14 de junio de 2015

El ovetense Luis Noval Ferrao, "El Cabo Noval"

La verdadera muerte heroica del cabo Noval
Postal dedicada al cabo Luis Noval, a quien el Ayuntamiento acordó dar el nombre de una calle en sesión de 8 de Octubre de 1909
El militar asturiano no llegó a ser hecho prisionero por los moros, pero aislado en una posición entre dos fuegos y con el riesgo cierto de morir, pidió a sus compañeros que disparasen sobre su propia posición al sentir al enemigo cerca
"El cabo Noval" Luis Noval Ferrao (Oviedo 16 de noviembre de 1887 - Melilla 27 de septiembre de 1909
Ya pasaron más de 100 años de su heroica muerte, la figura del ovetense Luis Noval Ferrao, el cabo Noval, ha vuelto a la actualidad. César González Antuña, habitual investigador de historias asturianas, ha optado por ir a su encuentro recurriendo a las fuentes a su alcance. Para ello ha acudido a las páginas de los periódicos de la época. Las circunstancias verdaderas de la muerte del cabo Noval, depuradas de los aspectos inexactos de las primeras versiones, quedan así fijadas para la posteridad
Luis Noval Ferrao nació en Oviedo, en la calle de Santa Susana, número 10, el 15 de noviembre de 1887. Sus padres, Ramón Noval Suárez y Perfecta Ferrao Sordo, eran naturales de Valdesoto y Piloña, respectivamente. Hizo sus primeros estudios en la escuela del maestro Manuel Santullano. A los 15 años los abandonó para dedicarse al trabajo de ebanista. En las Escuelas de Bellas Artes, donde acudía a clases nocturnas de dibujo natural obtuvo siempre sobresaliente.
Luis Noval era quinto del año anterior e ingresó en filas en febrero de 1909, destinado al Regimiento del Príncipe. Aprendió la instrucción el Campo San Francisco, en el Salón del Bombé. Quién iba a decir entonces que aquel bisoño soldado de gallarda figura, simpático, muy inteligente en los ejercicios tácticos, sería un futuro héroe de la patria, un mártir que sacrificaría su vida en un momento sublime de acendrado patriotismo.
Recreación de la muerte de Cabo Noval
La campaña de Melilla. Agosto 1909. Un telegrama confirma los rumores sobre el destino de Melilla del Regimiento del Príncipe. En el despacho se hace constar que formará con el de Burgos la segunda brigada de la nueva división, destinada al Ejército de operaciones.
La alegría del regimiento. La carta de un soldado, César Pineda, refleja el entusiasmo del regimiento: «En cuanto tuvimos noticias de que iríamos para Marruecos, todos nos hemos mostrado sumamente alegres. En pocos regimientos reinará tanta cordialidad como en éste para partir a la guerra. Querido padre: Nuestro regimiento marchará muy pronto para Melilla, es un sagrado deber defender a la patria. Dígale a mi madre que acordándome de ella, de sus caricias, de lo buena que siempre fue para mí, tendré en su persona puesto el pensamiento cuando esté en la guerra. Yo lo que siento es que en el tiempo que yo esté en Melilla no pruebe la sidra que tanto abunda en nuestra casa».
Disposiciones para la marcha. Para el mejor orden de la marcha se dictaron varias disposiciones, algunas, curiosas:
Los devengos que disfrutarán los señores jefes y oficiales o individuos de tropa desde su salida de esta plaza serán: Coronel: 10 pesetas. Tenientes coroneles y comandantes, 8. Capitanes, 5. Subalternos, 4. Sargentos, 1. Cabos y soldados, 0,30. Maestros armeros, 3. Los señores jefes y oficiales tienen el 12% de descuentos en sus indemnizaciones.
Recreación de la guerra del África en 1909 -1
A las diez se distribuirá a la fuerza que debe marchar medio litro de vino por plaza, que regala la Comisión de la Cruz Roja de Oviedo. A las doce se distribuirá por la Junta de Damas de la Cruz Roja una merienda a cada uno de los individuos que deben marchar. Antes de efectuarse la marcha se hará el reparto en metálico entre los soldados, correspondiente al donativo hecho por la Diputación.
La marcha. El jueves 9 de septiembre, a las cinco de la mañana, se tocaba la diana floreada, «La Triunfal». A las 10 se tocó fajina para el primer batallón. Menú: arroz con patatas, carne, fruta y vino. A las tres sale de Oviedo el primer tren expedicionario. Hará un alto en Palencia de madrugada para comer el rancho y llegar el viernes por la tarde a Madrid. El viernes, a las doce y media de la madrugada, salía la segunda expedición con el segundo batallón. El mismo día, pasadas las quince horas, salían el resto del tren, con el coronel Molo al frente. Antes de ponerse en marcha las fuerzas fueron revistadas por el general Brualia, gobernador militar de la plaza.
El viaje. En todas las estaciones fueron los soldados objeto de despedidas y atenciones. En Ujo las tropas recibieron cigarros, meriendas, frutas y flores. En Medina del Campo se sirvió rancho extraordinario. En Valladolid, lo mismo. En todos los pueblos del trayecto a Madrid fueron obsequiados. No digamos nada en ruta por La Mancha, Andalucía y Málaga, donde el recibimiento de la población superó toda comparación. De la estación de Málaga se dirigieron hasta el muelle donde, el día 12, embarcaron en el trasatlántico «Alfonso XIII» rumbo a Melilla. El resto de la expedición lo hizo en el «Ciudad de Cádiz» dos días después.
