3 de septiembre de 2013

El allerano Oscar Pérez Solís, de comunista a falangista

La peripecia de Oscar Pérez Solís.

Es cierto que solo vivimos una vida y que por lo tanto tenemos derecho a enmendar el camino ya hecho y empezar otro, aunque sea en la dirección contraria, cuando nos dé la real gana. Hay quien le llama a esto rectificación; otros, más prosaicos, consideran sin tanta filosofía que el que cambia de rumbo, especialmente si hablamos de política, no es más que un chaquetero. Hoy les traigo el caso de alguien que pasó por esta circunstancia: fue primero un destacado líder comunista y sin dar tiempo a una transición que lo justificase se convirtió en un falangista convencido. Primero conozcan los hechos y tras el punto final juzguen ustedes.
Oscar Pérez Solís nació en Bello en agosto de 1882, pero como su padre era capitán de Infantería de Marina, se llevó con él a la familia hasta su destino en El Ferrol y después a Valladolid y, para seguir la tradición, cuando Oscar tuvo la edad exigida entró en la academia de Artillería de Segovia. En 1902 ya era teniente y se le envió de guarnición a Las Palmas; allí conoció a un recluta de su regimiento que le habló del anarquismo y le animó a colaborar en el grupo ácrata «Luz y Progreso», aunque parece que ambos compartieron también algo más que una amistad profunda. Cuando su amigo murió inesperadamente, regresó a Valladolid y empezó a derivar hacia el marxismo, manteniendo en secreto su tendencia.
En aquellos años firmó algunos artículos con el pseudónimo de Juan Salvador, el nombre de su compañero fallecido, hasta que se decidió a dar la cara en algunos mítines de solidaridad con conflictos obreros, de modo que como su militancia se hizo conocida entre sus compañeros de profesión, coincidiendo con su ascenso a capitán en 1911, se le recomendó que pidiera un traslado a Cartagena.
No hizo caso y solicitó el pase a la reserva para poder seguir en la capital castellana; aquello fue un primer paso y cuando ya era capitán, después de ser expedientado por su implicación en una agresión a un concejal del Ayuntamiento, dejó la milicia. Dedicado por completo a la política desempeñó cargos públicos desde 1914, hasta 1917 y dirigió ¡Adelante!, el órgano de los socialistas de Valladolid, pero tras la huelga general de 1917, tuvo que refugiarse en Lisboa, donde estuvo unos meses, antes de volver a Valladolid.
Oscar Pérez estaba en aquel momento en la derecha del PSOE, dentro de las posiciones reformistas y defendía el proyecto de un partido aliado a los republicanos, pero fue evolucionando hacia la izquierda y acabó criticando que el partido gastase sus energías en discutir la forma de gobierno en vez de luchar por cosas más concretas.
En l919 fue acusado por un delito de lesa majestad contra el Duque de Alba, y este hecho, unido a las discrepancias que mantenía con sus compañeros, le llevó a instalarse en Bilbao. Allí estableció contacto con los primeros círculos favorables a la III Internacional que se estaban formando en Euskadi y siguió su actividad militante hasta que volvió a ser detenido y encarcelado en la prisión de Larrinaga.
En aquellos años acudió como delegado de la agrupación del PSOE bilbaíno a dos congresos que se celebraron en Madrid y en los que puso en evidencia su cambio de posición con respecto al comunismo. En el de 1919 su postura había sido la defensa de la permanencia en la Internacional socialista y la oposición a la revolución rusa, sin embargo en el que tuvo lugar entre el 9 y el 13 de abril de 1921 se inclinó por la integración del partido en la Internacional comunista e incluso fue quien se encargó de leer el manifiesto de escisión de una nueva organización de la que fue miembro fundador: el Partido Comunista Obrero Español (PCOE).
Poco después, llegó desde Moscú la orden de que los dos partidos de la misma tendencia que convivían en España -el PCOE y el PC- se unificasen en el PCE. Pérez Solís fue nombrado miembro del comité central y redactor de su periódico La Bandera Roja
