1 de febrero de 2015

La influencia del Imperio Romano en la sociedad asturiana

Escrito en piedra.

Estela de Pintaius, en el museo de Bonn / Lápida romana que posee el Museo Arqueológico de Asturias
Francisco Diego Santos ofrece en «El Conventus Asturum» una visión del noroeste hispano durante el Imperio romano y de su influencia en la sociedad altomedieval.
Lápida votiva en honor de Augusto que estuvo emplazada en el Cabo Torres (Gijón) y hoy se encuentra en el Tabularium Artis Asturiensis.
Conocida como la ciencia que estudia las inscripciones hechas sobre materiales duros, la epigrafía se ha constituido en compañera inseparable de los historiadores a la hora de desvelar los entresijos de la antigüedad. El estudio de epígrafes e inscripciones ha sido la herramienta utilizada por el profesor Francisco Diego Santos para sus múltiples estudios y publicaciones. Recientemente acaba de publicar en KRK «El conventus Asturum y anotaciones al noroeste hispano», un volumen que recoge artículos dispersos y otros inéditos, incluida su tesis doctoral.
En todos ellos, la epigrafía romana es el centro sobre el que pivotan las investigaciones, sin por ello dejar a un lado las fuentes literarias y arqueológicas, cuyas aportaciones han venido siendo de gran interés para el estudio de las culturas del pasado. La labor erudita de Diego Santos ha contribuido al conocimiento de la sociedad romana y su influencia en la posterior forma de vida de los astures, pero también al entendimiento de las costumbres indígenas y de sus relaciones con los conquistadores.

Yacimiento de la Campa Torres.
 «El conventus Asturum» se abre con un repaso por los pueblos establecidos en la región: astures, brácaros y galaicos, donde se pone de manifiesto que los primeros fueron con los cántabros el último reducto de Hispania sometido por Roma. Plinio dividía a los astures en trasmontanos, al norte de la cordillera, con monumentos indígenas de romanización tardía, y augustanos, al sur, con Asturica Augusta (Astorga) centro administrativo del convento Asturicense. Éste comprendía, según Plinio, veintidós pueblos con 240.000 hombres libres. Muchas de estas localidades citadas por los historiadores han tenido difícil localización, aunque es bien conocido que para los trasmontanos la principal ciudad era Lucus Asturum (Lugo de Llanera).
Las guerras contra Roma desarrolladas por Cántabros y Astures a partir del año 38 a C. dejaron en el territorio vestigios que permiten a los historiadores aproximarse a lo que debió ser aquella contienda. Se sabe de la presencia de Carisio en la zona, un personaje que gozaba de la antipatía de los Astures, que no soportaban su crueldad.
Ilustración de Alfonso Zapico
Sus aportaciones son cruciales para el esclarecimiento de la historiografía de la romanización en Asturias, pero van más allá, abarcando también los episodios de la Asturias altomedieval, en una labor que, según afirma el profesor Juan Ignacio Ruiz de la Peña, «ilumina las sombras que envuelven los siglos de la historia de Asturias» y profundiza en una época mal conocida por la escasez de testimonios, la que nos coloca en el umbral del Reino de Asturias.

