1 de noviembre de 2014

Mieres en la historia de sus viajeros (I)



TESTIMONIOS SOBRE UN MIERES QUE YA SE FUE.
Escuela de capataces (1914)
Viajeros desde el siglo XVIII.
Mieres del Camino, Calle Campo sagrado en 1910
El paisaje del concejo de Mieres ha sufrido importantes transformaciones, generadas por la industrialización, sobre todo en el siglo XX. Aquel bucólico paisaje del Mieres que se fue, dio paso á otro más dinámico, más acorde con los tiempos más modernos. La parroquia de Mieres del Camino, en la que se asienta la capital, que, con el paso de los años, habría de crecer hasta ocupar la hermosa vega que se extendía a sus pies, era a mediados del siglo XVIII una jurisdicción perteneciente al antiguo concejo de Lena, que llegaba por el norte, hasta El Padrún, en la que vivían 525 vecinos distribuidos en 426 casas, la mayor parte de ellas en caserías repartidas por toda la jurisdizión1. Otras casas, las menos, estaban situadas en Mieres del Camino, la capital, dispuestas casi todas a lo largo de la falda del monte, alejadas de las frecuentes y devastadoras avenidas del río caudal o grande (también lo llamaban así), y se hallaban divididas  entre los barrios de Bazuelo, La Villa, Sobrelavega, La Pasera, Requejo y Oñón, alineados a lo largo del que luego, en el último tercio del siglo XVIII, sería Camino Real de Castilla, algunas casas, muy pocas, se adentraban en La Vega.
Treinta años antes, en el año 1721, el doctor Casal recoge en su libro las impresiones que D. Francisco Duhamel, a la sazón mayordomo del Marqués de Camposagrado, tenía del verano en Mieres del camino, impresiones de las que por cierto, nuestra villa no sale muy bien parada:
<<Estando los Marqueses de Camposagrado en su casa de Mieres (en cuyo sitio se verifica lo último que dejo dicho) por el verano del el año de 1721 fui desde esta ciudad de Oviedo, el mes de julio, a visitar y asistir la señorita hija de dichos señores, que se hallaba gravemente enferma de una de una “disentería febril”: y hablando un día con D. Francisco Dahumel, flamenco de nación, mayordomo de la casa y hombre muy advertido, juicioso y de bella índole, me dijo: no sé qué motivo pueda tener mi amo para vivir aquí este verano con su familia; pudiendo estar en Oviedo, Avilés y otras aldeas, donde tiene buenas casas y diversiones; siendo, como es este, un paraje de temple tan desigual, que por las mañanas, antes que el sol la bañe (cerca de las 9:00h), corre una brisa todo el valle abajo, tan aguda, fría y húmeda, que traspasa los cuerpos, y desde las 10:00h en adelante nos sofoca el calor excesivo2 >>.
El Pedroso con la capilla de Santa Apolonia en 1888
Gaspar Casal encuentra, sin embargo, una explicación:
<<Como el sitio de Mieres hay muchos en los valles de Asturias, por los cuales desde las altas cumbres de los puertos corren crecidos ríos a nuestro piélago (Parte del mar muy alejada de la tierra) septentrional: aunque no todos, respecto a dichos ríos, se hallan en el mismo modo; pues unas poblaciones tienen al oriente el río; y otras, como la de Mieres, al occidente. Aquellas reciben más temprano la hermosa luz del sol; aunque por las tardes se les esconde más presto; pero en estas sucede lo contrario3 >>.
El Rev. Joseph Townsend, viajero inglés por Asturias en el año 1786, escribe, refiriéndose á los módicos precios de las posadas, lo siguiente:
<<En Mieres, por un plato de huevos, por la cocción de mi gallina, y por el ruido de la casa, es decir, por las atenciones que me prestaron, la patrona sólo me pidió un real, un poco más de dos peniques y cuarto4 >>.
Gaspar Melchor de Jovellanos, buen observador en sus innumerables viajes, anoto en su diario, en el año 1793, lo siguiente:
<<Ujo arroyo de la alberguería. Malos sitios; terrenos deleznables y el rio batiéndolos continuamente, porque las vegas están del otro lado, y allí se empuja el río  hacia éste. Taruelo a la derecha, y allí  la cañada por donde vienen las aguas del Aller, cuya confluencia  en el Valgrande (río Lena) está por abajo. Más adelante, a la derecha, la casa de Figaredo, de D. Fernando Valdés, por bajo de la cual vienen las aguas del valle de turón, y a poco trecho se descubre, también ala derecha, la de Villarejo, perteneciente a Heredia, la cual casi domina el puente viejo de Santullano5 >>, añadiendo a continuación, tras un paseo por nuestra villa, lo siguiente:
<<Esta situación de Mieres es hermosa. Sentada a la izquierda del río, su vega es la más ancha y fértil del Valgrande, y la ladera que se ve a la derecha está llena de arbolado, cultivo y caseríos,  y es muy amena y agradable. Lo contrario la de la izquierda, que no se presenta a la vista, pues queda a espaldas del lugar y al izquierda del camino abierto en ella, y en gran parte cortado en su peña, que es aún de grano puro. En algunas partes viene el río a batir en sus paredones, y si no le sujetan se llevará el camino. Voy a escribir. Despachado el correo, salí a pasear por la corrada de Camposagrado, que espaciosa y que bella; por la derecha corre el riachuelo de San Juan, que baja por la derecha del camino de la collada de La Rebollada y cae al río. A la izquierda (caminando á Oviedo) se ven dos grandes cañadas, una la de Pajío (Paxío) y la otra la de Valdecuna; por ambas bajan arroyos, y el último es muy caudal. Mieres tendrá 450 vecinos; es villa eximida de la jurisdicción de Lena, y a ella pertenecen la feligresía  de Siana (Seana), también eximida de la parroquia de Mieres, con 70 vecinos6 >>.
El tío Mateo d'Uxo-Mieres 1899
José Sampil, en carta a Jovellanos en el año 1807, habla de <este triste valle7 >, si bien hay que tener en cuenta las circunstancias  personales en que se vio envuelto, confinado en su casa de Oñón, en Mieres del Camino, tras el encarcelamiento del ilustre gijonés, su protector y amigo.
El Suntuario de San Cosme y San Damián, en el valle de Cuna, fue visitado por el escritor villafranquino D. Enrique Gil y Carrasco. Este que se encontraba en Cangas de Onís el día 8 de noviembre de 1838, escribía que  uno de los espectáculos más característicos de Asturias eran las romerías, afirmando sobre la nuestra lo siguiente:
<<La festividad de los mártires de Valdecuna no ofrece particularidades  de ningún género para que me detenga a decírtelas; pero en ella, como en todas las demás, tiene mucho en qué fijar la vista cualquier viajero. Los diversos trajes, edades y aposturas de los romeros, la devoción y recogimiento que se observa dentro de la iglesia, la algazara y el bullicio que por de fuera resuena y los numerosos linajes de solaz y diversión que por todas partes se echan de ver, concurren a formar un cuadro confuso a veces, pero siempre variado y risueño8 >>.
Madoz, en su Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (Madrid 1845-1850), hace referencia entre otras cosas, a las numerosas minas de hierro, azufre y carbón de piedra, afirmando que, para beneficiar el hierro, hay una compañía de ingleses que trata de establecer una fábrica de fundición al norte de Mieres del Camino.
En lo que respecta á la capital, todavía muy pequeña, Pascual Madoz contabiliza unas 900 casas, <<inclusa la municipal dentro de la que existe una cárcel. No existe edificio más notable que un antiguo palacio con su torreón perteneciente al Marqués de Camposagrado9 >>.
En el año 1881 Rafael de Labra, tras hacer una amplia  descripción del concejo de Lena, pierde a Mieres entre aquel y Oviedo  cuando escribe:
<< De Lena a Oviedo hay 31 kilómetros, que la locomotora salva en dos horas escasas, pasando a las 05:24h de la tarde por Mieres, a las 05:54h por la Segada y cruzando dos túneles de alguna consideración: el uno, el mayor, entre las dos estaciones citadas, el de Olloniego, el otro, ya encima de la capital del Principado. Esto y el bello valle de Lena, que se contempla desde la salida de la estación, es todo lo que atrae al viajero en las dos horas de marcha; y ciertamente que es difícil, quizá imposible, trayecto de más interés para el anhelante espectador10 >>.
El doctor Muñiz-Prada escribe en el año 1885, refiriéndose a la vega de Mieres del Camino, lo siguiente:
<<La actual generación dando solo el valor que se debe á la fertilidad de su vega, y a la importancia de las crecidas de su río , ha principiado a levantar sus casas en el centro del valle, convencida de lo insalubre de las de sus antepasados, pudiendo hoy observarse un nuevo caserío mucho más cómodo, seguro é higiénico, mereciendo citarse el edificio destinado á Escuela de Capataces, por su buen emplazamiento y espaciosas habitaciones, verdadero modelo digno de imitación11 >>.  (Continuara)

Vecinos a caballo en La Pasera -Mieres- hacia 1915.

