearnos en la atmósfera que reinaba en aquellos años y que dio lugar a una tragedia contada por insignes personalidades y que aún perdura en la memoria de las gentes, confundida entre la leyenda y la realidad.
Otra Imagen del galeón español San José
Así evocaba el suceso Gabriel García Márquez -con escaso realismo histórico-, en "El amor en los tiempos del cólera":
"Varias veces al año se concentraban en la bahía las flotas de galeones cargados con los caudales de Potosí, de Quito, de Veracruz, y la ciudad vivía entonces los que fueron sus años de gloria. El viernes 8 de junio de 1708, a las cuatro de la tarde, el galeón San José, que acababa de zarpar para Cádiz con un cargamento de piedras y metales preciosos por medio millón de pesos de la época, fue hundido por una escuadra inglesa frente a la entrada del puerto, y dos siglos largos después no había sido aún rescatado. Aquella fortuna yacente en fondos de corales, con el cadáver del comandante flotando de medio lado en el puesto de mando, solía ser evocada por los historiadores como el emblema de la ciudad ahogada en los recuerdos?".

Flota de galeones en las indias
La flota de Indias. Tras varios retrasos, las flotas de Tierra Firme y de Nueva España -en total veintiséis barcos- partieron de Cádiz el 10 de marzo de 1706 rumbo a las Indias. Por encima de todos destacaban el "San José" y el "San Joaquín", ambos a la vanguardia de la marina española, dos bestias capaces de transportar enormes cantidades de carga y pasajeros, además de ir equipados con material armamentístico de primer orden. El galeón "San José" -con sesenta y cuatro cañones- era la nave capitana o buque insignia, mientras que como almiranta lo hacía un barco gemelo, el "San Joaquín". La capitana se fabricó en Mapil, astillero cercano a San Sebastián, a mediados de 1698. La madera utilizada para su construcción se cortó durante la luna menguante de febrero, y los mástiles procedían de Amsterdam. Un año después ya estaba en Cádiz, pero tendrían que pasar seis años hasta que zarpase rumbo al Nuevo Mundo.
El sevillano José Fernández de Santillán
La máxima autoridad, como capitán general de la capitana y de la flota en general, le fue encomendada por la Corona a José Fernández de Santillán, conde de Casa Alegre, hombre de prestigio pero sin experiencia; nunca había estado al mando de una flota de galeones, y mucho menos de una armada importante. El segundo en la jerarquía era Miguel Agustín de Villanueva, almirante del San Joaquín. Aparte de los oficiales de mayor rango también viajaban otros de menor graduación y hombres de combate, pues más de la mitad de la tripulación eran soldados y artilleros. Entre aquellos hombres se encontraba nuestro capitán: Jerónimo de Estrada. Contaba con cuarenta y cuatro años de edad y era uno de los catorce soldados que llevaban el don delante de su nombre, como tratamiento de respeto, y probablemente fuera uno de los llamados soldados aventajados, los cuales tenían derecho a ser remunerados debido a su cualificación militar y experiencia previa.
El espacio de los galeones estaba distribuido entre la carga y las personas que vivían a bordo.
La escuadra española, tras mes y medio de travesía marítima, llegó sin novedad al puerto de Cartagena de Indias (Colombia) -la bella ciudad colonial a orillas del Caribe y cuna del capitán- el veintisiete de abril. Aquí estaría amarrada dos años, mientras se organizaban las ferias de Portobelo (Panamá). Durante este tiempo los oficiales españoles ya sabían que la costa estaba plagada de piratas -sobre todo ingleses y holandeses- al acecho de nuestras naves. Pero ¿quién era este capitán que salió del palacio de Martimporra, donde vivía, rumbo al Nuevo Mundo?
