14 de enero de 2016

La trágica cantidad de accidentes mortales de la minería asturiana desde en el siglo XIX (I)

El primer minero muerto en Asturias por el grisú, en 1876, fue un quirosano
Ilustración de Alfonso Zapico
El Registro Civil del concejo revela el primer caso documentado de este tipo de accidentes, en el que la víctima, Matías Arias, tenía 32 años
Ilustración de Alfonso Zapico

Era un sábado, primer día de julio de 1876, cuando en las cercanías del pueblo de Santa Marina una explosión sorprendió a los tranquilos lugareños y a los sufridos mineros que laboraban en las incipientes minas que se habían abierto, hacía pocos años, en el concejo de Quirós. La Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós, de capital francés, contaba con varias bocaminas para extraer hierro y carbón, también había levantado una acería con dos altos hornos, el segundo inaugurado a principios de agosto de 1.875.
Matías Arias Fernández, quirosano residente en la casería del Regustio, casado con tres hijos, 32 años, tiene el desgraciado honor de ser el primer minero fallecido en la minería asturiana debido a una explosión de grisú. Después de él vendrían varios cientos más. El ingeniero Mario García Antuña, autor del reciente libro "Catástrofes mineras asturianas" documenta 425 muertos en 63 grandes accidentes, con cuatro o más muertos. A ellos hay que sumar varios cientos más, fallecidos en accidentes menores, como este obrero fallecido en Quirós.
Según el Libro de Defunciones del Registro Civil de Quirós, Matías era "Vecino de la casería de Rey Busto. Minero. Falleció el 1 de julio de 1.876, entre las 10 y las 11, por asfixia motivado de una explosión de gas a la puerta de la mina Bega del Rubio sobre el cribo de Santa Marina". El médico de Quirós, Antonio Canseco, y el de Campomanes, Ubaldo Sánchez Puelles le realizaron la autopsia. Fue enterrado en el cementerio de la parroquia de Rano el lunes día 3.

Ilustración de Alfonso Zapico
Matías era hijo de Damián, (ya difunto) natural de Cortes, e Isidora de la parroquia de Rano. Estaba casado con María Díaz con la que tenía tres hijos: Antonia, Evaristo y José. Probablemente era un obrero mixto, algo habitual entre los mineros quirosanos hasta los años sesenta del siglo XX. Propietario de una pequeña cabaña ganadera y también agricultor con pequeñas tierras de escanda, maíz o patatas. El caserío donde vivía se encontraba al otro lado del valle, el río L.lindes le separaba de su casa.
García Antuña, uno de los mejores investigadores mineros en el tema de siniestros, menciona, como primera referencia al grisú, como causante de accidente mortal en Asturias, el deceso de cuatro jóvenes mineros en una mina desconocida, en Mieres, en noviembre de 1.878. También comenta que pueden ser muchos los mineros muertos de los que no se tenga constancia debido a múltiples causas. La ausencia de documentación, la falta de previsión y de comunicación a los organismos competentes dejan sin contabilizar decenas de fallecidos en las primeras minas abiertas en la región.
Matías Arias probablemente pensaba aquel sábado, su último día, en las labores de recogida de la hierba para su ganado. Era primer día de julio, si el tiempo lo permitía, cuando dejara sus tareas mineras aprovecharía la tarde del sábado para dedicarse a la siega. No se sabe el motivo de la explosión pero sí el causante, el frío, traicionero y mortal gas grisú se llevó a este quirosano en julio de 1.876.
Ilustración de Alfonso Zapico
Más de cien fallecidos
Hace unos años, cuando comencé la preparación del libro "Fuego", sobre la minería e industria en Quirós, me encontré a Matías en la primera inscripción de defunción del primer libro que miré en el Registro Civil de Quirós. Fue una alegría y un impulso para mi investigación. Leí miles de inscripciones de defunción y nacimiento de más de un siglo en el municipio. Quería que todos esos mineros que desaparecieron de la forma más triste y honrada, trabajando, figuraran en un lugar. Que fueran conocidos y honrados. Que se diera importancia y relevancia a la minería y altos hornos quirosanos. Más de cien mineros muertos forman ahora mi base de datos. Son muchos, pero no son un frío número. Son un centenar de historias de lucha, de tristeza, sufrimiento que merecen ser conocidas y recordadas. Matías Arias, es uno de esos. Dejó a su mujer con tres niños pequeños y una vida aun más dura que superar. Fue el precio del progreso. Este quirosano, para su desgracia, ahora está en la historia de la minería asturiana.
Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: ROBERTO F. OSORIO (La Nueva España)

