9 de octubre de 2014

Tazones (Villaviciosa-Asturias), el 19 de septiembre de 1517

Aquel anochecer imperial

Con Carlos I llega a España una nueva dinastía en 1517, la Casa de Austria. El nieto de los Reyes Católicos va a acumular una enorme cantidad de territorios al reunirse en su persona la herencia de cuatro de las principales monarquías europeas, Estos territorios irán ampliándose gracias a la conquista de los nuevos territorios americanos y el peso del rey en Europa crecerá cuando acceda a la corona imperial alemana convirtiéndose en el emperador CARLOS V en 1519. La idea de Carlos I de España y V de Alemania, era crear un gran imperio católico europeo en el que él sería la cabeza política y militar y el papa  la guía espiritual. Fuente: José Àngel Martínez
Tal día como ayer de hace casi quinientos años, un 19 de septiembre de 1517, Carlos I, nieto de los Reyes Católicos, desembarcó por sorpresa en las costas de Villaviciosa para hacerse cargo del reino Los lugareños, asustados, lo recibieron en armas

Grabado de época con el desembarco de Carlos I
Desde hace unos años, Tazones celebra el desembarco de Carlos I en la villa, una jornada festiva que en cada edición gana más adeptos. Sin entrar en consideraciones ni juicios sobre la celebración en sí, que tuvo lugar este año el 23 de agosto, sí queremos relatar en las siguientes líneas cómo fue en realidad el desembarco de Carlos I en nuestras tierras en la lejana fecha del 19 de septiembre de 1517, de la que pronto se van a cumplir cinco siglos. Este desembarco, según Claudio Sánchez-Albornoz, fue el tercero más importante en la historia española, junto con el que realizaron las tropas de Tariq en 711, iniciando la conquista de la España visigoda, y el que hizo en América Cristóbal Colón en 1492, en nombre de la Corona de Castilla.
El 23 de enero de 1516 falleció Fernando el Católico (su esposa, la reina Isabel, ya lo había hecho con anterioridad, el 26 de noviembre de 1504) y dejó por sucesor a su nieto Carlos, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, hija a su vez de los Reyes Católicos. Ésta se encontraba encerrada en Tordesillas, por su enajenación mental, agravada tras la muerte súbita de su esposo, cuyo cadáver paseó por media Castilla, lo que convirtió al joven Carlos, de tan solo 17 años, en el heredero del Reino de España.
La escuadra que transportaba al rey Carlos I a España había salido el 8 de septiembre de Flesinga, en los Países Bajos, a las cinco de la mañana. El puerto de destino era Santander, pero una fuerte tormenta y vientos contrarios desviaron el rumbo de las naves, y en la madrugada del 19 de septiembre de 1517, sábado, los cuarenta barcos que la integraban se presentaron ante Tazones. Cuando se descubrió el error en el rumbo, Carlos I y sus consejeros deliberaron sobre si continuar el viaje por mar o desembarcar allí mismo. La inseguridad de la vía marítima, "por la mutabilidad del viento, que lo mismo se puede cambiar en malo que en bueno", inclinó la decisión hacia el desembarco, según relata Laurent Vital, un cronista flamenco que viajaba con el rey.


