11 de febrero de 2023

La represion y autarquia económica

Las secuelas de la Guerra Civil en Asturias
La Biblioteca Nacional de España continúa digitalizando su archivo fotográfico de la Guerra Civil: de las más de 44 000 imágenes que ilustran la narrativa bélica de ambos bandos de la contienda, 11 000 se hicieron públicas. De ellas, muchas son asturianas. Biblioteca Nacional. (...). Ver más imágenes... El Comercio.
Tras la guerra civil se impondrá, no sin resistencias, un modelo caracterizado por la fuerte represión política y la autarquía económica
Franco, con la Cruz de la Victoria, entrando en la catedral de Oviedo. Foto Archivo. La Nueva España.
El Blog de Acebedo.
Al igual que en otras regiones, la contienda civil dejó en Asturias una pesada herencia de destrucción y muerte. La primera y más importante consecuencia fue, sin duda, el elevado número de víctimas; los 11.500 muertos en combate situaban a la provincia de Oviedo en un triste segundo lugar, detrás de la de Madrid, entre todas las de España, y a esta cifra había que añadir los ejecutados en una y otra zona. Pero el final de los combates no implicaba que se hubiera acabado el baño de sangre, como podrían comprobar bien pronto los vencidos. Frente a las voces aisladas que pedían moderación, fue el desbordamiento represivo lo que acabó por imponerse, como reflejo de un implacable deseo de venganza y, según el propio Caudillo señalara públicamente en Gijón, con el fin de disuadir a los enemigos de cualquier conato de resistencia: «¡Ay de aquel que se tuerza porque sobre los escombros del Simancas, ante la gloría de estas piedras, juro yo con los españoles apartar y hundir al que se oponga!»
Fosa común del cementerio de Oviedo, con la cerca añadida posteriormente. En ella fueron inhumados más de 1.400 individuos, ejecutados o «paseados». En Siero, Salas, Pravia y otros lugares de Asturias se conservan fosas de esta naturaleza, aunque de menor tamaño. Foto Archivo. La Nueva España.
Desde la misma caída del frente Norte, en octubre de 1937, "los consejos de guerra sumarísimos, las ejecuciones, los «paseos» y asesinatos se convirtieron en prácticas habituales". La represión alcanzó cotas muy altas, especialmente en los años 1938 y 1939, y siguió manteniéndose a niveles elevados en los primeros años 40. "Aunque no es fácil aventurar cifras, estimaciones parciales, permiten cuantificar los efectos de esta represión, como mínimo, en más de 5.000 víctimas mortales; lo cual significa uno por cada dos fallecidos en combate y tres veces más que el número de afectados por el «terror rojo» durante la guerra". Las zonas más castigadas, aunque no las únicas, fueron obviamente las de mayor tradición republicana e izquierdista: las cuencas mineras y los concejos urbanos del centro de la región. Pero también en el resto de la provincia hubo matanzas y fosas comunes, e incluso numerosos asturianos fueron ejecutados fuera de Asturias, en centros como Camposancos (Pontevedra), conocido como «celda de la muerte».
Colexio dos xesuítas de Camposancos. HombreDHojalata - Trabajo propio. El campo de concentración de Camposancos, ubicado en la parroquia del municipio pontevedrés de La Guardia, fue un campo de concentración franquista que hubo en España al menos desde 1937 hasta 1939.​ El campo acogió a prisioneros políticos y combatientes del Ejército Popular de la República. (...). Saber más... WIKIPEDIA.
Muchos de los que lograron escapar con vida no consiguieron, sin embargo, sustraerse a otras formas de acción punitiva. De los millares de detenidos en los primeros momentos, algunos fueron puestos en libertad y otros reenganchados, esta vez en el ejército nacionalista, mientras que una porción considerable de ellos abarrotaban las cárceles y campos de trabajo. El número de presos políticos se mantuvo anormalmente elevado durante muchos años. «Todavía en julio de 1943, según datos oficiales (siempre propensos a la infravaloración), había en las cárceles de Oviedo y Gijón 2.313 internados por «rebelión marxista» y, de los 2.071 que ya habían sido juzgados, casi 1.700 estaban condenados a más de 20 años, a prisión perpetua o a la pena capital. Por supuesto, a estas cifras había que agregar las de los encarcelados en campos de prisioneros o colonias penitenciarias en las minas, donde redimían su condena mediante el trabajo».
Dormitorio de la Colonia Penitenciaria del pozo Fondón. Año 1945. (...). Saber más... Federación Asturiana FAMYR.
Sobre los funcionarios y empleados públicos desafectos, se desató también una intensa depuración. «Uno de los sectores que más sufrió esta purga fue el de los maestros, la mayor parte de los cuales parece haber simpatizado con la causa republicana». Algunos pagaron esta adhesión con el exilio o la propia vida, como la que fuera directora del Asilo Pola de Gijón, ejecutada por el delito de cómo inculcar a las niñas, tal como se alegó contra ella, «el odio al fascismo», realizando «una labor perniciosa y criminal en la población escolar del asilo, familiarizando a las alumnas con las ideas de libertad y emancipación humana». En Asturias, un total de 1.162 maestros (el 60% de la plantilla) fueron objeto de depuración, separados de sus cargos, sancionados o trasladados a otras regiones. «Las vacantes se cubrieron con oposiciones masivas, en las que se exigían a los aspirantes certificados de la Guardia Civil y el párroco de su lugar de residencia, y en las que se valoraba la condición de ex combatiente del bando nacionalista o los servicios prestados al Movimiento Nacional».
Maximiliano Arboleya, gran difusor asturiano de la Doctrina Social de la Iglesia investigó la inclusión de una obra del prócer entre los libros prohibidos. (…). Saber más…La Nueva España. Ver artículo del Blog, relacionado: El cura Arboleya y el Marqués D. Claudio.
