16 de septiembre de 2013

La Nevadona en Asturias de los tres ochos - 1888

ASTURIAS 1888.
Paisaje nevado
Lentamente, muy lentamente, se desprenden del cielo los copos blancos. Sobre la calle dormida y el silencio de la noche se ha posado apacible todo el blanco inmaculado del invierno
Ilustración de Alfonso Zapico

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Con pereza con desgana, dulcemente. Flotan, planean en el cristal inmóvil del aire, copos de nieve, copos de hielo, copos calientes… copos, copos. Antes de posarse mansamente, como pétalos heridos, encima de la capa de sus hermanos muertos, danzan levemente de aquí para allí. El momento, inefable, trasciende intensamente aprisionado en la serenidad del tiempo detenido, sólo se ve turbado, fugazmente, por el aleteo de un pájaro en su sueño desvelado. Empero, este nevar sereno en la disfrazada calma nocturna, es el preludio de la tormenta que, en el espacio, delatan los rumores de inquietantes viajeros. Se levanta el viento con fingido estupor de la adormilada espera. Sopla fuerte, frío el nevador. Nieva intensamente, como nunca o como siempre. La noche se ciega. Hay relámpagos y truenos. Las nubes desbordadas, descargan sobre lo viviente toda la nieve del mundo. Millones de copos arropan las desnudeces de la ciudad y borran la cercanía de las cosas. El cierzo se agita violento, arrastra torbellinos de nieve y juega caprichosamente con los frágiles copos y con sus alargados dedos crea y recrea fantasmagóricas formas en calles, miradores, parques, balcones y en las desnudas ramas de los árboles. El enfurecido norte encalmado ya, se ha retirado a donde duermen libres los vientos. Lentamente, muy lentamente, del cielo siguen cayendo los copos blancos. De vez en cuando un golpe de viento suave los balancea delicadamente. Sí, el invierno no se ha olvidado de venir. Volverá mañana a nevar, seguro, y se podrá disfrutar de la nieve –ora temida, ora deseada- de esa pura dádiva que regala el cielo en forma de copo el minúsculo meteoro, capaz de suscitar animadas controversias.
Afuera, en la última esquina, se enciende y se apaga, cansina, la última farola y recuerda el faro del fin del mundo. En la albura soledad de la nieve, el frío, ya no se siente en medio de tanto frío. La noche, aburrida, se va apagando poco a poco. Por el Este pronto, muy pronto, amanecerá Dios. 
FUENTE: SATURIO DIEZ CAYON.

-Recuerdo otra vez, un día de invierno. Caía una nevada tan grande que todos los caminos se borraron. Parecía una aldea de enanos, con sus caperuzas blancas en las chimeneas y sus barbas de hielo colgando en los tejados.
-La nevadona. Nunca hubo otra igual.

¿Qué ocurrió realmente durante aquellos meses de febrero y marzo? ¿Fue la nevada tan grande como la tradición popular cuenta? ¿Qué consecuencias tuvo para la vida ya de por sí difícil de aquellas gentes? ¿Fue realmente la mayor nevada del siglo XIX y seguramente del XX?


El temporal
La nevada se inició el día 14 de febrero, estuvo nevando prácticamente de forma continua hasta el día 20 cuando se inició una mejoría transitoria aunque con fuertes heladas hasta el día 23. Ya el día 24 dio comienzo un nuevo período de nevadas, aún más intensas que en los días anteriores y que no cesaron hasta principios del mes de marzo, siendo seguidas de fuertes heladas. Hacia los días 8/9 de marzo hubo un cambio en el viento hacia el oeste-suroeste que generó un período corto pero intenso de deshielo y crecida de los ríos agravando esto el panorama ya de por sí dramático que presentaban los pueblos de Cantabria y Asturias. Cuando parecía que todo había pasado, al inicio de la segunda quincena del mes dio comienzo una nueva nevada, muy intensa sobre todo en el interior y en las zonas de alta montaña, que no cesó hasta pasado el día 22.
En todo momento la nevada fue acompañada por fuertes ventiscas que acumularon ingentes toneladas de nieve que luego se tradujeron en catastróficas avalanchas y grandes desprendimientos cuando la temperatura subió y se inició el deshielo.



Asturias

Fecha




Altura de la nieve




Pérdidas humanas y materiales




Día 20 feb.
Ponga 1,26 metros
Ponga: hundimiento de hórreos y establos, pérdida de ganados
Día 21 feb.
Segadas 15 cms.
Mieres 20 cms.
Pola de Lena 30 cms.
Campomanes 55 cms.
Fierros 90 cms.
Navidiello – Malvedo 1,90 metros
Entre Navidiello y Villamanin más de 4 metros (tapa las bocas de los túneles)
Bárcena 1,40 metros
Villamarcel (Proaza) 1,80 metros
Llameces 1,80 metros



Día 22 feb.
Zona Pajares entre 2 y 4 metros
Zona Busdongo 3 y 4 metros
En Segadas y Mieres tiende a desaparecer la nieve. 
Gran avalancha sepulta dos jóvenes en Pajares, fallecen antes de ser rescatados.
Una avalancha en el pueblo de Pajares mata a una mujer, es rescatado un niño en estado grave.
Se hunden dos casas en Pajares.
Durante estas avalanchas es necesario profundizar entre 7 y 8 metros para rescatar a la gente.
Día 23 feb.
Pajares 2,50 metros