Los abuelos de CarlosI de Epaña y V de Alemania, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos (óleo de Francis De Blas)
Hay discusión histórica sobre cuál fue la primera tierra española que pisó Carlos I, si Tazones o Villaviciosa. Laurent Vital, en la detallada crónica del viaje, señala claramente que a pesar de la cercanía de Tazones, "no fueron allí a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal, y por que, a dos leguas cerca de allí, había una buena villita, donde estarían mucho mejor alojados que en dicho Tazones". Por ello, continúa su relato L. Vital, "a fuerza de remos, llevaron a dicho señor Rey por un río de agua dulce que entraba en tierra, entre dos altas montañas que se perdían de vista, llegando este río hasta esa villita llamada Villaviciosa".
La tesis del desembarco en Tazones se apoya en una carta de Pedro Mártir de Anglería, un eclesiástico italiano que había sido confesor de la reina Isabel I desde 1501 hasta su muerte en 1504 y luego consejero de Carlos I, en la que escribió que "dispersa la flota llegó a un puerto no bien resguardado, denominado vulgarmente Tazones". Pero Pedro Mártir no viajaba con Carlos I, por lo que su testimonio es de segunda mano. Más sólido es el de Pierre Boissot, mayordomo de la cámara de cuentas del rey, que sí viajaba con él y escribió un dietario del viaje. El sábado, 19 de septiembre, anotó: "El rey de Castilla comió a bordo, desembarcó al anochecer en un puerto llamado "Stasons" [Tazones], país de "Sture" [Asturias], y cenó y pernoctó en la villa de Villaviciosa".
Nada más cuenta Boissot, mientras que Laurent Vital hace una crónica bastante detallada del traslado de Carlos I desde su barco a Villaviciosa, donde pernoctó el 19 de septiembre. Cuenta el cronista flamenco que el rey pasó a una barca a las 5 de la tarde, y aunque los sirvientes remaron con toda la fuerza era noche cerrada cuando llegó a Villaviciosa, al puente de Buetes, también denominado "puente de les Gabarres", porque hasta allí llegaban los transportes en marea alta. Carlos entró en Villaviciosa, población que contaba con murallas, por la puerta Detrás de la Iglesia y continuó por la calle del Agua hasta su alojamiento en la casa del chantre Rodrigo de Hevia.
Pintura de A. Romo. Desembarco sobre un paisaje imaginario de Tazones.
En esta arribada de Carlos I y su flota a las costas de Tazones hay un hecho singular que merece ser destacado. La presencia de tan grande escuadra ante Tazones despertó el temor de los naturales, que la tomaron por enemiga y se aprestaron a defenderse. La sospecha de que pudiera ser hostil se apoyaba en lo insólito e inesperado de su presencia en aquel lugar, poco apto para un desembarco si se tratase de amigos, que hubieran elegido los puertos de Gijón o Avilés. Además, tras la muerte de Fernando el Católico España estaba sin rey y los vecinos, según contaron luego a Laurent Vital, pensaron que podían ser los turcos o los franceses que trataban de aprovecharse de la situación. No se arredraron ante tal peligro los habitantes de la zona, sino que tras poner a salvo a mujeres, niños y ancianos en las montañas del interior, se movilizaron con las armas más dispares que encontraron para hacer frente al que suponían invasor de sus tierras. Gesto digno de elogio y recuerdo.
