5 de mayo de 2016

Dionisio de la Huerta y las Piraguas (El descenso internacional del Sella-Asturias)

Algunos apuntes sobre Dionisio de la Huerta

(Artículo actualizado)
Antonia y Manuel, los padres de Dionisio. http://www.arriondas.com
En torno al "padre" y creador del Descenso del Sella-Fiesta de las Piraguas de Asturias.
Dionisio Miguel Manuel de la Huerta y Casagrán, 1964 – Típica expresión de Dionisio de la Huerta.
http://www.arriondas.com
Dionisio nació en Barcelona el 19 de diciembre de 1899. Estudió en el Colegio de las Monjas Francesas de "La Presentación" y -con seis años- ingresó en el Colegio de los Jesuitas, ya con gran dominio del francés. Allí estudió hasta los 15 años y los veranos los pasaba entre Gijón y la casa familiar de Coya.
Su madre falleció cuando sólo tenía 30 años, pero ya padecía "mal de Alzheimer". Dionisio tenía diez años y su hermana, Antonia Benita, nueve. Ambos hermanos permanecieron muy unidos durante su larga vida. Primero de su clase en actividades artísticas, culturales y deportivas, Dionisio concluyó a los 18 años la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona y, a los 19, se doctoró en Derecho en Madrid, tras permanecer un año en la famosísima Residencia de Estudiantes de la capital española.
Con la graduación de sargento fue reclutado con su batallón durante los enfrentamientos con Marruecos y estuvo destinado en Melilla. Fue testigo de los sangrientos combates del Monte Gurugú y ascendió a suboficial-brigada en 1921, al finalizar la Guerra de África.
Quiso ser diplomático -cosa que su padre no aprobó- y entró a trabajar en el bufete del prestigioso abogado catalán Francisco Girons. Allí estuvo siete años hasta que obtuvo la plaza de fiscal en Arenys de Mar, hasta 1936.