En los años de la Dictadura no cesó en su actividad propagandística por toda España y colaboró en La Antorcha, el órgano de prensa de la sección española de la III Internacional, que se editaba en Madrid, publicando varios artículos favorables a la corriente pro-marxista de la CNT. A mediados de 1923 fue arrestado de nuevo en Bilbao acusado de participar en diferentes actos violentos en protesta contra el embarque de tropas para Marruecos e incluso por su implicación en el intento de atentado contra el periódico El Liberal y su ideólogo, Indalecio Prieto. Más adelante, Oscar Pérez Solís iba a contar como en aquellos días le fue a ver por indicación de una hermana suya el jesuita Luis Chalbaud, cuyos consejos serían el primer paso en su transformación política y religiosa que completaría el dominico José Gafo Muñiz, otro asturiano, de Tiós, en el concejo de Lena y máximo representante del catolicismo social durante el primer tercio del siglo XX.
Cuando cumplió su condena, en enero de 1924, le esperaba otro juicio en Valladolid y ante la perspectiva de retornar a la celda decidió salir otra vez del país y volver a Francia donde tuvo tiempo para asistir en representación de los españoles al congreso de la Komintern en Moscú, luego, de nuevo en París, esperó hasta que a finales de aquel año se vio favorecido por una amnistía y pudo regresar a España.
Las continuas caídas en le PCE hicieron que el partido quedase descabezado y con la mayoría de sus dirigentes arrestados por orden del general Miguel Primo de Rivera, y en esta situación Oscar Pérez Solís asumió la secretaría general con el apoyo de José Bullejos y Gabriel León Trilla; pero su libertad duró poco y cayó detenido otra vez. En esta ocasión el 13 de febrero de 1925 en Barcelona, y aquí fue donde su vida dio un giro completo gracias al padre Gafo, que le visitó varias veces y con el que mantuvo una correspondencia frecuente.
Cuando Oscar Pérez Solís salió de la cárcel el 9 de agosto de 1927 era un hombre nuevo. Explicando a sus compañeros comunistas que necesitaba reponer su salud, se desplazó a Valladolid para retirarse temporalmente de la política. Aquel mismo otoño El Norte de Castilla se hacía eco del rumor de que Pérez Solís renegaba de su militancia a la vez que había aceptado un cargo directivo en una importante empresa de reciente creación. En un principio y ante la repercusión que tuvo el asunto, dada su popularidad en el mundo obrero, el propio Solís tuvo que desmentir la noticia como falsa, pero las evidencias eran tantas que a los pocos meses no tuvo más remedio que hacer pública la verdad: se retractaba de su pasado y volvía a abrazar la fe católica de su infancia.
El antiguo agitador de Bello consiguió en aquel momento un empleo bien remunerado en la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (CAMPSA), que se había fundado un año antes. Se ha escrito que Pérez Solís era uno de los antiguos dirigentes comunistas que conocían bien el mundo de los carburantes gracias a unos contactos secretos que se habían mantenido entre el Gobierno español y la Unión Soviética para el aprovisionamiento español de petróleo del Mar Negro en la época de la Dictadura. Una operación que se debía cerrar a cambio de que los rusos convenciesen al PCE para concurrir en las elecciones para la formación de una asamblea corporativa ideada por Miguel Primo de Rivera y que resultó fallida por la oposición de Bullejos y Trilla, pero esto, a estas alturas, es difícil de demostrar.
El caso es que su evolución no había hecho más que empezar. Primero apoyó abiertamente a los sindicatos de inspiración católica que animaba el padre Gafo, y en 1933, ya en plena República, se afilió a la Falange y tuvo una actuación destacada en el alzamiento de 1936. Le pilló en Oviedo, cuando llegaron las primeras noticias fue encarcelado -paradojas de su vida- está vez por fascista, pero a las 48 horas ya se había incorporado a la defensa de la ciudad recuperando su jerarquía de capitán bajo las ordenes del coronel Aranda y en el cerco aprovechó para publicar algunos artículos anticomunistas en el diario Región. A pesar de sus bandazos ideológicos y de una trayectoria que le llevó a convertirse durante el franquismo en Gobernador Civil de Valladolid, parece que respetó a sus viejos correligionarios e incluso facilitó la fuga o la salvación de algunos tan destacados como Joaquín Maurín, el dirigente del POUM, para lo que llegó a mediar ante Raimundo Fernández-Cuesta.
La peripecia de Oscar Pérez Solís puede seguirse además de por los numerosos artículos de uno y otro signo que dejó escritos, por sus libros. En El partido socialista y la acción de las izquierdas (1918) dijo "digo"; en Memorias de mi amigo Oscar Perea (1931) y Sitio y defensa de Oviedo (1937) donde había dicho "digo" dijo "Diego". En 1951 dijo adiós a este mundo desde Valladolid.


FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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El extraño caso Oscar Pérez Solís.

http://www.nodo50.org
Nacido en Asturias, en 1882, su nombre figura en la historia del socialismo y aunque sea con letras torcidas en la del comunismo español. Pérez Solís, ex-capitán de artillería, miembro destacado del PSOE, representante del sector "tercerista" que desde 1921, fue uno de los más importantes dirigentes del PCE, convertido finalmente al integrismo católico y franquista. Un buen escritor de la estirpe de Pío Baroja habría encontrado en su vida material para un turbulenta novela.
Oscar pasó su infancia en El Ferrol, antes de que su familia se trasladara a Valladolid. Ingresó en la academia de Artillería de Segovia y en 1902 se graduó de teniente. Unos años después fue destinado a Las Palmas, en donde permaneció durante un año y medio. Allí, un soldado sevillano de la batería en la que estaba destinado, Juan Salvador, le introdujo en las ideas anarquistas, y llegó a colaborar con un grupo ácrata llamado "Luz y Progreso" hasta el momento del atentado de Mateo Morral contra la comitiva real, en la madrileña calle Mayor.
Cuando llegó en 1908 a Valladolid, las lecturas de los autores libertarios las canalizó hacia el socialismo, ingresando en la agrupación local en abril de 1910, con el pseudónimo de Juan Salvador. Su militancia socialista fue -naturalmente- mal vista por su familia y por los círculos castrenses que no se entendían como alguien de su "rango" pudiera hacer semejantes opciones Después de participar en algunas de las giras organizadas en el verano de 1910 en solidaridad activa con la huelga minera vizcaína, fue ascendido a capitán en 1911, aunque se le recomendó que pidiera un traslado a Cartagena. Entonces pidió abandonar el servicio activo y pasó a la situación "de reemplazo", continuando en la capital castellana.
Su siguiente paso fue pedir la separación definitiva del ejército en junio de 1913, decisión que resultó precipitada por su participación destacada en unos incidentes ocurridos en el ayuntamiento cuando el concejal Remigio Cabello, dirigente socialista local, abofeteó a otro compañero de corporación, lo que le significó a Solís un expediente que fue archivado tras su abandono de la carrera militar. A partir de entonces su militancia se intensificó. Participó en un acto público en la población vizcaína de Valmaseda y, poco después, se hizo cargo de la dirección de ¡Adelante!, el periódico que editaban el PSOE y la UGT de Valladolid. Además, desde 1914, hasta 1917, fue edil y diputado provincial.
Abandonó dichos cargos en discrepancias con la dirección socialista nacional en protesta por la actitud del PSOE en relación a la huelga general de 1917 en la capital del Pisuerga. Procesado por estos hechos, fue condenado a la pena de destierro; se refugió en Lisboa, en donde permaneció unos meses, antes de regresar a Valladolid. Perteneciente al ala izquierdista del socialismo coqueteó con el regionalismo que, impulsado por los catalanistas, comenzaba a despertar en diversas regiones españolas. Así, Oscar asistió a la reunión "castellanista" que se celebró en Salamanca con la asistencia, entre otros, de Unamuno y viajó a Cataluña para entrevistarse con Cambó.
En 1920, a consecuencia de su participación en el mitin que intentó reconducir las protestas contra el alza del precio del pan, durante las que fue detenido, procesado y condenado de nuevo a destierro. Esta vez por diez años. Entonces, Solís se instaló en Bilbao. Allí, en diciembre, fue candidato a diputado nacional por Valmaseda. Fue una reñida votación durante la que se produjeron diversos incidentes. Por ellos fue detenido y encarcelado en la prisión bilbaína de Larrinaga hasta marzo de 1921.
En Bilbao, Oscar había establecido contactos con los incipientes grupos comunistas a los que se había acercado. En abril, como delegado de la agrupación bilbaína, acudió al congreso que el PSOE celebró en Madrid. En él (ya en el congreso de 1919 había propuesto la fusión de la segunda y tercera Internacional), protagonizó unas vibrantes intervenciones en defensa de la integración del partido en la internacional comunista. Al ser rechazada la propuesta, junto a otros dirigentes socialistas, encabezaron una posterior escisión de la que nació el PCOE, partido que terminó fusionándose con el otro partido comunista existente -el creado desde el ala radical de las juventudes socialistas- ese mismo año. Solís se convirtió en uno de sus más importantes dirigentes.
Fue nombrado redactor del periódico La Bandera Roja y miembro del comité central del nuevo PCE. Durante los años de la dictadura de Primo, sus colaboraciones en el periódico madrileño La Antorcha, intentaron reconducir a la CNT hacia posiciones cercanas al marxismo ruso. Durante los años siguientes, hasta su viaje a Rusia en la primavera de 1924, fue detenido en diversas ocasiones, acusado de participar en atentados ocurridos en Bilbao, y fue uno de los más importantes propagandistas comunistas interviniendo en diversas giras de mítines y dando conferencias en instituciones culturales como el Ateneo de Madrid. Partió para el exilio tras el golpe de Primo de Rivera. Encarcelado en Bilbao durante el segundo semestre de 1923, regresó a Valladolid en enero de 1924. Allí le esperaba un nuevo juicio por sus artículos contra la sentencia a un militante comunista vizcaíno. Para evitar regresar a la prisión huyó a Francia, a París, en donde estuvo hasta su salida hacia Moscú para asistir al congreso de la Komintern. Después regresó a la capital gala hasta que, a fines de 1924 regresó a España acogiéndose a una amnistía.
La trayectoria posterior de Oscar Pérez Solís fue tan agitada como lo había sido hasta entonces. Recién regresado de Francia, fue de nuevo detenido y encarcelado, en Barcelona, hasta el verano de 1927. Unos meses después anunció públicamente que abandonaba el PCE y retomaba su fe católica. Era el resultado del trabajo que en la prisión habían realizado los sacerdotes Chalbaud, jesuita, y Gafo, dominico. El primero, por indicación de una hermana de Solís le había visitado ya durante el tiempo que pasó en 1923 en la cárcel de Bilbao. El segundo, lo hizo en Barcelona. Tras el abandono del comunismo regresó a Valladolid, se hizo seguidor de los sindicatos católicos que animaba el cura Gafo y comenzó a trabajar en la delegación de la CAMPSA. Dios y los negocios de la misma mano.
Durante la IIª República se fue acercando hasta la extrema derecha. Finalmente ingresó en Falange Española y participó en la sublevación de julio de 1936 en Oviedo. Sobre ello publicó un libro prologado por el general Antonio Aranda en 1942 en Valladolid. Según testimonio de Juan Andrade, durante la guerra civil, Pérez Solís contribuyó a salvar a los antiguos camaradas que pudo. Por ejemplo, según Juan Andrade se interesó vivamente por la suerte de Joaquín Maurín. Una historia llena de luces y sombras que espera la lupa de un buen biógrafo. Luego, su pista se pierde. Menos mal.