Recreación de la guerra del África en 1909 -2
Gaitas en Melilla. Con el desembarco del Regimiento del Príncipe las calles de Melilla han adquirido inusitada animación. Lo soldados asturianos promueven gran algazara, tocando la gaita y dando vivas a Asturias. Las gentes se aglomeraban alrededor de la gaita, obligándolos a repetir.
La versión más extendida sobre su muerte. 29 de septiembre de 1909. Se conocen en la plaza detalles del heroísmo del cabo Luis Noval, del Regimiento del Príncipe. En la primera versión de su hazaña se afirma que durante el ataque de los moros al zoco El Hadde Beni-Sicar dicho cabo se apartó de las avanzadas, haciendo fuego y los moros lo cogieron prisionero. Después le ofrecieron no matarlo si los acompañaba a las avanzadas españolas. Noval accedió a ello y los moros lo siguieron gozosos, creyendo que podrían sorprender al campamento. Cuando los moros y el cabo llegaron a ser vistos por el centinela en la oscuridad de la noche, éste dio el ¿Quién vive?. Entonces el cabo Noval, a grandes voces, gritó: «¡España, pero tirar, que los moros vienen conmigo!». Al oír estas palabras los centinelas dispararon. El cabo sacrificó así su vida por salvar la de sus compañeros y poder castigar mejor a los rifeños. En seguida se trabó la lucha y quedó desbaratada la estratagema de los moros. Al llegar el día las fuerzas españolas que hicieron la exploración del terreno encontraron en las avanzadas el cadáver del bravo Noval. Junto a él había muertos dos moros que lo custodiaban.
Recreación de la guerra del África en 1909 -3
La familia llora a su hijo. Así relataba la prensa asturiana de la época la reacción de la familia del héroe y el eco en la sociedad:
En la plaza San Miguel de Oviedo n.º 1 habita la desconsolada familia del cabo Noval. Todavía recuerdo haberme encontrado en este portal al glorioso soldado conversando con sus amigos. En su casa, en una habitación muy humilde, está la afligida madre de Noval, que, postrada ante una imagen, lloraba la desdicha de no poder abrazar a su querido hijo en los últimos momentos y haberle prodigado el amor maternal que tanto consuela en la hora suprema de la muerte, a la vez que sentía mucha satisfacción, al considerar que su hijo había salvado de una muerte cruel y villana a sus compañeros.
La verdadera y heroica historia. En febrero de 1910, en Oviedo, el general Brualia, gobernador militar de Asturias, cuenta la verdadera versión de la muerte del cabo. De nuevo acudimos a noticias de la prensa para rescatarla:
El general don Enrique Brualia hace en Oviedo una declaraciones sobre los hechos de la guerra de Melilla y, muy especialmente, de la muerte de nuestro heroico paisano, el cabo Noval.
La versión que hemos oído al general Brualia acerca del acto sublime patriótico realizado por el cabo Noval es completamente nueva y distinta de cuantas se han hecho públicas, siendo de advertir que esta versión, rigurosamente cierta, como es natural, valora más el riesgo del héroe asturiano.
El cabo Noval no fue apresado por los moros y conducido después hasta las alambradas, según aseguraban los relatos públicos. El acto del cabo Noval ha sido más consciente, más espontáneo y más libre. Hallábase prestando el servicio de escucha entre dos campamentos que distaban entre si varios centenares de metros. A eso de las tres de la mañana se sintió una descarga que puso en guardia a los centinelas. El ruido de una segunda descarga hizo comprender a Noval que los moros se acercaban a la alambrada, y entonces se dispuso a dar la voz de aviso al campamento más próximo. Cuando se dirigía a éste, los moros arreciaron las descargas.
Recreación de la guerra del África en 1909 -4
La vida de Noval corría inminente peligro y únicamente podía salvarse escondiéndose en alguna de las sinuosidades que el terreno ofrecía, con la circunstancia favorable, además, de hallarse protegido por la oscuridad de la noche.
Pero la salvación de la vida por este medio llevaba consigo la sorpresa del destacamento español. Noval continuó su marcha en dirección al campamento para dar el aviso. Cuando se acercaba a éste fue distinguido su bulto por un teniente de la avanzada, el cual, en el momento en que se disponía a ordenar el fuego conoció al cabo Noval, exclamando rápidamente: ¡Esperar, no hacer fuego todavía, que viene un centinela nuestro!. Pero Noval, que veía a los moros que se acercaban dispuestos a sorprender al campamento, contestó en voz alta: "¡No importa hacer fuego, que los moros se acercan!".
Las fuerzas españolas hicieron entonces varias descargas cerradas rechazando a los moros. Cuando terminó el combate se hizo el reconocimiento, encontrando al cabo Noval con la bayoneta ensangrentada, lo que hace creer que luchó cuerpo a cuerpo con los moros. Como se ve, el acto de Noval ha sido realmente heroico».
La leyenda de su efímera prisión desaparece, pero su figura se eleva hasta lo sublime.
Monumento al Cabo Noval, en Madrid
FUENTE: CÉSAR GONZÁLEZ ANTUÑA
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