15 de septiembre de 2013

Dos dominicos de las Cuencas asesinados en la Guerra Civil ......

Dos dominicos de las Cuencas asesinados en la Guerra Civil serán beatificados el 13 de octubre Los sacerdotes fueron detenidos en el convento alavés de Quejana

 
Raimundo Joaquín González Castaño

El mierense Raimundo Joaquín González Castaño y el allerano José María González Solís fueron ejecutados en octubre de 1936 en Bilbao a bordo del barco-prisión «Cabo Quilates»

                                                                José María González Solís

http://www.lne.es
Los dominicos José María González Solís, nacido en Santibáñez de Murias (Aller), y Raimundo Joaquín González Castaño, nacido en Mieres, serán beatificados el próximo 13 de octubre en Tarragona junto a un numeroso grupo de religiosos asesinados en la Guerra Civil. El Papa Benedicto XVI aprobó la beatificación de los dos dominicos de las Cuencas el 12 de mayo de 2012 y el obispo auxiliar de Madrid y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el asturiano Juan Antonio Martínez Camino, visitó el pasado jueves la comarca del Caudal para comunicar a los familiares de los mártires que la beatificación se llevará a cabo el próximo 13 de octubre.
Juan Antonio Martínez Camino quiso conocer con detalle el lugar de nacimiento de los dos sacerdotes de los Hermanos Predicadores que fueron ejecutados en Bilbao, a bordo del barco-prisión «Cabo Quilates», el 2 de octubre de 1936. En Santibáñez de Murias, el secretario general de la Conferencia Episcopal fue recibido por el párroco, Andrés López, y por familiares y vecinos del dominico José María González Solís, que ya están preparando el viaje para asistir en Tarragona al acto de beatificación.
Los dos religiosos de las Cuencas coincidieron en plena Guerra Civil en el convento de dominicas de Quejana, en Álava. El mierense Joaquín Raimundo González Castaño era el capellán en la vicaría del convento y José María González Solís se encontraba allí para reponerse de un problema de salud e impartir unos ejercicios espirituales a las monjas.
El 21 de julio de 1936 el convento de Quejana fue tomado por los milicianos, lo que no impidió que los religiosos siguieran con su tarea, pero el 25 de agosto un nuevo grupo armado irrumpió en el monasterio y se llevaron detenidos a los dos dominicos de las Cuencas. Los obligaron a vestirse de paisano y los condujeron en camión, junto a otros detenidos, a Bilbao, donde fueron encerrados en la cárcel de Larrínaga. Posteriormente fueron trasladados al barco-prisión «Cabo Quilates», fondeado en la ría de Bilbao, entre las localidades de Erandio y Baracaldo, y fueron encerrados en una bodega de 150 metros cuadrados en la que había 178 presos. El 2 de octubre de 1936, tras sufrir penalidades y malos tratos, Joaquín Raimundo González Castaño y José María González Solís fueron ejecutados en la cubierta del barco junto a unos 40 presos. Fueron enterrados en el cementerio de Santurce y posteriormente en el de Vista Alegre de Bilbao. Ese es el relato que acompaña al expediente de beatificación.
El padre Vito Gómez, postulador de la Orden Dominicana, señaló que está comprobado que los religiosos fueron detenidos en el convento de dominicas de Quejana y que de allí fueron a la cárcel de Bilbao, «y de aquella estancia testificaron prisioneros que convivieron con ellos. También hemos contado con una carta de un prisionero que quedó libre y escribió, espontáneamente, 20 años más tarde en un periódico. Todos ellos contaban de la paz con que vivían ambos dominicos, el ánimo que infundían al resto de los prisioneros y su deseo de que todos conocieran a Cristo». Según afirmó Vito Gómez, los dos religiosos de la comarca del Caudal «se convirtieron en verdaderos apóstoles en aquel barco».