Ilustración de Alfonso Zapico
El capitán Jerónimo de Estrada. Pertenecía a una familia de rancio abolengo de Bimenes: los Estrada. Naturales de la parroquia de Santu Medero, durante generaciones fueron dueños y señores del coto de Tabayes, una de las tres jurisdicciones que conformaban el concejo. Los miembros de esta saga fueron bautizados en la iglesia de Piñera y sus cuerpos enterrados en el cementerio anejo desde tiempo inmemorial. Los padres del capitán se llamaban Jerónimo de Estrada Nava y Juana de Angulo. Fueron sus abuelos paternos Bernardo de Estrada (natural de Bimenes) y María Fernández Ciriego (de San Martín del Rey Aurelio), y sus abuelos maternos Felipe de Angulo, originario de la provincia de Burgos, e Isabel Bernal de Heredia, natural de Cartagena de Indias.
San Julián (Bimenes-Asturias)
La etapa del marino yerbato ampliando el patrimonio familiar en el concejo
Jerónimo padre era un floreciente "mercader" con negocios en Flandes, España y, sobre todo, en el continente americano, de ahí que gran parte de su vida transcurriera en Cartagena de Indias, lugar donde se casaría con una rica criolla y nacerían sus hijos. Consiguió amasar una gran fortuna: era dueño de barcos que cruzaban el Atlántico, poseía inmuebles en las ciudades de Sevilla y Cádiz, y haciendas en Morón de la Frontera y San Lúcar de Barrameda. Por su dedicación al comercio de oro, plata, perlas, esmeraldas, diamantes, etcétera, tuvo varios pleitos con particulares y con el fisco, hasta que llegó un momento en que cansado de su estancia en aquellas tierras decide regresar a España, instalándose primero en Sevilla y luego trasladándose a Cádiz tras el fallecimiento de su esposa. Recordemos que en aquella época estas dos ciudades capitalizaban todo el comercio con América.
Jerónimo y Juana tuvieron ocho hijos. El primogénito se llamaba como él, Jerónimo -nuestro capitán y protagonista de esta historia-, nacido en Cartagena de Indias en 1661. Los demás hermanos fueron Bernardo, Diego (que se casó con María Panés), José, Domingo, Juana, Gregoria (fue religiosa del convento Madre de Dios de Sevilla) e Isabel (casada con el capitán Francisco de Ribera y Real).
Ilustración de Alfonso Zapico
El sueño del padre no era otro que la construcción de un palacio con su capilla anexa en su concejo. Y así fue. Desde su retiro gaditano le da plenos poderes a su hijo Jerónimo. Este llegó a Bimenes en los primeros años de la última década del siglo XVII, y con el dinero que le enviaba su padre comenzó a invertir en el concejo -tenemos contabilizadas más de doscientas escrituras entre compras y arriendos de fincas, casas y cuadras, hórreos y paneras, censos?-. Durante este tiempo se casó con una asturiana, Luisa Teresa de Argüelles. No tuvieron hijos. Parece ser que el matrimonio vivió en Tabayes mientras duraron las obras. Jerónimo ya era capitán de caballos de coraza de infantería, y no fue hasta unos años más tarde cuando obtendría, como sus hermanos Bernardo y Diego, el hábito de caballero de la Orden de Alcántara.
Durante los años que vivió en Bimenes -unos doce- despachaba a un ritmo frenético con el escribano. Él fue el encargado de formalizar las cartas de pago al arquitecto -Juan de Estrada- y a los maestros carpinteros -Juan García y Domingo García de Abándames-, a finales de 1697, de la conclusión de las obras de la capilla y el palacio. Entre los meses de agosto y octubre de 1702, ante su hermano Diego, como podatario de su padre, hace la relación de bienes del palacio y de la capilla.
Galeón San José
Entre otros tesoros destacamos una imagen de Nuestra Señora de la Concepción, "hechura de mano de un indio del Reyno del Perú, provinzia de Quito", que constaba de una gargantilla de esmeraldas, un par de zarcillos, un par de pulseras de perlas y una diadema de plata dorada. También había un Niño Jesús en su cuna con una cama de plata bordada de perlas y una caja de plata. Asimismo, nombra dos losas para sepulturas de alabastro que son las que actualmente se encuentran a ambos lados del altar. Hizo la fundación de una capellanía (30 de junio de 1703): "perpetua y colativa, patronato real de legos, con título y advocación de Nuestra Señora de la Soledad en este santuario de Nuestra Señora del Camino?". Fue nombrado primer capellán el licenciado Pablo de Estrada, clérigo de menores, y abad, su hermano Domingo.