Lo recoge el citado Pedro Mártir de Anglería, que cuenta cómo los vecinos pusieron a salvo a los niños, mujeres y ancianos, y que todas las demás personas aptas para la lucha se armaron con lo que encontraron y se distribuyeron por las colinas inmediatas a la ría, dispuestos a repeler el desembarco. Desde la lancha real vieron el despliegue de los villaviciosinos y, según P. Mártir de Anglería, gritaron: "¡España, España! ¡Nuestro rey católico, nuestro rey!". Al oír esto, los vecinos arrojaron sus armas al suelo y, de rodillas, reverenciaron al rey.
Imagen "muy" antigua del pueblo de tazones (Villaviciosa)
Laurent Vital difiere un poco en cómo se produjo el reconocimiento del rey. Según su versión, uno de los vecinos, oculto entre la vegetación, se acercó lo suficiente como para reconocer las armas de Castilla en las banderas del bote real y así lo hizo saber a sus compañeros, "emboscados en los pasos y estrechos que allí hay". Entonces, de las barcas, bajaron algunos a tierra y anunciaron a los vecinos "la venida del dicho señor rey; de lo cual se esparció la noticia por el país; y por lo tanto su duda se vio convertida en alegría y seguridad".
Sólo el rey, su hermana Leonor y unos pocos acompañantes llegaron hasta Villaviciosa, pues resultaba muy difícil encontrar alojamiento para todos y reunir, posteriormente, los carros y mulos suficientes para transportar a un séquito amplio hasta Santander. Así, el día 20, la escuadra levantó anclas con el grueso de la comitiva a bordo y se dirigió al puerto cántabro donde fondeó al día siguiente, 21. Mientras el rey permaneció en Villaviciosa, "los furrieles y alguaciles contrataban carretas y mulos para llevar los bagajes del rey y sus gentes, lo cual se acabó y logró con gran trabajo".
Foto antigua del pueblo de Tazones - Villaviciosa (Asturias)
El domingo, 20, los regidores de Villaviciosa acudieron a cumplimentar al rey, ante el que pronunciaron un corto discurso que recoge L. Vital: "Señor, ante vuestra reverencia han llegado vuestros humildísimos y obedientes súbditos y servidores de esta pequeña villa, que de todo corazón vienen humildemente a haceros la reverencia, visitándoos y dándoos la bienvenida e igualmente ofreciéndoseos en cuerpo, alma y bienes a vuestro servicio, rogándoos tenerlos por encomendados y perdonarles si ayer mismo no vinieron a saludaros como debían. Pero la causa por la cual lo han diferido ha sido el temer molestaros a causa de que habíais llegado tarde a esta vuestra pobre villa, la cual os hace presente de unas cubas de vino, de doce cestas de pan blanco, de seis bueyes y de veinte y tres carneros, rogándoos quererlos aceptar con agrado, pues aunque el presente no sea tal como a Vuestra Majestad corresponde, sí lo es conforme a los medios de la villa, que no tiene otra cosa más que amor y buena voluntad".
Al día siguiente, 21, para entretener al rey y a sus damas, los vecinos hicieron una corrida de toros delante del alojamiento del rey, haciéndoles "pasar un buen rato, porque eran fieros y bravos y se defendían bien; pero, para dar fin a esta diversión, fueron desjarretados a fuerza de espadas y, finalmente, muertos".
La casa de los Hevia.en Villaviciosa donde pernoctó el 19 de septiembre de 1517 Carlos I de España
 FUENTE:   
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Carlos I. Rey de España y Carlos V. Emperador de Alemania (1500-1558)

