30 de mayo de 2016

El joven gijonés Mariano Pola perdió la vida el 28 de diciembre de 1910 cuando intentaba volar entre París y Bruselas (y II)

La muerte de un «sportman»
Plano de Gijón de 1912
El gijonés Mariano Pola fue la primera víctima de la aviación española al caer con su aparato, el 28 de diciembre de 1908, al intentar el vuelo París-Bruselas  
Mariano Pola en 1910     
A principios del siglo XX la aviación, entonces en ciernes, era una de las últimas fronteras a batir por el hombre, a la que se aplicaron los más intrépidos. Y hasta los años treinta del siglo pasado, con los grandes «raids» aéreos intercontinentales, en los que los pilotos españoles despuntaron, también levantó pasiones entre el gran público.
Naturalmente, en la conquista de los cielos también hubo presencia gijonesa desde muy pronto, encarnada, especialmente, por un joven de la burguesía industrial local: Mariano Pola Collar, descendiente de una familia originaria de Luanco (Gozón), los Pola, que hicieron fortuna en la Cuba española y al regreso fueron la punta de lanza de la industrialización de la ciudad con la fundación, entre otras empresas, de la Fábrica de Vidrios La Industria y la Fábrica de Loza La Asturiana, así como por su labor filantrópica, de la que el Asilo Pola fue el ejemplo.
Aplicado a la «afición» de surcar los cielos y con muchos posibles, Mariano Pola Collar, amigo de los deportes y buen automovilistas, es decir, un «sportman», como se denominaba en los periódicos de la época, por influencia británica, a quienes podían permitirse la práctica de los deportes, decidió adquirir un aeroplano y tratar de batir la marca del vuelo entre París y Bruselas. Su muerte, el 28 de diciembre de 1910, le hizo pasar a la historia como la primera víctima mortal de la aviación española.

El autogiro de Yagüe en San Lorenzo durante la Revolución del 34.
Huérfano desde muy niño, Mariano Pola tenía tres hermanas, y días antes del que sería su último vuelo, remitió desde Francia una tarjeta postal a su hermana Ángela, la mayor, que residía en el número 20 de la calle de la Trinidad. El anverso es una fotografía del aviador sentado en su aparato junto al ingeniero Alejandro Laffont, su instructor, y en el reverso se puede leer: «Querida hermana, te mando una fotografía mía en el aeroplano, que nos hizo un compañero de afición y puedes ver por ello que me prueba bien, pues me siento mejor que nunca. Un beso al niño, recuerdos a Luis y etc. Un beso de tu hermano Mariano». La tarjeta lleva un sello de diez céntimos de la República Francesa.
Veinte años después del desgraciado vuelo de Pola, José M. Samaniego, otro de los pioneros de la aviación en España, recordaba su amistad con el joven «sportman» gijonés y los días que habían compartido en el campo de Issy-les-Moulinaux, en las proximidades de París, donde se produjo la tragedia, en diciembre de 1910: «La aviación se hallaba en su infancia; sólo hacía tres años que una mañana de enero de 1908 había conseguido Farman en Europa recorrer un kilómetro en circuito cerrado por los aires» y «Francia entonces constituía la Meca de la aviación, y hasta los hermanos Wrigth, verdaderos inventores del vuelo mecánico, hubieron de venir de Norteamérica para poder consagrar ante el mundo su trascendental invento. De todas partes iban luego llegando los que querían ingresar en el rito del aire para partir después hacia los ámbitos diversos como nuevos apóstoles».
Uno de ellos era Mariano Pola, quien tenía también de ingeniero de vuelo a su instructor Alejandro Laffont, piloto jefe de la Casa Antoinette. Ambos, durante todo diciembre, pusieron a punto el aparato, un monoplano, y tras un mes de nieblas y vientos persistentes, como escribió Samaniego, decidieron emprender el vuelo a Bruselas en la madrugada del 28 de diciembre.
Elegantes de Gijón. del pintor Evaristo Valle.
Al día siguiente, en el diario gijonés «El Noroeste», se contaba a los lectores que a las ocho y media de la mañana comenzaron a realizar pruebas, «se elevaron admirablemente, aunque funcionaba mal el carburador, a causa del frío, que era excesivo. Por tal motivo, y con objeto de poner en condiciones el aparato, decidieron descender momentos después».
Terminados los arreglos, Pola y Laffont, a los mandos del monoplano, volvieron a despegar, pero «cuando se hallaban a sesenta metros de altura y al dar un rápido viraje, desprendióse de pronto el ala izquierda del aparato, dando éste instantáneamente una voltereta y cayendo vertiginosamente con gran estrépito».
