8 de junio de 2015

Gijón (Asturias), creció potente y rotundo (I)

Tiempo de vapores

Puerto antiguo de Gijón
El fallido proyecto de fusión de las históricas compañías navieras de Melitón González y Óscar Olavarría
Viajes con el vapor Barambio
http://www.lne.es
Mientras Gijón creció potente y rotundo; mientras que los grandes establecimientos industriales, de Gijón y La Felguera, importaron maquinarias y exportaron productos fabricados en sus talleres, y enviaron a puertos de toda España los carbones de sus minas; mientras que los comercios de todo género se abrían los domingos para no cerrarse en toda la semana; mientras los grandes almacenes de los«Agustinos» o de los Velasco, tragaban en sus bodegas de Abtao o de la calle Padilla, las bodegas enteras de los vapores que hacían «cola» para atracar en nuestro puerto, las grandes compañías navieras, sociedades en comandita, de Melitón González y Óscar de Olavarría, ganaron dinerales a espuertas.
El primero, Melitón, había comenzado su negocio naviero con un bergantín bautizado con el evocador nombre de «Habana». De la Habana vino su fortuna, a la Habana viajaba, una o dos veces al año, su bergantín construido en Bilbao, sobre 1858, cargado de jóvenes emigrantes en busca de fortuna, y con el bergantín habanero y la emigración asturiana, redondeó Melitón su fortuna. Y el «Habana», como le ocurrió en Avilés a la corbeta «Eusebia», se convirtió en Ribadesella, cuando ya era propiedad de una casa de aquel puerto, en el símbolo de la emigración del oriente astur a Cuba, hasta el punto de que el «Habana» figura en uno de los cuarteles del escudo de la villa del gran Argüelles.
Olavarría, por el contrario, comenzó su carrera de naviero «por cuenta ajena», junto a su padre, al servicio de Pedro Duro, como consignatarios del vapor « Adolfo», que para cubrir las necesidades de su «Fábrica de Hierros», había mandado adquirir el gran industrial. Vapor que llegó a Gijón en 1861, y que hacía el cuarto de los vapores de nuestro puerto. Cuatro años después, 1865, los vapores seguían siendo cuatro y los veleros veintitrés.
Imagen antigua de la playa de San Lorenzo - alnorte.webnode.es
Mientras que Melitón no escrituraría su sociedad naviera «a vapor», hasta enero de 1871, aunque el grupo impulsor de la comandita ya contaba para entonces con dos vapores, la sociedad creada por los socios de la Fábrica de Hierros de la Felguera, escrituraría su «comandita» naviera, en la notaría de Pedro Álvarez en enero de 1865, bajo el nombre de «Óscar Olavarría y Compañía». La sociedad llegó a contar, en 1886, con ocho vapores.
Melitón, todo honradez: «amabilidad y corazón», según su sobrino Evaristo Valle, atrajo a su sociedad naviera parte muy significativa de la burguesía tradicional gijonesa.
Más de cincuenta gijoneses, todos ellos representantes del patriciado local, figuraban en la sociedad de Melitón González: cuatro Alvargonzález, entre ellos el célebre D. Agustín, fundador de los «agustinos» y el brigadier D. Claudio, el héroe de Abtao; tres riquísimos Suárez Pola Gutiérrez, naturales de Luanco, D. Mariano, el millonario y benefactor; D. Antonio, el piloto y hábil empresario, y Dª. Juana, la hermana soltera; dos alcaldes, Fructuoso Prendes y Casimiro Domínguez Gil; varios almacenistas como los «Tomás Velasco y Cía.», y Ladislao Zulaybar Cifuentes, que también contaba con su barco; numerosos comerciantes: Elías Díaz, Ceferino de Prendes Pando, Bernardo de la Rionda, Cándido Menéndez y Duarte, etc? no faltando entre los accionistas fundadores comerciantes de Siero y Oviedo, y hasta de Sevilla; gentes de Galicia: Vigo y Coruña; un médico local, Joaquín Vigil Escalera, dos pilotos: un Piñole, de Gijón, y un Álvarez de Tazones...; y hasta un empleado, Froilán Bustamante y Selva.
La nómina de socios gijoneses de Melitón era fiel representación de la burguesía conservadora de la villa, en cuya destacaban algunas damas tan destacadas como Petra Calderón, la hija de D. Alfredo, conocida por «la Calderona», que de viuda se hizo cargo de los negocios de su «difunto», el importante almacenista de coloniales Jorge Díaz Cifuentes y casó a su hija mayor Carolina con Justo del Castillo; o Hermógenes García Rendueles, también viuda, perteneciente al primer patriciado local.
Dársena de Fomento - alnorte.webnode.es