Avalancha en Pajares sepulta casa de guardesa que se encontraba dando a luz. Se la rescata pero fallece el bebe.
Avalancha en la estación de Pajares sepulta a un guardia. Rescatado vivo.
Día 24 feb.
Se reinician las nevadas en todo el interior provincial
En Cuñaba una avalancha hunde ocho casas y entre ellas la iglesia parroquial.
Día 25 feb.
Caen más de 60 cms. durante la noche del 24 al 25 en la zona de Navidiello, Pajares, Malvedo…
Se hunden varias casas en Quiros.
En Cuñaba cae un invernal matando dos vacas.
Día 26 feb.
Linares entre 2 y 3 metros
Malvedo 80 cms. sobre raíles 
Navidiello 2,50 metros
Campomanes 72 cms. 
Pola de Lena 65 cms.
Linares 1 metro.
Ujo 45 cms.
Pajares 2,50 metros. 
En Cabrales: Ortiguero 1,50 metros.
Panes 40 cms., pueblos próximos mas de 1 metro.
En el concejo de Ponga, en el pueblo de San Ignacio la nieve destruye una casa muriendo sus cinco moradores.
En Villar de Indianos una casa es arrastrada por la nieve, muere un niño y su padre resulta herido.
En Santa Eulalia (Tineo) se hunde una casa y fallece su dueño.
En caserío de Vallesoto (concejo de Ponga) una avalancha destroza un caserío muriendo cuatro personas. Otro caserío en Casielles es arrastrado por la nieve junto a dos establos y un molino.
En Morcin mueren más de 800 cabezas de ganado lanar y cabrío y quedan destruidos  una decena de edificios.
Día 27 feb.
De Busdongo a Villamanín entre 3 y 4 metros
Linares 1,60 metros sobre vía y 2 metros en general
Puente los Fierros la nieve cubre la boca de los túneles.
Navidiello 3 metros
Malvedo 90 cms. sobre raíles.
En zona de Grado la nieve alcanza 2 y 3 metros en los pueblos más altos.
Campomanes se hunde una casa
Gran avalancha en Pajares, 10 muertos. Arrastra 4 casas. Mueren 60 cabezas de ganado.
Avalancha arrastra viaducto de Matarredonda.
Se hunde la iglesia de Tolinas y 5 casas más (Grado).
Se hunde una casa en Laviana y dos hórreos y dos establos en Tiraña. En la parroquia de Caudado se hunde la iglesia, una casa un hórreo y tres establos.
Día 28 feb.
Moreda 1,14 metros (Laviana)
Nembra y Cabañaquinta 1,12 metros
Santibáñez de Múrias, Collanzo y Casomera 3 metros.
Pola de Lena 84 cms.
En Cabrales: Carreña, Poo y Arenas 70 cms.
Tielve 2,60 metros
La Espina entre 1,60 y 2,40 metros de espesor.
Una avalancha sepulta en Pajares a una madre y 3 hijos. Se rescata con vida a la madre y a uno de los niños
En Campomanes se hunden dos casas, un almacén y una cuadra.
En Sotiello se hunde una casa.
Muere un hombre en Santa Eulalia (Tineo) al caerle las vigas de una casa por el peso de la nieve.
Desde Peñamellera: mueren 12 yeguas en Llonín, 8 en Mier, 14 en Ruenes y 14 en Rozagás. En los invernales de Caraves mueren 60 ovejas y 6 vacas. En total unas 200 casas derrumbadas y más de 3000 cabezas de ganado muerto por la nevada.



Día 29 feb.
Covadonga 1,60 metros en  los pueblos más altos.
En Cabrales: Sotres 5 metros, Bulnes 4 metros, Tielve 3 metros, Aranga 2,50 metros, Ortiguero 3 metros, Berodia 2,50 metros, Puertas 2,50, Inguanzo 2 metros, Carreña 60 cms., Poo 50 cms, Arenas 70 cms  9
En Pola de Somiedo una avalancha arrastra 4 casas y 10 cabañas, causando la muerte de una niña. En Pineda caen dos cuadras con 13 vacas. En Castro se hunden tres cabañas, en Urría una casa en Peral seis casas y tres en el Llamardal. En Robledo una casa y un molino…
Día 1 marzo 
En las proximidades del lago Enol la nieve alcanza más de 3,50 metros de espesor.
En Tuiza (valle de Huerna) una avalancha destruye tres casas, dos establos y mata cinco vacas. También en Muñón Cimero se hunde una casa y un hórreo.
Día 2 marzo
En concejo de Sobrescobio: Rioseco, Polina y Villamorey con más de un metro. En Soto, San Andrés, Agues y Campiellos más de 2 metros. En Ladines más de 2,50.
Trincheras de 8 y 9 metros en zonas de Pajares.
En Campiellos se hunden tres casas y dos corrales. En Rioseco una casa y dos corrales. En Agues una casa, en Ladines una casa.
Día 3 marzo
Ponga 2 metros
Viego más de 2,50 metros.



Día 5 marzo
San Juan de Boo (Aller) entre 1,60 cms. y 2 metros.
Campo de Caso, Coballes Tanes y Orle entre 2 y 2,25 metros.
En Calea, Bueres y Sobrecastiello entre 2 y 2,50 metros.
En Tarna entre 4 y 5 metros.
Muerte de 80 vacas, 500 cabras, 700 ovejas en Sotres.
Día 9 marzo



La crecida en Pola de Lena arrastra varios puentes.
El Nalón inunda Barco de Soto y Valle de Fierros. En Pravia las aguas alcanzan tres metros. Gran crecida del Narcea. En Bustio se inundan varias casas.
En Teverga el río arrasa molinos, puentes, etc.
Día 22 marzo
Rumia 0,80 cms., Posadoiro hasta 5 metros.
Desde el Hombrillo al Canto de la Pría 1,80 metros y ventisqueros de hasta 7 metros.
En Pajares no baja de 2 metros.
Valle de Zureda (Lena) 0,60 cms.
En Teverga 1,50 metros.
Muerte de más de 300 cabezas de ganado

 
Relatos



A continuación reproduzco algunos de los relatos más espectaculares o que mejor describen la situación que se vivió en Asturias durante aquellos días de febrero y marzo de 1888



"La gente del país dice que desde hace muchos años no se vio tan gran temporal de nieves"(comentario general por aquellos días).

"Los víveres que se enviaron a Linares salieron de Fierros a las doce del día por medio de peatones, que como dejo dicho, caminan con la nieve al cuello y llevando muchas veces los brazos extendidos” (Crónica de El Carbayón).

"Estamos bajo la influencia de una de las nevadas más grandes que hemos presenciado, el suelo está cubierto por una gran sábana blanca” (descripción de la nevada en Oviedo).

"Ya los lobos se acercan a la ciudad. Ayer se vieron algunos en las inmediaciones del cementerio nuevo” (Oviedo – El Carbayón).

"Durante el día, se limpiaron con las mangas de riego las calles, recogiéndose la nieve en carros” (la nevada en la capital).

"Grandes tormentas de nieve en este puerto. En el pueblo murió a consecuencia de una avalancha la esposa del guardia primero. Hay máquinas con ocho metros de nieve encima” (descripción de la nevada en Pajares – El Carbayón).

"La incomunicación que hoy sufre la vía férrea de Lena a Gijón, desde Pola de Gordón a Puente de los Fierros, es de una extensión de 62 kilómetros. En ella se comprenden dos estaciones, Villamanín y Busdongo, en la parte de Castilla y cuatro en la de Asturias: Pajares, Navidiello, Linares y Malvedo. En la extensión de 42 kilómetros que hay entre Busdongo a Puente de los Fierros, se encuentran 61 túneles”. (Situación del ferrocarril – El Carbayón).

"Continúa nevando de firme y con tanta gracia como hace ocho días (…) Toda la noche estuvo nevando con gran fuerza e imponentes ventiscas. Todo el día de ayer y durante la noche estuvo nevando copiosamente hasta el punto de que fue necesario esta mañana abrir senda para salir de la fonda. La nieve llega a las ventanas del comedor, tenemos una temperatura de un grado bajo cero”. (Crónica desde la zona de Fierros).

"Seis hombres tuvieron necesidad de auxiliar al sargento de la guardia civil para que pudiera salir del cuartel” (Puente de los Fierros).

"Ya os dije que el viernes había empezado a nevar poco después de llegar a Navidiello con las máquinas exploradores, pues bien, desde entonces continúa cayendo nieve en tales proporciones, que anoche decía un amigo nuestro al entrar en la fonda: “Señores, está nevando a puñados”, y así es en efecto” (crónica desde Puente de los Fierros enviada por el corresponsal de El Carbayón, en este momento se inicia la segunda nevada, hacia el día 24 de febrero).

"Y continúa nevando atrozmente, vuelvo a repetir que los más ancianos del país están asustados, pues no recuerdan haber visto jamás una nevada tan espantosa” (Desde Puente de los Fierros).

"En casi todos los indicados puntos la nieve cubre por completo las casas y son muchas las que bajo su peso se han desplomado” (Pueblos altos de la zona de Pola de Lena).

"Desde León" volvieron a emprender el viaje llegando a Busdongo a las cuatro y media de la tarde del día 23, acompañados de seis hombres. En la estación de este último punto era tanta la nieve, que no se veían los vagones ni el edificio formando las casas en este punto, en Pajares, y demás pueblos, simples accidentes del terreno (relato de la zona de Pajares enviado por el corresponsal de El Carbayón).

"En la vía del ferrocarril, para salir de los túneles, después de pasar el de la Perruca, tenían que salir arrastrándose, porque las bocas estaban todas cubiertas. La nieve no dejaba ver los palos del telégrafo, tenía 7 metros de altura (…) el temporal era espantoso y tal la altura de la nieve que vinieron haciendo senda sobre los tejados de algunos pueblos” (espectacular relato de cómo un grupo de hombres, entre ellos varios irlandeses, se abrieron paso por el puerto de Pajares).

"La avalancha que arrolló el viaducto de Matarredonda, puede calcularse cubicaría unos 20.000 metros de nieve, desprendida de la montaña de la izquierda de la vía, subiendo hacia Busdongo. Sólo así se comprende que haya llenado el barranco hasta la altura del viaducto destruido, y fue la misma que destruyó las casas de Pajares a una distancia en línea recta de 500 metros” (Descripción de la avalancha que arrasó el viaducto y mantuvo durante semanas interrumpido el tráfico ferroviario).

