26 de septiembre de 2015

Un químico alemán, Hermann Emil Fischer (premio novel de química en 1902), defendía las bondades de comer carbón en 1906

El prodigioso hallazgo del doctor Fischer

Durante años, el carbón se ha utilizado en numerosos campos (limpieza de quirófanos, para purificar el agua…) y muy a menudo ha tenido un uso terapéutico tradicional en el seno de familias que ya conocían sus virtudes y sabían qué hacer con él. Pero mientras que sus beneficios terapéuticos parecían ir cayendo poco a poco en el olvido, el carbón vegetal ha conocido todo un resurgimiento en los últimos diez años. Ha sido objeto de cientos de artículos y decenas de miles de referencias científicas en todo el mundo. Todos estos estudios han confirmado que el carbón activado adsorbe (se trata de la cualidad física por la cual un cuerpo atrae y retiene en su superficie moléculas de otro cuerpo; no confundir con absorber) en el intestino toda clase de venenos y toxinas bacterianas mejor que ninguna otra sustancia. Se trata, sin lugar a dudas, del descontaminante más eficaz y menos caro. Resulta particularmente útil para los tratamientos de desintoxicación de metales pesados, si bien su uso va mucho más allá del tratamiento en caso de intoxicaciones graves. Así, puede ser extremadamente útil y eficaz en numerosas situaciones de la vida cotidiana y puede, en algunos casos, evitar tragedias. http://www.periodicodecrecimientopersonal.com
El químico alemán, que ganó el premio Nobel en 1902 y se suicidó en 1919 tras la muerte de dos de sus hijos en la guerra, defendía las bondades de comer carbón
Ilustración de Alfonso Zapico
Tenía preparada esta historia para dentro de un tiempo, pero comprenderán que la adelante para aprovechar una información que acabo de leer hace unas horas y que una vez más vuelve a demostrarnos como vivimos en un bucle lleno de sorpresas donde lo que siempre nos pareció ridículo, de repente puede convertirse en algo a tener en cuenta.
El titular que me sorprendió esta mañana anuncia que el zumo de carbón está arrasando en Estados Unidos como el nuevo elixir de moda entre las celebridades de Hollywood, que difunden entre sus amistades sus supuestas propiedades adelgazantes y sus beneficios digestivos y depurativos. Ya sé que es una de esas crónicas de relleno que abundan en el mes de agosto para suplir la falta de noticias más importantes, pero como verán, para nosotros puede tener su interés.
Al parecer la actriz Gwyneth Palttrow ha sido la primera en recomendar el consumo de esta mezcla compuesta de jugo de limón, lima, agua alcalinizada y carbón activado extraído de cáscara de coco -les confieso que no veo la relación entre el carbón mineral y los cocos, pero así lo publican- y dado su éxito ahora mismo ya está en el mercado en pastillas, cápsulas y también versión líquida con un "brebaje negruzco y poco apetecible a simple vista", como puede verse en la fotografía que acompaña al texto periodístico.
Hermann Emil Fischer (9 de octubre de 1852, Euskirchen - 15 de julio de 1919, Berlín) fue un químico alemán, galardonado con el Premio Nobel de Química en 1902.
Nació en la ciudad de Euskirchen, situada en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia.
Fischer comenzó a trabajar en los negocios familiares con su padre, hasta que éste lo mandó a la universidad, alegando que el hijo era incompetente para los negocios. Fischer ingresó entonces a la Universidad de Bonn en 1872 para estudiar química, aunque se cambió luego a la Universidad de Estrasburgo. Se doctoró en 1874, con un estudio sobre la fenolftaleína, y consiguió una posición académica en la universidad.
Siguiendo a uno de sus profesores, Fischer se convirtió en profesor de química en la Universidad de Múnich en 1875; y en 1881 se mudó a la Universidad de Eerlangen, antes de pasar a la Universidad de Würzburg en 1888, donde se establecería hasta 1892, antes de ir a la Universidad de Berlín, donde permanecería el resto de su vida. https://es.wikipedia.org
El caso es que una de las cosas que me gusta hacer para ocupar el tiempo libre -ya saben que hay gente para todo- es leer aquellas fantásticas revistas que se editaron en los últimos años del siglo XIX y hasta la década de 1920, porque esa época me parece un tiempo de cambios en la tecnología y el pensamiento como no ha habido otro. Tengo la suerte de que mi amigo Atilano guarda una buena colección familiar en su casa de Santullano y conociendo mi manía no tiene inconveniente en ir prestándomelas.
