10 de mayo de 2017

La legalización del PCE (9 de abril de 1977)

El Sábado Santo de la hoz y el martillo

El PCE de Asturias cinco días antes de su legalización. De izquierda a derecha, de pie, al fondo, Conchita Valdés, Antonio Areces, Alberto Muñiz, Ángel Alonso, Vicente Álvarez Areces, Manuel Nevado, Manuel Sánchez, Manuel Menéndez Quintero, Francisco Prado Alberdi, Gil Guerreiro, Alberto Álvarez, Ángel Zapico, Ángel León y Ramón Iglesias. Sentados, en la fila del medio, Magali Suárez, Constantino Alonso, Fausto Sánchez, Luis A. Lobato, Horacio Fernández Inguanzo, Vicente Gutiérrez Solís, Mario Huerta, Carlos Dago y Emilio Huerta. Sentados, en primera fila, José Troteaga, Javier Álvarez, José García, José Luis Iglesias Riopedre, Margarita Lesmes, José Ignacio Pérez Cuartero, Evangelina Morán y Gerardo Iglesias. 
Con aquella decisión, Suárez hacía ver a los españoles que la Transición era irreversible y superó el último escollo para la integración de la oposición en ese proceso. El 9 de abril de 1977 el Partido Comunista dijo adiós a cuarenta años de clandestinidad
legalización del PCE
Era un Sábado Santo. Madrid, desierto. Como gran parte de las ciudades españoles. Las playas ya comenzaban a ser otro lugar de culto, una alternativa a las procesiones de Semana Santa. Era un día sin periódico, por la tradición -que aún pervive en el país- de que los Viernes Santo en los diarios no se trabaja. Faltaban tres minutos para las diez de la noche cuando el periodista Alejo García subía apresuradamente las escaleras que separaban la redacción de RNE con el estudio. Sus prisas tenían justificación. Iba a dar la noticia que el país venía esperando desde hacía cuarenta años. Con la voz entrecortada, por la falta de aliento por su carrera, aquel locutor malagueño fallecido en 2008 anunciaba a los españoles que el Gobierno había legalizado el Partido Comunista (PCE).
Sábado Santo Rojo. 9 de abril de 1977. (El Mundo)

La legalización de los comunistas diecisiete meses después de la muerte del general Francisco Franco era un asunto muy incómodo para el Gobierno de Adolfo Suárez, pero a la vez inevitable. La elección de aquel 7 de abril de 1977 -ha pasado a la historia como el Sábado Santo Rojo- para inscribir al PCE en el registro de partidos tampoco fue baladí. España vivía tiempos de profunda convulsión. Los asesinatos y secuestros de ETA y el Grapo, la matanza de cinco abogados laboralistas en su despacho en la madrileña calle de Atocha y los continuos ruidos de sables que no cesaban desde la muerte del dictador hacían que el proceso de restauración de la democracia diseñado por el Rey Don Juan Carlos, Adolfo Suárez y el asturiano Torcuato Fernández-Miranda, presidente de las Cortes, pendiera de un hilo.
Portada de ‘Mundo Obrero’ tras el funeral por los abogados asesinados. - Ministerio de Cultura
El presidente del Gobierno sabía que con la legalización del PCE mandaba a los españoles y a los sectores inmovilistas dos mensajes: uno, que la Transición era irreversible; y otro, que sacar al Partido Comunista de la clandestinidad era el último obstáculo para integrar a la oposición democrática en aquel proceso, que, en su primera fase, culminó con las elecciones celebradas dos meses después. Antes de los comicios, Santiago Carrillo renunció a la República como gesto hacia la reconciliación nacional.
Portada del País en 1977. (El País)

La tranquilidad de aquel Sábado Santo de 1977 se rompió después de la noticia adelantada por RNE. Las sedes del PCE de toda España se llenaron de militantes que, como recuerdan muchos de ellos, celebraron la legalización brindando con ron cubano. También por las calles, con coches tocando el claxon engalanados con banderas con la hoz y el martillo.
Mitin en Mieres de DOLORES IBARRURI, "LA PASIONARIA" en el año 1977.
Gerardo Iglesias, miembro entonces del Comité Central del PCE y, posteriormente (1982), secretario general del partido, recuerda aquel día. «Estábamos en una reunión de CC OO, en el local que teníamos en la calle del Agua, en Gijón, y recuerdo que entró Gil Guerreiro dando la noticia. Mi reacción fue extraña. Le dije, 'déjanos en, paz que tenemos que terminar la reunión'», recuerda Iglesias, que en ese momento no se había dado cuenta de la transcendencia de aquel hecho.
«En realidad era trascendente, pero no era lo que esperábamos. No se había producido ruptura democrática», añade el histórico dirigente del PCE. Para él, «la cultura franquista y las estructuras permanecieron y cuarenta años después años afloran las exaltaciones del franquismo y fascismo por todas las partes. El franquismo nunca desapareció».
Gerardo Iglesias y Julio Anguita
En aquella misma reunión en la que participaba Gerardo Iglesias se encontraba el sindicalista gijonés Francisco Prado. «Fue un momento muy especial. Salí a la calle y entonces me encontré gente que bajaba de La Calzada con banderas y Eladio de Pablo con el megáfono», recuerda. Destaca, sobre todo, «la actitud de la gente, muy respetuosa». Para Prado, con la decisión gubernamental de legalizar el PCE «fue clave, los españoles ya pudieron darse cuenta de que no eran amagos, sino que esto iba en serio. Veníamos de la matanza de Atocha, de los secuestros... La legalización fue como una especie de relax que permitió a los españoles ver que no había retorno en el camino hacia la libertad».
En las elecciones municipales mierenses del 3 de abril de 1979 Conchita Valdés iba de nº 2 en la lista de Florentino Prieto. (El blog de Acebedo)
Celebración en misa
Conchita Valdés es otra histórica del PCE asturiano, partido en el que ha militado toda su vida. Se define, con orgullo, como «roja y cristiana. Y además, practicante». Porque para ella, el cristianismo no es incompatible con el comunismo. Todo lo contrario. Y aunque pueda parece extraño, aquel Sábado Santo de 1977, Conchita Valdés celebró la legalización del partido en la Iglesia. «Yo cumplí con mis dos obligaciones. Primero, como dirigente de la organización en la sede y luego, como cristiana, en los oficios de vigilia pascual», recuerda la mierense. «Me miraban mal y me insultaban y eso me dolió. Porque yo iba a misa todos los días. Incluso llegué a retrasar actos con los camaradas por ir a la iglesia. Me dolió mucho aquello por la poca capacidad de los cristianos de entender lo que es la lucha obrera y la falta de respeto por la libertad de los demás».
Para Conchita Valdés, la legalización del PCE «nos permitió poder andar por la calle a cara descubierta, sin miedo, diciendo con orgullo 'soy comunista'. Nos permitió ser libres», recuerda la histórica dirigente.
Conchita Valdés en el Hospital Adaro de Sama (octubre de 2014. Lne))
FUENTE: DANIEL FERNÁNDEZ
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LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (1977)

