19 de diciembre de 2015

La accidentada línea ferroviaria entre Fuso de la Reina y Figaredo

La estación maldita
Estación de Fuso de la Reina
La línea entre Fuso de la Reina y Figaredo ha sido objeto durante años de numerosos accidentes ferroviarios de diversas consecuencias
Ilustración de Alfonso Zapico
Existen lugares asociados a la fatalidad. Quienes seguían las antiguas religiones sabían de esto y los evitaban. Sitios en los que se había perdido una batalla, había muerto un personaje importante o quedaba recuerdo de una catástrofe natural.
Ahora ya casi nadie cree en estas cosas y la razón y la reflexión científica convierten la simple duda en un pensamiento inculto y bárbaro. Pero por encima de la descalificación debe estar el respeto, de manera que si al acabar de leer esta página se sienten inquietos, no se avergüencen por ello. Sepan que yo también les acompaño en su congoja.
El 30 de mayo de 1906 se inauguró el tramo que traía el ferrocarril de vía estrecha desde Fuso de la Reina hasta Figaredo. Desconocemos la historia del lugar antes de esta fecha, pero sí sabemos que desde entonces tanto en la propia estación como en sus inmediaciones se han venido produciendo accidentes de todo tipo con una frecuencia que sobrepasa en mucho lo que es habitual en otras instalaciones similares.
Para no ocultarles nada debo decirles que la primera vez que la estación del ferrocarril Vasco Asturiano de Figaredo llegó a las páginas de sucesos lo hizo por un hecho violento que abrió la puerta a la maldición de este lugar.
Fue exactamente a las nueve de la mañana del 7 de abril de 1916, cuando un maquinista de la línea llamado Esteban Mata decidió resolver de una vez por todas las continuas rencillas motivadas por asuntos del servicio que mantenía con el jefe de estación, Ángel Cabezas, y en un momento de ofuscación le infirió varias puñaladas. La víctima solo resultó herida y fue atendida en el mismo lugar de la agresión antes de ser trasladado al Hospital Provincial por camilleros de la Cruz Roja, pero el agresor, pensando que le había quitado la vida, se encaminó hacia el local de los talleres donde se descerrajó un tiro que le ocasionó la muerte en el acto.

