10 de septiembre de 2015

El Camino Primitivo de Santiago (el primero de todos), partió de Oviedo

Todos los Caminos salen de Oviedo
Catedral de Oviedo.Plaza de Alfonso II El Casto, también conocida como Plaza de la Catedral
El Primitivo nació con una capacidad generadora que Asturias debe aprovechar
Todos los caminos llevan a Santiago. 
Todos los Caminos salen de Oviedo
Y en cuanto que de la capital asturiana partió el primero, todos salen de Oviedo. El Camino Primitivo surgió con esa capacidad generadora que su creador, Alfonso II, se negó a sí mismo como ser humano. El Rey Casto, tal vez llamado así porque fuera monje, se puso en marcha hacia el Occidente cuando a la sede regia ovetense llegó la noticia de que cerca de Iria Flavia se había descubierto la tumba de Santiago el Mayor, uno de los discípulos directos y dilectos de Jesucristo. Corría el año 814 y la noticia del hallazgo -también llamado invención con un sentido polivalente- no pedía menos. En una Corte atribulada por toda clase de temores, desde la amenaza musulmana a las luchas intestinas pasando por las oleadas heréticas, la aparición de los restos de uno de los doce Apóstoles fue tomada como una señal enviada por el Cielo que tenía, ante todo, un significado conciliador. Si todos los males recientes, comenzando por el mayor de todos, la pérdida de España, habían sido interpretados como un castigo divino por los pecados de los reyes visigodos, el hallazgo, acompañado de señales prodigiosas, de los restos de Santiago, bien podía significar que la cólera divina al fin se había aplacado. La respuesta debería de estar a la altura del acontecimiento.

Pinturas del interior de San Julián de los Prados o Santullano
Por la ruta más directa
La tradición indica que la comitiva encabezada por Alfonso II, séptimo rey de la Monarquía Asturiana, partió hacia lo que comenzaba a ser conocido como Campus Stellae siguiendo una orientación Suroeste, lo que tenía una justificación evidente. En una época en la que los caminos eran escasos y malos, lo lógico era buscar los pocos buenos que existieran. Uno de ellos era la calzada romana que llevaba a Lucus Augusti, la ciudad a la que los romanos habían dotado en el siglo III de una imponente muralla que rodeaba todo su perímetro. Salvada la cordillera con que la Naturaleza protegía a Asturias por el Sur, Alfonso II entró en Lugo por la puerta de San Pedro, una de las cinco con que entonces contaba la muralla lucense. Y luego prosiguió hacia Compostela, donde honró los restos del Apóstol y mandó construir una iglesia para albergar la tumba. Se quedaría pequeña en seguida, hasta el punto de que un sucesor suyo, Alfonso III, llamado el Magno, último rey asturiano, decidió sustituirla por una mayor. El auge de las peregrinaciones no tardaría en demandar una catedral, como en la propia Oviedo, a la que el prestigio de las reliquias del Arca Santa había otorgado un papel principal en la ruta del peregrinaje, que fue sabiamente codificado en un eslogan avant la lettre: "Quien va a Santiago y no va al Salvador / visita al criado / y deja al Señor".
San Julián de los Prados (Oviedo)
Los caminos del norte
Oviedo fue durante la Edad Media un importante centro de peregrinación, tal como ha quedado sobradamente documentado. La gran mayoría de los peregrinos continuaba luego hacia Santiago. Para alcanzar la capital y proseguir luego hacia el Oeste -y, obviamente, para regresar hacia sus lugares de origen- los peregrinos podían optar por dos itinerarios alternativos: el de la costa y el interior. Son los que acaban de ser reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, distinción que bien pudo ampliarse al tramo León-Oviedo si una cierta desidia de las autoridades autonómicas de Castilla y León no hubiera colaborado a su preterición. Las rutas jacobeas del Norte de España serían menos transitadas que el Camino Francés, que pronto se convertiría en la gran autopista hacia Compostela, por una razón tan sencilla como su menor dificultad para los caminantes. La agreste orografía del Norte y la ausencia de infraestructuras básicas, como caminos y puentes, complicaban el paso a los peregrinos, como aquel italiano que dejó por escrito que Asturias era muy bella pero muy dura. Pero esa relegación relativa no debe interpretarse como irrelevancia. Los caminos jacobeos del Norte tuvieron muchos peregrinos. Se puede comprobar a través de las huellas que quedaron. Basta ser un viajero atento para anotar datos como que la catedral de Bilbao -pequeña, pero muy hermosa- está dedicada a Santiago, que es el patrón de la ciudad. O subir al cerro que domina San Vicente de la Barquera para entrar en la preciosa iglesia de Santa María de los Ángeles y contemplar en lo alto de un retablo la imagen de Santiago en su caracterización de peregrino y no de matamoros. De aquí partía el Camino Lebaniego, promovido por la existencia en Santo Toribio de Liébana de una macrorreliquia, como el Lignum Crucis, y legitimado históricamente por la reivindicación de Santiago como patrón de España que había hecho el monje Beato -el de los Comentarios al Apocalipsis que encontrarían la fortuna de maravillosas ilustraciones miniadas-, el cual, en el siglo VIIII, antes del reinado de Alfonso II, y, por tanto, de la invención de Compostela, había escrito un renombrado himno, "O Dei Verbum", en el que se propugnaba a Santiago como patrón de España.
