31 de marzo de 2015

La historia de la Libreria Cervantes de Oviedo



La Longeva Librería Cervantes de Oviedo cumplió 94 años en marzo de 2015.
Concha Quiros
Concha Quirós se para un momento a contemplar la planta que nos acaba de enseñar “la librería tiene cuatro, escalera para arriba, escalera para abajo, háganse una idea, y Concha tiene 77 años; somos nosotros quienes caminamos tras ella” y concluye,  en un suspiro: “Mucho libro, mucho libro…”. 
Fotografía: Mónica Vega Ramos.
La fundó su padre1 en el año 1921. “Cuando volvió de Cuba, supuestamente enfermo y ya para morirse. Luego moriría a los 95 años; y aún seguía viniendo a la librería”. Su madre era Maestra. Concha estudió como ella Magisterio y luego además Filología. Sería ya cuando acaba sus estudios cuando comienza  a trabajar con su padre, “era la mayor y tenía que ayudar; bien es cierto que lo hacía encantada; me gustaban mucho los libros, casi tanto como ahora”.
Su despacho está en la cuarta planta, la más alta; atestado de libros, de recuerdos de todo tipo atesorados a lo largo de toda una vida dedicada a lo que más feliz le hace, asegura, con una amplia sonrisa: “esta librería”. “Es el sitio donde trabajo, me tenéis que perdonar el desorden”, se excusa mientras recoge unos libros y los coloca sobre otro montón para que podamos sentarnos. Con la misma ilusión que el primer día —no es que la conociéramos entonces, entendámonos; es sólo que se nos antoja imposible ponerle aún más entusiasmo a la cosa—, va desgranando lo que supone para ella su profesión: “Somos libreros libreros. Mi padre ―señala la pared donde está su retrato, ufana— lo era de una manera innata, lo fue en la época de posguerra, una época de muchos libros censurados, libros de trastienda, controlados por él”. Fue entonces cuando la librería comenzó a perfilarse como un lugar de encuentro, durante aquellas reuniones ya fuera de horario, a puerta cerrada. “Había hasta un policía secreta, me acuerdo. Venían a por libros, eran reuniones improvisadas en torno a ellos, y como no siempre había para todos ―eran ejemplares raros de encontrar por aquel entonces, títulos prohibidos― tenían que turnarse, unas veces le tocaba a uno quedarse sin él, otras le tocaba a otro.” Tiene una anécdota que nos va a servir para seguir ilustrando lo que es para esta  Quirós ser librero, el espíritu que envuelve todo lo que maquina Concha; nos la cuenta: “Dolores Medio ganó el premio Nadal en el 52. Era también una maestra asturiana; lo ganó con  la novela Nosotros los Rivero; una persona, digamos, no adicta al régimen. No es que fuera comunista ni nada; no era afín, eso es todo.
Ilustración: Diego Cuevas.
Cuando salió el premio Nadal mi padre se fue a Barcelona, en el tren de entonces, imagínate, un tren de aquellos de antaño con tablones de madera, día y medio o dos días tardaba en llegar a destino. Fue a esperar que saliera el libro. Cuando sale por fin de imprenta se compra 500 ejemplares, que entonces eran mucho más que ahora, y se los trae hasta aquí como equipaje. Se adelantó lo menos 15 días a los demás, algunos medio enfadados… y mi padre «Ah, no, no, fue en buena lid, cada uno se gasta el dinero como quiere». Era un hombre muy decidido.”
Es lo cierto y verdad que podría haberse retirado hace 20 años, teniendo como tiene desde entonces el relevo de la tercera generación, su sobrino Alfredo Quirós. “Pero es que a mí de aquí no me echan ni con agua caliente ―se ríe; disfruta hablando de su pasión, nos la contagia―; este mundo, los libros, todo esto es apasionante, no me cansaré nunca”. El local donde ahora está Cervantes tiene 25 años, la librería va para 100. “Llevo yo más de 50 al pie del cañón, y no me resigno. La semana pasada salí a hacer unas fotos del escaparate, todavía con bastón”―se había roto hacía nada un pierna, andaba esos días recuperándose del todo― “y pasó justo cuando estaba haciéndolas un chico por la calle, la cabeza rapada, muy moderno: «Joder con la señora, en una mano el bastón y en la otra el iphone». Y no es que presuma, en absoluto, es que refleja esto que te digo: es verdad que soy una señora de bastón, tengo una edad, etc, pero no voy a dejarme arrumbar, quiero continuar, seguir haciendo lo que me gusta.” (…).