Emperador del Imperio Germánico y Rey de España, nacido en Gante el 24 de febrero de 1500 y muerto en Yuste el 21 de septiembre de 1558.

Carlos I, Rey de España

Retrato del Emperador Carlos V con su perro. Autor Tiziano
Carlos I de España y V de Alemania, emperador de dos mundos.
La muerte de Fernando el Católico dejó a la Monarquía Hispánica en una complicada situación, amenazadas sus fronteras por franceses y musulmanes, al tiempo que su integridad peligraba por las ansias de riqueza y poder de las grandes familias nobiliarias. Cisneros fue capaz de conjurar estos peligros durante el año largo que duró su regencia. No obstante, cuando Carlos de Gante se dispuso a hacerse cargo de sus territorios surgió otro problema de gran transcendencia. La reina legítima, pese a su incapacidad, seguía siendo Juana I de Castilla, hasta el punto de que Fernando el Católico, desde la muerte de Isabel, sólo tuvo en Castilla el título de Gobernador. Carlos deseaba ser coronado rey, probablemente a instancia de Chièvres, por lo que tuvo que idearse una fórmula legal que no violentara las tradiciones y la justicia castellana. De este modo, se planteó la fórmula: Doña Juana e don Carlos, su hijo, por la gracia de Dios reyes de Castilla, de León, de Aragón... Cisneros tuvo que amenazar a los nobles, incluso con las armas, para que aceptaran esta fórmula. Muchos historiadores han considerado este acto como un auténtico golpe de Estado, pero es indiscutible que Carlos I siempre encabezó los documentos regios primero con el nombre y título de su madre y después con los suyos.
Antes de partir hacia España, Carlos de Gante tenía que dejar todos los asuntos de Flandes bien resueltos, por eso se produjo la firma del Tratado de Noyon el 13 de agosto de 1516. Finalmente, el 8 de septiembre de 1517 Carlos de Gante, acompañado de lo más selecto de su Corte, zarpó hacia España. La llegada a España no fue como estaba prevista, ya que una tormenta alteró el rumbo de la flota y mientras las autoridades españolas esperaban en Laredo, Carlos se presentó en Asturias, en el pequeño puerto de Tazones, donde fue recibido de forma hostil por una población asustada que tomó la flota por una escuadra enemiga.
Tras un largo viaje por el norte peninsular, la comitiva regia se dirigió por tierra a Tordesillas, tanto por motivos políticos, Carlos quería que su madre aprobara su idea de compartir el título real, como por motivos sentimentales, tanto Carlos como su hermana Leonor llevaban once años sin ver a su madre, además, no conocían a su hermana pequeña, Catalina, que permanecía junto a Juana en Tordesillas; también estaba el asunto de Felipe el Hermoso, cuyo cadáver permanecía insepulto en el convento de Santa Clara de Tordesillas. Carlos pasó una semana junto a su madre y sus hermanas, en el transcurso de la cual, Juana aceptó que Carlos gobernara en su nombre, sin que ella perdiera título alguno. Posteriormente, Carlos se ocupó de los funerales de su padre. Tras abandonar Tordesillas, Carlos fue al encuentro de su hermano Fernando, al que tampoco conocía y en torno al cual se había reunido la nobleza descontenta. En esos momentos, se produjo la muerte de Cisneros, sin que llegase a producirse el encuentro con el Rey. El encuentro entre Carlos y Fernando, fue todo un éxito de la diplomacia carolina, ya que éste supo ganarse la fidelidad del infante Fernando y poner así fin al peligro de guerra civil.
Una vez arreglados todos los asuntos de protocolo, Carlos se dirigió con su comitiva hacia Valladolid. La entrada del cortejo real en Valladolid fue apoteósica y en la ceremonia se quiso no sólo dar muestra de poder sino además, evidenciar quien era el nuevo rey de España, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y los territorios americanos. Pese a todo ello, los recelos entre los nobles castellanos y el pueblo no se apagaron. El pueblo vio en Carlos un príncipe demasiado joven, extranjero y desconocedor de sus costumbres, cierto es que Carlos ignoraba la lengua de sus nuevos súbditos y prácticamente todo lo relacionado con sus nuevos dominios, además se había presentado ante el pueblo rodeado de consejeros flamencos. En Valladolid, el rechazo a los nobles flamencos era notorio, sobre todo debido a que Carlos I había concedido a sus compatriotas una serie de mercedes que los castellanos juzgaban desproporcionadas. Todos los nobles del cortejo de Carlos habían recibido importantes puestos en la administración de los reinos peninsulares, pero lo que más enfadó al pueblo fue que el nuevo rey nombrase a Guillermo de Croy, un joven de 17 años, como sustituto de Cisneros en el Arzobispado de Toledo.
En un tenso ambiente, Carlos I aprovechó su estancia en Valladolid para convocar las primeras Cortes de su reinado, era el 9 de febrero de 1518. En estas Cortes se produjo el primer enfrentamiento entre Carlos I y sus nuevos súbditos. El Rey pretendía establecer su poder absoluto, mientras que las Cortes pretendían asentar el principio medieval según el cual el rey reinaba y gobernaba por un pacto tácito entre el monarca y su pueblo, auténtico depositario del poder.