Presencia de un hacha bipenne (círculo rojo) y de una falcata (óvalo amarillo) en un trofeo astur representado en el anverso de una moneda de Carisio (a la derecha en la imagen). En el caso del primero, la comparación con el objeto representado en la moneda de la izquierda no deja lugar a la duda.
Gracias a las fuentes escritas, los historiadores acaban concluyendo que los pueblos guerreros del Norte se habían vuelto pacíficos en tiempo de Tiberio. El reparto geográfico así como la explotación del oro están bien documentadas en el libro, que recoge las alusiones de los autores clásicos al florecimiento de la minería astur.
También profundizó Diego Santos en la delimitación geográfica de los pueblos astures, una investigación que ha traído de cabeza a diferentes autores que no se ponen de acuerdo en sus límites por oriente y occidente. Algunos defienden que en la costa oriental el río Sella ejercía de frontera entre astures y cántabros, y por el límite occidental el territorio en juego se dibuja indistintamente entre los ríos Navia y Eo. Por el sur, la cordillera dividía en dos partes desiguales el terreno astur-leonés.
En el apartado dedicado a la población, el profesor deduce de las explotaciones mineras del Aramo y del estudio de los cráneos y otros restos arqueológicos que hubo mezcla de varias razas. También los materiales localizados en los castros asturianos ofrecen una visión de lo que fueron aquellas poblaciones y de las semejanzas con los pueblos limítrofes.
Restos de material bélico romano hallados por los arqueólogos en las excavaciones de La Carisa
Uno de los capítulos del libro está dedicado a los nuevos hallazgos de la epigrafía romana en Asturias e incluye la descripción de una serie de lápidas y estelas. No menos interés despierta el apartado dedicado a los nombres personales de la epigrafía romana en la que llamó la atención la onomástica indígena de los personajes, los nombres extraños de las divinidades y las denominaciones de las gentilidades.
Una de las campañas de excavaciones arqueológicas realizadas en La Carisa. j. r. silvaira.
El despliegue de sus tropas coronando la cordillera quedó de manifiesto con el hallazgo hace pocos años del campamento romano de La Carisa, en los montes de Lena. Éste, junto con los monumentos que conmemoran sus victorias en la costa noroeste dan idea de lo que debieron ser aquellos año de conquista. Además, Asturias conserva el monumento epigráfico de época romana más importante localizado en la zona. Está escrito en un enorme bloque de mármol, hoy custodiado en el Tabularium Artis Asturiensis, cuyo primer emplazamiento se cree que fue la campa del Cabo Torres (Gijón).

Estela de Septimio Silo, hallada en Beleño, Ponga
FUENTE:  M. S. MARQUÉS
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El castro de "Grandas de Salime", descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas «excepcionales».

El castro de Grandas descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas excepcionales - 1
Fechadas entre los siglos I y IV d. C., los restos pictóricos hallados son abundantes y de calidad y, según el arqueólogo Ángel Villa, confirman la riqueza de los pobladores de la domus.

El castro de Grandas descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas excepcionales -2
http://www.lne.es
Unas semanas después de que la Consejería de Cultura decidiera reanudar la actividad arqueológica en el castro del Chao Samartín, después de más de tres años de desencuentros con el alcalde de Grandas de Salime, los resultados están siendo espectaculares. El hallazgo en la domus (vivienda romana de porte nobiliar que identifica el rango social de su propietario) de restos de pinturas romanas de «entidad excepcional», de repertorio amplio y variado, y de una época que abarca desde el siglo I hasta el IV d.C, están convirtiendo a este yacimiento, tras más de veinte años de investigación, en una fuente inagotable de información sobre un período de la historia de Asturias que, en su origen, se remonta a la Edad del Bronce final, unos 800 años antes de la llegada de Roma.
El castro de Grandas descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas excepcionales -3

Es la primera vez que se localizan en Asturias testimonios de pintura parietal romana, que tampoco son frecuentes en el norte de España. Ángel Villa, director del proyecto de investigación y arqueólogo de la Consejería de Cultura, destacaba: «La entidad de los restos es excepcional por su abundancia y por la calidad del depósito, así como por la pericia de los artesanos, probablemente procedentes de talleres itálicos o del valle del Ebro, y reflejan una sociedad que, en el resto de Asturias, es prácticamente desconocida, que es la de las clases privilegiadas, los que se trasladaron aquí desde Roma y los locales que hicieron de intermediarios entre el poder romano y la población indígena».
Adolfo Rodríguez Asensio, director general de Patrimonio y decidido impulsor de esta nueva fase de investigación en el castro, no ocultaba su alegría. «El hallazgo, en parte, era esperado porque cuando excavas un yacimiento tan rico siempre puedes esperar resultados positivos, pero el hecho de encontrar pinturas murales altoimperiales es un hallazgo de primerísima fila para Asturias. Nos anima a continuar y certifica que acertamos en retomar el tema del Chao en cuanto a limpieza, restauración, reconstrucción y actuaciones arqueológicas, que significa continuar una labor iniciada hace más de veinte años».
El castro de Grandas descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas excepcionales -4
Los trabajos en el Chao se retomaron, según relata Ángel Villa, con el proyecto de consolidar las estructuras murales y la instalación de hiladas superiores de protección sobre las testas de los muros. Fue al liberar la tierra para poder trabajar cuando se constató que algunas cargas no sólo eran murales sino que conservaban restos del programa ornamental. «Por primera vez nos enfrentamos a la posibilidad de recuperar paneles completos cuando, hasta ahora, trabajábamos con los fragmentos de los derrumbes. En este caso, las pinturas están en su sitio y la estructura ornamental puede ser reconocida. Supone un avance notabilísimo en el conocimiento de los patrones estilísticos que se utilizaron en el castro», explica Villa.
Olga Gago Muñiz, conservadora-restauradora y autora del primer informe sobre el hallazgo, cree que el grueso de la pintura presente en la casa se elaboró principalmente durante la primera mitad del siglo I, que se correspondería con el momento de la construcción de la domus. Algunas reformas posteriores, en las que se observa la monocromía de los muros y el gusto impresionista en la pincelada de la decoración del tímpano, parecen de época Flavia (69-96).
El castro de Grandas descubre, por primera vez en Asturias, pinturas romanas excepcionales -5
FUENTE: 