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«La mina causó más de cinco mil muertos en Asturias desde 1889»
Ilustración de Alfonso Zapico
Mario García Antuña Ingeniero técnico de minas, autor de “Catástrofes mineras asturianas”.  El grisú siempre está ahí, al acecho, y en cuanto puede la arma. De las 63 catástrofes que documenté, originó 34
(Entrevista realizada a Mario García Antuña, autor del libro “Catástrofes mineras asturianas” realizada por ENRIQUE ARENAS para el diario asturiano, El Comercio - Gijón)
Ilustración de Alfonso Zapico
http://www.elcomercio.es
Mario García Antuña (Moreda, 1940), casado y con tres hijos y dos nietos, es ingeniero técnico de minas y trabajó en la empresa pública Hunosa hasta su prejubilación, en 1993. Durante más de cinco años estudió los accidentes mineros producidos en Asturias y fruto de ello es el libro 'Catástrofes mineras asturianas', que el próximo día tres de noviembre se presentará en el Museo del Ferrocarril de Asturias, en Gijón.

¿Cuántos trabajadores se llevó por delante la minería en Asturias?
En mi estudio documento que murieron cinco mil trabajadores en más de ocho mil accidentes, pero el número de víctimas es mayor.

¿Más?
Estudié las catástrofes que hubo entre los años 1889 y 1995 en las que se produjeron más de cuatro muertos y documenté 63 accidentes con 466 víctimas mortales en total. Después están los accidentes en los que hubo menos de cuatro muertos y la suma total llega a 5.090. Además, hay que añadir los accidentes de los siglos XVII y XVIII, de los que no tenemos apenas documentación. Con ellos, la cifra aumenta mucho, ya que en esa época la seguridad en las minas estaba en pañales. Se metía a la gente dentro para sacar carbón como fuera y sin importar la seguridad.
Ilustración de Alfonso Zapico
¿En esta larga lista de catástrofes, cuál fue el accidente más duro que vivió Asturias?
El más grave se produjo en la mañana del día dos de enero de 1889. Fue en la mina Esperanza, en Boo, en Aller, y hubo 30 muertos. Fue un accidente que marcó un antes y un después en las catástrofes mineras.

¿Qué pasó?
El accidente sobrevino por una explosión de grisú. La gente estaba trabajando en un testero de la mina y se produjo la explosión por deficiencias de ventilación. Los efectos llegaron hasta la galería superior, en donde trabajaban la mayor parte de los operarios fallecidos. En 1995, en Nicolasa, también se produjo un accidente muy grave como consecuencia de una explosión de grisú, con 14 muertos y otro muy grave fue en el María Luisa, con 17 muertos. Las catástrofes mineras se producen por derrabes, derrumbamientos o atrapamientos, pero el 40% de los accidentes en las minas se deben al grisú.