Estación de Figaredo (Mieres)
Desde aquel momento fue tejiéndose una leyenda de temor, que creció cuando algunos vecinos aseguraron -y aún aseguran- que allí se nota una presencia fantasmal. Los mayores saben a qué me refiero. Sin embargo hoy quiero ceñirme solo a los hechos documentados. Sin intentar agotar el listado de accidentes vinculados a este lugar, porque es tan largo que esta página se quedaría insuficiente, les voy a recordar solamente los más curiosos.
Por ejemplo, el 24 de enero de 1968, a primera hora de la tarde un automotor transportando tres unidades de viajeros chocó contra una máquina que realizaba una maniobra en las proximidades de la estación. Entonces hubo 13 heridos, uno de ellos de gravedad, pero no falleció nadie. Como si el tiempo hubiese hecho un bucle, en la noche del viernes 24 de septiembre de 1982 se repitió la escena con otro tren que se dirigía en dirección Oviedo-Collanzo y volvió a empotrarse contra una máquina que estaba haciendo el mismo movimiento de su compañera en 1968.
El convoy, como era habitual en aquellos años, iba lleno de viajeros, lo que hizo cundir la alarma; los vecinos tuvieron que colaborar en el rescate y la evacuación de más de cincuenta heridos hasta la residencia sanitaria de Murias, mientras los más graves fueron llevados a la de Oviedo. Según las versiones de los testigos presenciales el impacto fue bastante intenso, pero podría haber tenido tintes más dramáticos de haberse producido un minuto antes, pues entonces el choque hubiese sido frontal. Por fortuna el tren entró aminorando su marcha para realizar su parada habitual cuando la maquina ya se estaba retirando de la vía principal.
En otras ocasiones, otros sucesos de menor trascendencia han merecido la atención de la prensa nacional. Por ejemplo el inexplicable descarrilamiento que llevó a ocupar la portada completa del ABC el 13 de agosto de 1964 con una fotografía de la máquina nº 52 tras un accidente, bajo el significativo titular de "La loca locomotora". Así lo contó el diario: "Durante años, esta locomotora sólo conoció el monótono rodar sobre los carriles, repitiendo cada día idéntico viaje por camino idéntico. Hace poco, al entrar en la estación asturiana de Figaredo, desatendiendo el brusco frenazo del maquinista, decidió continuar su loca marcha carretera adelante. Sólo pudo avanzar uno metros, muy pocos; allí quedó volcada como castigo a sus vanos intentos de independencia".
Ilustración de Alfonso Zapico
Con todo, el desastre de mayor gravedad se produjo en plena Guerra Civil, el 9 de septiembre de 1938, y fue silenciado en aquel momento porque la censura militar tamizaba estos sucesos ante el temor de que se interpretasen como atentados de la guerrilla antifranquista.
Lo ocurrido se debió a un furioso temporal que llevaba tiempo descargando agua sobre las cuencas mineras, haciendo que el Caudal se desbordase en varios puntos inundando vegas, arrastrando tres puentes de la Sociedad Hullera Española y llegando a anegar por completo el poblado de Bustiello.
Aquella mañana, el tren que había salido de Figaredo a las 13,30 en dirección a Mieres llevaba recorrido menos de un kilómetro cuando un argayu empujó sobre la vía la pared de un talud. La máquina descarriló quedando encajada en un terraplén mientras sus vagones se fueron hasta el río, que discurría a causa de la crecida invadiendo sus orillas. Es difícil conocer la cifra total de víctimas porque las autoridades no llegaron a facilitar el dato cerrado, pero se produjeron al menos 10 muertos y una treintena de heridos.
Una circunstancia especialmente dramática fue el caso de un viajero -un viajante de comercio-, que en un principio pudo salvarse y permaneció en el medio del río sobre una especie de islote, hasta que el agua también acabó llevándoselo a pesar de los esfuerzos por salvarlo. Su cadáver volvió a la superficie días más tarde a la altura de Soto de Ribera.
Por una coincidencia, el día antes se había salido de la calzada en el Alto de La Madera un autobús que se dirigía a la basílica de Covadonga con devotas gijonesas. El diario falangista Voluntad publicó una lista con los nombres de los primeros fallecidos, doce mujeres y un sacerdote jesuita, a los que se fueron añadiendo más muertos en los días siguientes. No sé sí fue intencionado, pero fuera de Asturias se hicieron coincidir los dos sucesos como si se tratase del mismo. "En el accidente ferroviario de ayer resultaron diez muertos y treinta heridos, algunos graves, pero se cree que hay más víctimas. La mayoría de los muertos son de Gijón, donde el martes se celebrarán solemnes funerales" -se informó el día 11 en la Hoja Oficial del lunes de La Coruña.
Ilustración de Alfonso Zapico
El caso es que por algún motivo los trabajadores del ferrocarril culparon de la tragedia a la máquina que tiraba del convoy y después de rescatarla y repararla pintaron de negro las brillantes cinchas metálicas que adornaban su caldera, en señal de luto y de castigo para que nunca se olvidase aquel funesto día.
Florentino Romero, quien además fue testigo de aquellos hechos, conoce bien la historia de aquella máquina, la nº 14. Con su magnífica memoria me cuenta que había sido fabricada por la casa alemana Krauss y comprada en un lote de seis por el ferrocarril Vasco Asturiano a los Ferrocarriles Vascongados cuando en 1934 se prolongó la vía desde Ujo Taruelo hasta Collanzo. Pero su sorprendente historia no se quedó aquí: cinco años más tarde, el maquinista y el fogonero que la debían llevar desde Collanzo se negaron a salir con ella alegando que sus frenos andaban mal. Fueron sustituidos de oficio por el mismo jefe de estación y otro acompañante que no llegaron nunca a su destino. La nº 14 los mató a los dos saliéndose de la vía al pasar por las proximidades de Santa Ana. Tiempo después, el maquinista también se suicidó.
La nº 14 fue desguazada en los años 60, pero en el entorno inmediato de la estación sigue reinando la mala suerte. Frente a ella pasa la carretera que precede al núcleo urbano de Figaredo y también allí son frecuentes los alcances, sobre todo en invierno donde las bajas temperaturas y lo umbrío de ese tramo convierten en hielo una recurrente filtración de agua. Por citar una fecha reciente, en la tarde del lunes 9 de noviembre de 2010 uno de estos choques afectó a una decena de vehículos causando varios heridos.
Y por el otro lado del edificio, si cruzamos las vías veremos la autovía A-66, en un tramo recto y aparentemente sin ningún peligro. No se confíen: el 3 de abril de 2011 se produjo allí -exactamente en el punto kilométrico 51 en sentido León- otra colisión múltiple, con un fallecido y varios heridos, uno de ellos de gravedad.
Fue justo cuando el reloj marcaba la medianoche, una hora en la que la densidad del tráfico es muy fluida; si embargo, por algún motivo que no explicó la prensa, en el accidente se vieron implicados seis vehículos con tal violencia que los efectivos de la Guardia Civil y los bomberos que se trasladaron al lugar tardaron en retirar los elementos que quedaron dispersos por la vía y en limpiar la calzada más de dos horas.
No hay espacio para más. Ustedes son libres para opinar lo que quieran.
Ilustración de Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR

Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón.





Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981). Ilustrador y autor de cómic español, trabaja como profesional gráfico desde 2006.Colaborador de diarios regionales asturianos (La Nueva España, Cuenca del Nalón), como autor de cómic ha publicado varias obras: La guerre du professeur Bertenev (Paquet/Dolmen 2006), Café Budapest (Astiberri 2008), Dublinés (Astiberri 2011) o La ruta Joyce (Astiberri 2011). Sus títulos más recientes son El otro mar (Astiberri 2013), auspiciada por la Fundación Mare Australe de Panamá, o Cuadernos d’Ítaca (Trabe 2014). Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán o polaco. (…)
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