Uno de estos pequeños tesoros es un tomo encuadernado con el semanario "Alrededor del Mundo" de 1906. En el número correspondiente al 20 de junio de ese año figura un reportaje con un título llamativo: "La humanidad se alimentará de carbón de piedra" que está ilustrado con un curioso dibujo donde pueden verse a través de cuatro viñetas la extracción del mineral, su destilación en un laboratorio, la cocina en la que se está preparando un suculento menú a base de hulla y finalmente un elegantísimo camarero con librea llevando estos manjares al comedor.
Pero lo más interesante es la información que nos proporciona: "Un químico eminente, el profesor Emil Fischer, de la Universidad de Berlín, ha encontrado el alimento único, el alimento ideal, obtenido ¿de qué diréis amables lectores?... Pues de esa sustancia maravillosa y de infinitas aplicaciones que lleva el nombre de hulla".
Según el redactor, el ilustre Fischer llevaba en ese proyecto desde 1882, año en el que descubrió que la naturaleza de los hidratos de carbono, entre los que se encuentra el almidón, era muy semejante a la celulosa de los árboles. Averiguado esto, descompuso los almidones en sus células componentes, tornando luego a reunirlas de nuevo y entonces vio con sorpresa que había fabricado azúcar artificialmente por un procedimiento análogo al que realiza la naturaleza.
Luego, tras desentrañar los secretos del ácido úrico y averiguar que los principios esenciales de la cafeína y la teína son casi idénticos a ese ácido, concentró todos sus esfuerzos en el estudio de las sustancias proteicas, creadoras de fuerza y músculos hasta que logró conocer su composición exacta. A partir de este momento -siempre según esta revista de 1906- él y una pequeña legión de químicos que tenía como ayudantes se dedicaron a visitar fábricas de todas clases, gasógenos y minas, analizando detritus y materiales de desperdicio buscando la sustancia que fuese más abundante en aminoácidos para producir alimentos artificialmente.
Así llegó hasta la hulla en la que trabajó hasta descubrir que albergaba setenta clases de estos aminoácidos, cuando hasta aquel momento solo estaban analizados unos veinte, después los fue combinando en el laboratorio y consiguió un nuevo producto llamado polipectina.
He resumido lo más posible los detalles de este proceso para llegar hasta lo más curioso. Cuando Emil Fischer tuvo por fin lo que quería pasó a la última fase de su experimento, que consistió en probarla con los seres vivos. Comenzó con dos tandas de cinco perritos a los que separó desde su nacimiento para comparar su evolución. Mientras alimentó a unos a la manera tradicional, con la leche de su madre; a los otros les dio solo el alimento sacado de la hulla y pasado un mes pudo ver que los segundos estaban mejor desarrollados y sanos que los que se habían criado naturalmente.
Después, animado por el éxito, fue él mismo quien ingirió su polipectina durante una semana, absteniéndose de tomar otras sustancias "descubriendo con indudable júbilo un aumento de salud y energía considerables".
Revista Alrededor del Mundo del año 1906
Tras leer esta aventura, lo lógico es sonreír y pensar que nos encontramos ante un personaje de ficción o en cualquier caso ante uno de esos "científicos locos" capaces de cualquier experimento, que aparecen en las películas, pero que no han dejado en la historia de la investigación más recuerdo que el de sus chaladuras.
Pues no, el profesor Hermann Emil Fischer fue un personaje real, nacido el 9 de octubre de 1852 en Euskirchen, una ciudad del estado germano de Renania del Norte-Westfalia, que se suicidó el 15 de julio de 1919 en Berlín, desesperado por la muerte de dos de sus hijos durante la Gran Guerra, en la que él había colaborado activamente organizando la producción química alemana.