Detalle de los restos prerrománicos de San Tirso el Real, Oviedo. 
Auge, olvido y reinvención
Es ocioso tratar de recordar la enorme importancia que tuvieron las peregrinaciones a Santiago de Compostela durante la Edad Media, no sólo como expresión de la religiosidad de la época sino también como vehículo transmisor de cultura y arte y, en fin, de vertebración y sostén de una incipiente idea europea, algo así como el tutor de un árbol joven. Luego las peregrinaciones jacobeas entraron en decadencia y llegaron a correr el riesgo de convertirse en un fenómeno residual. En los años 80 del siglo XX el número de peregrinos, que no de turistas, que llegaban a Santiago de Compostela oscilaba entre los 2.500 y 3.000 al año, nada más. Poco después desde la recién nacida autonomía gallega se produjo una afortunada reinvención que tuvo apoyos tan decisivos como el del propio Papa Juan Pablo II, cuya estancia en Santiago es recordada con un monumento en el Monte do Gozo. Hoy el aspecto turístico se ha potenciado de forma extraordinaria en Santiago de Compostela. En un Año Santo la capital gallega puede llegar a recibir hasta cuatro millones de visitantes y su catedral, con el prodigioso Pórtico de la Gloria en permanente restauración, disputa a la Alhambra el título de monumento más visitado de España. En cuanto a los peregrinos, de los que casi el 90% hace a pie el trayecto exigible para merecer la certificación de la Compostelana (como mínimo, 100 kilómetros), el número se sitúa en torno a los 230.000. Un 55% declara una motivación religiosa en su peregrinaje. Un 45% manifiesta motivos no religiosos; fundamentalmente, culturales. En unos y otros influye, sin duda, que en la peregrinación a Santiago coinciden las características de los grandes viajes: objetivo prestigioso, itinerario atractivo, infraestructuras adecuadas y dificultad exigente pero asumible como reto personal.
Los puntos en la estalactita de la cueva de Candamo.
Santullano, el comienzo inmejorable
Santullano conserva el conjunto de pinturas más importante del prerrománico astur y, seguramente, de toda la Alta Edad Media europea.
San Julián de los Prados, exponente del Prerrománico, es excepcional por su conservación y la de sus insólitas pinturas
Absides laterales Vistas interiores El templo se articula en torno a una planta basilical de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales.
El camino primitivo.
De los itinerarios jacobeos españoles el más seguido es el llamado Camino Francés, que entra en España por Roncesvalles. Es el que sigue total o parcialmente el 70% de los peregrinos. El segundo es el portugués, con un 13% de seguidores, por delante del Norte (6%), al que Asturias aporta más de 200 kilómetros, con predominio costero y paso muy recomendable por Oviedo. El cuarto itinerario, por orden cuantitativo, es el de la Ruta de la Plata. Y el quinto, que sigue poco más del 3% de los peregrinos, es el Camino Primitivo, que, con el del Norte y el Lebaniego, acaba de ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Desde la perspectiva asturiana ponderar los dos itinerarios que discurren por la región no conlleva la necesidad de una elección. El de la costa es espléndido, como sabemos los que convivimos diariamente con él durante muchos días del año. Pero al Primitivo nadie puede arrebatarle la jerarquía de haber sido el primero de todos. Paradójicamente, si algún reconocimiento espera es el de los propios asturianos, que sólo en los últimos años han comenzado a transitarlo de forma significativa, aunque por el momento siguen siendo minoritarios en su propia tierra. Desde la experiencia de haberlo recorrido, sólo cabe animar a disfrutar de la experiencia única que supone sumergirse en su belleza poliédrica, en la que la dulzura de la campiña, el misterio de los bosques o la grandeza de la montaña se suceden o se fusionan y siempre se potencian mutuamente. Es un itinerario que permite reconocer el poso de la Historia, con jalones imponentes como el monasterio de Cornellana,  o el castro del Chao San Martín.
Grandas de Salime. Colegiata
O asomarse a cimas del arte, como las que alberga la colegiata de Salas con las esculturas de Pompeyo Leoni. Subir grandes puertos, como el Palo o la Marta, y bajar laderas interminables, como la del valle del Navia. O, más allá del Acebo, reconocer en las aldeas lucenses los hórreos asturianos. Y disfrutar de parajes únicos, como el Bosque Encantado, cuya travesía sobre una alfombra de hojas de roble precede a la aparición, en la cabecera de un valle delicioso, del monasterio de Obona, en diálogo con el pueblo con el que comparte nombre desde siglos atrás. También, el paso por pueblos pequeños pero muy vivos, como Berducedo o A Mesa, u otros tan fantasmales como bellos, como Montefurado o Lago, o el descanso en villas tan placenteras como Salas, Tineo o la Puela de Allande o, ya en Galicia, ciudades encantadoras como Lugo. En el recuerdo pesará tanto el de las pequeñas ermitas -la capilla del Carmen en Llampaxuga, al lado mismo de Oviedo; la de Santa Marina, en Buspol, sobre el gran foso del Navia- como el de grandes desconocidas, como la iglesia de Vilabade, conocida como "La Catedral de Castroverde". Aunque lo que quizá acabe prevaleciendo sea lo más personal, como el trato, siempre apacible, con los campesinos o, sobre todo, la convivencia con peregrinos de todas las regiones españolas y de países muy diversos, ya sea en albergues tan austeros como acogedores como en admirables palacios renacentistas, tal el de Tineo, que Benjamín Alba ha convertido en hotel para rescatarlo de la degradación.