"Los edificios están cubiertos por la nieve, hasta el extremo de que intentando averiguar el paradero del hermano del capellán de Piñeres hemos tenido que recurrir al medio de llamarle a grandes voces y fuertes silbidos, logrando que él, desde la habitación en que se hallaba, se abriera brecha con un palancón en el tejado, indicándonos así el sitio a donde nos debíamos dirigir.” (Rescate de un vecino en Aller).

"Los vecinos de Pajares" no han podido encontrar el agua que corre por el barranco en cantidad tan grande, que con ella muelen seis molinos, júzguese pues, de la cantidad de nieve que habrá en el barranco cuando el agua no la atraviesa. Se calcula en 30 metros la capa de nieve que cubre en el barranco el cauce por donde ordinariamente baja el agua (Descripción de la situación en Pajares hecha por el enviado a la zona por El Carbayón – Señor Laruelo).

"Muy señor mío: la nieve vino sobre estos altos montes y estrechos valles desde el 16 del pasado febrero y no cesó de nevar hasta el día 29. Los más ancianos dicen y repiten que nunca vieron un temporal semejante” (desde Sobrescobio).

"Desde el valle de las Piedras a Pajares es mucha la nieve que hay que quitar de la vía para que por ella puedan circular los trenes. Hay puntos como en la trinchera de Llana del Oso, kilómetro 59 donde la capa de nieve alcanza una altura de 8 a 9 metros de espesor en toda la longitud, y en los túneles llega casi en todos a cubrir las bocas, entrando la nieve dentro de ellos en una extensión de 60 u 80 metros” (situación en Pajares).

"Uno de los guardamontes de la montaña de Covadonga", el que habita la casa sita en las proximidades del Lago de Enol, hombre de 70 años, llamado Ramos Junco, despidió a su familia mandándola al lugar de Olao en previsión de las grandes nevadas, quedándose sólo con su perro, pera hasta éste le abandonó bajándose al pueblo, donde su presencia produjo tal alarma, que organizaron una partida de hombres (…) que emprendieron la penosa ascensión para recoger al que creían cadáver, siéndoles difícil distinguir la casa envuelta entre nieves, desde la cual para recibirles el bravo Junco, abrió huella saliendo por el balcón del piso principal es decir que la nieve alcanzaba tres metros y medio de altura, y calificando de locura el acto de sus vecinos les mandó volverse encastillándose nuevamente (intento de rescate del guardia de Covadonga – relato de El Carbayón).

"En Tielve" alcanza la nieve una altura de dos metros sesenta centímetros, nada se sabe de los vecinos de Sotres desde hace 15 días. Poco más o menos pasa con los vecinos de Bulnes, del pueblo no se sabe nada desde hace ocho días (situación desesperada de los pueblos altos del entorno de los Picos de Europa).

"De Tarna, por cuatro mozos que llegaron hoy, sabemos que la nieve que cubre el pueblo tiene un espesor de 4 a 5 metros, que en los primeros días de la nevada se inició en la ladera de la Neyona una inmensa avalancha, la que amenaza destruir el caserío como ya alguna otra vez ha sucedido, sin embargo hasta la fecha ninguna desgracia hay que lamentar” (El Carbayón).

"El pueblo de Sotres" desde el 15 del pasado hasta el presente estuvo en la más completa incomunicación, y aún hoy (día 10 marzo) es imposible penetrar ni salir de dicho pueblo, y sólo tenemos noticia de que el 3 y 4 del corriente, no pequeño número de vecinos de dicho pueblo de Sotres, expuestos a perecer irremisiblemente de hambre, han resuelto antes, en su desesperación, salir del pueblo, a modo de caravana, en dirección al inmediato pueblo de Espinama, provincia de Santander, haciendo esfuerzos sobrehumanos (El Carbayón).

"En Bulnes" cogió la nevada a 40 personas en las cuevas apartadas del pueblo, en donde la nieve medía 6 metros habiendo permanecido en tales cuevas hasta el 3 del corriente que pudieron salir, no sin extraordinarios esfuerzos e inminente peligro de perder la vida, haciendo a la manera de los de Sotres, escaleras por encima del hielo. (…) Aquellas oscuras, tétricas y pavorosas cuevas, cerradas con nieve, y sin tener otro alimento que las mismas reses y ganados albergados con sus dueños y pastores en dichas cavernas; reses y ganados que los infelices se veían obligados a sacrificar y devorar crudos, pues les era del todo punto imposible hacerse con lumbre (situación en Bulnes según El Carbayón).

"Las crecidas que los ríos tuvieron estos días debido no solo al rápido deshielo, sino a las lluvias de ayer, fueron muy grandes” (noticia repetida a partir del día 9 de marzo en toda Asturias).

"En Ponga" continúa nevando desde el 16 del actual, temiéndose que esta segunda nevada sea tan terrible como la del pasado mes (se reinicia la nevada en la segunda quincena de marzo)
Para terminar voy a reproducir algunos fragmentos de la información que desde distintos puntos del oriente asturiano enviaban al periódico regional El Oriente de Asturias vecinos que daban detalle de lo sucedido durante estos días de grandiosas nevadas. 