Por esta razón -la de estar en el bando de los perdedores- su figura tardó después de muerto en recuperar el prestigio que sí tuvo en vida, puesto que en 1902 había obtenido el Premio Nobel de Química por sus investigaciones en moléculas de interés biológico: las purinas y los azúcares. Así, como hemos visto, el semanario "Alrededor del Mundo" no solo no exageró en su información sino que se quedó corto al omitir que el profesor ya era en aquel momento poseedor del galardón más prestigioso de la Ciencia.
La biografía de Emil Fischer nos deja ver a un hombre avanzado para su época, que trabajó en su juventud en los negocios familiares hasta que su padre, convencido de que no servía para ellos, accedió a su deseo de estudiar ciencias y lo envió a la Universidad de Bonn. Desde allí pasó a la de Estrasburgo donde se doctoró en 1874, con un estudio sobre la fenolftaleína y consiguió un puesto como profesor de química, lo que le llevó a dar clases por otras universidades alemanas hasta que recaló definitivamente en la de Berlín.
Josef von Mering (28de febrero de 1849, Colonia – 5 de enero de 1908, Halle, Alemania) fue un médico alemán. Mientras trabajaba en colaboración con Oskar Minkowski en la Universidad de Estrasburgo descubrió que una de las funciones del páncreas es producir insulina, la hormona que regula el nivel de azúcar en la sangre.
Mering sentía curiosidad por el páncreas, un órgano con forma de coma, que se encuentra entre el estómago y el intestino delgado. En un esfuerzo para descubrir su función, removió este órgano de un perro.
Entonces el perro comenzó a orinar frecuentemente en el suelo, a pesar de que había sido entrenado. Mering se dio cuenta de que era un síntoma de diabetes e hizo un examen de orina, en el que encontró altos niveles de azúcar, lo cual confirmó sus sospechas.
Josef von Mering ayudó a descubrir los barbitúricos, una clase de fármacos sedantes utilizados para el insomnio, epilepsia, la ansiedad, y la anestesia. En 1903, publicó sus observaciones acerca del barbital (entonces conocido como ácido dietil-barbitúrico) el cual tiene propiedades sedantes en los humanos. En 1904, ayudó a producir barbital bajo el nombre Veronal. Veronal fue el primer sedante barbitúrico disponible comercialmente en todo país. Von Mering colaboró ​​con el químico Emil Fischer, quien también participó en el descubrimiento del barbital. https://es.wikipedia.org
Fischer descubrió junto al médico Joseph von Mering el barbital, el primer somnífero del grupo de los barbitúricos; también determinó la estructura molecular de la glucosa y la fructosa (entre otros 13 azúcares); planteó la fórmula de derivados de la purina, como el ácido úrico y la cafeína y actualmente está considerado como uno de los padres de la bioquímica por sus investigaciones en moléculas de interés biológico que le llevaron a demostrar que las proteínas están compuestas por cadenas de aminoácidos y a formular una hipótesis para explicar que la acción de las enzimas es específica, lo que al parecer constituye la base del reconocimiento molecular.
Fue en fin, un verdadero sabio, aunque no sabemos en qué quedó su descubrimiento, calificado por la revista como uno de los más trascendentales de la historia de la Humanidad. Las últimas líneas de esta crónica escrita en 1906 pronostican que el prodigioso hallazgo del alemán, pasado mucho tiempo, va a acabar introduciendo una completa revolución en las sociedades en el momento en el que su producción resulte más barata que la explotación de las industrias agrícolas.
Irónicamente, generaciones de mineros han comido involuntariamente polvo de carbón sin notar precisamente ningún beneficio, ahora, en la otra cara de la moneda los pijos norteamericanos lo toman como refresco, aunque yo sigo sin ver claro lo de los cocos. En cuanto al profesor Fischer, como sucede con tantas otras cosas, no me cabe duda de que, si no lo frenan otros intereses más negros aún que el carbón, el rapidísimo avance de la química acabará poniéndolo en su sitio.
Dibujo realizado por Eduardo Castaño González
FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón.
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