Raimundo Joaquín González Castaño había nacido en el barrio de Oñón de Mieres el 20 de agosto de 1865 en un hogar muy cristiano. Estudió Latín y Humanidades en el Seminario Diocesano de Oviedo e ingresó luego en la Orden Dominicana, donde hizo la profesión solemne en 1884 en el Convento de Corias. Siendo diácono, fue destinado al colegio de Bergara, en Guipúzcoa, donde enseñó Francés, Latín y Música. Fue ordenado presbítero en 1889, en Vitoria, y ejerció sus ministerios en los conventos de San José de Bergara, San Pablo de Palencia y Nuestra Señora de Atocha y Santa Catalina de Madrid, entre otros. Además, en Andalucía desempeñó los cargos de secretario del Provincial, prior, síndico, lector de Teología y profesor de diferentes materias eclesiásticas y en 1909 fue designado, junto a otros hermanos, para restaurar la provincial Domininaca en Portugal. A su vuelta a España, tras pasar por al santuario de Nuestra Señora de las Caldas de Besaya (Santander), estuvo en la comunidad de San Pablo en Valladolid y en 1922 fue elegido prior del convento de San Pablo de Palencia. En este mismo año le otorgaron el título de predicador general y le nombraron cronista de la provincia. En 1927 se trasladó a Madrid y en 1930 al convento de Santo Domingo de Oviedo. Dos años después fue nombrado vicario de las monjas Dominicas de Quejana (Álava), donde continuó hasta su apresamiento. A él acudían muchas personas de toda condición social en busca de dirección espiritual, y trató a los reyes Alfonso XIII, del que se dice que fue confesor, y María Cristina.
Por su parte, José María González Solís nació en Santibáñez de Murias (Aller), el 15 de enero de 1877. Ingresó en el noviciado dominicano de Corias en 1893 y allí realizó la profesión solemne. Recibió el presbiterado en la iglesia de San Esteban de Salamanca en 1900 y fue destinado, como el mierense Raimundo Joaquín González Castaño, al colegio de San José de Bergara (Guipúzcoa), donde impartió Matemáticas durante diez años. Luego estuvo en el santuario mariano de Montesclaros (Santander) y en 1912 fue capellán de las monjas Dominicas de San Sebastián. A partir de 1913 volvió a la enseñanza en el colegio dominicano de Segovia, hasta 1920, que fue elegido prior del convento de Padrón (La Coruña). En 1923 lo destinaron al convento de San Pablo de Valladolid, y en 1925 lo eligieron prior de San Esteban de Salamanca. El capítulo provincial de 1926 lo nombró ecónomo de la provincia, con residencia en Madrid. En ese cargo permaneció hasta el fin de sus días.
A la vicaría de las monjas Dominicas de Quejana, en Álava, donde ejercía su ministerio Raimundo Joaquín González Castaño, llegó José María González Solís el 1 de julio de 1936 para reponer su delicada salud y predicar después ejercicios espirituales a las religiosas. Allí se reencontraron los dos dominicos de las Cuencas, que ya habían coincidido en el Monasterio de Santa Catalina de Madrid. Fue una fatal casualidad. Ahora, juntos, serán elevados a los altares. La beatificación de los mártires se realizará el 13 de octubre en la antigua Universidad Laboral de Tarragona. Un día antes se celebrarán diferentes actos en la catedral de Santa Tecla.