(…)En la librería trabajan en total 24 personas, contando con la librería infantil, muy cerca una de la otra. Concha tiene claro, lo repite muchas veces, entonces, que lo importante en estos tiempos “es tener imaginación”. Sabe que tiene que tratarse también de no tener que prescindir de nadie, “hay personas que llevan toda la vida trabajando con nosotros, que forman parte de esta librería como la puedo formar yo. Se ha jubilado ahora con 65 años un trabajador que llevaba más de 50 años con nosotros. Y así casi todos. Gente que trabaja como leones, además, muy comprometidos”. Les es tan fiel como ellos le han sido durante tanto tiempo. Es difícil no dejarse conmover por esta lealtad en unos tiempos en los que lo que se facilita, las medidas que se suelen proponer para ayudar a empresas de este tipo desde las instituciones, giran en torno al cómo despedir más barato. La importancia que Concha le da, de corazón, de verdad, al equipo humano que durante todo este tiempo ha estado a su lado, la consideración que le merecen estos auténticos pilares sobre los que se ha cimentado un proyecto no sólo de negocio, es digna de admiración y respeto. (…).

Fotografía: Mónica Vega Ramos.
FUENTE:  Raquel Blanco
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Biografía de D. Alfredo Quirós Fernández
D. Alfredo Quirós Fernández
La vida de D. Alfredo Quirós Fernández1 va íntimamente ligada a la librería que estableció; la Librería Cervantes, que forma ya parte de la historia de la ciudad de Oviedo y casi con toda seguridad de la de Asturias, y que fundó en 1.921.
D. Alfredo Quirós Fernández nace el 20 de Julio de 1901, en el pequeño pueblo de Pillarno, del Concejo de Castrillón (Avilés), donde comienza sus estudios en la pequeña escuela pública local, que más tarde continuaría con los Padres Salesianos en la cercana ciudad de Avilés y donde seguiría hasta los catorce años de edad.
En 1916, cuanto tan solo contaba con dieciséis años, emigró a Cuba y se instaló en el pueblo de San Antonio de los Baños, lugar en el que se puso a trabajar de aprendiz en los almacenes de tejido "El Encanto". Es entonces donde empieza a conocer las técnicas comerciales más modernas de la época y puede aplicar los conocimientos adquiridos durante sus cortos estudios en Asturias.
En 1920 vuelve a Asturias y se instala en Oviedo en una pensión, ciudad que ofrecía mayores perspectivas de prosperidad en la época. Ahí se emplea en varios trabajos y en marzo de 1921 consigue reunir algún dinero y abrir una librería-papelería. Con poco capital, pero con muchas ganas, encuentra un lugar barato, en las afueras de la ciudad y lejos de la entonces “zona comercial” de Oviedo (calles Cimadevilla, Rua etc.). Una zona donde todavía existían almacenes de madera y zonas sin construir, pero próxima a la recién inaugurada Iglesia de San Juan el Real (hacia 1910), llamada humorísticamente la “Catedral del Ensanche”, y de camino a la estación de trenes.
Durante los primeros años trabaja arduamente en la librería contando únicamente con libros de tipo escolar: libros para el alumno y el profesor (llegándose a conocerse con el sobrenombre de “La Casa de los Maestros”). También incluye en su oferta papelería variada (plumas, tinteros, hojas, etc.) y adquiere una imprenta de segunda mano. Esto le ayudaba a compaginar su labor librera con la de conseguir algunos ingresos extra imprimiendo folletos y demás.
Poco a poco y con mucho trabajo y esfuerzo la librería se fue ampliando y convirtiéndose en una librería general. Era aquella la época en que se leía a Pío Baroja, Azorin, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, Pérez de Ayala… y la venta se realizaba prácticamente a través de la recomendación “boca a boca”, los libros que leía y le gustaban pasaban a ser recomendados.
Durante sus primero años mantuvo un estrecho contacto con todos sus clientes, muchos de ellos maestros y una de las cuales, Aurelia Suárez, le conquistó el corazón. Se casa con ella en agosto de 1934, en su pueblo natal de Pillarno, que casualmente también era el de Aurelia pero en el que no coincidieron por la diferencia de edad y su temprano viaje a cuba.