Dionisio de la Huerta Casagrán, nació en Barcelona en el año 1899 y falleció en la ciudad que le vio nacer en el año 1995, dejando tras de sí una notabilísima estela deportiva.
Su afición al tenis le llevó a recorrer medio mundo -dos de sus pasiones, el tenis y el viajar- llegando a ganar el campeonato nacional de Paquistán.
Se olvidó de la abogacía y se dedicó al deporte. Fue campeón absoluto de Cataluña en el año 1933, así como secretario de la Federación Española de Tenis desde 1933 hasta 1958. Entre 1935 y 1950 se convirtió en un promotor turístico, organizando hasta diecisiete viajes en lujosos yates desde Barcelona a Las Palmas. Su inquietud viajera le llevó a conocer numerosos países y llegó incluso a organizar viajes -tanto desde otras comunidades españolas como desde otros países- hacia el Principado de Asturias, donde hizo de guía turístico, gastronómico y de costumbres, así como mostrando deportes típicos asturianos. No se le daba mal la interpretación teatral e incluso -allá por 1943- llegó a adaptar por su cuenta el Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, trocándolo en El Burlador de Turó, para lo cual tuvo que escribir y readaptar más de 3.500 versos.
Con su piragua plegable traída desde Barcelona hizo una pequeña excursión fluvial entre Coya e Infiesto, en compañía del ahijado de su padre, el médico gijonés Benigno Morán. Aquellos cinco kilómetros fueron el origen de lo que acabó siendo la fiesta que conocemos, aunque su intención después fue llegar hasta Arriondas, la noche les pilló en Soto de Dueñas; catorce kilómetros y siete horas de excursión. Y, así, en 1930 quiso recorrer el río Ebro desde Zaragoza hasta la desembocadura en el Mediterráneo, pero la riada que coincidió con las fechas elegidas le llevó a venirse para Asturias con dos piraguas y sus amigos del Club de Tenis de Turó. En 1930 -desde Infiesto hasta Arriondas- emplearon dos días, pasando noche en Soto de Dueñas. Y sería 1931 el primer año en hacer la excursión entre Arriondas y Ribadesella, esa fue la versión dada por Dionisio al gran Janel Cuesta en la biografía que éste escribió sobre el mismo, titulada "Un hombre de tres siglos", libro que nos ha servido para extrapolar muchos de los datos aquí recogidos.
Dionisio de la Huerta
Nunca pudo olvidar Dionisio el año 1935 por el grave suceso que vivió el día del Descenso. Él no pudo participar, debido a una lesión de rodilla jugando al tenis, y siguió a sus amigos desde el coche; a la altura del Picu la Vieya vio que José Antonio Iglesias -en piragua con Vicente Cuesta- se encontraba mal y bajó al río a ayudarle, pero había sufrido un paro cardíaco y -a pesar de que Dionisio le llevó en su coche hasta Ribadesella- nada se pudo hacer por salvar su vida.
Llegó la Guerra Civil y las piraguas quedaron olvidadas durante ocho años.
Fiel al Sella, Dionisio puso en marcha de nuevo el Descenso en 1944, que fue creciendo tanto en la prueba deportiva como en la festiva. La esencia era la misma, sólo en cada edición se añadía alguna idea u ocurrencia de aquellas que salían de su cabeza y quedaban plasmadas en papel por medio de la misma máquina de escribir portátil que siempre le acompañó. Nombre propio tenía cada una de las piraguas mientras éstas no llegaron a ser centenares: "Corri-corri", "Pitusina", "Andarica" o "Sidrina" son un ejemplo. Antes del cañón del siglo XVIII que preside la plaza principal parraguesa, para la salida de las piraguas ya se utilizaba -desde finales de la década de los años 40- otro bastante más pequeño que se traía desde el Real Club de Regatas de Gijón, para que la salida fuese más original; alguna vez fallaba, por lo que tenían preparada una escopeta de caza para que la pólvora fuese el santo y seña de la salida.
Periodista antes que princesa. Entre las fotos más destacadas está la de Dionisio de la Huerta, sentado, junto a Toni Silva. A la derecha aparece la Princesa Letizia, entonces cubriendo el Descenso para LA NUEVA ESPAÑA, en 1993, durante su etapa de prácticas. Detrás, Janel Cuesta, presidente del Grupo Cultura Covadonga.
Las ideas del tren fluvial y de los collares de flores las importó Dionisio de la India, donde se puso a disposición del equipo español de tenis un lujoso vagón de tren para desplazarse a jugar a varias ciudades y -muy típico de India- aún sigue siendo que te reciban en las estaciones con bandas de música y --sobre todo- con collares de flores naturales. El primer tren fluvial fue una realidad en 1945 desde Infiesto y -al año siguiente- desde Oviedo. Muchos de los gigantes y cabezudos fueron encargados expresamente en Barcelona por el fundador de la fiesta. Inconfundible el dios Cronos con su reloj y su premonitoria guadaña, al igual que el oso o el rey Favila.
En 1973 el creador del Descenso y de su fiesta popular abandonó su organización y no volvió a hacer acto de presencia en los mismos, sobre todo por sus discrepancias con la Federación Española de Piragüismo. Ocho años más tarde Dionisio regresó, ya con 80 años cumplidos, después de habérselo pedido los selleros en la salida de la prueba del año anterior. Era el año 1980 y el Descenso celebraba el cincuenta aniversario de su nacimiento. Habían pasado siete agostos sin la tradicional salida en verso.
Durante más de cincuenta años Dionisio compartió hogar en Barcelona con su hermanastro Alberto y su cuñada Mercedes -dado que su padre se casó con una prima de su fallecida esposa que, casualmente, llevaba el mismo nombre y apellido que la primera-.
El tren del Descenso del Sella en Arriondas (Año 1946)
Los riosellanos Campos de Oba cerraban la fiesta más típica bajo los árboles que a Dionisio le hubiese gustado más que fuesen castaños asturianos, tras haber sido talados todos los que había cuando la guerra y con la amenaza de que -si no se reponían- suspendería la prueba?pero el alcalde riosellano del momento no le hizo mucho caso, pues plantó álamos en vez de castaños. Y así llegamos al 78 Descenso del Sella, a celebrar el próximo sábado, día 9.
Bien merecida tuvo Dionisio la I Medalla del Principado de Asturias que se le concedió en 1986, amén de otras medallas al mérito deportivo, condecoraciones y reconocimientos.
El 4 de abril de 1995 -con 95 años de edad- Dionisio de la Huerta Casagrán falleció en Barcelona. La esencia del Descenso que creó -con la Fiesta de las Piraguas- se mantiene y se va adaptando a los nuevos tiempos, cuyo parecido con los de su nacimiento -hace 84 años- casi nada tienen que ver, socialmente hablando.
 Mapa del descenso (leyenda)

