2 de noviembre de 2014

Mieres en la historia de sus viajeros (II)



TESTIMONIOS SOBRE UN MIERES QUE YA SE FUE.
Mieres en 1912.La Plaza,la Casa Rectoral. Abajo a la izda.la c-Guillermo Schulz,con el Salon Novedades - Cine Mierense.
Viajeros desde el siglo XVIII.

Jinetes en Mieres en 1915.
En el año 1895 Alfonso Pérez Nieva es más generoso con Mieres, viendo lo que otros, como Rafael M. de Labra, no vieron, incluso haciendo el mismo trayecto y, quizá desde la ventanilla de mismo tren:
<<La humedad, he aquí  la gran artista del valle de Mieres. El lugar carece de lontananzas, es largo y estrecho, es una hondura recortada al fondo por colinas que se enlazan, y tan próximas que se echan encima de la vega. La característica del sitio es el arbolado. Por las lomas trepan ejércitos de robles de álamos y de hayas, las praderas tienen un verdadero toldo de nogales y castaños, todos los huertos marcan sus lindes con filas de frutales. La luz llega al paraje cernida por entre millares de hojas y tamizadas; tal exceso de vegetación mantiene en la atmosfera una bruma continua, y de esta suerte, casi siempre reina aquí una dulce claridad misteriosa12 >>.
Pero la descripción aún es más minuciosa:
<<Todo suda, alfombras de mies, copas y cortezas. La calma es tan grande que el humo de la locomotora se queda flotando é inmóvil, y un pitido suena apagado y sin ecos. Las nubes hállanse muy bajas; algunas se agarran á los árboles más empinados de las colinas. El Caudal, un riachuelo pedregoso y murmurante, cruza el valle, y en ambas orillas se alza el pueblo con sus casas de uno ó dos pisos, oscurecidas por las lluvias continuas, preparadas sus espaldas para recibir el embate de los turbiones, tristes y silenciosas. Un ancho puente comunica ambas riberas. Sobre su torso pasan los rieles de un tranvía que se prolonga sobre un lado13 >>. Y continúa: <<Allí está la fundición. De repente se ve el valle invadido por una cerrazón tremenda que lo envuelve todo, y surgiendo de entre un grupo de grandes naves con techumbres de zinc, suben al espacio diez ó doce negras columnas densísimas y paralelas de humo de hulla. Otras nubes de humo blanco brotan aquí y allá, y á trechos resplandecen inmensas llamaradas rojas que iluminan y bruñen cuanto les rodea. Atenuados por la trepidación de nuestro tren, se sienten llegar de allí rugidos de vapor, estrepito de martinetes, y bajo las techumbres de las naves se distingue el ir y venir de muchas sombras14 >>.
Colocación de lª piedra del colegio Santiago Apostol [La Salle] en la C-Numa Guilhou en 1915.
Manuel Ciges Aparicio nos hace en el año 1908, una descripción más pesimista de Mieres del camino, si bien hay que tener en cuenta las circunstancias en que visitó nuestra villa, poco después  de la huelga que se produjo en Fábrica de Mieres en el año 1906:
<<Forman el pueblo grupos de casas, y un río que corre al lado es negro y silencioso, como los ríos infernales… La paz reina en este valle… De tiempo en tiempo, sobrecoge el ánimo un importuno silbar de locomotora, y un tren pequeño y férreo, pasa veloz… La calma vuelve á reinar más amorosa que antes… Por los altos montes vestidos de nubes, niebla y azul, sube atrevida una vagoneta y baja otra; pero su ruido es tan leve, que parece que parece esconderse en los tupidos robledales y pomaredas que cubren la falda15 >>.
Afirmando sobre Fábrica de Mieres, muy presente en la novela, lo siguiente:
<<Son dos grandes cuerpos de edificios acribillados de ventanas, que se destacan en un recodo sobre la intensa verdura del valle. Las chimeneas lanzan densas bocanadas de humo que se extiende como un toldo entre monte y monte, y que se elevan muy poco á poco en la mansedumbre del espacio hasta llegar á una región en el que el aire libre las agita y deshace enviándolas á mayores alturas, donde se traban de los picachos y se confunden con nieblas16 >>.
Mieres. Figaredo. Palacio del Conde de Revillagigedo, hacia 1926.
El escritor Antero de Figueiredo escribía en el año 1923, tras un viaje por Galicia, León, Asturias, País Vasco y Navarra, lo siguiente:
<<Tenemos pasado os prados suicos de Campomanes; Pola de lena, a branca, entre pomares; as verdes Ujo e Santullano sob plátanos; Nieres [Mieres], a mineira com suas entranhas em dor, mas seu aspeito risonho, con montes de bosquetes de copados castanheiros até os cucuruto; -e acabamos de galgar o fragoso Caudal de espumas alvas e raivosas17 >>.
El historiador y folclorista Aurelio de Llano escribe en el año 1928 sobre el carácter industrial de Mieres, que <<sus trenes de laminar despiden barras de hierro que avanzan retorciéndose como serpientes de fuego. Se oye ruido de máquinas y golpes de martillos potentes. En el aire vibran latidos de vida18 >>, añadiendo a continuación sobre Mieres del Camino, la capital lo siguiente:
<<No cuenta con monumentos de valor arquitectónico; sólo merece ligera mención  la portada románica  de la iglesia de San Juan, flanqueada por dos columnas con capiteles ornados con hojas, arco de medio punto y archivolta ajedrezada19 >>.
Otros escritores, como Juan Antonio Cabezas en su obra “Asturias biografía de una región” (Madrid, 1956) y Dolores Medio en Asturias (Barcelona 1970), tratarían distintos aspectos, tanto geográficos como históricos, de esta tierra, en una época  en que la crisis ya acechaba y con ella, de una manera implacable, nuevos cambios que modificarían, en años sucesivos, la imagen industrial y, en menor medida, campesina del concejo de Mieres.
Iglesia de Santa Eulalia de Ujo en 1920
Leyenda del “Superíndice”:  

12 PÉREZ NIEVA, Alfonso. Un viaje a Asturias pasando por león, Madrid, 1895, págs.100-101
13 Ibídem, pág.101.
14 Ibídem, págs.101-102
15 CIGES APARICIO, Manuel, los vencedores, Madrid, 1908, pág. 7.

16 Ibídem, pág.95

17 FIGUEIREDO, Antero de, Espanha, Lisboa, Livrarias Aillaud, 1923, pág.247.
18 LLANO ROZA DE AMPUDIA, Aurelio de, Bellezas de Asturias, Oviedo, 1928, pág.395.
19 Ibídem, pág.396.

FUENTE: ALBERTO MONTERO PRIETO.
(Libro – Tres cuartos de siglo de Mieres 1900-1975). Mieres del Camino 1998.
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