Se aprovecharon de la condición de maestra de Aurelia para conseguir una casa de maestros en la zona de La Cadellada, donde vivieron hasta que estalla la guerra civil y se les obligan a salir de la casa por un par de días (y dormir en la librería consecuentemente) por los cercanos combates. Al volver a casa se la encuentran completamente destruida y deben regresar a vivir durante un tiempo en la trastienda de la librería antes de conseguir un nuevo hogar.
La librería Cervantes de Oviedo sigue editando sus marcapáginas.
En mayo de 1936, en plena guerra civil, nace Concepción, primera de los cuatro hijos de la pareja y quien con el tiempo sería la que continuara con la labor librera hasta a fecha, en colaboración con su sobrino Alfredo, tercera generación en el oficio.
En pleno bombardeo de Oviedo la librería se ve afectada por la descarga de un obús que entra por el escaparate, afortunadamente sucede mientras la librería está cerrada y únicamente se reportan daños materiales. D. Alfredo debe reponerse de la pérdida comercial que ello le supone y reconstruir el local, lo cual hace con gran entusiasmo y una fe inquebrantable.
Por esa época empieza su preocupación por estar al día de todas las novedades editoriales que van surgiendo cada vez con mayor rapidez, esto le lleva incluso a ir a buscar en alguna ocasión los libros a Barcelona directamente, teniendo que esperar en la ciudad un par de días mientras se terminaba de editar el libro.
A finales de los años 30 es cuando se puede permitir contrata personal extra que le ayude en los trabajos de la librería, que poco a poco continuaba su crecimiento. Entre dichos empleados estuvieron personajes tan insignes como el escritor español residente en México Paco Ignacio Taibo; al tiempo trabajaba también D. Manuel Lombardero (Director del Círculo de Lectores), quien compartía amistad y afición por el libro con el por entonces joven poeta, Angel González (Premio Nacional de Literatura).
D. Alfredo Quirós fue siempre en un hombre preocupado por la cultura, liberal en el amplio sentido de la palabra y totalmente respetuoso con el ser humano, sin importarle raza, religión o ideología política. Esto le acarreó no pocos problemas durante la guerra civil ya que se extendía el clásico “sino estás conmigo estás contra mi” lo que le conllevó varias multas y condenas. No obstante su espíritu liberal y su amor a la literatura no hicieron más que aumentar.
Días de lectura en la Librería Cervantes de Oviedo
Mientas transcurría el tiempo la librería se fue convirtiendo poco a poco en el centro de reunión de algunas personas que luego se han convertido en reconocidas figuras públicas. Se creó una especie de "rebotica" a la que acudían desde sacerdotes a filósofos, desde viejos a estudiantes, y por si fuera poco incluso militantes de ambas facciones en pugna durante la guerra civil española. Por enumerar algunos de los más destacados: D. Emilio Alarcos (filólogo), Jesús Villa Pastur (crítico de arte), Gustavo Bueno (filósofo), Pedro Caravia, José Luis Mediavilla (psiquiatra), José Luis Meana (catedrático), Julio Ochoa, Tomás Estévez, Benedicto Nieto (Director General de Cultura).
Como muchas librerías de la época D. Alfredo tenía su propio “infiernillo” que era una estancia oculta detrás de una estantería de libros donde se podía leer algunos de los libros y autores prohibidos como: Luis de Góngora, García Lorca, Neruda, Alberti, etc. De la cual disfrutaban todos estos contertulios y algún que otro adscrito al régimen imperante sin que se crease ningún problema de gravedad.
Aparte de poder contar con tan distinguida “rebotica” la librería también tuvo la suerte de recibir a otras grandes personalidades en el transcurso de los años: Severo Ochoa, Grande Covián, Mario Bunge, José Luís Pinillos, Caro Baroja, etc. pasaron por ella y la honraron con su visita.
Durante los años del régimen una de las áreas de crecimiento de la librería fueron los libros religiosos, eso condujo a un ampliar la sección religiosa dentro de la librería que se vio premiada hacia 1944, y con ocasión de las primeras oposiciones de sacerdote, con el Primer Premio “Diploma de Honor” de España, por su extenso surtido de libro religioso.