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HISTORIA DE LA VÍA CARISA.
     
Infanteria romana, cargando, por Giussepe Rava.
El yacimiento debe su nombre a Publio Carisio, un militar romano que venció a los astures en Lancia, y que fue también fundador de Mérida. http://lasespardinas.blogspot.com.es
La historia de la vía Carisa, paso montañoso fundamental en el proceso de romanización de las tribus astures, está escrita en dos monedas. Dos acuñaciones que han permitido confirmar a los arqueólogos que las tropas imperiales que entraron en la región pertenecían a la V Legión Alaudæ y que sus integrantes fueron quienes construyeron, a más de 1.750 metros de altura, el campamento del monte Curriechos, en el límite entre los concejos de Aller y Lena, ante la férrea defensa indígena establecida en el cercano pico Homón de Faro.  
Recreación de la muralla abancalada del conjunto del Homón de Faro (Asturias)
La primera de estas monedas. Se trata de una acuñación gala que data del 50 antes de Cristo y representa a Cayo Julio César con el símbolo del elefante. Todo hace indicar que formó parte de la paga de un legionario de la V Alaudae que peleó en la Galia Cisalpina (norte de Italia) y que, tiempo después, la perdió en el monte Curriechos. El hallazgo ha permitido confirmar la adscripción de las tropas encargadas de la conquista del territorio que hoy es Asturias: la primera Legión constituida por elementos no latinos, la V Alauae.
La segunda moneda localizada. Fue acuñada por Publio Carisio, gobernador de Lusitania y encargado de apaciguar a las revoltosas tribus del Norte, las de los cántabros y los astures. El hallazgo ha permitido datar la construcción del campamento del monte Curriechos en el año 25 antes de Cristo, muy posiblemente sobre otro anterior erigido en la campaña militar precedente. 
Los primeros enfrentamientos se saldaron con pocas bajas en la legión, pero fueron suficientes para alertar a los mandos. Publio Carisio, legado de Augusto en el frente astur, ordenó llevar refuerzos a Curriellos.
Las dos monedas suponen importantes pruebas documentales para fijar el verdadero valor de los hallazgos del monte Curriechos y del pico Homón de Faro. Los arqueólogos Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada acaban de concluir la segunda temporada de excavaciones en este enclave. El balance confirma la mayor parte de las hipótesis planteadas desde que dio comienzo la investigación. La Carisa fue el primer escenario bélico de la romanización astur, aunque no se pueda asegurar que acogiera una gran batalla. El límite territorial entre Aller y Lena compuso un teatro guerrero integrado por un magno campamento imperial y una espectacular muralla defensiva astur, con más de 400 metros de longitud y en torno a cinco de alto. Los hallazgos son de tal relevancia que obligan a continuar la investigación en años venideros.
Romanos buscando carne para añadir al menú de las legiones: cazando un jabalí. Por Ron Embleton.
«En Occidente, casi toda Hispania estaba pacificada, excepto la que baña el océano Citerior y toca a las montañas de la extremidad del Pirineo. Aquí se agitaban dos pueblos muy fuertes aún no sometidos: los cántabros y los astures».
Año 25 antes de Cristo. Un imponente Ejército romano cruza la cordillera Cantábrica en dirección a la Asturias Transmontana. El avance de los legionarios,pertenecientes a la V Alaudae, es lento. Caminan y construyen una nueva calzada. Le pondrán el nombre de Carisa. Un homenaje a Publio Carisio,gobernador de Lusitania y el encargado de «meter en cintura» a las díscolas tribus astures y cántabras.
Los pobladores del territorio que hoy es Asturias advierten pronto el avance romano y se conjuran para defender un espacio geográfico que ya entienden como propio. Según los expertos, la necesidad de plantar cara al invasor despierta por primera vez el sentimiento de pertenencia a una comunidad y a una tierra.