Al precipitarse a tierra el aeroplano «produjo un fuerte chasquido ahogado por el grito de horror de los espectadores. Laffont, por la fuerza del choque, salió despedido unos tres metros del asiento, resultando con el cráneo fracturado y el brazo izquierdo roto; la muerte fue instantánea». Por su parte, «Pola quedó sepultado debajo del motor y de la destrozada armadura del aparato». «El Noroeste» señalaba luego a sus lectores que decidió suprimir «gran parte de la información referente a los crueles detalles que antes indicábamos».
La noticia del accidente causó conmoción en Gijón, y así, «El Noroeste» comenzaba su primera información con las siguientes líneas: «Con verdadera consternación por cuantos la escuchaban, empezó a correr de boca en boca, a última hora de la tarde de ayer (28 de diciembre), una tristísima noticia. Decíase que el joven "sportman" gijonés don Mariano Pola había sufrido un gravísimo accidente en uno de los vuelos que practicaba en su aprendizaje de aerostación, accidente de muy funestas consecuencias (...) También se nos dijo que las señoritas de Pola, hermanas de Mariano, habían sabido inopinadamente en el paseo de la calle Corrida la noticia del grave accidente, causando en ellas la natural congoja y aflicción».
Calle de Gumersindo Azcarate (Munuza)
El último día de 1910 «El Noroeste» daba más detalles de la tragedia ocurrida en Issy-les-Moulinaux: «Los periódicos franceses que ayer llegaron a Gijón, relatando la catástrofe, corrieron de mano en mano y eran leídos con avidez, provocando en todos una fuerte impresión de horror y tristeza».
En uno de los diarios franceses, «Le Petit Journal», se publicaban sendas biografías de los dos aviadores fallecidos. De Mariano Pola decía, «entre otros detalles, que era un joven español, muy conocido en los centros sportivos y que había obtenido su "brevete" de piloto hace tres semanas en Mourmelon».
El 7 de enero de 1911, «El Noroeste» abría su primera página con una esquela a seis columnas, la de Mariano S. Pola y Collar, quien «falleció en Issy-les-Moulineaux (París), el día 28 de diciembre de 1910, a las ocho horas y cuarenta y cinco minutos». El cadáver del infortunado aviador llegó por ferrocarril a Gijón, a la Estación del Norte, el mismo día.
Un gran gentío presenció el paso del cortejo fúnebre hasta el cementerio de Ceares. El 9 de enero, todas las misas celebradas en Gijón fueron «aplicadas por el eterno descanso de su alma».
Deperdussin que voló en Gijón en 1911 pilotado por el francés Pierre Lacombe
FUENTE: J. M. CEINOS 
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Un fracaso para hacer historia
La Calle Corrida de Gijón
El joven gijonés Mariano Pola perdió la vida cuando intentaba volar entre París y Bruselas. Su funeral fue todo un acontecimiento en la ciudad en 1910
Alejandro Laffont (izquierda) y Mariano Pola, en el aeródromo francés. archivo de la familia Pola
De la primera exhibición aérea en Gijón quedan diversos registros en los libros y en las hemerotecas de la aeronáutica española. De la literalidad de sus relatos podemos extraer los perfiles de heroicidad de unos hombres que ni siquiera se explicaban con certeza las razones de que aparatos más pesados que el aire pudieran volar, pues las teorías de la aerodinámica aún no se habían desarrollado. No hay más que contemplar alguna de las fotografías de aquellos aparatos, aeroplanos, que volaron en 1911 sobre Gijón para darnos cuenta de que si era cierto que volaban, más cierto era que lo hacían casi de milagro.
Si nos fijamos con un poco más de detalle, vemos, con los conocimientos de hoy, lo primitivo de la construcción de aquellos aparatos, donde las alas planas y de igual espesor en toda su superficie no respondían a la necesaria diferencia de presión que facilita la sostenibilidad de la máquina en el aire. Y las alas sujetas a multitud de tensores o tirantes para evitar sus flexiones, dada la falta de fijación suficiente a su estructura, que por otra parte era la justa, muy justa, para sostener al piloto y fijar el motor, y evitar con su sencillez y ligereza de chasis un peso que por excesivo impidiera despegar. Desgraciadamente, para cientos de pilotos los milagros no se producían y ellos pasaban a la historia de la valentía y atrevimiento entre los retorcidos restos de sus 'monturas'.
De aquellos milagros voladores es claro ejemplo el propio primer avión en vuelo, el 'Flyer' de los hermanos Wright, que diversas universidades americanas han reproducido milimétricamente sin que ninguna de ellas haya logrado hacerlo volar.
Uno de aquellos ambiciosos pilotos que no llegó a saborear el éxito fue un gijonés, que quizás picado en el amor propio de haber visto fracasar el intento de volar un aeroplano en Gijón, en septiembre de 1910, se propuso convertirse en el primer piloto asturiano de avión y también el primero en sobrevolar su ciudad natal en un aeroplano. Se llamaba Mariano S. Pola y residía por grandes temporadas en París.