En estas primeras Cortes de Valladolid, Carlos I ya dejó entrever la que sería su política europeísta. El nuevo rey, tras la promesa de respetar los privilegios concedidos anteriormente, les pidió dinero para sufragar los compromisos de la nueva monarquía en territorios lejanos. Carlos solicitó fondos para hacer frente a la amenaza musulmana sobre la frontera oriental del Imperio Germánico, regido entonces por su abuelo Maximiliano I. Parece claro, que Carlos ya albergaba la esperanza de convertirse en el nuevo Emperador, por lo que hacía suya la defensa del Imperio. Las Cortes concedieron el dinero solicitado, pero impusieron sus peticiones: que el rey aprendiera castellano, que no se concedieran cargos a extranjeros, que se respetaran los usos de Castilla, que se respetara el rango de la reina Juana y el testamento de la reina Isabel, que se respetara la unidad territorial de la Monarquía Hispánica, que no se malgastasen los bienes de la Corona y que el infante Fernando no saliera de la península mientras Carlos no tuviera un heredero.
El 22 de marzo de 1518 Carlos I salió de Valladolid rumbo a Aragón, acompañado de su hermano Fernando, del que se separaría a mitad de camino, de su hermana Leonor, y de la reina viuda Germana de Foix. Era necesario que el rey fuera a visitar sus territorios de la Corona de Aragón cuanto antes, ya que en ellos existía la teoría de que otro personaje de la familia real, el arzobispo Alonso, hijo natural de Fernando el Católico; pretendía hacerse con el trono.
El 9 de mayo de 1518 la comitiva entró en Zaragoza y once días después se reunieron las Cortes de Aragón. Carlos pretendía obtener lo mismo que había logrado en Castilla, esto es, un buen subsidio y el juramento de fidelidad por parte de las Cortes. Para las Cortes aragonesas lo fundamental era asegurar sus privilegios y para defenderlos estaban bien armadas jurídicamente. Finalmente, tras meses de negociaciones, Carlos logró el juramento de fidelidad, pero económicamente obtuvo algo menos de la mitad de lo que había concedido Castilla.
Mientras Carlos peleaba con las Cortes aragonesas, ocurrieron una serie de importantes acontecimientos que tendrían una gran repercusión en los años siguientes. Por un lado, Sauvage, el canciller de Carlos I falleció, con lo que entró en la escena política uno de los hombres más importantes del reinado de Carlos I, Mercurio de Gattinara. En el mes de junio se produjo en Zaragoza la boda por poderes entre la infanta Leonor y el rey de Portugal, Manuel el Afortunado. Al mismo tiempo, llegaron a Zaragoza las noticias sobre el deteriorado estado de salud del emperador Maximiliano, con lo que se iniciaba la carrera para la sucesión imperial.
El 15 de febrero de 1519 Carlos hizo su entrada en Barcelona, ciudad en la que pasaría casi un año. Para esas fechas ya había muerto Maximiliano I, el 12 de enero de 1519, por lo que la elección del nuevo emperador había comenzado. Las Cortes catalanas se reunieron al día siguiente de la llegada de Carlos y lo hicieron de igual manera que las aragonesas.
Entre el 5 y el 8 de marzo de 1519 Carlos I reunió a la Orden del Toisón de Oro, como Gran Maestre que era, para nombrar a los principales nobles hispanos como nuevos caballeros.
El 6 de julio de 1519 Carlos I recibió en Barcelona la noticia de su elección como nuevo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, bajo el nombre de Carlos V. El cabildo municipal de Barcelona recogió así la noticia: MDXIX, sis de julios, dimecres: En aquest dia vench correu del senyor Rey ab letres de avís de la bona elecció que els Elecors del Imperi havian feta en la persona de S. M., concordablement y ningú discrepant, en Rey dels Romans e per esser promogut al Imperi. Vench a les XII hores de la miga nit y en la matinada S. M. Cavalca a Jhesus per a fer gracies a Nostre Senyor... El 22 de agosto llegó a Barcelona la embajada enviada por los príncipes electores para comunicar la elección imperial. Carlos V prometió viajar lo más rápido posible a Alemania para hacerse cargo del Imperio, lo que provocó la preocupación de sus súbditos castellanos, que no querían un rey ausente. Sin embargo, la noticia fue bien acogida en Cataluña, donde querían permanecer lo más alejados posibles del poder regio para asegurar así sus privilegios. Pese a ello, las Cortes continuaron aplazando su decisión sobre los sufragios solicitados por Carlos. En enero de 1520 las Cortes catalanas aprobaron finalmente conceder una ayuda económica a Carlos, pero esta era tan exigua que apenas llegaba para cubrir los gastos de la Corte en Barcelona.
En diciembre de 1519 llegó a Barcelona un impresionante obsequio para el Emperador enviado por Hernán Cortés, el cual empezaba a conquistar a los aztecas. El regalo de Cortés no pudo llegar en mejor momento, ya que Carlos atravesaba por dificultades económicas debido al retraso de las Cortes catalanas. También durante este tiempo en Barcelona, se produjo otro hecho fundamental, se alcanzó el acuerdo definitivo para que Magallanes realizara su famosa expedición.