Ni siquiera el clero, sector especialmente adicto al nuevo régimen, pudo escapar totalmente al ambiente de delación y sospecha. Aparte de algunos casos menos conocidos, el canónigo Maximiliano Arboleya, viejo abanderado del sindicalismo católico, fue acusado de colaborar con los poderes «rojos» y de haber simpatizado con el nacionalismo vasco; absuelto finalmente, pasó entre la marginación y el pesimismo los últimos años de su vida, recordando en algún que otro folleto que las masas obreras seguían -a su entender- lamentablemente alejadas de la Iglesia. En definitiva, la guerra dejaba como balance un país profundamente dividido, con una parte de la población sometida a la represión, la marginación y el terror. «Algunos de los que consideraron su vida en peligro o se negaron a someterse huyeron al monte, constituyendo el germen de los que luego serían los primeros grupos guerrilleros, mientras que otros lograron escapar al exilio». En los barcos que, en la desbandada final, lograron zarpar del puerto de Gijón y alcanzar las costas de Francia, viajaban muchos de los que, con el desencadenamiento de la II Guerra Mundial, se integrarían en la resistencia europea; los que no cayeron víctimas del nazismo en la lucha del maquis o en los campos de concentración (sólo en Mauthausen fueron exterminados casi un centenar de asturianos) reorganizarían su vida con posterioridad en los países que les brindaron asilo (Francia, México, la Unión Soviética, etc.). 
Barco zarpando de Gijón, abarrotado de combatientes republicanos, momentos antes de la caída de Gijón en manos de las tropas nacionalistas. Muchos de los que evacuaron la ciudad fueron capturados en el mar y llevados a campos de concentración. Otros lograrían llegar a Francia, donde algunos proseguirían, años después, su lucha antifascista en la resistencia contra la invasión nazi. Foto ArchivoLa Nueva España.
Entre los exiliados asturianos predominaban, claro está, los combatientes anónimos, pero figuraban también algunos nombres ilustres: políticos y periodistas como Isidoro Acevedo o Álvaro de Albornoz; escritores como Celso Amieva, Alfonso Camín o Alejandro Casona; universitarios e intelectuales como Alfredo Mendizábal, Manuel Granell, Wenceslao Roces, Luis Álvarez Santullano, etc.; o artistas y estudiosos del arte, como el musicólogo y folklorista Eduardo Martínez Torner.
Retrato de Sabino Álvarez Gendín. Rector de La Universidad de Oviedo desde la guerra civil hasta 1951, primer Secretario General del Instituto de Estudios Asturianos, encargado de dirigir la depuración de las bibliotecas asturianas en la inmediata postguerra, fue uno de los personajes más influyentes en la Asturias de los años 40 del siglo XX. Foto Archivo. La Nueva España.
En cuanto a las pérdidas económicas por el conflicto, distaban de ser tan graves como las humanas. Algunos puentes y carreteras habían sido destruidos o parcialmente dañados, pero los edificios afectados no fueron muchos, salvo en la ciudad de Oviedo, que perdió alrededor de los 3/5 de su caserío. Particularmente sensible fue el deterioro sufrido por algunos monumentos y objetos artísticos, como la universidad, la catedral ovetense o numerosas iglesias, imágenes y ornamentos litúrgicos, incluyendo instalaciones de Covadonga; aunque también es cierto que la propaganda franquista exageró deliberadamente las destrucciones achacables a las «hordas rojas». "En junio de 1939 regresaba triunfalmente, desde París a Asturias, la imagen de «la Santina», a la que un cronista religioso atribuía haber estado «prisionera de los rojos» en «las checas de la Embajada»; en realidad, la imagen había sido rescatada del santuario por las autoridades republicanas para evitarle posibles daños, siendo enviada a París bajo la custodia del conocido anarquista gijonés Eleuterio Quintanilla".
Misa de campaña en la «invicta y heroica» ciudad de Oviedo. La escenografía y los símbolos presentes subrayan la estrecha alianza entre la Iglesia y el régimen, en el contexto imperante del nacional-catolicismo, que iría cuarteándose con el tiempo hasta desembocar en los serios conflictos de los años 60 y comienzos de los 70 del siglo XX. Foto Archivo. La Nueva España.
Más que las destrucciones propiamente dichas fue la paralización de las actividades económicas la que se dejó sentir en los primeros momentos, si bien la persistencia del estancamiento en los años 40 habría que incluirla más bien en el haber de una política autárquica relativamente ineficaz. En 1940, la superficie forestal había disminuido, y el espacio cultivable se redujo con respecto a 1935; la producción de maíz era un 15% más baja que en tiempos de la República y la de trigo, un 29%. Mientras el índice del coste de la vida prácticamente se había duplicado entre 1935 y 1940, los salarios eran, en esta última fecha, apenas ligeramente más elevados. Como resultado de ese desfase, se extendían el hambre, la escasez y la miseria; las altas cifras de mortalidad infantil (en 1941, de cada 1.000 niños nacidos vivos, 108 murieron antes del año) y el azote de enfermedades como la tuberculosis pulmonar acababan de configurar un panorama escasamente halagüeño.
Mitin de José Antonio Girón, ministro de Trabajo y uno de los máximos exponentes del nacionalsindicalismo, en la cuenca minera asturiana, en 1944. Las cuencas mineras asturianas, tradicional foco de militancia revolucionaria, registraron algunas de las manifestaciones más significativas de la demagogia paternalista del régimen. Foto Archivo. La Nueva España. 
BIBLIOGRAFÍA
  • CRIADO, Concepción M., y PEREZ GONZALEZ, Ramón: Notas sobre la dinámica y estructura de la población en Asturias (1857-1970). Oviedo, 1975.
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  • URIA, Jorge: Cultura e ideología en la Asturias franquista. El Instituto de Estudios Asturianos. Oviedo, 1984.
  • VARIOS AUTORES: Enciclopedia Temática de Asturias, t. 7, dedicado a las Ciencias Sociales (Gijón, 1981), y t. 11, dedicado a la Historia (Gijón, 1990).
  • VARIOS AUTORES: Historia General de Asturias, t. 11 y 12. Gijón, 1978.
  • VARIOS AUTORES: Edad Contemporánea III. El Franquismo y la Transición democrática, t. 10 de la Historia de Asturias. Salinas, 1988.
La Biblioteca Nacional de España continúa digitalizando su archivo fotográfico de la Guerra Civil: de las más de 44 000 imágenes que ilustran la narrativa bélica de ambos bandos de la contienda, 11 000 se hicieron públicas. De ellas, muchas son asturianas. Biblioteca Nacional. (...). Ver más imágenes... El Comercio.
FUENTE: FRANCISCO ERICE SEBARES. Historia de Asturias-Tomo IV. Págs. 874 a 876. EDITORIAL PRENSA ASTURIANA S.A. LA NUEVA ESPAÑA.
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AUTORES.