 El barco «Cabo Quilates», en cuya cubierta fueron ejecutados los dos dominicos de las Cuencas.

FUENTE: 

Beatificación de dos dominicos españoles.

El jueves, 10 de mayo de 2012, Benedicto XVI había anunciado la próxima beatificación de 22 mártires del siglo XX en España, entre ellos los dominicos P. Raimundo Joaquín González Castaño y el P. José Mª González Solís, asesinados en Bilbao en 1936.

http://www.dominicos.org
El Santo Padre recibió el 10 de mayo en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En el transcurso de la misma, el Papa autorizó a la Congregación a promulgar varios decretos de beatificación entre ellos los referentes a los mártires españoles, los Siervos de Dios Raimundo González Castaño  y José María González Solís; españoles, sacerdotes profesos de la Orden de los Frailes Predicadores, y compañeros asesinados por odio a la fe en Bilbao (España) el 2 de octubre de 1936. Y también los Siervos de Dios Jaime Puig Mirosa y 18 compañeros; españoles, de la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia de Jesús, María y José; y de Sebastián Llorens Telarroja; español, laico; todos ellos asesinados por odio a la fe en diversos lugares de España entre 1936 y 1937
El P. Raimundo Joaquín González Castaño  nació en Mieres (Asturias, 20 agosto 1865) en un hogar muy cristiano. Estudió Latín y Humanidades en el Seminario Diocesano (Oviedo) e ingresó luego en la Orden Dominicana, donde hizo la pro­fesión solemne en 1884 (Convento de Corias). Siendo diácono, fue asignado al Colegio de Vergara, y aquí fue votado y aprobado, por una unanimidad para ordenarse de presbítero el 14 de septiembre de 1889. Con dichas credenciales fue ordenado, en la mañana del día 21 de septiembre de dicho año de 1889, en Vitoria, por el obispo de Vitoria D. Mariano Miguel Gómez. La ordenación fue en el oratorio episcopal. El examen de confesor lo hizo en el convento de S. Román de Toulouse (Francia), meses después de ordenarse.
Ejerció sus ministerios en y desde diversos Conventos: San José de Vergara (donde enseñó Francés, Latín y Música), San Pablo de Palencia, Ntra. Sra. de Atocha de Madrid (1927), Vicaría de las Dominicas de Santa Catalina de Madrid (1928-1930). etc.  En la Provincia de Andalucía desempeñó los cargos de Secretario del Provincial, Prior, Sín­dico, Lector de Teología y Profesor de diversas materias eclesiásti­cas (Teología, Escritura, Historia). El Capítulo General de 1909 lo designó para restaurar la Provincia Dominicana en Portugal (de donde regresó a España debido a la revolución en el país vecino). A su regreso a España, se dedicó a la predicación (misiones populares y Ejercicios), siendo nombrado Predicador General por el Convento de Corias. Entre otros cargos, desempeñó el de Secretario en los Capítu­los Provinciales (años 1926, 1930, 1934). Fue confesor del Rey Al­fonso XIII. Finalmente, en 1932, fue destinado corno Capellán a la Vicaría de las Monjas Dominicas de Quejana (Álava) donde se en­contraba y fue apresado durante la persecución religiosa de 1936.
Todos los testigos están de acuerdo sobre su conducta religiosa ejemplar en todos los sentidos. Era cumplidor de su obligaciones y "el tiempo que sus ocupaciones le dejaban libre lo pasaba delante del Sagrario"; por esto solía decir: "Todo me cansa, menos el Sagrario" (Summ., p. 130, n. 4). Destacaba siempre por su honda devoción eu­carística y mariana, que contagiaba a los empleados del Convento y a los sacerdotes (cfr. Summ., p. 13, art. 37). Dedicaba tiempo a la asis­tencia espiritual de los sacerdotes (retiros mensuales y confesiones). Durante la persecución, desde el día 15 de julio hasta el 25 de agosto (en que fue apresado), siguió cumpliendo con ejemplaridad sus mi­nisterios (junto con el P. José Ma González Solís).
El P. José Mª González Solís nació en Santibáñez de Murias (Asturias, 15 enero 1877), aprendiendo la piedad cristiana desde su infancia en su ambiente familiar. Ingresó en la Orden Dominicana, donde hizo la Profesión Solemne el 6 de enero de 1897 (Convento de Corias). Fue ordenado sacerdote el 10 de marzo de 1900, en el templo conventual de San Esteban de Salamanca.
Fue destinado como profesor sucesivamente a Vergara, Sego­via y Madrid. Fue Prior del Convento de Padrón (Coruña) luego del importante Convento de San Esteban de Salamanca. Presidió el Ca­pítulo Provincial de 1926, donde fue elegido Síndico de la Provin­cia. Ese cargo lo desempeñó
«con gran talento y con al aplauso de toda la Provincia hasta el final de su vida» (Summ., Comisión Histórica, p. 149).
Siempre fue considerado como excelente religioso, muy orde­nado y cumplidor de sus deberes (en la oración y en el trabajo), amigo de la celda (cfr. Summ., p. 19, art. 14-15). Para restablecer su salud, algo quebrantada, y para impartir Ejercicios a las monjas, fue enviado el 1 de julio de 1936 al Convento de las monjas de Quejana, donde compartió la vida comunitaria con el S. de D. P. Raimundo González  (Capellán) y donde le sorprendió la persecución. Durante los días anteriores al encarcelamiento, conservó la paz, vestía el hábito domini­cano y celebraba la Santa Misa (cfr. Summ., pp. 130-131, nn. 7-9).
  • El relato de su martirio es como sigue:

Los dos Siervos de Dios se encontraban en Quejana al inicio de la persecución. Como se ha dicho, el P. Raimundo Joaquín González era el Capellán en la Vicaría del Convento de las Madres Dominicas: el P. José Ma Solís se encontraba allí desde el 1 de julio para reponerse de su salud y para impartir unos Ejercicios a las monjas. El día 21 de julio se personó en el Convento la "Guardia Roja" para revisar si había armas, obligando a los Padres a que les guiaran en el registro (cfr. Summ., p. 133, n. 6). Algunos milicianos tomaron posiciones en el Convento (cfr. Summ., p. 129, n. 6).
Durante aquellos primeros días, los Padres hacían la vida ordinaria, pudiendo celebrar Misa todos los días (cfr. Summ., pp. 129-131). Los Siervos de Dios se mostraban tranquilos y, en su predicación, instaban a orar para que terminara la guerra (cfr. Summ., p. 134, n. 9). El día 25 de agosto, un grupo de milicianos armados llegaron al Convento y se llevaron detenidos a los dos Siervos de Dios para conducirlos a Bilbao, primero a "La Bilbaína" y luego a la cárcel de Larrínaga (cfr. Summ., p. 42, n. 10). Habían sido detenidos mientras paseaban cerca de la iglesia, obligándoles a vestirse de paisano y subir a un camión donde ya había otros detenidos (cfr. Summ., p. 134, n. 9). Por testigos visuales, consta de muchos detalles de la vida de los Siervos de Dios durante su encarcelamiento, destacando por su serenidad y conformidad con la voluntad de Dios. A finales de agosto o inicio de septiembre de 1936, fueron trasladados con otros prisioneros desde la cárcel Larrínaga al barco-prisión "Cabo Quilates", donde fueron encerrados en la bodega número 3 (cfr. Summ., pp. 37, 124, 136). En el recinto de 150 metros cuadrados había 178 presos (cfr. Summ., p. 14, nn. 51-52). Los presos, especialmente los religio­sos, sufrían malos tratos y frecuentemente les hacían subir a la cubierta para trabajar en malas condiciones, escarneciéndolos, blasfemando y obligándolos a cantar la "Internacional" (cfr. Summ., p. 33, n. 10).
Hubo una matanza de presos el día 25 de septiembre, después de haberlos hecho subir a cubierta. El día 2 de octubre, los verdugos leyeron una lista de unos 40 presos, entre los que se encontraban los dos Siervos de Dios, que fueron asesinados en la cubierta (cfr. Summ., pp. 31-32). Son numerosos los testigos que dan fe de esta matanza, in­dicando los nombres de los dos Siervos de Dios (cfr. ibídem, pp. 35-37, 44, 122-123, 126-128, 137-138).
Los cadáveres de los dos Siervos de Diosfueron colocados primero en el cementerio municipal de Santurce y luego en el cementerio de Vista Alegre, de Bilbao (cfr. Summ., Comisión Histórica, p. 148).
FUENTE:  http://www.dominicos.org

No hay comentarios:

Publicar un comentario