19 de febrero de 2015

La evolución de las tres principales ciudades asturianas, Oviedo, Gijón, Avilés entre los siglos XVI y XVIII

Oviedo, Gijón y Avilés: cuando las ciudades abrazaron la modernidad

Catedral de San Salvador de Oviedo
Los siglos XVI, XVII y XVIII configuraron el urbanismo asturiano a partir de grandes proyectos y de un poder municipal favorecido por los Reyes Católicos
Oviedo. Reiter es el autor del mapa de la capital en 1777, con la muralla ya desbordada. Para fijar escenarios, el número 30 es la plaza del Ayuntamiento y el 31 es el Fontán.


Oviedo, siglo XVII: la modernidad que llega con el agua.
En torno al año 1630 se respiraban por Oviedo aires de modernidad. La vieja ciudad, enclaustrada durante siglos en sus murallas defensivas, buscaba horizontes nuevos. La década es significativa porque coincide con el estreno de una nueva Casa Consistorial, edificio de corte clasicista que se levantaba donde hoy se ubica el actual Ayuntamiento, pero sólo en su ala izquierda, según se mira desde la calle Magdalena.
Magdalena era entrada principal de la ciudad, y la ubicación elegida para la Casa Consistorial respondía a lo que la profesora de Historia de la Universidad de Oviedo Yayoi Kawamura entiende como "una proyección de representatividad por parte del poder civil", lo mismo que la torre de la Catedral representaba desde mucho antes al poder religioso.
El estilo del nuevo Ayuntamiento viene marcado por El Escorial, la impresionante obra mandada levantar a finales del XVI por Felipe II. Y si hay un elemento que simbolice ese nuevo marco arquitectónico ése es el arco de medio punto. Lo primero que ven muchos de los viajeros que se acercaban a Oviedo era ese edificio consistorial, que se iniciaba en lo que hoy es el arco de Cimadevilla, apuntando a San Isidoro y al antiguo colegio de San Matías, de los Jesuitas, donde hoy se ubica el mercado de abastos. Era el embrión de una gran plaza Mayor al estilo, salvando las distancias, de la de Valladolid (1617) y la de Madrid, que copia a la anterior y que se levanta en 1729. Los planes ovetenses chocaron con los intereses de los propietarios de casas cercanas y el proyecto se diluyó.
El Martes de Campo en Oviedo, año 1873, según un dibujo de Cuevas.
Aquel Oviedo, y en menor medida Avilés y Gijón, era ya el resultado de la estructura urbana nacida a fines del siglo XV al amparo de los Reyes Católicos. El poder municipal nace en tiempos de Isabel y Fernando y se consolida en el XVI y XVII de la mano de un crecimiento urbano y demográfico muy evidente a pesar de las periódicas malas cosechas y la lacra intermitente de las epidemias de peste.
La construcción de la nueva Casa Consistorial tenía mucho de simbólica porque con ella nacía una nueva ciudad. Pero la modernidad también pasaba por el subsuelo. A finales del XVI Oviedo había abordado la gran obra: el suministro de agua procedente de Fitoria. Gonzalo de Bárcena, arquitecto que contaba con el título de maestro fontanero del rey, fue el artífice de aquel proyecto, que incluía el acueducto de Pilares y que sirvió para multiplicar las fuentes urbanas y llevar el agua a algunos edificios escogidos. Siglos después el acueducto fue lamentablemente derribado.
"En 1600 ya hay agua suficiente en Oviedo" -señala la profesora Kawamura-, incluso en casas particulares de familias con poder económico y en los monasterios. En la plaza de la Catedral había una fuente, en la de Porlier otra. En la fortaleza de Porlier se levantaba la cárcel, donde también llega el suministro de agua. Hay fuentes en la plaza del Ayuntamiento (mucho menos amplia que la que conocemos) y en la Corrada del Obispo. Se promueve un gran lavadero en la calle Magdalena y los ojos de los regidores apuntan a los terrenos del Fontán, convertido en la primera mitad del XVII en una ciénaga.