El joven Dionisio y sus amigos encontraron un entretenimiento rompedor para su momento. Dieron lugar a la prueba de descenso de ríos más importante del mundo, y a una fiesta masiva que se ha convertido en un motor económico al que se han ido incorporando nuevas actividades. Pero sobre todo ganaron un nuevo espacio y lo dotaron de significado. El Sella hoy son montones de experiencias. Como el propio río, aunque discurra por el mismo sitio, siempre lo hace de modo sutilmente distinto.
De la Huerta, en 1993, con la actual Reina Leticia, la primera por la derecha.
 FUENTE: 
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El Descenso Internacional del Sella, un poco de historia

Con un recorrido total de unos 20 km a lo largo del río Sella, entre las localidades de Arriondas y Ribadesella. La prueba está organizada por la Federación Española de Piragüismo y por el Comité Organizador del Descenso Internacional del Sella (CODIS) y por la Federación de Piragüismo del Principado de Asturias, y está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Se lleva celebrando desde 1929, en 2014 se cumplirán 85 años de existencia y 78 ediciones. En años de la Guerra y postguerra Civil (1936-1943) no se realizó al igual que la edición 13ª.
La competición deportiva se realiza en Arriondas el primer Sábado de Agosto, posterior al día 2, está considerada como la prueba de descenso de ríos más importante  del mundo.
A la izquierda de la imagen, Dionisio de la Huerta
Todo empezó cuando Dionisio de la Huerta, en 1929, llegó a su casa de Coya, en Infiesto, para disfrutar de sus vacaciones de verano. Cuando se dirigía a la estación de ferrocarril de Barcelona, donde tenía previsto tomar un tren que le condujese a Madrid, para coger allí uno con dirección a Asturias, vio una piragua plegable en los almacenes El Siglo. Pensando en lo fácil de su traslado, le pareció el artilugio más apropiado para llevar a Coya y a los pocos días ya estaba practicando el piragüismo en la presa de El Molino. Pocos días después, junto al médico Benigno Morán y a un joven que se llamaba Manés Fernández (éste último, en una K-1 de fabricación casera y equipada con flotadores laterales), decidió hacer una excursión, curiosamente por el río Piloña, desde Coya hasta Infiesto. Fueron cerca de cinco kilómetros por el río, en los que emplearon dos horas y media.
Lo que parecía una anécdota no se quedó allí. Con la experiencia de aquellos cinco kilómetros recorridos en piragua desde Coya hasta el puente de Infiesto, Dionisio de la Huerta convenció a su amigo Alfonso Argüelles para que le acompañase río abajo hasta Arriondas y también a Manés Fernández. En una piragua con flotadores iniciaron aquella primera excursión acompañados por un grupo de amigos que les seguían en autocar.
Con reiteradas paradas para sacar el agua de la piragua y algún que otro bocadillo, les pilló la noche en Soto de Dueñas, por lo que, después de reponer fuerzas, decidieron dejarlo para mejor ocasión. Habían recorrido en aquella aventura unos catorce kilómetros y estuvieron durante más de siete horas disfrutando del río y del paisaje, que era lo que de verdad le interesaba.
En Infiesto no se hablaba de otra cosa que de Dionisio de la Huerta y de sus aventuras.
Al año siguiente se celebró lo que después se erigiría en la primera edición del Descenso del Sella, entre Infiesto y Ribadesella, según unas versiones, y entre Infiesto y Soto de Dueñas, según otras. Esta vez, fueron Dionisio, Alfonso Argüelles y Manés Fernández, y lo cierto es que emplearon siete horas, puesto que cada poco paraban y compartían la experiencia con los catorce amigos que les seguían por la carretera.
En 1931, la meta ya estaba en Ribadesella, mientras que se salió de Soto de Dueñas, entrando en el Sella en Arriondas. 25 kilómetros de recorrido y cuatro horas y doce minutos para completarlo. Tiempos heroicos.

