12 de marzo de 2015

«El Petromocho», el "timo" al Gobierno Asturiano de una factoría petroquímica entre Carreño y Gijón

La rueda de prensa que tiró un Gobierno

El gobierno de Rodríguez Vigil, gobernó 685 días. Arriba, desde la izquierda, Víctor Zapico, José García, M.ª Antonia Fernández Felgueroso y Felipe Fernández. Abajo, Avelino Viejo, M.ª Luisa Carcedo, Bernardo Fernández, Juan L. Rodríguez-Vigil y Juan R. Zapico. 
El anuncio con intenciones electorales de una inversión petrolífera multimillonaria para Asturias, que resultó falsa, acabó con el mandato del socialista Juan Luis Rodríguez-Vigil
El anuncio de la inversión petroquímica en la Presidencia del Gobierno. Desde la izquierda, Juan Blas Sitges y Maurice Jean Lauze, intermediarios, Juan Luis Rodríguez-Vigil, presidente del Principado, y Víctor Zapico, consejero de Industria.
Asturias necesitaba inversiones millonarias que dieran trabajo a los miles de desocupados de una reconversión industrial general y el ciudadano francés Maurice Jean Lauze necesitaba ocho millones de pesetas (48.000 euros) para levantar la hipoteca que pesaba sobre su finca de Murcia.
Asturias nunca tuvo la inversión de 366.000 millones de pesetas para poner en marcha una factoría petroquímica entre Carreño y Gijón que iba a crear mil empleos directos y cinco mil indirectos.
Maurice Jean Lauze sacó poco más que unes fabes con almejas en Trascorrales y algún vídeo de osos y paisajes del Principado. En esta jugada sin ganadores cayó el Gobierno autonómico socialista de Juan Luis Rodríguez-Vigil entre un estruendo de vergüenza y risa.
El episodio regional llamado «Petromocho» comenzó hace 22 años (1993). La peor rueda de prensa de la historia de Asturias duró poco. No se podían dar muchos detalles: el proyecto y que la financiación era del Saudi International Bank, una entidad industrial participada a medias por capital saudí y con importantes bancos internacionales en su accionariado, cuyo representante era un francés setentón con buena pinta, pelo, barba blanca y modales.
Lauze venía de la mano de Juan Blas Sitges, primogénito de la cuarta generación de una dinastía llegada de Mahón que reinaba en su feudo industrial de Arnao. Su hermano Francisco Javier era el presidente de Asturiana de Zinc, integrada en Banesto, el banco desde el que sonreía el mayor triunfador de la época: Mario Conde.
la inauguración y la vergüenza. El presidente del Gobierno, Felipe González, vino a inaugurar Du Pont en un viaje preelectoral. Juan Luis Rodríguez-Vigil intentaba tragar la situación vergonzosa.
Juan Blas, junto a Banesto Ventures, había participado en la captación de otro proyecto petroquímico, liderado por Panoco, que suponía una inversión de 160.000 millones de pesetas, pero se había frustrado diez meses antes. Eso había sido una decepción para Juan Luis Rodríguez-Vigil, apremiado por traer buenas noticias a una región decadente que él explicaba con adjetivos lúgubres.  Si hasta hacía unos años la solución asturiana había sido la empresa pública, ahora se soñaba con la captación de multinacionales. El anuncio de lo que acabó siendo el «Petromocho» sucedió a 10 meses del aborto de Panoco y a 4 días de la inauguración de la factoría de Du Pont en Tamón, el último logro de la Presidencia de su antecesor, Pedro de Silva, un acto que iba a presidir Felipe González, que se enfrentaba a unas elecciones generales muy difíciles, las últimas que ganaría.
Juan Luis Rodríguez-Vigil estaba encantado con la nueva inversión, que hasta entonces había sido llevada en secreto en el propio Gobierno. Su vicepresidente Bernardo Fernández supo de ella nueve días antes en Alles (Peñamellera Baja), donde se celebraba el Día de Europa, en un aparte en el que le enseñó un papel doblado con el borrador de un contrato. Le pareció un disparate. Vigil comentaba «off the record», días antes, en una marisquería de Oviedo que vendría una inversión importante y que los dueños del dinero «no podían comer cerdo».
El que más sabía de la inversión era Víctor Zapico, el consejero de Industria, un ex comunista que había llegado al PSOE de la mano de José Ángel Fernández Villa, el secretario general del SOMA-UGT y hombre fuerte del partido en Asturias. Había sido ya director regional de Minas. No había duda de quién lo había colocado en el Gobierno.
Maurice Jean Lauze