Monasterio de San Salvador de Cornellana.
Reto y opurtinidad
Si el Camino es, en cada caso, un reto para las personas, puede ser una gran oportunidad para los territorios. Pero para que esa oportunidad se aproveche en todo su alcance será preciso que los reconocimientos que, como ahora, llegan de los organismos internacionales se interioricen para transformarlos en energía creadora. Sentirse orgullosos de saber que el Camino se inició en Oviedo no servirá de nada si no nos ponemos en marcha.
Castro del Chao San Martín, en Grandas de Salime.
Puntos negros que viajan en el tiempo, por encima de 30.000 años
Santa María del Naranco (Oviedo)
Las últimas teorías sitúan el arte más primitivo de Candamo en el periodo Auriñaciense y abren nuevos horizontes de datación de las pinturas
San Miguel de Lillo (Oviedo)
Santullano es la obra más antigua de las incluidas en la declaración del Prerrománico asturiano como Patrimonio Mundial por la Unesco. Las otras cinco son Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena, la Cámara Santa y Foncalada.
César García de Castro (Avilés, 1964), doctor en Historia por la Universidad de Oviedo y arqueólogo en el Museo Arqueológico de Asturias, da las razones de la excepcionalidad de este monumento mandado construir por Alfonso II, un rey que llegó a viejo, en torno a los ochenta años, y pasó los últimos veinte, desde 826, guerreando poco, en el palacio seguramente estaría en los terrenos de lo que hoy es la Fábrica de Armas de la Vega. Oviedo era entonces un monasterio con funciones episcopales a 800 metros del palacio real donde el rey vive con oficiales, personal de servicio y una guarnición no muy grande. Santullano o San Julián es una iglesia vinculada al palacio pero a unos 180 metros de distancia que hay que andar por un descampado que se embarra en la Asturias lluviosa.
El rey entra por la puerta grande, 3x2 metros, orientada al Sur (la que hoy mira a la autopista) y que en el interior da al transepto, el espacio reservado al clero y, seguramente, separado por canceles que conduzcan el paso del rey hacia la nave. El pueblo entrará a la nave por las puertas que dan al Oeste (la entrada actual) y al Norte. No se puede pensar en Santullano como una parroquia actual porque no lo era. Los laicos probablemente accedían al culto en momentos en Navidad y Pascua, tiempos fuertes del año litúrgico.
Santullano fue levantada por arquitectos formados fuera de Asturias. Es tan perfecta que no puede ser una improvisación. Hay varios edificios basilicales con el mismo patrón constructivo: San Pedro de Nora, San Salvador de Priesca (la más parecida) y Santa María del Rey Casto, capilla de la Catedral.
El espacio que separa al clero de los laicos se hace monumental, con un arco que se califica de triunfal por su tamaño y porque recuerda a los romanos de ese tipo.
San Julián de los Prados (Santullano)
El edifico es excepcional por sus pinturas. El interior estaba pintado por completo. Todo lo que se superpone a las pinturas es posterior al original. Los pintores eran muy buenos. No sabemos de dónde pudieron venir o si tenían un modelo porque lo excepcional es que se hayan conservado y que sea tanta la superficie que ha llegado a nosotros. De Castro señala el monasterio suizo St. Johan Müstair, del mismo tiempo, y el alemán St. Georg Reichenau, algo posterior. Ambos se pueden ver en Youtube.
Cuatro cruces pintadas con joyas presiden los hastiales de los muros de Norte a Sur. Aparte de formas geométricas, las pinturas sólo muestran arquitecturas, frontones grandes que actúan como marcos de unas representaciones más pequeñas. Esos frontones llegan de la pintura romana del siglo I. Lo peculiar es lo de dentro: son representaciones de iglesias pequeñas con sus distintas perspectivas desplegadas como "recortables". No las hay antes de finales del siglo V y principios del VI. No se sabe qué pueden ser.
Es insólito que no aparecen textos que expliquen las imágenes y que no haya ninguna figura humana en las representaciones cuando la teología hispánica es encarnacionista, es decir, insiste en que el Verbo se hace hombre en Cristo Jesús, hijo de la doble naturaleza: la humana, que le da María, y la divina, que le da el Verbo. Esto favorece la representación humana. Puede que el objetivo artístico de Santullano no sea teológico.
San Julián de los Prados es la obra del Prerrománico más impresionante para el visitante. Su horario de visitas es limitado.
Vista general de San Julián de los Prados (Oviedo)
FUENTES: Melchor Fernández Díaz - Javier Cuervo - César García de Castro
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