Desde Arenas de Cabrales: (fechado el 6 de marzo)
"El pueblo de Sotres estuvo en completa incomunicación desde el día 15 del pasado, y aún hoy es imposible penetrar o salir de dicho pueblo, ignorando, por consiguiente, las novedades allí ocurridas, y sólo si tenemos noticia de que algunos vecinos de dicho pueblo, amagados a perecer de hambre, se arriesgaron a salir en caravana con dirección al inmediato de Espinama, en Liébana, haciendo esfuerzos sobrehumanos y formando escalinatas por encima del duro hielo donde iban fijando los pies, y aterroriza el considerar los precipicios inmensos que tenían que sortear (…) En Bulnes cogió la nevada más de 40 personas en las cuevas apartadas del pueblo, donde la nieve llegó a medir 6 metros. En ellas permanecieron hasta el día 3 del corriente, haciendo heroicos esfuerzos por salir de sus prisiones”.

Desde Peñamellera: (con fecha 12 de marzo)
"Los pueblos que más han sufrido han sido Cuñaba, Bores, Alles, Oceño, Ruenes, Llonís y Suarias, en cada uno de los cuales se han derrumbado por el peso de la nieve bastantes casas de habitación y muchos invernales. En el primero de dichos pueblos se han hundido ocho casas, entre ellas la de vivir y recoger ganado de una pobre impedida, soltera y anciana, llamada Mariana. Pero una cosa providencial evitó de una muerte segura a Gregorio Ibáñez y su familia, se hallaban en su casa cuando una avalancha de nieve se desprendió de lo alto de la montaña, y a medida que avanzaba iba engrosando su masa con corpulentos castaños, robles, peñascos y cuanto hallaba en su vertiginoso descenso. Al llegar al pueblo y sin duda por algún rudo choque, se dividió en dos porciones, una de ellas chocó con la parte superior de la casa de Ibáñez, arrancando el techo de raíz y dejando muy mal paradas sus pareces, y continuando en su marcha arrasó otras dos casas y fue a estrellarse contra la iglesia, dejando raso el suelo con los techos, donde seguramente tienen nieve para meses”.

Desde Carreña: (día 20 de marzo)
"Había cesado de nevar hacia los días 4 y 6 del que corre, y aunque acaecían fuertes heladas que dificultaban el deshielo eran de muy buen grado aceptadas (…) Mas ay! Vana ilusión! Aquellas heladas eran verdaderamente precursoras de otra nevada más espantosa aún y abrumadora que las que acababa de tener lugar (…) A los pocos días de estos augurios y vaticinios amaneció una nevada en la que se medía sobre la anterior una vara más de altura, desde entonces (y esto era en los días 12 y 14 del actual) no cesó hasta la fecha de nevar y sigue nevando a trapo lleno, como vulgarmente suele decirse.
Aquí todo está sepultado por la nieve, se agotaron completamente los recursos y alimentos para hombres y ganados, que los ganados que no perecieron perecerán en toda su totalidad, que un carro que venía con víveres para este Concejo no pudo llegar y viose obligado a retroceder en dirección a Onís a donde tampoco le fue posible poder llegar. De seguir así la muerte de muchas personas será cierta y el ganado todo perecerá. El hambre aprieta ya en la morada del pobre. ¡Españoles! ¡Asturianos! Si no atendieseis nuestros ruegos cometeríais un crimen ante la razón, la justicia y la historia.” 



FUENTE:  José Manuel Puente Fernández  http://www.tiempo.com
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... de los tres ochos
En el año 2008 se cumplió el 120.º aniversario del gran temporal de 1888, en el que fallecieron cerca de 30 personas, la mayoría de ellas en Pajares