Comienza la Competición
Pese a que en un principio se concibió exclusivamente como una forma divertida de pasar un día de verano, el Descenso del Sella llevaba camino de convertirse, por su atractivo intrínseco, en una masiva competición deportiva. Más aún cuando, en 1932, se fija lo que sería el recorrido definitivo, entre los puentes de Arriondas y Ribadesella. Diecinueve kilómetros de descenso -los cinco últimos en ría- que fueron cubiertos por trece palistas, venidos de Gijón, Ribadesella, Infiesto y Oviedo, en la primera edición competitiva. Los riosellanos César Sánchez Llano y Antón Durán, del Club de Remo de Ribadesella, fueron los primeros vencedores del Sella, el 28 de julio, con un tiempo de una hora y 53 minutos y una curiosa piragua de más de 50 kilos de peso y seis metros de quilla. Dionisio de la Huerta, disconforme con la competición, llegaría a Ribadesella en última posición, formando tripulación con la primera participante femenina, Marta Junquera.
En 1935 el Descenso tenía, después de la celebración de años anteriores, fama en toda Asturias, ya que mucha gente estaba deseosa de asistir a él. El fin primordial de reunir en el Sella y en su Descenso a infinidad de espectadores y participantes y dar a conocer las posibilidades de la fiesta de las piraguas se fue consiguiendo y ampliando. El número de espectadores y acompañantes de la carrera va aumentando, y ya se organiza una verdadera caravana de vehículos, camiones y bicicletas por la carretera que sigue paralela al curso del río. El número de participantes se fue ampliando no sólo al resto de las localidades asturianas, sino de fuera de las fronteras de nuestra región.