FUENTE: Pepe Gutiérrez-Álvarez  http://www.nodo50.org
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Pérez Solís, historia de una traición a la clase obrera.
Esta es una de esas historias que quitan el apetito, y hacen que en lo más profundo de nuestra mente surjan trascendentales cuestiones.
http://old.kaosenlared.net
No es un caso demasiado conocido, es una de esas historias que pasaron al olvido. La historia de una traición a sus camaradas, de la influencia de la religión en las personas y como puede llegar a cambiar la ideología de éstas, pese a su presumible conciencia social.
El nombre del susodicho era  Óscar  Pérez  Solís, y había nacido en el 1882 en Asturias, tierra de mineros y históricamente lugar de ideas revolucionarias. Pero desde joven le gustaron las ideas militares, e ingresó en la Academia Militar más cercana, formándose en el arte de la guerra con las ideas de aquellos tiempos. Llegó a convertirse en capitán de artillería. Pero un joven compañero anarquista de origen andaluz hizo que se familiarizara con el marxismo, y que se afiliase al PSOE de Valladolid. Más tarde sería naturalmente expulsado del ejército, según dicen por difundir ideas socialistas.
Durante su estancia política en el PSOE pasó por dos etapas, la primera de ellas fuertemente influenciado por Ortega y Gasset, en las cuales se posicionó en el lado más derechista del partido, criticando duramente a los antimonárquicos y el inicio de la revolución rusa, pues pensaba que los obreros no podían administrar la producción correctamente sin ayuda. Pero con el tiempo se influenció por los escritos de Engels, y pasó de defender la II Internacional a mostrarse abiertamente voluntarista, lo que le costó fuertes disputas en el partido.
Tremendamente importante fue su paso por Bilbao, donde cuajó buenas migas con  Perezagua, principal pensador socialista por aquellas tierras, al que luego  Pérez  Solís  superaría en importancia. En unos años se dio a conocer enormemente en las esferas reformistas, y haciendo eco de su liderazgo decide formar parte de la escisión que formaría el PCOE, creándose todavía más enemigos en su anterior partido. Más tarde es impulsor de su unión con el PCE, la cual fue promulgada por el cuadro soviético.
Por la falta de referentes en la política izquierdista, por las continuas detenciones y asesinatos, es nombrado Secretario General del PCE en 1923. Y crea los llamados “hombres de acción”, al más puro estilo anarquista de la época. En base a un atentado de esta pequeña organización relativa al PCE contra el periódico bilbaíno “El Liberal”, es detenido y condenado a prisión.
Allí comienza su peculiar traición, ya que después de diversas charlas con el padre Gafo se reconvierte al catolicismo, llamado por los intereses de cambiar su ideología a la conservadora. Por ello en 1928 abjura de su pasado de militancia izquierdista, y consigue un trabajo en la CAMPSA recompensado por Primo de Rivera. Más tarde durante la Guerra Civil participa en al defensa de Oviedo muy activamente, y después de la victoria del bando sublevado es nombrado Gobernador Civil de Valladolid. Fallece en dicha localidad en 1951.
Para muchos será la historia de un traidor a la clase obrera, para otros un inconformista que no se identificó con ninguna ideología política y cayó en las ramas de la avaricia y el poder por desesperación. Cobrando la siguiente cuestión vital importancia dados los tiempos que corren. ¿Tan incoherente es el paso del internacionalismo al nacionalismo más patriótico?

FUENTE:  Raúl López Baelo
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BIOGRAFIA:
Oscar Pérez Solís (Bello, 1882 - Valladolid, 1951) fue un político y militar español.
Era capitán de artillería pero dejó el Ejército para ingresar en el PSOE en 1913. Fue cofundador del Partido Comunista Obrero Español (PCOE), una escisión favorable a la Tercera Internacional del PSOE, en abril de 1921, la cual se integró poco después en el Partido Comunista de España (PCE). Pérez Solís fue elegido secretario general del (PCE) en julio de 1923 y miembro del ejecutivo del Komintern en julio de 1924. En 1928 abandonó el comunismo entrando a trabajar en la CAMPSA de Valladolid.
Durante la II República se afilió a Falange Española, uniéndose a la sublevación de julio del 36, en el que participó en la defensa de Oviedo. Escribió El partido socialista y la acción de las izquierdas (1918), Memorias de mi amigo Óscar Perea (1931) y Sitio y defensa de Oviedo (1937).

FUENTE:  http://es.wikipedia.org

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