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(Martes 16 de diciembre de 2008). Lne.es » Cuencas
El comentario meteorológico toma la calle e inunda la tertulia de chigre y supermercado. Ha empezado a nevar pronto, parece que se acerca un invierno crudo y ya se han producido los primeros aludes de consideración en San Isidro. Sin embargo, por mucho que los servicios de emergencia acongojen al paisanaje con alertas de todos los colores, no ocurre nada que no se haya visto ya decenas de veces en una región acostumbrada al mal tiempo y que este mismo año alcanza el 120.º aniversario de la que muy posiblemente haya sido la gran nevada de su historia reciente: La «nevadona» de 1888. O «la de los tres ochos», como fue conocida. Baste un sólo dato: Aquel imponente temporal de origen siberiano se cobró la vida de entre 19 y 28 personas, según las fuentes, más de la mitad de ellas en el entorno del puerto de Pajares. Las víctimas sucumbieron ante unas impresionantes y mortíferas avalanchas que llegaron a sepultar casas enteras bajo capas de nieve de ocho metros.
Cuenta José Manuel Puente en su estudio sobre la «madre de todas las nevadas» que aquel terrible temporal de 1888 se desencadenó sobre Asturias y Cantabria el 14 de febrero, y que, a partir de ese día, estuvo nevando sin descanso durante una semana. Posteriormente, del 20 al 23, se registraron fuertes heladas y, a partir del 24, se inició un nuevo período de nevadas que llevó la tragedia a varios concejos de Asturias y, muy especialmente, al de Lena. Para empezar, el mismo día 23, con unos espesores de nieve de casi cuatro metros en el puerto, fallecían dos jóvenes en Pajares sepultados por un enorme alud. Además, otra avenida acababa con la vida de una mujer de la localidad y hería de gravedad a un niño de corta edad. Añade Puente que, al día siguiente, otra avalancha de nieve sepultaba casi por completo la casa de la guardesa de Pajares, que se encontraba dando a luz, ocasionando la muerte del bebé.
 Los principales y primeros problemas del temporal, con muertes incluidas, se concentraban en Lena y en el puerto de Pajares, pero pronto se extendieron a otros concejos asturianos. Si en lo alto de Pajares, a la altura de Busdongo, los espesores estaban durante esos días en torno a los cuatro metros, en Moreda superaban el metro, en Mieres y Oviedo andaban por los 50 centímetros, y en la aldea cabraliega de Sotres, en plenos Picos de Europa, llegaba a los cinco metros. Las avalanchas de nieve sembraban el terror a lo largo y ancho de la geografía regional. De acuerdo a los datos recogidos por Puente, Ponga sufre dos aludes el día 24, con un saldo total de diez personas muertas, aunque otras fuentes señalan que sólo se produjo una avalancha, con cuatro víctimas mortales. Ese mismo día fallecía un niño de corta edad en Tineo, también a causa del temporal.
Por si la tragedia fuera ya poca, en la jornada siguiente, la del 25, tuvo lugar el alud de nieve más importante y mortal de aquella trágica borrasca y de la historia reciente de la región. Una enorme avenida de nieve en Pajares ocasiona una decena de muertos, destruye totalmente cuatro casas y mata, además, a sesenta cabezas de ganado. El suceso tardó en ser olvidado y pasó de generación en generación. Todavía en 1999, coincidiendo con una oleada de aludes en Centroeuropa, aparecía en
Casi sin tiempo para que el vecindario de Pajares se recuperase del terrible mazazo que se recuerda en esta carta, la nieve sepultaba al día siguiente, en esta misma zona, a una madre y a sus tres hijos, falleciendo dos pequeños. Además, en Tineo moría una persona aplastada, después de que la nieve acumulada en el tejado derrumbara su casa. La nómina de fallecimientos se cierra el día 29, cuando una terrible avalancha arrastra cuatro casas y diez cabañas en Pola de Somiedo, cobrándose la vida de una niña.
La «nevada de los tres ochos» también dejó tras de sí un terrible reguero de daños materiales y de bajas en la cabaña ganadera. Las avalanchas acabaron con rebaños enteros en Morcín y Peñamellera

LA NUEVA ESPAÑA una carta al director titulada «El niño que salió de la nieve». Está firmada por Clotilde Fernández y decía así: «Estos días vino a mi memoria que pasaban los últimos días de febrero de 1888 cuando en el pueblo de Pajares la nevada fue tan grande que los aludes fueron frecuentes y dejaron sepultados nueve casas, todas habitadas. Las labores de rescate se hacían muy dificultosas, ya que la nieve no cesaba de caer. Poco a poco iban sacando los cuerpos de los que habían quedado atrapados y la vida habían perdido. Después de cuatro días de duras faenas y en el momento en que se tiraba por una mujer que había quedado sepultada, los hombres, que en el rescate estaban, oyeron unos gritos: "Que me mancáis, que me mancáis". Cuál no sería la sorpresa de los mismos cuando entre el regazo de una madre se hallaba un niño, que iba a ser el único superviviente de la gran nevadona, que así sería como se conocería. Al niño se le apodaría "el niño del milagro", pues sólo él sobrevivió de su hogar, muriendo su madre embarazada, su hermana y su abuela. El padre se libró por no estar aquel día en el pueblo. Antonio Fernández Remis, ése era el nombre del niño del milagro. Tenía 5 años. Pasados los años, Antonio se casaría y gracias a Dios fue mi padre, que vivió hasta el 1 de diciembre de 1968, día que falleció en Oviedo. Yo soy su hija pequeña, que con 75 años actualmente soy la única superviviente de mis hermanos, y que aún recuerda lo que tantas veces me contó mi padre».

FUENTE:  José A. ORDÓÑEZ
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Cuando las nevadas eran «de verdad»
Los vecinos de la zona alta del occidente asturiano agradecen que los avances eviten las penurias de décadas atrás, cuando pasaban semanas aislados por la nieve

Los habitantes de las zonas altas del Occidente están acostumbrados a que la nieve forme parte de su vida. Sin embargo, en el litoral la caída de copos es un acontecimiento.
«Lo de antes sí que eran nevadas». «Antiguamente nevaba de verdad». «Lo de ahora no es nada comparado con lo de hace años». Siempre los mismos comentarios cuando llega el invierno y la nieve, y los mayores restan importancia a los temporales de hoy en día, porque echan la vista atrás y aseguran que los de hace años sí que eran fuertes, comparados con los de ahora. LA NUEVA ESPAÑA ha rescatado fotografías antiguas -unas de hace medio siglo, otras de unos cuantos años atrás- y recogido testimonios de aquellos que vivieron las nevadas «de verdad».
Nevar encima del pan. Así se refieren los somedanos del Valle del Lago a las nevadas por encima de los 1.200 metros, habituales en la comarca en los inviernos, que dejan caer los copos sobre el trigo. Pero en la zona alta sigue nevando como siempre, «Ni antes era todo el invierno nevando ni ahora no nieva nada, son ciclos», asegura María Teresa Lana, hija de los dueños de Casa Lauteiro, el mítico bar del pueblo de El Valle.