Todo discurría según los planes previstos por su padre: el matrimonio estaba instalado en su nueva residencia palaciega y no cesaba de aumentar el patrimonio. Sin embargo, algo no marchaba bien. La familia Estrada tenía abandonados los negocios americanos a causa del conflicto que nuestro país mantenía con Inglaterra debido a la Guerra de Sucesión española -hacía diez años que no partía ninguna flota-. Nuevamente el padre piensa en su hijo Jerónimo para salvaguardar los intereses familiares, y nuestro capitán decide abandonar el concejo yerbato dejando sola a su esposa en el recién estrenado palacio.
Oficial y marinero españoles, con atuendo de finales del siglo XVIII.
Los últimos documentos que hemos encontrado del capitán antes de marchar los realizó en Martimporra ante el escribano de número de los concejos de Bimenes y Langreo, Diego de la Vega Argüelles. El último día de mayo de 1704 hace, otra vez, el inventario de la capilla y nombra a un teniente de alcalde. En ese tiempo el capitán Jerónimo era alcalde mayor de la jurisdicción de La Ribera (actual parroquia de San Julián), por un período de tres años, tras ser elegido por los vecinos el día de San Andrés, como era costumbre, y manifiesta que "por allarse prezisado de azer un biaxe a los reinos de Castilla y no saber quando podrá bolver?", hace el nombramiento de teniente de alcalde, para que administre justicia, en la persona de Miguel Canteli, vecino de la parroquia. En el acto hace entrega a su sustituto de una vara larga ante el cura de Suares, Pedro Montes, que estaba como testigo.
Al día siguiente, primero de junio, hace el inventario del palacio y las dependencias anejas (hórreo, panera y cuadra), dejándolo todo en manos de su mujer. Manifiesta, otra vez, que "pretende pasar a los reinos de Castilla a ciertas dependencias que se le ofrecen". Todo parece indicar que viajó a Madrid para la obtención de diversas verificaciones y nombramientos: el reconocimiento de la fundación de la capilla de Nuestra Señora del Camino (24 de julio de 1704), el título nobiliario de marqués para su padre (concedido el 27 de noviembre de 1704) y el hábito de caballero de la Orden de Alcántara (fue despachado a su hermano Bernardo el 22 de agosto de 1705).
Infante de Marina de finales del siglo XVIII
Con todo bien atado partió camino del sur. La travesía de la península, desde Bimenes a Cádiz, solía hacerse en veinte días. Parece que no marchó solo, probablemente lo acompañó Fernando van den Berghe, un vecino de Condueñu, del coto de Tiraña (Laviana), que hizo en el palacio un poder a su mujer, Susana Martín, para en su ausencia poder cobrar pan o dinero, vender muebles o raíces, etc. Sospechamos que este señor de apellido flamenco, el cual tenía gran amistad con Jerónimo, guarde relación con el hecho de que Jerónimo frecuentó Brujas, y el grado de capitán de infantería lo consiguió en estas tierras.
Una vez en la capital gaditana embarca en el galeón "San José" y cruza el océano, llegando sin novedad a su destino.
La batalla naval. Tras este paréntesis conociendo a la familia Estrada volvamos a Portobelo, donde fondea la flota una vez finalizadas las importantes ferias que allí tenían lugar. A punto de comenzar la época de huracanes en el Caribe, y alertado de la presencia de piratas, el conde de Casa Alegre decide iniciar el viaje de vuelta. La flota de Tierra Firme estaba integrada por diecisiete barcos: la capitana "San José", el "San Joaquín", el "Santa Cruz", "Nuestra Señora del Carmen"?, aunque solo siete disponían de artillería. Partió de Portobelo el 28 de mayo, y su primer destino era el puerto de Cartagena de Indias; después estaba previsto llegar a La Habana para unirse a la flota de Nueva España, que salía de Veracruz, y así marchar las dos escuadras juntas para España.
Recreación de una Batalla naval
FUENTE: LUIS M. MONTES ARBOLEYA
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