Un arquitecto cántabro, Melchor de Velasco, llega a Oviedo con todo su equipo dispuesto a resecar el Fontán y convertir aquella zona pantanosa en una plaza digna. Lo consigue. El Fontán es la primera gran zona de expansión urbana, un área edificable en la que algunos regidores dieron grandes pelotazos. La información privilegiada también funcionaba entonces. Los regidores compraron terrenos, levantaron casas o, en su caso, revendieron. El Ayuntamiento levantó el Hospital de Niños Expósitos (hoy Biblioteca de Asturias), que, a juicio de Kawamura, es "el primer edificio que se podría calificar como de bienestar social". No muy lejos de allí, en la plaza de Trascorrales, se construye, con planta cuadrada, la carnicería de la ciudad.
Felipe IV llega al trono en 1621. La población en Oviedo gira en torno a unos 800 vecinos o unidades familiares, así que no es descabellado pensar que viven en la capital unas tres mil almas. La nobleza rural comienza a desplazarse a las ciudades, que es donde se toman las decisiones de poder. Desde 1604 Oviedo tiene su Universidad y ya no parará de crecer. La antigua muralla medieval se ve definitivamente desbordada hasta convertirse hoy en mero vestigio.
GIJÓN. Mapa firmado por el geógrafo portugués Manuel Texeira en 1634. Texeira había trabajado desde 1622 en el encargo de un mapa de la costa española por encargo de Felipe IV
Gijón, siglo XVIII: terratenientes y hambres.
Cuando a mediados del siglo XVIII se publica el Catastro de Ensenada, siete regidores de la ciudad agrupaban cerca de 15.000 días de bueyes de tierras, casi el 10% de la superficie del concejo. Entre Alonso Ramírez de Jove, el marqués de San Esteban, y Pedro de Valdés Bernardo de Quirós sumaban la propiedad de casi 10.000 días de bueyes y más de un centenar de casas. Los datos los recoge la doctora en Historia Lucía Fernández Secades en su libro "La oligarquía gijonesa y el gobierno de la villa en el siglo XVIII".
La obra, minuciosa y apasionante, sirve para explicar el funcionamiento municipal de las ciudades y villas asturianas, que cambia radicalmente en relación con el sistema tradicional de plaza pública que funcionó hasta mediados del XVI. En Gijón la plaza pública se situaba en lo que hoy es la plaza del Marqués, sin días señalados pero con capacidad de recurso de urgencia a base de toque de campanas. Hubo que esperar a finales del XVIII para que una real provisión estableciera la obligación a todos los municipios asturianos de celebrar sesión al menos una vez al mes. Si era día de mercado, mejor. Había absentismo entre los regidores, todos ellos pertenecientes a las oligarquías locales. La cosa fue tan grave que en 1750 se instauró una pena de dos ducados por incomparecencia. Era mucho dinero.
Aquel Gijón que a mediados del siglo XVIII estaba a punto de eclosionar tenía 18 tiendas de lo que hoy podíamos denominar ultramarinos, 23 tiendas al por menor, 16 estanquillos de tabaco, 10 panaderías, 12 tabernas de vino y 4 tabernas de sidra, entre otros locales. En total, señala Lucía Fernández en su estudio, 68 establecimientos fijos y otros 39 comerciantes que también vendían al por menor en tienda abierta o en sus casas. Había también frecuente comercio ambulante. El Ayuntamiento regulaba el precio del pan calculando el valor del grano antes de la cosecha, pero por mucho que la autoridad municipal tratara de influir, el factor fundamental era la mayor o menor abundancia del trigo.
El siglo XVII salió y el siglo XVIII entró en medio de dos años de terribles cosechas en el Principado. La situación se repitió en 1709 y 1710 y volvió a reproducirse de forma dramática en 1741 y 1742. Es en esta última crisis cuando Gijón tiene un papel fundamental porque la Corona socorre a Asturias con 20.000 fanegas de trigo que llegan a diversos puertos asturianos, sobre todo el gijonés.