Define al grisú como el enemigo público de los mineros, el más cruel, despiadado, traicionero y temible. ¿Siempre hay peligro?
El grisú está dentro de la hulla. Siempre pueden surgir circunstancias que lo hagan explotar. Por muchas medidas que se tomen, hay un riesgo. Es un peligro constante y su presencia es inevitable. De las 63 catástrofes que documenté, 34 fueron por ocasionadas por el grisú, con 271 muertos. El grisú está ahí siempre. Está al acecho y en cuanto puede la arma.
Ilustración de Alfonso Zapico
Pero las medidas de seguridad han mejorado mucho.
Por descontado. Ya pasó la época en que los mineros entraban a las minas con la jaula y el jilguero y si caía tenían que salir corriendo porque había grisú. Ahora, desde el exterior del pozo está todo informatizado y se conoce en tiempo real lo que está sucediendo dentro y las concentraciones que hay. Los detectores de metano son digitales y la tecnología avanzó mucho. Hoy día en Asturias es difícil que ocurran accidentes como los de hace años, pero no es imposible.

¿Son inevitables los accidentes en la mina?
Por descontado. Como en la carretera. Hay normas de seguridad, pero el accidente surge igual. Es imprevisible e inevitable. Téngase en cuenta que estamos trabajando en un ambiente totalmente inhóspito para las personas. Hay menos aire y condiciones de trabajo muy difíciles.

¿Por qué se producían tantos accidentes en la mina?
A las empresas lo que le interesaba era la producción, no la seguridad. Hasta los años 60, concretamente con la entrada de Hunosa, no mejoran las condiciones. Las direcciones de las empresas empezaron a preocuparse por la salud laboral del trabajador y también empezaron a llegar los sindicatos que exigían seguridad.
Ilustración de Alfonso Zapico
¿Cuál fue el accidente más raro de los que usted ha estudiado?
El más dificultoso para el rescate fue el que se produjo en la mina Confiada III, en Tudela de Veguín, en Oviedo. Fallecieron cuatro trabajadores y la brigada de salvamento tuvo un rescate dificultosísimo. En el pozo Mosquitera, en Siero, hubo un accidente muy complicado, porque se vino abajo una escombrera y tapó completamente la boca del pozo cuando había 300 trabajadores en el interior. Una secuencia similar a lo que sucedió en la mina San José de Chile en donde quedaron atrapados 33 mineros. La diferencia es que Mosquitera no es una mina de montaña, sino un pozo que está comunicado con otras galerías y los mineros pudieron salir la mayor parte de ellos por Pumarabule y por otras chimeneas.

También habla de un accidente minero en la prehistoria, hace seis mil años, en la localidad de Texeo, en Riosa. ¿Cómo fue?
Las minas de Texeo se redescubrieron en 1888 de forma accidental tras un desprendimiento de arcillas mineralizadas. Apareció una cueva y a partir de ahí hubo investigaciones. Cuatro mil años antes de Cristo había allí un pueblo minero que trabajaba el cobre para hacer sus herramientas, flechas, arcos y útiles de caza. En el interior se encontraron los restos de 16 personas en una posición de trabajo y con los útiles, lo que apunta a que estaban trabajando cuando murieron.
Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: ENRIQUE ARENAS (Diario El Comercio) - http://www.elcomercio.es

NOTA:
TODAS LAS ILUSTRACIONES DE ESTE ARTÍCULO SON DE ALFONSO ZAPICO
Autorretrato de cómic de Alfonso Zapico
Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981). Ilustrador y autor de cómic español, trabaja como profesional gráfico desde 2006.
Ha realizado ilustraciones, diseños, animaciones y campañas para diversas agencias de publicidad, editoriales o instituciones. Ha trabajado en proyectos educativos del Principado de Asturias (Aula Didáctica de los Oficios) e impartido talleres de ilustración en centros educativos de Asturias y Poitou-Charente (Francia).
Colaborador de diarios regionales asturianos (La Nueva España, Cuenca del Nalón), como autor de cómic ha publicado varias obras: La guerre du professeur Bertenev (Paquet/Dolmen 2006), Café Budapest (Astiberri 2008), Dublinés (Astiberri 2011) o La ruta Joyce (Astiberri 2011). Sus títulos más recientes son El otro mar (Astiberri 2013), auspiciada por la Fundación Mare Australe de Panamá, o Cuadernos d’Ítaca (Trabe 2014). Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán o polaco. (…) http://alfonsozapico.com
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