«Melitón González y Compañía, sociedad en Comandita», se constituyó en 1871 con dos vapores, «Asturias» y «Covadonga», y por diez años... En 1886, contaba con cinco barcos, además de lo dos anteriores: el «Gijón», «Piles» y «Barambio», valorados los cinco en 816.670 pesetas.
El origen y desarrollo de la Compañía de Oscar de Olavarría fue totalmente distinto. Nació de la necesidad de la pujante industria asturiana de hierros, y de la gijonesa de vidrios. Sus principales socios fueron los miembros del Consejo de Administración de la Fábrica de Hierros de La Felguera: los dos Duros Benito, D. Pedro, ya en La Felguera, y D. Julián, el rico corredor de bolsa de Madrid, «sufridor"» de mortal insomnio, hasta tal punto grave y caprichoso, que D. Julián solo alcanzaba a dormir en su abono del Real, durante las representaciones de ópera. Dormía Julián los actos, y despertaba en los entre actos, de tal manera que no era raro que después de una buena hora de sueño, preludio y primer acto, hiciera en el «foyer», a la espera del segundo, dos o tres buenos negocios de bolsa, materia en la que era habilísimo; con ellos, su primo, el senador Vicente Bayo, que dio nombre a un buque; el también senador Manuel Sánchez Silva; el joven banquero José María Tapia, también madrileño; y tres capitanes bilbainos...
Con los anteriores, figuran constituyendo «Olavarría y Compañía», además de D. Oscar, tres gijoneses: Anselmo Cifuentes, el primer pilar del Gijón emergente, que operó con éxito en todos los frentes de la economía, y fue presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos de Navegantes de Gijón, concejal varias veces, y vicecónsul de Portugal; Eduardo Martínez Marina, cuñado de Oscar Olavarría, por matrimonio con su hermana Palmira, que moriría en 1888, menos de cuarenta y ocho horas después que falleciera su primer hijo, Oscar M. Marina y Olavarría. D. Eduardo fue además de naviero, concejal, miembro casi perpetuo de la Junta de Obras, cónsul del Imperio alemán, y tuvo su oficina instalada en el mismo local que las de su cuñado, entresuelo de S. Juan Bautista, 11; también con él compartía la pequeña empresa naviera «Olavarría, Marina y Compañía». Hoy comparten ambos cuñados, Olavarría y Marina, el mismo nicho en el cementerio de Ceares. Y, por último, aunque no el menos importante, Eustoquio García Blanco, ¡el gran Eustoquio!, opulento propietario, alcalde de la villa, propietario del burro blanco, y en Madrid, agente de todos los gijoneses, que en él confiaban... De este grupo liberal gijonés (Oscar, Eduardo, Anselmo), al que en 1878 se incorporó, entre otros accionistas, Florencio Valdés, surgió en setiembre de aquel año El Comercio, bajo la tutela del sabio republicano y medio gijonés Gumersindo Azcárate. Por supuesto, mucho más liberal de lo que hoy es.
En 1886, a consecuencia del aumento de la competencia de navieras foráneas, de la disminución de la exportación de carbones y también de los hierros, las dos compañías gijonesas ven reducirse los rendimientos de sus negocios. Y en consecuencia, previo detallado estudio, formulan un proyecto de fusión de ambas sociedades, para formar una sola «Olavarría y González, Sociedad en Comandita», con dos gerentes y un único domicilio social, siendo su capital social el valor de los buques de vapor pertenecientes en aquel momento a ambas sociedades, ocho de la de Oscar Olavarría, cinco de la de Melitón González, con un valor de 1.918.800 pesetas. Los socios capitalinos de la Fábrica de Hierros, al final no aceptaron las bases de la fusión, y ambas firmas se vieron obligadas a seguir sus respectivas «derrotas», si bien en octubre de aquel 1886 alcanzaron un acuerdo para prestar dos servicios combinados de sus vapores: uno, entre los puertos de Santander y Barcelona, con salida todo los jueves, y el otro, entre Bilbao y Sevilla, todos los sábados, con escalas en los puertos intermedios... Si no hubo unión, al menos dejaron, por el momento, de hacerse la competencia.
Imagen de La Nueva España
FUENTE: Francisco Prendes Quirós
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