Recuerda Lana que cuando era pequeña los inviernos eran parecidos a los de ahora pero que si la nieve llegaba a El Valle se quedaba durante más tiempo entre los valles somedanos. Así, comenta que en la memoria colectiva de los vecinos está un invierno, en los años de la Guerra Civil, en el que no nevó en los tres meses de la estación, mientras que durante la década de los ochenta hubo un año completo de nieve.
Para Lana, aunque sí advierte un aumento de la temperatura media, lo que ha cambiado en los últimos tiempos no ha sido el clima sino las mejores condiciones de vida. Antes, hasta los años noventa, cuando nevaba el pueblo se quedaba aislado durante cuatro o cinco días. Y el que quería bajar a La Pola de Somiedo tenía que hacerlo andando. En una ocasión, siendo ella una niña, recuerda que falleció una vecina de Urría y para subirla a El Valle para el sepelio tuvieron que llevar a hombros el féretro entre la nieve, a pie.
Los vecinos se organizaban en sextaferias para limpiar. Tenían en marcha un sistema para abrir el camino de un pueblo a otro. Empezaban los de las zonas altas a retirar la nieve y así iban sumando gente de pueblo en pueblo. Otro de los problemas que planteaba la nieve era que las vacas no podían salir a comer ni a beber. En algunas zonas de El Valle, se acumula mucho la nieve, lo que los somedanos llaman «trabe», por lo que los vecinos cavaban un túnel para pasar a los animales hacia la fuente.

Lana recuerdas grandes nevadas. Por ejemplo, la de 2005, cuando ya en el puente festivo de El Pilar, el doce de octubre, tuvieron que mandar las quitanieves a los puertos. También de marzo de 1996 . La quitanieves no pudo ni llegar a la población y tuvieron que depender de una máquina turbo para abrir camino. Cuando llegaron a la escuela, donde trabajaba, vieron que el peso de la nieve había destrozado el invernadero.
En los años 70, y cuando aún no estaba en funcionamiento la estación de esquí de Leitariegos, los vecinos del concejo de Degaña subían a esquiar al puerto de Cerredo. Las nevadas eran tan impresionantes que, una vez, un autobús quedó completamente cubierto y hubo que comenzar a quitarle la nieve, con las palas, empezando por el techo.


Gil Barrero, que fue administrativo en el Ayuntamiento de Degaña durante más de 30 años, cuenta aquellas experiencias: «Antes no se abría la carretera y pasábamos semanas aislados. Se dependía más de los vecinos y había más convivencia que ahora. Quedábamos encerrados en casa, ayudándonos los unos a los otros, hasta que se podía volver a pasar por la carretera». Sobre lo de subir a esquiar, Barrero explica: «No era nada profesional, ni mucho menos, pero había una pequeña bajada y una llanada después y la gente iba a divertirse».
Que nieve es muy guapo, sobre todo, para los niños. Pero para los mayores la cosa se complica y más si se vive en un pueblo apartado o en zonas con dificultades de comunicación. Eso lo saben muy bien en Somiedo, donde antaño para ir a trabajar o ir al médico, en pleno invierno, vivían una pequeña odisea. Y en estos casos siempre es muy socorrida la ayuda vecinal. A falta de los medios de los ayuntamientos, que no pueden acceder a los pueblos más incomunicados, contar con la ayuda del vecino es muy importante. Es el caso de un grupo de jóvenes somedanos de los noventa, que a primera hora echaron mano de las palas para abrir camino a un vecino, para que fuera al médico.
Laureana Martínez se remonta al año 1948 para rememorar la última nevada de consideración en la costa castropolense, nada menos que hace 65 años. Esta figueirense de 86 primaveras no se olvida de aquel año, pues fue el de su boda. Corría el mes de febrero cuando la nieve llegó al mar y tiñó de blanco esta localidad a orillas del Eo. «Me acuerdo perfectamente porque aquel día nació una sobrina de mi marido, después fuimos sus padrinos. Además, me casé en abril, dos meses después. Fue el último año que cayó una nevada gorda de verdad», relata Martínez. Cuatro años antes, en 1944, la nieve también había hecho acto de presencia en la zona. «Fuimos a un entierro en plena nevada. Cuando llegamos al cementerio, ya que se iba andando desde el pueblo, la caja estaba blanca». Esta figueirense recuerda calzarse sus madreñas (galochas o zocas en la zona) para caminar por la nieve, pues era el único calzado resistente y seguro. «Aquella nevada duró un par de días», recuerda. A Martínez le gustaba ver nevar, «trapear» como ella dice, pero no el frío que acompañaba la nevada. «Era guapo pero muy frío, y yo siempre fui muy friolera», zanja.
Esta figueirense recuerda jugar de niña en un campo junto a su casa de Granda: «Era un campo pendiente, libre de árboles, y jugábamos a hacer muñecos de nieve y tirar bolas. La verdad es que era muy guapo ver los árboles cargados de nieve».



FUENTES:  T. CASCUDO.
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La "nevadona" de los tres ochos.