En seguida se sospechó acerca de la inversión. LA NUEVA ESPAÑA tituló en primera página la información de la rueda de prensa así: «Golpe de efecto en la precampaña electoral. Vigil anuncia una inversión de 366.000 millones, aún no confirmada por Madrid».
El Ejecutivo central mantuvo su silencio sobre una inversión que no podía desconocer. El desmentido del banco saudí no apeó de la burra a Juan Luis Rodríguez-Vigil, «perplejo pero tranquilo». Perdió la mayor parte de la tranquilidad cuando supo que nadie había confirmado las credenciales de Lauze, que en el juicio posterior sólo pudo presentar como documento acreditativo tres folios en los que se incluía una carta credencial de la Embajada de Arabia Saudí en España escrita con una máquina Olivetti 98, muy gastada. Sitges, que tenía el peso del apellido y la mundanidad de los negocios, lo había llevado de la mano y Zapico lo recibió el 1 de abril.
Vigil entró en el desasosiego cuando Felipe González vino a visitar la planta de tratamiento de basuras de Cogersa y a inaugurar la factoría de Du Pont. El presidente español se desmarcó en público del proyecto y se ofreció a ayudar para aclarar la confusión. En privado, duro y despectivo, pidió aclaraciones a Vigil y le aconsejó que siguiese en la Presidencia, pero que cesase a Zapico. Vigil sabía, aunque no le gustase, que la dimisión no podía acabar en Zapico. El bochorno general pedía más. LA NUEVA ESPAÑA imprimió en 115.000 ejemplares su editorial del domingo: «Rodríguez-Vigil no puede seguir como presidente del Principado».
Trevín tomó el relevo. La toma de posesión de Antonio Trevín, con autoridades y el Gobierno saliente. Asistieron el vicepresidente Narcís Serra y el secretario de organización del PSOE, Txiki Benegas.
Ese mismo día Vigil decía en privado que estaba dispuesto a irse. El lunes reunió a su Gobierno a las diez y media de la noche en el Palacio de la Presidencia y después de la última cena hicieron la carta de dimisión y el cese del Ejecutivo.
Vigil se fue en el coche oficial con la mirada perdida y despidiéndose con la mano. Era un final de 685 días de Gobierno después de una carrera política larguísima que había empezado en el Frente de Liberación Popular (Felipe) y se había desarrollado en la UGT como abogado laboralista. Se afilió al PSOE en 1971, perteneció al comité federal y fue consejero de Sanidad desde que empezó la autonomía, con Rafael Fernández y con Pedro de Silva, cargos donde se descubrió como una personalidad vehemente e irónica, no la mejor para salir de un Gobierno por un motivo chusco que afectaba a la consideración de su inteligencia y de su experiencia. En los siguientes meses sufrió una depresión.
Cuanto más se sabía de Lauze era peor. El setentón agradable que hablaba bien español y se hospedaba en La Jirafa era un antiguo miembro del Ejército Secreto francés, la OAS, fantasioso y megalómano, casado en segundas nupcias con Francisca, una española, con la que vivía en un pisito del barrio madrileño de Delicias. Allí recibió a LA NUEVA ESPAÑA en mangas de camisa y tirantes para contar que, de haber salido su negocio en Asturias, hubiera rescatado del banco aquella finca de Murcia y que el trato había fallado por la precipitación de Vigil al anunciarlo. Su esposa apostilló: «Perseguía su último negocio porque ha perdido todo».
Parecía que Bernardo Fernández, vicepresidente con Silva y con Vigil y ajeno al «Petromocho», se pondría al frente de la Administración que había diseñado. Pero no se decidió así en el Sanatorio Adaro de Langreo, donde Vigil y Noval fueron a despachar la sucesión con José Ángel Fernández Villa, convaleciente de una operación de cinco horas para quitarle tres hernias discales. A los cuatro días de la dimisión de Vigil, Antonio Trevín, alcalde de Llanes y diputado regional, recibió la llamada de teléfono de Luis Martínez Noval, secretario general de la Federación Socialista Asturiana, para conocer su disponibilidad. Fue presidente del Principado los dos años que quedaban de legislatura. Después ganó las elecciones Sergio Marqués por el PP.
El 20 de julio de 1994 en el Juzgado número 3 de Oviedo se celebró el juicio a Lauze. La condena fue de un año de prisión menor y multa de 250.000 pesetas por falsificar documentos oficiales y mercantiles. Ni pasó por la cárcel ni pagó.
Juan Blas Sitges, junto a Maurice Lauze, el impostor que perpetró el engaño del "Petromocho".
FUENTE: 



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