La vida familiar de Carlos I: Catalina, Fernando y Germana de Foix
Carlos I había dejado en los Países Bajos a sus hermanas Isabel y María, mientras que Leonor había viajado con él a España. Carlos quería acabar con el cautiverio que su hermana pequeña sufría en Tordesillas junto a la reina Juana, para lo que llevó a la princesa junto a su otra hermana, Leonor. No obstante, las quejas de la reina Juana fueron tales que Carlos tuvo que consentir que la pequeña Catalina volviera a Tordesillas, aunque, eso sí, su situación fue considerablemente mejorada. Catalina no volvería a abandonar Tordesillas hasta 1525, cuando contrajo matrimonio con el rey Juan III de Portugal.
Pese a lo prometido a las Cortes de Valladolid, ese mismo año de 1518, Carlos preparó la salida de su hermano Fernando de España. El 23 de mayo Fernando embarcó rumbo a los Países Bajos, requerido por Maximiliano I, a instancias del propio Carlos, para ocupar un puesto destacado en el gobierno del Imperio. Los partidarios de Fernando trataron de evitar en vano la partida del infante.
Fernando el Católico había estipulado en su testamento, que su heredero se hiciera cargo de su segunda esposa, Germana de Foix. Parece ser que Carlos se enamoró locamente de la viuda de su abuelo, que por entonces era una bella mujer de veintinueve años. La reina viuda se trasladó a Valladolid, a un palacio junto al que utilizaba el rey Carlos, entre ambos se construyó un voladizo para que pudieran visitarse sin ser vistos. De esta relación, muchas veces silenciada por los historiadores posteriores, nació en 1519 una hija, de nombre Isabel, que se crió en la Corte de la Emperatriz desde 1523.
Germana de Foix.
Durante la estancia de la Corte en Barcelona en 1519, Germana de Foix contrajo matrimonio con el duque de Brandemburgo, con el objeto de que alguien distinto del rey se hiciera cargo de la hija nacida de ambos. Pese a ello, Germana nunca perdió el favor de Carlos, como lo demuestra el hecho de que le acompañase en su viaje al Imperio poco después. Germana dejó la Corte en 1523, cuando Carlos la nombró virreina de Valencia y, poco después, en 1526, se casó con el duque de Calabria.
La elección imperial
Desde que en 1440 Federico III había sido elegido Emperador, la Casa de Habsburgo estaba al frente del Sacro Imperio, lo que en principio convertía a Carlos I en el candidato mejor situado para suceder a su abuelo Maximiliano I. No obstante, Maximiliano no había nombrado a Carlos Rey de Romanos, lo que le habría convertido en el heredero directo al trono imperial. Por esta razón, a la muerte del Emperador se abrió el complicado sistema de elección imperial, regulado por la Bula de Oro, en el que Carlos tenía que competir con el resto de candidatos.
La Bula de Oro establecía que siete grandes personajes del Imperio serían los encargados de elegir al nuevo emperador. Estos personajes, conocidos como los Príncipes Electores, eran tres altos clérigos (los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia) y cuatro nobles (el rey de Bohemia, el magrave de Brandemburgo, el conde del Palatino y el duque de Sajonia). A estos personajes correspondía decidir entre los dos candidatos principales, Francisco I de Francia y Carlos I.
Carlos I, rey de España y V de Alemania. Aremberg.
Carlos tenía a su favor el ser el jefe de la Casa de Habsburgo, pero en su contra estaba su juventud y el hecho de no ser aún un personaje suficientemente conocido en Europa. Francisco I simbolizaba todo lo contrario, era el rey indiscutido de un rico territorio, Francia; había protagonizado brillantes campañas militares y era unos años mayor que Carlos. Francisco I contaba con el apoyo del arzobispo de Maguncia y del magrave de Brandemburgo, además, era el preferido por el papa León X, temeroso de que sus estados quedaran rodeados por un Emperador que además de serlo controlase también Nápoles. Ante estas dificultades, Margarita de Saboya le propuso a su sobrino Carlos que cediera sus derechos a su hermano Fernando, cuya elección sería más fácil dado que no representaba un peligro para nadie.
Carlos I se mostró inflexible, él era el primogénito, suyos los derechos, y no estaba dispuesto a que nadie lo pusiera en duda. Desde Barcelona escribió a todos los Príncipes Electores recordándoles que habían prometido a Maximiliano I que apoyarían su candidatura, además, les prometió suculentos beneficios económicos. Una vez fijada su candidatura al trono imperial, Carlos dejó en manos de su tía Margarita las negociaciones. En el transcurso de las mismas, se recurrió al soborno, las amenazas e incluso la guerra propagandística entre ambos candidatos. En los meses siguientes una serie de factores jugaron a favor de Carlos. Por un lado, Federico de Sajonia, uno de los electores, se negó a presentar su propia candidatura, como pretendía León X, y apoyó decididamente la de Carlos. Esto provocó que el Papa, ante la posibilidad de convertirse en enemigo del nuevo Emperador, retirase su apoyo al rey francés. Por otro lado, Carlos contó con el dinero de los Fugger, pieza fundamental en el mecanismo de sobornos. Francisco I, abandonado por sus principales apoyos, trató en vano de lograr que Carlos no fuera elegido Emperador, ya que esto supondría que Francia quedase rodeada por los estados de Carlos; para ello renunció a su candidatura en beneficio de Joaquím de Brandemburgo o de Federico de Sajonia, pero este último intento no fructificó.
El 28 de junio de 1519, reunidos los Príncipes Electores en Frankfurt eligieron por unanimidad a Carlos de Gante, archiduque de Austria, como nuevo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Carlos I pasaría a ser conocido desde entonces como Carlos V.
La elección le había costado a Carlos la fabulosa cifra de 850.000 florines, desembolsados en tampoco tiempo que no hubo más remedio que recurrir a los banqueros europeos, principalmente florentino, genoveses y, desde luego, a los alemanes Welser y Fugger. Estos préstamos se cubrieron, en gran parte, con las rentas de Castilla.

Autor: Juan Antonio Castro Jiménez

FUENTE: Texto extraído de  http://www.mcnbiografias.com

Precioso documental mudo filmado por Royal Films en los años 20 y encargado por Valle, Ballina y Fernández con el fin de publicitar la sidra El Gaitero en España y América.
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5 comentarios:

  1. ¡Cuántos avatares, luchas, chanchullos... por el engreimiento y ansia de poder que lleva el corazón de los que se creen por la cuna en que nacieron diferentes al resto de los hombres...Al final, nadie será más que nadie... No entiendo para nada lo que pueden pintar en nuestros días las monarquías con todo lo que conllevan alrededor ni en España, ni en el resto de Europa...no dejan de causarme desagrado e irritación... Y en cuanto a Carlos l de España y V de Alemania, de quien en nuestros antiguos libros de texto se decía que "en sus dominios no se ponía el sol"...¡qué vida tan corta para tanto desasosiego!...¡vaya, y con Cataluña y sus intereses bien defendidos también nos hemos topado! Sin embargo no se habla para nada de aquel hijo, uno de los varios que el emperador tuvo de extranjis, al que él protegió y reconoció como suyo, criado como un príncipe en Villagarcía de Campos: don Juan de Austria, que se embarcó en aquella flota a luchar contra la morisma y terminó muriendo hacia los treinta y pocos años, creo recordar que por unas fiebres que le dieron de las que no salió... En fin...
    si bien estuvieron los reyes en su tiempo, por las necesidades de entonces, al ser las gentes tan ignorantes, verlos por ahí ahora adulados por la prensa, luciendo ellas sus modelitos y arreglos estéticos...la verdad es que no tiene sentido para mi modo de entender. Y no deja de dolerme cómo nos están chupando entre todos los que mueven los hilos la sangre, para poder seguir viviendo ellos,- nunca mejor dicho,- a cuerpo de rey.
    Y vaya con don Juan Carlos l, las exigencias que traía consigo en cada lugar de desembarco..!




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  2. Error en el anterior comentario: "vaya con don Juan Carlos l : quiere decir: ¡Vaya con don Carlos l de España y V de Alemania...!( No dejaba de ser un crío de 17 años en su desembarco por nuestros puertos de mar asturianos y demás recorrido por el resto del país...)

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  3. Muy bueno ! Gracias. Voy a compartirlo con mis amigos.

    mercedes rivero (buenos aires,Argentina)

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  4. Muy bueno. Gracias ! Lo voy a compartir con mis amigos.

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