En su ajetreada vida, D. Alfredo tampoco descuidó sus relaciones con otros libreros de la zona, siendo incluso uno de los impulsores del Gremio de Libreros de Oviedo, el cual presidió durante muchos años. Lo que no hace más que constatar el duro trabajo de constancia a través de toda su vida en favor del Libro y la Cultura, a pesar de muchos inconvenientes (incluida la guerra civil y el asedio a la Ciudad de Oviedo) y su natural propensión a estar ahí donde fue necesitado, sin un deseo de protagonismo evidente, sino como un librero incondicional y un amigo sincero. Así mismo, fue varias veces mecenas de estudiantes sin recursos, que hoy confiesan deber su carrera al altruismo de Don Alfredo.
Colas en la librería Cervantes, de Oviedo
Entre los reconocimientos a su labor se cuenta de Librero de Honor del I Congreso de Libreros, por la labor de una vida; premiado por sus compañeros libreros de Oviedo con el Libró de Oro, también por la labor de una vida. Y finalmente en 1990 fue nombrado Librero de Honor en el Congreso de Castellón de la Plana.
Paralelamente la librería continuó su crecimiento y en 1978 D. Alfredo Quirós (con 78 años de edad y 58 de librero) decide traspasar la titularidad del establecimiento a su hija Concepción Quirós, que ya había trabajado a su lado desde 1957.
Este traspaso fue debido en parte a la detección de un cáncer de colón que lo envió al quirófano y del que estuvo muy cerca de la muerte. En ese momento reflexiona sobre su futuro y su pasado y decide que sea su hija la que tome las riendas del negocio familiar, aunque el nunca dejase de pasar por la librería y de dejar patentes sus ideas e impresiones.
No fue un mero traspaso de poderes ya que desde muy pequeña Concepción Quirós había crecido entre libros. Su condición de maestra, sus estudios en el exterior, su inagotable trabajo y su incansable búsqueda de nuevos horizontes le dieron a la librería una perspectiva más global, un renovado dinamismo y un empuje sin par. Esto no sucedió de pronto, sino que fue creciendo a través de los muchos años de trabajo conjunto con su padre del que aprendió el oficio librero y la mentalidad liberal que le caracterizó.
En 1980, conscientes del papel cultural que desarrolla una librería, se deciden a patrocinar el Premio “Tigre Juan” (actualmente en manos del Ayuntamiento de Oviedo). El ganador en aquella ocasión fue Ignacio Bellido con el título “Jardin de Orates”. A partir de entonces se abre una nueva dinámica en la librería y se empiezan a realizar actos culturales como presentaciones de libros, firmas de autores, etc.
A partir de entonces D. Alfredo se dedica a lo que más le gusta, charlar con los clientes y debatir con ellos los más variados temas mientras que su hija se hace cargo de toda la dirección de la librería, aplicando todos sus estudios y las más modernas técnicas comerciales. Esto les lleva a abrir nuevos locales e ir ampliando todos los servicios y la oferta de libros de la librería.
En Abril de 1993, y con 92 años de edad, sufre una fractura de cadera que lo deja inmovilizado durante mucho tiempo, con la única posibilidad de moverse en una silla de ruedas. Esta situación lo hace envejecer de golpe pues le priva de su gran pasión que era poder visitar diariamente la librería y de esa manera perder el contacto con los libros y los pocos amigos de su edad que le quedaban.
Muere por causas naturales en junio de 1995 a los 94 años de edad, un año antes de celebrar los 75 años de fundación de su librería: Es enterrado en su pueblo natal de Pillarno junto a su familia y cerca del caserío que lo vio nacer.
Al año siguiente, en septiembre de 1996, cuando se cumple el 75 aniversario de la librería que el fundó; se celebran varios actos en su honor, durante uno de los cuales el gremio de editores le otorga a la librería el premio: "Librero del año", en su edición 1996. Este premio reconoce los méritos personales de una librería en las tareas de promoción y dignificación del libro.
Una claro reconocimiento a la labor que ha realizado la librería y sobre todo su insigne fundador.

La  librería Cervantes de Oviedo en la presentación de la primera edición del libro Las confesiones de un bibliófago, el 30 de junio de 1989. De izquierda a derecha: Jorge Ordaz, Felicidad Orquín  y Francisco García Pérez. (Foto: J. Vallina, La Voz de Asturias)
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