24 de febrero de 2015

Aquel Aviles con muralla de piedra que protegió una villa privilegiada

Avilés pretende poner fin a dos siglos sin murallas

Este dibujo de Miguel Solís en su obra "Hestoria d´Avilés" constituye una de las mejores recreaciones del Avilés amurallado del siglo XIV.
Los vecinos de Aviles quieren volver a poner al descubierto su muro defensivo, oculto tras viviendas.
Lo de las murallas es una historia singular. Tras ser elementos indispensables para proteger y conferir estatus a las ciudades, con el siglo XIX se convirtieron en un corsé que estrangulaba la capacidad de crecimiento urbano. El caso de Avilés es de libro. Según recoge Juan Carlos De la Madrid en su "Historia de mil años", una decisión política determinó el derribo de la muralla, que se había conservado durante siglos. De la Madrid lo vincula al nuevo estado liberal que pretendió eliminar por decreto todos los símbolos de vasallaje de los pueblos, haciendo de paso que desaparecieran importantes señas de identidad del urbanismo. En 1813 se derribó la torre del Alcázar, y a partir de 1818 fue desapareciendo el resto de la defensa. Estos dos siglos sin murallas no han podido borrarlas ni de la toponimia ni del dibujo de las calles del corazón de la ciudad.
Muchos teóricos del urbanismo, como Fernando Chueca Goitia, analizan la evolución de este elemento defensivo que tanto peso tuvo, que después se convirtió en un problema y que ahora, dos siglos después, vuelve a estar de plena actualidad por criterios culturales y turísticos. De ahí que muchas ciudades, superada ya la barrera que suponía tener una muralla, aspiren a recuperarla.
Los impulsores de la idea de descubrir un paño de muralla que pervive adosado a una hilera de casas argumentan dos razones fundamentales: recuperar los volúmenes originales de la ciudad medieval y enriquecer así el potencial turístico. No en vano la mayor parte de los visitantes que recibe la ciudad valoran por encima de todo el casco histórico.

Puerto antiguo, La Muralla, Puerto antiguo de Avilés - Dibujo de Castor

Aquel Avilés con muralla de piedra, que duró siglos

Protegió a una villa privilegiada por un Fuero y que contaba con uno de los principales puertos comerciales del norte atlántico de la península ibérica.



1.- Puerta del Alcázar (La Ferrería) 2.- Puerta de Cima de Villa (La Fruta) 3.- Puerta de la fuente de La Cámara (San Bernardo) 4.- Puerta de La Mar 5.- Puerta del Puente 6.- Valdecarzana 7.- Iglesia de San Nicolás de Bari (actual de Los Padres) 8.- Iglesia de Santo Tomás de Canterbury (en el pueblo de Sabugo) 9.- Convento de San Francisco del Monte (actual parroquia de San Nicolás de Bari) 10.- Arrabal del Ribero. :: DIBUJO: JAVIER MARINAS GARCÍA:: LOCALIZACIONES: ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
Nos enseñaron, desde niños, que Avilés -en su salada y afilada historia- vivió cientos de años protegida por murallas que la resguardaban de peligros sin cuento, que le venían por tierra y mar.
Por entonces, rondando tiempos medievales, Avilés tenía una población relativamente próspera y generalmente privilegiada por un Fuero concedido por los reyes, que protegía a sus habitantes del abuso que ejercía la asilvestrada nobleza (este término tómenlo en el sentido ortográfico) sobre los asturianos.
La villa avilesina jugaba un papel vital dentro del negocio marítimo internacional, gracias a su puerto, situado al fondo de la ría y, por tanto, seguro cobijo para las naves que, por entonces, eran bastante enclenques.
Los efectos comerciales de Avilés viajaban hasta la próxima villa de Oviedo, y de allí se extendían por ciudades castellanas. Y viceversa.
La muralla tenía un perímetro de forma oval de, aproximadamente, 800 metros de longitud, cercando un territorio de unos 47.000 metros cuadrados, atravesado por cuatro calles. Su superficie venía a ser como la mitad del actual parque de Ferrera.
La cerca no tiene partida de bautismo (se calcula que fue levantada entre los siglos IX y XI), aunque si de defunción, ocurrida en 1823 al finalizar su demolición a golpe de pico, con nocturnidad histórica y alevosía legal. Los sacamantecas financieros avilesinos, de la época, se pusieron las botas.
Pero esto del pelotazo decimonónico y aquello de la vida en el cercado, son episodios aparte.
Hoy solo diré que la muralla tenía cinco puertas, inicio o final de calles, como se puede ver en el dibujo de Javier Marinas, que es una recreación -elemental- en torno a los siglo XIV/XV.
Puerto de Avilés, en 1920. (Foto Ayto. Avilés)
La actual calle de La Ferrería (entre 1 y 4) era la más importante y estaba divida en dos tramos. El que va (del 1 al 6) desde la puerta del Alcázar (fortaleza militar de la villa) hasta la casa de Valdecarzana, era conocido como calle Principal o de la Ferrería. Y el segundo (desde el 6 al 4) calle Mayor o de San Nicolás. La actual plaza de Carlos Lobo, llevaba el nombre de San Nicolás.
La Fruta también tenía dos tramos: Desde la puerta de la muralla, conocida como de Cima de Villa (2) o Cimadevilla y también del Reloj, la calle llevaba el primero de los nombres, hasta su entronque con la -hoy- calle El Sol. Enlace donde también domiciliaba el poder civil (Casa del Concejo, o sea: Ayuntamiento). A partir de aquí, y hasta el final, La Fruta, era conocida como calle Oscura por la acusada estrechez de la misma.
Ambas calles principales estaban unidas por la del Sol, entonces con nombres cambiantes como: calle del Azogue o de la Pescadería, debido a su 'especialización' en el comercio de pescado.
La de San Bernardo iba de la puerta 3 (de La Cámara o del Postigo) a la 5 (puerta del Puente), contigua a los alfolíes de la sal. Era el tránsito oficial, por la villa amurallada, del Camino Real que venía del interior asturiano e iba hacia Gozón. Era la calle más larga, pero la menos poblada, hasta que se instaló en ella el convento de San Bernardo.
La muralla, en su perímetro interior tenía un camino llamado de Ronda, que circunvalaba toda la cerca.
El cementerio estaba al lado de la iglesia de San Nicolás de Bari (7) y de la capilla de los Alas.
Al puerto de Avilés, el más importante del norte peninsular allá por el siglo XIV, se accedía por la puerta de La Mar (4).
Luego -separado por el agua y unido por un puente- estaba el pueblo de Sabugo con su alcalde de mar, su población pescadora, su iglesia (8) y sus astilleros.
Como la población iba en aumento, surgieron arrabales como la plaza de Fuera de la Villa (hoy plaza de España), La Galiana y El Ribero, que más adelante -en el siglo XVII- se urbanizarían.
Después de aquella muralla secular, tuvimos -y tenemos, lagarto, lagarto- una muralla industrial. E incluso, con el siglo XXI nos llegó una muralla electrónica, cuyas almenas se llaman bolardos.
Antiguo puerto de Avilés, dibujo de Cástor.
FUENTES: 
ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI (http://www.elcomercio.es)
                  
__________________________________________
__________________________________________

NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de “correo del blog” con la seguridad de ser prontamente atendido.

¡¡¡Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades!!!
Sígueme en:
  • § - Twitter – “El blog de Acebedo”

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada