3 de octubre de 2014

"Pilina", hija del coronel ovetense Amaro Cimadevilla Álvarez

Una "Santina" enterrada junto a Isidoro Álvarez

Pilina Cimadevilla.
En la iglesia madrileña donde reposan Ramón Areces e Isidoro Álvarez yace también la niña Pilina Cimadevilla, en proceso de beatificación e hija de un militar ovetense.
La Iglesia de San Ginés, una de las iglesias más antiguas de Madrid.  Se trata de un templo católico bajo la advocación de San Ginés de Arlés  quien fue un  mártir  fallecido en los primeros años del siglo IV. El actual edificio data de 1645. La estructura que hoy podemos contemplar corresponde a la reconstrucción de la iglesia tras  el derrumbe del primitivo templo de estilo mudéjar en 1641 (hay referencias sobre que se pudo erigir en el siglo XII) . San Ginés padeció tres incendios (1724, 1756 y 1824) que dieron lugar  a otras tantas restauraciones. Toda su estructura arquitectónica  unida a las magníficas  pinturas y esculturas que alberga en su interior, conforman uno de los  conjuntos histórico, artístico y arquitectónico más importantes de todo Madrid.
Es un museo en toda regla. Destacan los cuadros de Alonso Cano, El Greco, José Adams, Villabrille y Salvatierra. Además, sobresalen sus impresionantes capillas, sus esculturas y su bella sacristía. Uno se asombra cuando ve las maravillas que se esconden en su interior. Además, la Iglesia de San Ginés rezuma historia toda vez que fue la iglesia donde Lope de Vega se casó, donde Francisco de Quevedo se bautizó y donde se celebraron los funerales por Tomás Luis Victoria. Asimismo, en su suelo se encuentran enterrados numerosos cuerpos, además  existe una cripta repleta de tumbas  e incluso albergaba un  cementerio en su actual zona de entrada.
Por último, hay varias leyendas en torno a la Iglesia de San Ginés, un lugar cargado de mucha historia, simbolismo y misterio. http://www.turismomadrid.net

La iglesia de San Ginés de Arlés, en la calle Arenal de Madrid, donde se casó Lope de Vega y fue bautizado Quevedo, es desde el pasado lunes un poco más asturiana porque en ella descansa para siempre el expresidente de El Corte Inglés Isidoro Álvarez, nacido en Borondes (Grado), al lado de su tío segundo Ramón Areces, primer presidente de la cadena de grandes almacenes, que abrió su primer establecimiento muy cerca, en la calle Preciados. No están solos como ilustres representantes de la tierra natal. En la capilla de la Virgen del Castillo, bajo el altar, en una pequeña urna, yace la niña María del Pilar Cimadevilla López-Dóriga, conocida como Pilina, hija del coronel ovetense Amaro Cimadevilla Álvarez -vástago de un abogado carbayón- y de la santanderina Rosario López-Dóriga. Pilina fue declarada venerable sierva de Dios en 2004, paso previo a la beatitud, después de fallecer en 1962, a los 10 años, en loor de santidad, tras padecer estoicamente la enfermedad de Hodgkin.
Pilina, que lleva más de medio siglo esperando el reconocimiento definitivo de una curación milagrosa atribuible a su intercesión, se crió en el barrio, y seguramente conoció aquel primer Corte Inglés en los paseos con su madre y sus hermanos. Magdalena fue la más cercana. Sólo se llevaban dieciocho meses y aún hoy se emociona al relatar a LA NUEVA ESPAÑA el heroísmo de aquella compañera de juegos a la que recuerda alegre y devota.


El expresidente de  El Corte Inglés, Isidoro Álvarez que falleció el domingo 14 de septiembreen el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda en Madrid a los 79 años de edad.
"Yo sería incapaz de hacer todo lo que ella hizo. Cuando murió pesaba 14 kilos y de su boca no salía una queja", cuenta Magdalena, que también ha pasado por el triste trance de perder a un hijo. Y es que para ella "los hijos son un tesoro prestado que Dios nos da... y nos quita", afirma con resignación.
Los Cimadevilla López-Dóriga eran una familia conservadora, felices entre las dificultades que arribaron al hogar. Tuvieron siete hijos, uno con síndrome de Down que murió de pequeño, como otros dos hermanos. La propia Magdalena, la quinta, justo antes de Pilina, vino al mundo con problemas graves de salud que logró superar. Habla con cariño de los días escolares en el colegio Cristo Rey de la calle de las Fuentes. "Siempre estábamos juntas, mi niñez fue paralela a la suya, hasta que falleció". Y poco antes del fatal desenlace, Pilina tuvo fuerzas para hacer prometer a su padre que iría a misa todos los días. "Porque esta vida sólo vale para ganar el cielo". La hermana lo recuerda como si hubiera sido ayer. El adusto militar no faltó a su compromiso. Magdalena lo considera una suerte de milagro. "Era muy religioso, pero a la iglesia sólo acudía los domingos", argumenta. Debajo de la cajita que contiene los restos de la pequeña yacen los padres.
La causa de beatificación, cuyo vicepostulador es el padre mercedario Alfonso López-Quintas, va lenta y se ha demorado aún más por las dificultades para probar el necesario milagro que exige Roma en estos casos. "Le atribuyeron la curación de una niña, pero cuando la persona interesada se hizo adulta se desvinculó del asunto", indica Magdalena.
El pasado jueves, Rosario López-Dóriga habría cumplido 100 años. Se fue de este mundo sin ver a su hija elevada a los altares. "Sufrió tanto que enfermó. Mi padre también se retiró joven". A todos sus hijos les enseñó a rezar y les inculcó el amor al Niño Jesús. "Son cosas que ahora no están de moda, lo sé, pero yo estoy muy agradecida de la educación que recibí", dice Magdalena.
Magdalena y sus hermanos no pierden la esperanza de que llegue el milagro. Tampoco les obsesiona. "Será lo que Dios quiera". Si ocurre, San Ginés, un auténtico museo con obras del Greco y de Pompeo Leoni, entre otros, luciría una imagen de la segunda santina asturiana. Entre aquellos muros hizo su primera comunión y allí se casaron muchos miembros de la familia Cimadevilla. A veces, a Magdalena aún le parece escuchar los pequeños pasos de Pilina camino del sagrario, pronunciando aquellas palabras que le decía a su madre: "No te apures, que yo le ofrecí mi vida a Jesucristo".