Recreación del campamento romano de la Carisa
No hay tiempo que perder. Los pueblos indígenas suben a la Cordillera y en el pico Homón de Faro deciden levantar una gran muralla defensiva para evitar la invasión imperial. La labor es ingente y ocupa a un gran número de guerreros y auxiliares. El muro tendrá 400 metros de longitud y casi cinco de altura. Además, incorporará un gran escarpe rocoso. Cientos de astures se acantonan en la plaza fuerte. Están listos para la batalla.
Los romanos siguen avanzando. A un kilómetro del Homón de Faro se dan cuenta de que la muralla indígena les corta totalmente el paso.  
Soldados romanos preparando el campamento bajo la lluvia. Por Ron Embleton.
El experto del Ministerio de Defensa que visitó el enclave este verano ha confirmado que el emplazamiento de la defensa astur es «impecable» desde el punto de vista estratégico. Domina por completo la ruta en su parte más angosta. Los romanos serían aplastados si decidieran continuar adelante, hacia el Valle.
La teoría principal que manejan los arqueólogos Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada, encargados de la investigación de la zona, es que la muralla defensiva astur obligó a los romanos a acampar en el monte Curriechos, a más de 1.700 metros de altitud.
Así se compuso el primer teatro bélico de la romanización astur. Dos ejércitos y dos culturas frente a frente en plena cordillera Cantábrica. Unos, los indígenas, parapetados tras su muralla defensiva del Homón de Faro y dispuestos a dejarse la piel para salvaguardar la independencia de sus valles. Los otros, los del Imperio, acampados en el monte Curriechos. Entre ambos, pasa la vía Carisa, entrada a la Asturias Transmontana y al «corazón» de las tierras de unas tribus que Roma quería domesticar de una vez por todas.      
Vida de campamento. Por Ron Embleton.
FUENTE: http://leyendesasturianes.blogspot.com.es
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Hallazgos en La Vía Carisa.
     En las excavaciones se encontraron herramientas y equipamiento militar de legionario como puntas de lanza y pilum, dardos de catapulta, un gatillo de catapulta, dolabras, azadores, aguijada, balas de honda, clavijas de tiendas de campaña, tachuelas de suela de calzado legionario, clavos y monedas de la época, algunas acuñadas por el propio Publio Carisio. También se encontraron restos metálicos de una fragua.
As de Bronce acuñada por Cneo Pompeyo en el año 46-45 a.c. Su anverso representa la figura de una cabeza bicéfala de Jano, dios romano de la Guerra, su reverso la proa de un barco en representación de la República Romana.
     Se encontraron 5 monedas:
1)      Una moneda de plata (denario) acuñada por Julio César en la Galia a mediados del siglo I a.c.
2)      Una moneda de bronce (as) acuñada hacia el año 30 a.c. en alguna ciudad del valle del Ródano.
3)      Una moneda de bronce (as) acuñada antes del año 27 a.c. en la ciudad de Celsa.
4)       Una moneda de bronce (as) acuñada en Emérita Augusta por Publio Carisio en el año 23 a.c.     
5)      Una moneda de bronce (as) acuñada por Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo El Grande, en el año 46-45 a.c. muy probable en Córdoba, para el pago de la tropa que participó en la Batalla de Munda (Andalucía). Dónde se produjo la derrota definitiva del ejército pompeyano frente a las tropas romanas del Emperador Julio César. Este As de Bronce llegó a la Carisa con las legiones V Alaudae y X Gémina que participaron en la Batalla de Munda y que después estuvieron a las órdenes de Publio Carisio en las Guerras Astur-Cántabras, alojándose con probabilidad en el Campamento Romano del Monte Curruiel.los.
Moneda Romana con la cabeza del Emperador Augusto (27 a.c.).
                         