Jesús Fernández Duro
Al igual que Fernández Duro era socio del Automóvil Club de Francia, club que a su vez promovía la enseñanza y práctica de la aviación a través de su apéndice el Aeroclub de Francia. Mariano Pola era propietario con su familia de una fábrica de loza y en Gijón era conocida su afición a toda clase de deportes, además de su simpatía, detalles éstos que comentaba la prensa al recoger la triste noticia de su fallecimiento, en compañía de otro aviador llamado Alfredo Laffont (según qué fuentes, Laffond).
El suceso tuvo lugar el 28 de diciembre de 1910. A las ocho y media de la mañana iniciaban su vuelo en un avión monoplano y biplaza, modelo Antoinette con motor de 50 HP desde el aeródromo del Aeroclub de París en Issy-les-Moulineaux. Laffont era todo un veterano y el gijonés, que iba al mando, acababa de obtener el 'brevet' de piloto y adquirir aquel avión.
«Debido al frío de aquella temprana hora el carburador no funcionó correctamente y se vieron obligados a tomar tierra y verificar su funcionamiento. Terminada que fue su reparación, realizada por el mismo Mariano Pola, se elevaron de nuevo sin apreciarse funcionamiento anormal alguno».
Su destino era Bruselas. Pretendían optar al importante premio establecido por el club francés para quienes realizaran en el menor tiempo posible el 'raid' París-Bruselas-París, dotado con 100.000 francos. Aunque la cifra era importante, no era la cuantía económica lo que empujaba a Pola a realizar la competición con tan escasa experiencia, sino una innata intrepidez y valentía de la que, al igual que Fernández Duro, había dado pruebas en muchas ocasiones.
Las avionetas aterrizaban en el arenal de la playa de San Lorenzo.
Pero sucedió lo peor. 'El Diario Universal' de la época describió el suceso con esta singular crudeza: «Hallábanse a unos sesenta metros de altura, cuando al dar un viraje rápido, se desprendió el ala izquierda, dando en el acto una voltereta el aeroplano y cayendo con gran rapidez al suelo, contra el que se aplastó con gran estrépito. El piloto M. Laffont fue despedido de su asiento unos tres metros, resultando con el cráneo fracturado y el brazo izquierdo roto, y metidos los huesos del mismo muy adentro del tronco. La muerte fue instantánea. El señor Pola quedó sepultado bajo el motor y un trozo del armazón. Tenía el rostro hecho una horrorosa llaga, colgando carnes, rotos los dientes, desencajado un maxilar y atravesada la garganta con una astilla de grandes dimensiones. Cuando lograron quitarle de encima el pesado motor respiraba todavía, pero falleció al ser conducido al hospital».
El fallecimiento de Mariano Suárez Pola y Collar, su nombre completo, fue un acontecimiento con amplia repercusión en la sociedad gijonesa y sus exequias fúnebres sirvieron para mostrar la general condolencia. El sepelio constituyó una manifestación de duelo concurridísima y le llevó en «una carroza a la Gran D'Aumont, tirada por seis caballos con penachos y gualdrapas negros» al cementerio de Ceares.
Gijón. Playa de San Lorenzo, en el año 1910. Mirador y paseo
Tras el suceso, lo lógico sería que nunca más alguien hubiera vuelto a subirse a un avión y que el invento quedase aparcado, pero la historia está llena de héroes y aventureros, que empujaron la ciencia y la técnica hasta hoy. Mariano Pola hacía el número 35 de la lista de aviadores muertos en accidente que se había iniciado el 17 de setiembre de 1908 con el teniente Selfridge por 'capotage' de su aparato. El otro español fallecido anteriormente, en un accidente similar al de Pola, había sido Antonio Fernández, con un aparato de su invención, el 6 de diciembre de 1909.
Pero hoy día, los aviones no suelen tener fallos de carburadores, ni las alas suelen desprenderse, ni es normal que se produzcan accidentes aéreos. En ese marco de seguridad se desarrollará mañana en el Muro la exhibición aérea del Día de Asturias en Gijón. La Patrulla Águila y la patrulla Jacobs 52 realizarán los ejercicios técnicamente más difíciles y preciosistas de cuantos se acometen en el mundo. El festival aéreo, impulsado por el Ejército del Aire, será además un homenaje al aeronauta Jesús Fernández Duro en su centenario. Toda una fiesta en el aire.
Entierro del aviador gijones Mariano Pola (ABC)
FUENTE: JOSÉ DAVID VIGIL-ESCALERA BALBONA DEL CÍRCULO AERONÁUTICO JESÚS FERNÁNDEZ DURO 
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