La leyenda del caimán aviva el halo misterioso del templo madrileño.

La zona que hoy ocupa la calle del Arenal, en el corazón neurálgico del Madrid de los Austrias, era, durante la dominación musulmana, un terrero arenoso en el que había un profundo barranco llamado de la Zarza, del que nacía el arroyo del Arenal. Los terrenos estaban ocupados por mozárabes que construyeron una pequeña ermita que con el tiempo se convirtió en la actual parroquia de San Ginés de Arlés. La leyenda cuenta que en el siglo XIV al remover los cimientos del edificio para asentarlos sobre el terreno inestable del arenal apareció un caimán fosilizado. Lo cierto es que en la capilla en la que está enterrada Pilina, ahora de la Virgen del Castillo y antes de los Remedios, se conservaba desde 1522 un gran caimán disecado que fue regalado como exvoto por el aposentador Alonso de Montalbán, funcionario al servicio de los Reyes Católicos, en agradecimiento a la Virgen.

Capilla de la Virgen del Castillo en la Iglesia de San Ginés, bajo el altar, en una pequeña urna, yace la niña María del Pilar Cimadevilla López-Dóriga 

FUENTE:

Sierva de Dios María del Pilar Cimadevilla "Pilina"
El libro Pilina Cimadevilla, escrito por Alfonso López Quintás,
Fraile mercedario, pedagogo católico y profesor español que, entre otras cosas, se dedicó a la enseñanza de la filosofía como funcionario del Estado.

Esta niña madrileña sufrió la enfermedad de Hodgkin, enfermedad que apagó, a los diez años de edad, su breve existencia. María Pilar Cimadevilla López-Dóriga ofreció su enfermedad con espíritu misionero.
María del Pilar, conocida familiarmente como ‘Pilina’, nació en Madrid el 17 de febrero de 1952. Fue hija del coronel Amaro Cimadevilla y de doña María del Rosario López-Dóriga.
Desde temprana edad se caracterizó por su genio vivo que le ganó el apelativo de “la Brava”. Dócil e inteligente, empezó a destacar al poco tiempo por su piedad.
La Primera Comunión marcó un hito en su vida: “Mi Primera Comunión fue toda para Jesús”, diría ella misma.
A los nueve años fue internada en el Hospital Militar Gómez Ulladebido debido a una enfermedad dolorosa e irreversible, Pilina sufrió inapetencia y cansancio extraordinarios, a lo que se le sumó la aparición de un ganglio en el cuello. Fue atendida por las religiosas Hijas de la Caridad quienes le proponen formar parte de la Unión de Enfermos Misioneros, se entusiasmó de tal modo con la idea de ofrecer sus sufrimientos por las misiones,sabiendo que sus sufrimientos podían ser convertidos por el Señor en fuente de conversión y salvación de muchos, toda su vida se convirtió en un acto de entrega al Señor. Aquí es donde comenzó a mostrarse lo extraordinario de Pilina su heroísmo en el sufrimiento,no se quejaba de sus fuertes dolores, no solicitaba sino la ayuda indispensable, se preocupaba más de los demás que de ella misma...
Jesús se comunicaba con ella con toda naturalidad. Un día le dijo que pronto vendría a buscarla, pero que tenía que sufrir todavía un poco más, porque puede ser santa.
Así lo comunicó Pilina a sus padres llena de gozo. Un día después, el 6 de marzo de 1962, la niña cayó en brazos de su madre recién cumplidos los diez años de edad.
La enfermedad maduró su alma de tal forma que causó asombro en cuantos la conocieron en el hospital, su heroísmo en el sufrimiento y el sacrificio que hasta el final creyó estar realizando por las misiones, no tenía explicación natural.
Hoy en proceso de beatificación, su vida ha asombrado a cuantos han tenido noticia. Pilina fue una niña precoz en cuanto a la vida del espíritu. Mostró siempre una sensibilidad especial para lo religioso: rezaba frecuentemente y con una atención desusada para su edad, se recogía en la iglesia a menudo para orar y meditar, seguía prontamente cualquier indicación relativa al cultivos de la vida espiritual...
La Congregación para las Causas de los Santos  promulgó el 19 de abril de 2004,  15 nuevos decretos que abren la puerta a las canonizaciones y beatificaciones de numerosos siervos de Dios, incluyendo a la niña española.
La Congregación también proclamó las virtudes heroicas de esta Sierva de Dios, y su causa queda solamente a la espera de un milagro para ser proclamada beata.
La niña María Pilar Cimadevilla López-Dóriga, en el ataúd
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