27 de septiembre de 2015

La historia de los terremotos registrados en Asturias

Sismicidad histórica en Asturias
(ver art. del blog: Terremotos e Incendios en la historia de la comarca avilesina (Aviles-Asturias), de 20 de mayo de 2014)
Acuarela de Oviedo de Lloveras.  La ciudad Oviedo registró un terremoto en el siglo XVI
Los testimonios de los movimientos telúricos en la región
Imagen del puerto de Ventaniella. Uno de los accidentes que más se relacionan con este tipo de manifestaciones geodinámicas es la denominada falla de Ventaniella, la cual, con un trazado noroeste-sudeste, forma el cañón submarino de Avilés y se adentra en la Meseta a través del puerto de montaña homónimo
Vaya por delante que los movimientos sísmicos escasean en nuestra región. Aunque las causas que los originan son variadas (explosiones, deslizamientos, explotaciones mineras, llenado de embalses, etcétera), la más importante es la actividad tectónica y muy específicamente el desplazamiento en fallas activas. Uno de los accidentes que más se relacionan con este tipo de manifestaciones geodinámicas es la denominada falla de Ventaniella, la cual, con un trazado noroeste-sudeste, forma el cañón submarino de Avilés y se adentra en la Meseta a través del puerto de montaña homónimo. A lo largo de su recorrido acontece un alto porcentaje de sismos, desde el acaecido en el dominio marítimo a la altura de Cudillero (norte de Cabo Vidio) hasta el sucedido en Ventaniella (Ponga). Asimismo, son de destacar los frecuentes temblores, alguno reciente, que se producen en el Occidente asociados con el reajuste de las principales fallas regionales.

Los terremotos o seísmos son movimientos de la corteza terrestre que se producen por el roce de las placas tectónicas en las zonas de subducción.
La primera sacudida telúrica ocurrida en Asturias parece ser que se produjo en época arqueosísmica. La Fundación Parque Histórico de Navia recoge en su página web que el poblado del castro de Chao Samartín (Grandas de Salime) -fortificado a fines de la Edad del Bronce, durante los siglos I y II d. C. disfrutó de gran prosperidad- fue arruinado definitivamente por un terremoto. Si este hecho pudiera ser verificado fehacientemente, constituiría el primer caso de sismicidad percibida por los primitivos moradores astures. Igualmente está divulgado -aunque este extremo también debe ser autentificado- un suceso sísmico que afectó a Cangas de Onís en el año 718, fecha coincidente con la proclamación de Pelayo como primer rey de la Monarquía asturiana.
Otro terremoto, éste sí constatado históricamente, tuvo lugar en Oviedo en el siglo XVI. Tirso de Avilés, canónigo y juez del cabildo catedralicio, es el encargado de divulgar en su libro "Armas y linajes de Asturias y antigüedades del Principado" (1580) las consecuencias sísmicas sufridas en la capital. Se trata de una vibración percibida en la ciudad en 1522, uno de cuyos resultados fue la destrucción parcial de la Catedral, que se encontraba en fase de reparación debido al rayo que la había dañado un año antes. Lo hace en estos términos: "Miércoles, veinte y cinco días del mes de junio, año de mil quinientos veinte y dos, tembló la tierra en esta ciudad, estando aquí el capítulo de los frailes de San Francisco (...). Ansí mesmo fue general este terremoto de temblor la tierra en todo este Principado e Reyno, e cayó en este terremoto mucha parte del monasterio de San Francisco de Avilés, que es de la Orden de San Francisco, e fue general en muchas partes de España, e cayeron muchos edificios".
Cañón de Avilés
Otras veces, aunque el foco no coincida con el territorio astur, sus efectos sí pueden ser sentidos. Un ejemplo evidente de ello fue el devastador terremoto de Lisboa, acontecido el 1 de noviembre del año 1755 (con epicentro ubicado varios cientos de kilómetros al sudoeste del Cabo San Vicente, alcanzó nueve grados en la escala Richter), que fue claramente recogido por las crónicas. En efecto, según obra en el Archivo Histórico Nacional, el alcalde mayor de Oviedo, Antonio Valera Bermúdez -cumplimentando la encuesta nacional promovida por el rey Fernando VI y que implicó a 976 localidades geográficas-, dirigió un escrito con información del aludido seísmo, el 19 de noviembre de esa anualidad, a Diego de Rojas y Contreras, obispo de Cartagena y gobernador del Consejo de Castilla, narrando lo que sigue: "Que es cierto sucedió el expresado temblor de tierra, como a cosa de las nueve y media de la mañana, minuto más o menos del referido día, que duraría minuto y medio. Y según las noticias que adquirí de todo el continente de este Principado y sus inmediaciones, no ha experimentado señal antecedente ni novedad particular, daño ni estrago alguno, así en los templos como en edificios y casas, ni en personas ni animales".
Por su parte, el escribano de Avilés Francisco Fernández Reconco, además de referirse a la repercusión del tremor antedicho, revela que esa urbe asturiana padeció sismicidad durante 1761 y 1762, organizándose entonces rogativas de índole religioso ante el pánico producido.
No obstante, hay que esperar al siglo XIX para encontrar terremotos de cierta relevancia, detectándose los mismos en Gijón (años 1843 y 1897) y Cudillero (1861 y 1877). El dinamismo histórico sensu stricto comprendería aproximadamente hasta 1900, tiempo en que se inauguraron los primeros sismógrafos; sin embargo, se podría ampliar en otros veinte años, que es cuando empiezan a ser calculados instrumentalmente los principales movimientos.
Gijón registro terremotos en los años 1843 y 1897. en la imagen antiguos jardines de Begoña e iglesia de San Lorenzo (Gijón) / joaquingarciamontoto.over-blog.es
En el siglo pasado aumenta el número de sacudidas registradas, seguramente debido a los mecanismos de control cada vez más precisos del Instituto Geográfico Nacional. Sobresalen las acontecidas en: Tineo (1909 y 1915), Cangas del Narcea (1930, 1991, 1994, 1997, 1998 y 2001), Teverga (1950), San Antolín de Ibias (1974 y 1995), Beleño (1975), Pola de Laviana (1975), Arriondas (1976), Cangas de Onís (1976), Colunga (1983), mar Cantábrico (1989), norte de Cabo Vidio (1989), puerto de Ventaniella (1989), Pola de Somiedo (1991), Covadonga (1992), Sobrescobio (1993), Campo Caso (1993 y 2010), Villayón (1994) y Taramundi (1994); por último, cabe citar las acontecidas en el siglo XXI en Mieres (2001) y Vegadeo (2008 y 2011). Como se puede observar, los eventos se reparten por todo el Principado, aunque predominan los concentrados en el ámbito occidental.
Las magnitudes medias se sitúan en torno a los tres grados -es decir, son perceptibles, pero no provocan daños-, salvo el originado en Teverga en la mitad del pasado siglo que alcanzó 4,6 grados, un sismo ya significativo. La distancia del hipocentro a la superficie oscila entre 1 y 22 kilómetros, con una profundidad focal media de aproximadamente 9 kilómetros.
Asturias ha sido considerada tradicionalmente como una zona de baja sismicidad, constituyéndose en la tercera comunidad española -por detrás de Cantabria y Madrid- con menor proporción de registros. Incluso a pesar de la destacable actividad detectada en la vecina provincia de Lugo desde mediados de los noventa, el riesgo sísmico regional es de escala reducida.
La ciudad de Aviles también padeció sismicidad durante los años 1761 y 1762, organizándose entonces rogativas de índole religioso ante el pánico producido.En la imagen el Puerto antiguo de Avilés. A la derecha el palacio de Camposagrado, a continuación la Fonda de La Serrana. Al pie de ambos el Paseo del Bombé. (Dibujo de Juan de la Cruz Espolita)
FUENTE: Manuel Gutiérrez Claverol (Geólogo)
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2 comentarios:

  1. Pues amigos, creo que os habéis dejado atrás el que hubo en Gijón en 1968, no recuerdo en qué mes; fue por la noche, quizá de madrugada, cuando en casa estaban todos durmiendo... aquí en casa lo primero que yo noté es que se movía la cama... y me levanté asustada, llegué a la cocina y los vasos y cacharros del armario, así como algunas puertas del mismo que encajaban mal tintineaban, chocando unos contra otros de un modo estremecedor...no sé lo que duró, pero a mi se me hizo una eternidad...no recuerdo si despertamos a las niñas, una de cuatro años y otra de siete, más bien creo que antes de reaccionar paró el movimiento sin más cosa significativa. Al día siguiente supimos que nuestros vecinos del séptimo piso, con sus dos hijas de la edad de las nuestras habían salido de casa, y metidos en el coche, ( que ellos ya tenían, pero nosotros aún no) anduvieron dando vueltas por el parque de Isabel la Católica, hasta que al ver que no se repetía volvieron a casa. Y por la prensa, también supimos que en otras casas también en lugares de algún pueblecito limítrofe, se movieron los cuadros y las lámparas oscilaban colgadas del techo...A partir de aquella noche me pasé muchas más con todo lo necesario preparado por si teníamos que salir corriendo...¡Pobres de nosotros! ¿Adónde íbamos a ir teniendo que bajar cinco pisos, - pues el ascensor para nada deberíamos cogerlo, - si hubiera venido un terremoto de los de verdad? Pero aunque en el caso que aquí relato "no llegó la sangre al río", porque no cayeron edificios ni hubo víctimas, sí que fue un movimiento sísmico digno de tener en consideración. M.L.

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  2. Muchas gracias por la información, queda anotado.
    saludos

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