Lo que ocurre en 1789 es una versión ampliada de crisis anteriores. Cosecha mala y llegada de grano por vía marítima. El puerto gijonés se llenaba de gente, mucha llegada de otros concejos, en busca de trigo. Señalan las actas municipales que entre 300 y 400 personas llegaban cada día a los muelles para proveerse de grano. Llegaron hasta 40.000 fanegas de trigo procedentes de Marruecos y América que desde Gijón se distribuyeron a toda Asturias. Las demandas de alimento eran constantes. El Ayuntamiento compra grano y se endeuda, pero el pan escasea a pesar de que la población está "a media ración".
Plano de Gijón en 1.635
Leemos en "La oligarquía gijonesa y el gobierno de la villa en el siglo XVIII": "Las continuas demandas de grano de Oviedo contribuyeron al desabastecimiento de Gijón. En junio de 1789 la Junta (General) mandó contabilizar el trigo existente en los almacenes de la villa para dar una parte importante a Oviedo, bajo pena de multa al Ayuntamiento gijonés. Aproximadamente un 60% de las reservas de trigo se tuvieron que entregar a Oviedo" a pesar de que la necesidad de la villa era en aquellos momentos superior a la de la capital. Esas necesidades fueron tales que incluso generaron episodios de violencia popular, como el asalto y saqueo de la panera de Ramón de Jove, que además de comerciante era regidor. El precio del grano se disparó y el Ayuntamiento tuvo que recurrir a una medida extrema, la retención de mercancía en el puerto. Las crisis del pan también influyeron en el tradicional cantonalismo gijonés.
Faltaban pocos meses para que Jovellanos regresara a su ciudad natal (1790) tras su primera caída en desgracia en la Corte de Carlos IV. Cuatro años más tarde se fundaría el Instituto de Náutica y Mineralogía. Lo que representó aquella institución para la modernidad gijonesa queda patente, a modo de contraste, con la situación del único maestro de primeras letras de la villa, explicada por la historiadora Lucía Fernández. En 1786 Manuel Menéndez pide la jubilación por su avanzada edad y escasa salud. Cobraba 600 reales anuales. El médico cobraba 4.000; el pregonero, 750, y el maestro de Gramática, 700 complementado con un "extra" de los padres. Cuando Menéndez se jubila el Ayuntamiento le concede de pensión la mitad de su sueldo, o sea, 300 reales, y fija el sueldo anual de su sucesor en otros 300 reales. A pasar hambre.
AVILÉS. Texeira dibujó cientos de mapas, desde una perspectiva imposible para aquellos tiempos. En Avilés se recrea en la profundidad de la ría.
Avilés, siglo XV: el incendio del que nació una nueva villa.
 La larga historia de Avilés tiene momentos cruciales. Uno de ellos, en 1478, cuando un devastador incendio asuela la villa. El fuego se llevó por delante la mayor parte de las construcciones intramuros y tan sólo se salvan la iglesia parroquial y algunas edificaciones nobiliarias.
Hay un antes y un después de aquel incendio, que, en palabras del historiador de la Universidad de Oviedo Vidal De la Madrid, supone "el fin del periodo medieval" y el inicio "de la expansión urbana moderna". Las décadas finales del siglo XV sirven para reconstruir el caserío destruido. Desde la Corte de los Reyes Católicos se ayuda con la concesión de un mercado libre de alcabala, tributos que se debían pagar al fisco por determinadas compraventas.
Aquel Avilés de antes del incendio era "una villa encerrada en su muralla, sin apenas extensión urbana, con un caserío abigarrado y mucha casa de comerciante. Es una típica villa comercial cantábrica, con un único suburbio exterior, el de Sabugo, donde habitaban los pescadores". La estructura urbana siempre la marca la orografía y en el caso avilesino de forma muy especial. "Solamente había opción de crecer por el Sur", explica Vidal De la Madrid. La ría es la razón de la existencia de la villa y también de su esplendor, "pero a partir del siglo XVII las necesidades de mayor calado de los buques marcan una limitación insalvable". Habría que esperar a mediados del siglo XIX, cuando la canalización de la ría abre la puerta al primer ensanche urbano.