Leyenda del “Superíndice”:  

1 A.G.S (Valladolid). Libro 366, fols. 310-411.

2CASAL, Gaspar, Historia natural y médica del Principado de Asturias, Madrid, 1762, págs. 7-8

3 Ibídem, pág. 8.
4 TOLIVAR FAES, José Ramón, El Rev. Joseph Townsend y su viaje por Asturias en1786, Oviedo, IDEA, 1986, págs. 110-111.
5 JOVELLANOS, Gaspar Melchor de, “Obras Completas” (VI), Oviedo 1994, págs. 504-505
6 Ibídem, pág. 506.
7 MONTERO PRIETO. Alberto, vida y obra de José Sampil, capellán de Jovellanos (1756-1829), Mieres del Camino, 1994, pág.79.
8 GIL Y CARRASCO, Enrique, Costumbres y viajes, Madrid, Publicaciones Españolas, 1961, pág.27. 
9 MADOZ, Pascual, Asturias, Valladolid, 1985, págs.237-238.
10 LABRA, Rafael M. de Madrid a Oviedo, Madrid, 1881, pág.126.
11 MUÑIZ PRADA, Nicanor, apuntes para la topografía médica del concejo de Mieres y de su comarca minera, Oviedo 1885, pág.36.
 



FUENTE: ALBERTO MONTERO PRIETO.

(Libro – Tres cuartos de siglo de Mieres 1900-1975). Mieres del Camino 1998.

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1 comentario:

  1. "Canta, mendigo errante/ cantos de tu niñez,/ya que nunca tu patria,/ volverás a ver..."/ cantaba mi hermano Manolito, en aquellos años 40 del pasado siglo XX, aficionadísimo como era a la zarzuela y a todo cuanto cantaran los grandes cantantes de la época...Y yo, con siete años menos que él, me hacía eco de aquellas preciosas canciones, que rápidamente me aprendía y también cantaba, especialmente en las representaciones que hacía con mis amigas muchos días al atardecer, en la cocina de la gran casona que habitábamos en Mieres, en el lugar llamado Arroxo,, unos metros más allá de Casa Lebrel, a la derecha de la carretera general que continuaba hasta La Peña, pasando por La Caseta, donde vivía nuestro tío Cesáreo con su familia...Y los dos hermanos éramos aficionadísimos al canto, haciendo cada uno la guerra por nuestra cuenta en este sentido, según la circunstancia de cada cual por la diferencia de sexo y de edad que había entre nosotros...Las niñas preparábamos la representación colocando unas sillas donde se sentaban Lola la de la Peña, (madre de Manolita), María la "gochera," cuando por las tardes venía con su lata preparada para recoger los mondos de patata y otras sobras que llevaba para mantener a sus cerdos... mi madre y cualquier otra persona que anduviera por allí; luego nos disfrazábamos en la despensa y salíamos de allí con nuestros cantos y bailes a golpe de castañuelas, según el estilo de canción... Solamente pretendía decir que, Mieres en aquel tiempo, para cualquier viajero extraño al lugar no tenía nada,- a mi modo de ver,- que pudiera llamar la atención por su belleza...más bien era un lugar empozado entre montañas, sucio y gris, friísimo en aquellos inviernos nevados, siempre llenos de carámbanos colgando de las ventanas que daban al norte...El encanto de Mieres solo puede estar en el recuerdo de las vivencias de alguien ha nacido y vivido allí, por todo el entorno donde se vivió...el lugar de origen viene fuertemente al recuerdo, especialmente cuando viviendo lejos de la tierra que te vio nacer, ya ves que se va acercando la hora de partir hacia otras dimensiones...No me extraña nada la opinión de aquel señor que no entendía por qué, en lugar de quedarse en Mieres, quien había acudido allí para resolver ciertos asuntos, no se hospedara en Oviedo, lugar a su juicio mucho más agradable y acogedor. Probablemente el rincón de la Hungría tan anhelada por el vagabundo de la canción iniciada al principio de este escrito, no fuera tan hermosa para un extraño, como la sentía el corazón de quien, habiendo nacido en ella, la nostalgia de lo vivido, dejado atrás quizá para siempre, se la hacía anhelar y sentir como todo recuerdo de seres queridos, guardados en lo más profundo del alma...
    "Hungría de mis amores, patria querida,/ llenan de luz tus canciones mi triste vida,/ vida de inquieto y eterno andar,/ que alegro sólo con mi cantar.../
    M.L.

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