Francisco Erice Sebares (Colombres - Asturias 1955). Es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y forma parte del Grupo de Investigación de Historia Sociocultural (GRUHSOC) de dicha institución. En 1988 obtuvo el grado de Doctor con la tesis Burguesía y desarrollo capitalista en la Asturias del siglo XIX. Es miembro de la Sección de Historia de la FIM (Fundación de Investigaciones Marxistas) y del equipo coordinador de la revista Nuestra Historia. Su trayectoria investigadora ha ido recorriendo diversos campos de la Historia contemporánea asturiana y española (formación de la burguesía, emigración, republicanismo, antifranquismo, movimientos sociales, etc.). Ha publicado, entre otros trabajos, La burguesía industrial asturiana (1885-1920). Aproximación a su estudio (Gijón, 1980), o una breve Historia de Asturias (con Jorge Uría, Oviedo, 1988). Ha colaborado en diversas obras colectivas, como el tomo 4 de la Historia General de Asturias (Gijón, 1982), dedicado al siglo XIX, o los capítulos correspondientes al siglo XX en el tomo de Historia de la Enciclopedia Temática de Asturias (Gijón, 1990). En los últimos años, ha centrado sus publicaciones en temas relacionados con los problemas de la memoria colectiva, la historia del comunismo o la historiografía marxista. Ha colaborado en obras colectivas como E. P. Thompson. Marxismo e historia social (Siglo XXI, 2016), La revolución rusa cien años después (Akal, 2017); o Historiografía, marxismo y compromiso político en España. Del franquismo a la actualidad (Siglo XXI, 2018). Fuentes: La Historia de Asturias (La Nueva España) - Librería online Txalaparta.

EL BLOG DE ACEBEDO. (ANTOLOGÍA DE LA HISTORIA). La Historia es una disciplina académica que aspira a comprender el pasado y la forma en que se ha configurado el presente. Es necesaria para entender, para cambiar y para saber cómo ha llegado a existir la sociedad en la que vivimos.

“El único deber que tenemos con la historia es reescribirla”. (Oscar Wilde)

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