La fiesta. http://www.arriondas.com
Ocho años sin descenso
Sin embargo, la Guerra Civil paralizó el Descenso entre los años 1936 y 1943, para reanudarse el 11 de agosto de 1944, cuando once piraguas tomaron la salida en Arriondas. Desde entonces, nadie ha podido ni ha querido frenar el irresistible avance del Descenso del Sella.
La popularidad de la fiesta de las piraguas es tal que el 11 de agosto de 1945, por primera vez, se fleta un tren especial, el Tren Fluvial (de aquellos que se conocían como Los Económicos), que, equipado con bar, banda de música, altavoces, gaitas y cohetes, siguió las evoluciones de las entonces 18 embarcaciones participantes. Los vencedores fueron Armando Menéndez, El Cubano, y Juan Palacios, del Grupo de Cultura Covadonga, a bordo de una de las famosas piraguas <<Orbayu>>. Repetirían al año siguiente, con la <<Orbayu II>>, mientras en las márgenes del río, además del Tren Fluvial, que llevaba ya quince vagones, se pudieron contar hasta 285 coches, 23 autocares, 400 bicicletas y 50 motocicletas !en 1946!
Cartel del descenso antiguo
Sin número XIII
¿Superstición? El hecho es que el Descenso de 1950, al que le correspondía el número XIII, fue, sin embargo, el XIV. Aunque la participación era sólo nacional, ya se perfiló entonces lo que sería el Descenso Internacional del Sella, ya que en 1951 se inscribirán por primera vez competidores extranjeros, los italianos del Circolo Canottieri Tirrenia de Roma, los portugueses de las Mocidades y los franceses del Club Tonneis.
También asisten numerosas personalidades, como el entonces delegado nacional de Deportes, general Moscardó; el Secretario Nacional, Francisco Cadenas, y el jefe de Federaciones Nacionales, Luis de Lazurtegui.
Se crea el Trofeo Manés Fernández, que había fallecido ese año, motivo por el cual las palas lucieron crespones negros y se guardó un minuto de silencio en su memoria en el reparto de premios en Llovio. Dicho trofeo consiste en dos copas, para los mejores clasificados en su primera participación.
Desde este momento, el Descenso comenzaría a ganar merecida fama en todo el mundo y a acumular, año tras año, records no sólo de participación, sino también de asistencia de aficionados y de entusiasmo.
En el año 1954, dada la numerosa participación, ya no es posible dedicar un color a cada equipo, por lo que se efectúa un reajuste de colores definitivo, que quedó de la siguiente manera: amarillo, para el vencedor absoluto del año anterior; verde, para el campeón por equipos del año anterior; blanco, para todos los equipos extranjeros y azul, para todos los equipos españoles, exceptuando los asturianos, que van de rojo.
Con estos colores, distribuidos horizontalmente por este orden, de arriba a abajo: rojo, amarillo, verde, blanco y azul, se creó la bandera del Sella.

Un equipo de otro continente
La fama del Sella, que ya ha traspasado las fronteras nacionales, llega en el año 1955 a América y, así, se inscribe el primer equipo de otro continente, el cubano. Ese año, como equipos extranjeros, cabe destacar la presencia de belgas, portugueses, ingleses y franceses.

Se erige el monolito de Ribadesella
Tras la grave crisis que vivió el Sella en el año 1956 cuando, tras una serie de problemas con la Federación Española de Remo, Dionisio de la Huerta anunció que al año siguiente no habría Descenso, pareció que la fiesta de las piraguas tocaba a su fin, pero sólo fue una pesadilla, ya que el Descenso había tomado tal importancia que era el patrimonio de toda una región y nadie podía detenerlo. En 1957, se erige el monolito del Sella, en el puente de Ribadesella, en el que se inscriben los nombres de los ganadores y de los principales records. Al acto de inauguración asistieron numerosas personalidades, destacando especialmente la presencia del vizconde de Benyer, embajador de Bélgica en España. También tiene lugar el I Rally de las Piraguas, organizado por la Peña Motorista de Barcelona, el Real Automóvil Club de Asturias y la Peña Motorista Asturiana, con salidas simultáneas desde Barcelona, Madrid, San Sebastián y Zaragoza.
Un año después, la grave crisis vivida por el Descenso es sólo un amargo recuerdo y la edición de 1957 destacó sobre las anteriores, ya que fue por primera vez radiado y rodado en el NODO. El ABC le dedicó su portada y calculó en más de 100.000 personas los asistentes al Descenso, a pesar de celebrarse en un día laborable. La inscripción lograda en esa edición del Descenso representa el doble de la conseguida hasta entonces en cualquier otra competición de piraguas celebrada en España. Feliz y Gutiérrez se imponen en la meta de Ribadesella y establecen un nuevo récord, con una hora y treinta minutos, por lo que reciben el Trofeo Torado.
Parte de un cartel del descenso del sella
Se crea la Federación Española de Piragüismo (RFEP)
El año 1960 marca un hito en la historia del Descenso, por ser el de la creación de la Federación Española de Piragüismo, que se desliga de esta forma de la Federación de Remo, algo que había sido solicitado repetidas veces por Dionisio de la Huerta y que garantizaba el futuro de la fiesta de las piraguas. Su primer presidente fue Hernando Calleja, participante en el Descenso, y su vicepresidente, Dionisio de la Huerta. Como secretario fue nombrado Enrique Rojo y secretario técnico, Ramón Cuétara.
En 1962 se creó la Unión de Alcaldes Asturianos como sustentadores de la prueba, de modo que toda Asturias está representada en su fiesta más internacional. Al año siguiente se instituye como traje oficial del Sella el chaleco asturiano, la montera picona y el collar de flores (este último lo importó Dionisio de la India).