Moneda de bronce acuñada en Emérita Augusta (23 a.c) por Publio Carisio.
  
Moneda de plata acuñada por Julio César en la Galia a mediados del siglo I a.c.
HISTORIA Y LEYENDA.
Las Guerras Astur-Cántabras (Bellum Cantabricum) contra el Imperio Romano se iniciaron entre los años 26 al 22 a. de c. y duraron 10 años. En los montes que rodean al cordal de Murias y que colindan con el Concejo de Lena y la provincia de León por Pendilla de Arbas (Ayuntamiento de Villamanín) se libró una de las más cruentas batallas de la antigüedad. En Pendilla empieza la Vía Romana de La Carisa.
En esta lucha se realizaría la hazaña más gloriosa que podían haber registrado los anales de la humanidad. Fue la más encarnizada defensa de la libertad e independencia de la patria, de haberse escrito más detalles sobre lo que ocurrió, sería incluso más impotante que las batallas de Sagunto y Numancia, sin quitar ninguna heroidicidad a las mencionadas.
La última gran batalla tuvo su sangriento desenlace, dónde asediados los Astures de Murias prefirieron entregar sus cuerpos a la hoguera quemándose vivos antes de ser capturados por los romanos, para ellos era una deshonra morir a manos de los romanos o ser sus esclavos, antes preferían inmolarse y así su espíritu se transformaría. Para los Astures la muerte no existía, para ellos los seres no desaparecen únicamente se transforman. Desaparecía su forma de vida actual, y tomaban otra y continuaban viviendo. Creían que tras la muerte había otra vida, una vida en la región mágica de los dioses y de los seres sobrenaturales, a la que llamaban Letavia, un mundo mágico.
El monte dónde ocurrió este suceso recibió el nombre de Bustuhumosu. Hasta un romano llamado Estrabón (75 a.c. - 20 a.c.) geógrafo e historiador se limitó a decir: "feroces costumbres de los bárbaros" con las espeluznantes escenas de la lucha e inmolacíon indígena frente a un enemigo prepotente y pertrechado. En este monte se localiza en 1897, dónde está la fuente del Sepu, el reducto final de las tribus astures y cántabras.
Murias y Pendilla son nombres muy significativos para la historia. Murias equivale a muralla, muro, contención. Pendilla quiere decir "pender" de los maderos de la cruz: crucificar, pues allí llevaban los romanos a los prisioneros astures para condenarlos al suplicio de ser crucificados. Existe otra teoría de que estos nombres derivan de los árabes, dónde hay indicios de su presencia por estas tierras.
Nota curiosa: los astures llegaron a formar parte importante en el ejército romano y algunos llegaron a ocupar puestos significativos en las tropas auxiliares, como Pintaius, fue el primer astur estandarte, "Signifer" de la Cohorte V Asturum en las legiones romanas.
Los principales restos arqueológicos de época romana se situan cerca de la vía Ruta de la Plata, como la Villa Mamorana en Vega del Ciego (Lena), el Ara Votiva dedicada al dios Júpiter en la Iglesia de San Vicente de Serrapio (Aller), dos inscripciones romanas y el Ara Votiva dedicada por Lucio Corona Severo, soldado de la Legión VII Gémica en Ujo (Mieres).
En el estamento social de Roma, el astur Gaio Sulpicio Úrsulo fue el astur que más alto cargo llegó a tener en el ejército romano: prefecto de legión, de cuyo cursus honorum nos habla una lápida hallada en Ujo (Mieres).
También, en el pueblo de Naraval (Tineo) se encontró un Ara Votiva dedicada al dios astur Barciecus que fue cedida por su propietario y vecino de este pueblo, al Museo Arqueológico de Asturias. Fue construida por Lucio Servio Segudo, un romano, quizás de origen astur.

Se recomienda visitar el Museo Arquelógico de Asturias (Edificio Claustro de San Vicente, c/ San Vicente, 5 33003 Oviedo), creado en 1845. Teléfono: 985 26 91 04. La entrada es gratuita.   


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