Ya muy avanzado el siglo XVI Avilés estrena traída de aguas. La villa costera más antigua del norte de España ejercía de puerto de Oviedo, una relación constante y ya por entonces secular. Desde Avilés se distribuían paños y sal, entre otras muchas mercancías que llegaban por vía marítima, y se embarcaban productos asturianos como naranjas, limones y avellanas. La sal era imprescindible para la vida y el alfolí (almacén de sal) de Avilés era de los más importantes del país. Cuando a partir de 1573 se construye el puente de los Pilares, que unía las dos orillas de la ría, se concretan en sus tres ojos desiguales y en su cuidada sillería las ansias de expansión de una villa que viviría poco tiempo después, ya en el siglo XVII, su gran época. El crecimiento urbano va a convertir a Rivero y Galiana, las vías que iniciaban la comunicación con Oviedo y Grado, respectivamente, en calles. Es un proceso lógico porque "cuando se rompe la muralla lo primero que se ocupa son los caminos ya consolidados".
Puerto antiguo de Avilés -Dibujo de CÁSTOR
A principios del siglo XVII Avilés cuenta con unas 380 familias, pero termina la centuria con unas 900. Una eclosión demográfica que no prosigue, al menos no con esa intensidad, en el siglo XVIII, que finaliza con unas 1.200 familias. En 1677 es inaugurado el nuevo edificio del Ayuntamiento. Junto a él se abría el hospital de San Juan. "La reconstrucción del viejo hospital estaba pensada para integrar también en la nueva obra Audiencia, cárcel y capilla", además de sus usos sanitarios, explica De la Madrid.
El Ayuntamiento (lo llamamos Regimiento) estaba compuesto por regidores, equivalentes, con todas las reservas, de los actuales concejales, pero con mucho más poder. El Regimiento era el cuerpo de regidores, es decir, lo que podemos conocer como la Corporación municipal. El corregidor es algo parecido al delegado del rey, con atribuciones judiciales. Los corregidores provenían de la Chancillería de Valladolid, alto tribunal de justicia del Reino.
El poder municipal está en manos de oligarquías cerradas y nobiliarias. En España la venta de cargos municipales por parte de la Corona era habitual y generaba importantes beneficios. Se sucede desde el reinado de Carlos I al de Felipe IV. Invertir en cargos era habitual entre la nobleza. Construir un palacio en Oviedo en los siglos XVI o XVII podía suponer un desembolso de más de treinta mil ducados, lo que hipotecaba a la familia durante generaciones. Acceder al poder municipal era para muchos un mero eslabón en su escalada hacia la Corte.
Y por encima de los regimientos está la Junta General, "que representa y gobierna la provincia, que es la unión de concejos que son, asimismo, la unión de la justicia y el gobierno de los pueblos con los que se identifican", en palabras de la historiadora de la Universidad de Oviedo Marta Friera. La Junta coordina, vela por el cumplimiento de la normativa real y presta servicios monetarios y militares.

FUENTE: 
Tres de los autores del libro que aportaron datos a este reportaje, Vidal De la Madrid, María Ángeles Faya y Marta Friera.
"Las ciudades españolas en la Edad Moderna: oligarquías urbanas y gobierno municipal" es un libro  de diversos autores, coordinados por la profesora Ángeles Faya, aportan datos sobre la evolución de Oviedo, Gijón, Avilés y otras villas asturianas, fundamentalmente entre los siglos XVI y XVIII. En estas páginas se eligen tres momentos históricos que sirven para perfilar la evolución de cada una de las tres principales ciudades asturianas.
Las ciudades espanolas Cubierta del libro




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