El tiempo siempre es relativo en los recuerdos de la gente. Unas veces dicen «Nunca había nevado tan pronto...» otras "nunca había nevado tan tarde" o "tanto" . luego empiezan a aflorar los recuerdos y todo se relativiza. «¡Ah!, y la nevada del 58, aquella que dejó el correo parado en la estación 15 días». Hay quien habla de observaciones meteorológicas en Campoo entre 1911 y 1975, que reflejan nevadas que acumularon 250 centímetros.
Pero para nevadas, nevadas, la denominada 'nevadona' de los tres ochos. La del terrible invierno de 1888, cuando se inició una fase de tiempo frío en España que se tradujo en importantes temporales y disminución de las temperaturas. En realidad fue algo más; a decir del geógrafo Juan Manuel Puente Fernández, autor de un estudio sobre el tema, fue «uno de los últimos coletazos de la pequeña edad glacial que azotó España en los siglos XVI y XVII».

Más de tres metros.
En 1888, Cantabria estuvo afectada por un gran temporal de nieve que duró prácticamente un mes: se inició el 14 de febrero y terminó en la segunda quincena de marzo. Ese temporal, calificado como el mas importante del siglo, se sufrió en tres fases. La primera comenzó el 14 por la noche. Así lo relata el periódico 'El Ebro', editado en Reinosa: «Para el día 18 no bajaría el espesor de la nieve de un metro y treinta centímetros por igual en las calles», y el día 21 (final del primer ataque) informa de que «el temporal ha sido extraordinario. No es exagerado decir que la nieve mide una altura de un metro con cincuenta centímetros, pero el viento la ha repartido con tanta desigualdad que hay parajes donde los neveros alcanzan una altura mayor de tres metros».
Prácticamente sin respiro comenzó una segunda, aún más intensa, del 24 hasta el 29, acompañada por ventiscas, tormentas y que finalizó con un fuerte viento sur, que originó un rápido deshielo. Posteriores heladas mantuvieron la nieve, pero el día 10, de nuevo apareció el viento sur lo que provocó el deshielo, fuertes crecidas y desbordamientos en los ríos.
Pero el 15 de marzo, con nieve aún en los campos, comenzó la tercera gran nevada, que dejó un metro más de nieve. Esta situación se prolongó hasta el 26 de marzo, en que de nuevo volvió a aparecer el viento sur provocando fuertes inundaciones en la zona de Reinosa, alcanzando el Ebro una anchura de mas de un kilómetro.
Este temporal, que cubrió con nieve todo el Norte de España, produjo unas pérdidas cuantiosas, arruinando la economía de la zona, originando la muerte del ganado, la ruina de la agricultura y pastos. La población sufrió escasez de alimentos y la aparición de enfermedades. Muchas familias quedaron en la ruina.

Ayuda del Gobierno Sagasta.
En este periodo reinaba la regente María Cristina, tras el fallecimiento prematuro de su marido Alfonso XII y el Gobierno de la nación, que estaba regido por el liberal Práxedes Mateo Sagasta, acordó mandar 20.000 pesetas para paliar los efectos devastadores del temporal, que se materializó en el hundimiento de numerosas casas, cuadras, invernales, iglesias (San Roque de Riomiera, Bejes, Tudanca, Nestares), escuelas (Cicera); en la muerte de innumerables cabezas de ganado; y en una población aislada y sin alimentos; también consta el fallecimiento de un pastor en Tresviso, al despeñarse en Urdón.

Soportales como túneles.
El periódico 'El Atlántico' y el semanario campurriano 'El Ebro' relataron la virulencia de la nevada, que estuvo acompañada por un fuerte viento, y una tormenta de relámpagos y truenos. La ventisca borró los caminos y formó unos neveros que alcanzaron una altura de más de tres metros. Los tejados a duras penas soportaban el peso de la nieve helada y al ser limpiados caían sobre la calle volviéndola a tapar. Según el relato de 'El Ebro', en Reinosa, los soportales se convirtieron en túneles cerrados al exterior por la acumulación de nieve «que ya no se sabe donde echarla».
Otras zonas de Cantabria, según lo publicado en los periódicos, también se vieron severamente afectadas, como San Roque de Riomiera, donde la nieve alcanzó la altura de metro y medio y las casas quedaron completamente cubiertas.
En el valle de Iguña se perdieron gran cantidad de yeguas. En la zona occidental, en Lamasón, se rescató a los pastores por los tejados, al quedarse enterrados en las cabañas del monte Arria. En la zona alta de Liébana (Dobres, Caloca...) los neveros llegaron a alcanzar cinco metros, y muchos pasos de montaña no estuvieron practicables hasta casi finalizado mayo.

Otras grandes nevadas, mas recientes.
El 15 de enero 1985 numerosos pueblos de Cantabria se quedaron incomunicados. Pero el temporal había empezado ya la vispera de Reyes. Santander, pese a estar a nivel del mar amaneció completamente cubierta y algunos de sus vecinos más valientes no dudaron en calzarse los esquis para transitar por algunas calles del centro. En esos días se llegaron a alcanzar 1,6 grados bajo cero en la ciudad.
Lo más duro llegó el día 15, la comunidad quedó totalmente incomunicada con el exterior y todas las localidades por encima de los 500 metros estaban aisladas.
El 12 febrero de 1956 la temperatura en Santander también cayó a tres grados bajo cero.

FUENTE:  M. Rodríguez
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