¿Cerca del Límite?
Desde aquellas primeras ediciones del Descenso, en las que apenas se podía intuir qué podría llegar a ser la Fiesta de las Piraguas, se ha llegado a lo que es la mayor cita festiva del verano asturiano. Más de 200.000 personas invaden Arriondas desde varios días antes del Descenso. La disculpa deportiva da pie a una larguísima romería, pero, llegado el momento, todos se concentran a las orillas del Sella.
En la edición de 1994 tomaron parte más de 1.400 embarcaciones y ya no queda sitio físico en las playas de cantos rodados de Arriondas para colocar más canoas prestas a la salida. Y es que el Descenso del Sella es hoy por derecho propio la cita más importante del piragüismo mundial. Cabría esperar pues, una competición pura, al estilo de los años 80 y 90, pero el Descenso, pese a la televisión, a los patrocinadores y a sus excesos publicitarios, conserva ese sabor romántico del que le supo impregnar Dionisio de la Huerta y por el que luchó hasta el final de sus días.
Además, el Descenso tiene una serie de peculiaridades que lo hacen único. Hasta el más reacio a las manifestaciones populares masivas queda prendado de su magia la primera vez que acude a la Fiesta de las Piraguas, y ésta se convierte para el recién iniciado en una suerte de beneficiosa y adictiva droga, que tiene su culminación si, picado en el orgullo, decide enfrentarse a los <<rabiones>> del Sella en una piragua.
MATASELLO CONMEMORATIVO - XXIV DESCENSO DEL SELLA - RIBADESELLA 6.AGO.60
La fiesta está presidida por un doble lema:

"Haga cada cual lo que más le guste, cuidado con molestar a los demás y no se moleste nadie por lo que los demás hagan, aunque lo que los demás hagan no sea exactamente aquello que le gustaría que hiciesen", y "Ponga cada uno su goce en ver disfrutar a los demás, con más fuerza aún que en el disfrute propio".

El Descenso del Sella conserva todos los elementos que hacen de él una grandiosa fiesta. La romería de Llovio, tras la prueba deportiva, es sólo el final de tres o más días de disfrute en uno de los parajes más bellos de toda Asturias.
Por lo que toca a las normas, son una mezcla de seriedad oficial y de elementos festivos. Los trofeos que establece el Reglamento Oficial son tan numerosos y premian tantos diferentes aspectos que resultaría vano enumerarlos. De todas formas, su propia variedad confirma el acento popular que se le da a la prueba. Como ejemplo baste reseñar que los debutantes que mejor clasificación logren, sea éste el puesto que sea, se adjudicarán el trofeo Manés Fernández. Además, los campeones absolutos verán su nombre escrito en la copa <<Trofeo Perpetuo Dionisio de la Huerta>> y en el monolito de entrada al puente de la ría de Ribadesella (en el que apenas queda ya sitio).
En la salida, tras el Asturias Patria Querida, suena en verso lo siguiente:

Guarde el público silencio,
Guarde el público silencio
Y escuche nuestra palabra
De orden de Don Pelayo
Después de medir las aguas…
Se autoriza nuevamente en Arriondas

La carrera de piraguas.
El Sella en el año 1965 (aprox) http://www.arriondas.com
FUENTE: http://www.arriondas.com










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