Militante comunista vende ejemplares del Mundo Obrero con la noticia legalización del PCE Madrid. (El Periódico)
Tras la aprobación de la Ley para la Reforma Política, se había decidido convocar legalizar a todos los partidos políticos de cara a las elecciones generales que se fijarían para el 15 de junio de 1977, a todos los partidos menos al Partido Comunista de España (PCE) por ser el partido que simbolizaba los rojos derrotados en la Guerra Civil
Cartel PCE 1977. (Ignacio Trillo wordpress.com)
Por eso el gobierno de Adolfo  Suárez no se atrevió en primera instancia a legalizar el PCE al temer la reacción de los inmovilistas, sobre todo los altos cargos militares franquistas. En septiembre de 1976, Suárez había mantenido una reunión con los altos mandos militares en la que, entre otras cosas, les había asegurado que "por ahora", él no legalizaría el PCE (Juan Francisco Fuentes, Adolfo Suárez. Biografía política).
Cartel de UCD con Adolfo Suarez a principios de la democracia actual
Sin embargo, medio año más tarde, el 9 de abril, sábado santo, el PCE quedaba legalizado de manera sorprendente (El País, 10 de abril de 1977). Para Suárez, la democracia no era completa si no se podían presentar todos los partidos a las elecciones, y así lo manifestó en una comparecencia televisada en mayo (El País, 5 de mayo de 1977). El 27 de febrero, Suárez había tenido ocasión de entrevistarse con el líder comunista Santiago Carrillo, que le había demostrado su apuesta por la democracia y la concordia, ya reflejada antes en la pacífica manifestación de repulsa por la matanza de laboralistas de Atocha.
La noticia de la legalización del PCE no sentó bien a los altos mandos militares que, aunque la acataron, se quejaron de que Suárez no había cumplido su promesa de septiembre y también criticaron que se habían enterado de la noticia por la prensa, algo que desmienten algunos (El País, 31 de marzo de 2012). 
Miembros del PCE celebran en las calles de Madrid la legalización de su formación. (EFE Doc Análisis)
El ministro de Marina, Gabriel Pita da Veiga dimitió, aunque algunos creen que lo hizo por desavenencia antiguas con Suárez (José Carlos Clemente, Historias de la Transición: El Fín del Apagón, 1973-1981, pág. 111), mientras que los otros ministros militares del Gobierno se mantuvieron en su puesto. Para algunos, no obstante, la legalización supuso el inicio de una conspiración militar que concluiría con el intento de golpe de Estado del 23-F (Pilar Cernuda, Fernando Jáuregui, Manuel Ángel Menéndez, 23-F: La Conjura de los Necios, pág. 41).
Los comunistas, y la oposición en general, aceptaron positivamente la noticia de la legalización y se empezó a preparar el regreso del exilio de la simbólica representante comunista Dolores Ibárruri "Paionaria", aunque también hubo algunos militantes que no estaban de acuerdo con que la legalización conllevara entre otras cosas la aceptación por parte del partido de la bandera bicolor (Joaquín Navarro, 25 años sin Constitución, Pág. 17).
Dolores Ibárruri, 'Pasionaria', durante su mitin en el Suárez Puerta. (lne)
Con todo, finalmente se celebraron las elecciones el 15 de junio y para sorpresa de muchos, el PCE, partido de la oposición que más activo se había mantenido durante el franquismo, obtuvo sólo el 9,4% de los votos, muy por debajo de sus expectativas y por detrás en la izquierda del PSOE que, con el 29,3% de los votos, se convertía en la principal fuerza de la oposición.
Acto de clausura de la primera 'Fiesta del PCE', celebrada en la Casa de  Campo de Madrid en 1977. (Wikipedia)
FUENTE: JORGE SUÁREZ BORRAJO
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