27 de febrero de 2014

Leopoldo Alas "Clarín" (1852-1901), asturiano de adopción y autor de "La Regenta"

Leopoldo Alas, la novela y la crítica

http://ignaciogracianoriega.net.
A mediados de los años sesenta del pasado siglo, siendo yo directivo del Ateneo ovetense, se hicieron gestiones para que viniera a dar una conferencia a Oviedo José Donoso, novelista chileno de aquella muy conocido y hoy bastante olvidado. La celebridad literaria me contestó con una carta que todavía conservo, llena de exabruptos contra la literatura española en general y la novela decimonónica en particular, pero por la que, de paso, aceptaba encantando la invitación de venir a Oviedo, por ser el escenario de «La Regenta», la única novela española digna de ser considerada como tal. Por aquellos años, «Clarín» no gozaba de tanto prestigio como ahora, pero tampoco se puede decir que fuera un clandestino, como se ha pretendido. Se habían publicado ya las ediciones (de lujo) de Martínez Cachero y de Juan Antonio Cabezas de «La Regenta», y, comenzaba a tener un asombroso éxito su edición barata en Alianza Editorial. Pero que un chileno cosmopolita (a la par, tanto más o menos como un argentino) destacara «La Regenta» de tal modo (con evidente desprecio de Pérez Galdós y Valera, mucho más novelistas que «Clarín», y mejores prosistas, sobre todo Valera), era señal de que algo muy favorable a esta novela estaba sucediendo.
A «Clarín», en los años cincuenta y sesenta, se le consideraba un perseguido por la censura franquista, la saña clerical y el resentimiento de la «levítica ciudad». Nada de ello es exacto: que fuera «mal visto» por algunos retrógrados que ni siquiera se habían tomado la molestia de hojear (y ojear) la novela, no significa que fuera un perseguido político. Pero se intentaba presentar a «Clarín» como un adalid del izquierdismo, del krausismo, del republicanismo y del anticlericalismo, más «progre», que un «progre» de carné. Tampoco es exacto. No se quería entonces admitir que las posiciones radicales (siempre dentro de un orden) del novelista fueron evolucionando hacia otras más moderadas, e incluso reaccionarias, si se tiene en cuenta el parecer de hoy en día, dadas su suspicacia hacia la democracia («La democracia niveladora, aspirando al monótono imperio de las medianías iguales, la democracia mal entendida...», escribe en su artículo sobre José Enrique Rodó), su espiritualismo final y su patriotismo español de todo momento. De manera que si «Clarín» estuvo arrinconado durante muchos años y al cabo olvidado, no obedeció enteramente a motivos políticos y sociales o a la venganza de los curas. Yo creo que «Clarín» hubiera podido decir, como Stendhal, que sería apreciado como escritor al cabo de setenta u ochenta años, aunque «Clarín» no sea Stendhal, ni mucho menos, lamentablemente (para «Clarín»); como así sucedió. Como le sucedió a tantos otros escritores, fue relegado a comienzos del siglo XX. Por aquella época triunfaba Armando Palacio Valdés como novelista, y es preciso reconocer que el público sin complicaciones de don Armando, tan luminoso y fácil, seguramente se sentiría desalentado ante un novelón tan espeso como «La Regenta». Ni siquiera durante una etapa tan «progresista» como la de la segunda república se hizo ningún intento por rescatar esa novela. Su crítica literaria, por otra parte, es efímera, ya que fueron efímeros la mayoría de los autores de que se ocupaba. Y el volumen de «La Regenta» y su general aceptación reciente evita que otras novelas cortas, acaso de mayor mérito, como «Doña Berta», o «Superchería» que hubiera podido ser un relato a la manera de Henry James de no ser por cierta zafiedad narrativa clariniana, sean estimadas en lo que valen. Por caso sorprendente en la historia literaria (otro caso es el de «Moby Dick», de Herman Melville), en medio siglo, «La Regenta» pasa de ser una novela menospreciada a ser considerada como la mejor novela española después de «El Quijote». Ni lo uno, ni lo otro. Como dicen en México: «Ni tanto que queme el santo, ni tanto que no lo alumbre».
                                 Estatua de la Regenta junto La Catedral de Oviedo

De los personajes incluidos en esta serie, «Clarín» es el único que no ha nacido en Asturias; pero no por ello deja de ser asturiano. Ya hemos hecho notar, anteriormente, que el nacimiento es un accidente. Benito Pérez Galdós observa en su prólogo a «La Regenta», de 1901, que existe una íntima conexión entre el autor y la ciudad donde desarrolla su novela: conexión que no ha sido discutida por nadie, entre la legión de críticos que escribieron sobre ella. Vetusta es el gran personaje de «La Regenta», más personaje incluso que don Fermín de Pas: «Desarróllase la acción de "La Regenta" en la ciudad que bien podríamos llamar patria de su autor, aunque no nació en ella, pues en Vetusta tiene "Clarín" sus raíces atávicas y en Vetusta moran todos sus afectos, así los que están sepultados como los que risueños y alegres viven, brindando esperanzas –escribe Pérez Galdós–, en Vetusta ha transcurrido la mayor parte de su existencia; allí se inició su vocación literaria; en aquella soledad melancólica y apacible aprendió lo mucho que sabe en cosas literarias y filosóficas; allí estuvieron sus maestros; allí están sus discípulos».
Leopoldo Alas nació el 25 de abril de 1852 en Zamora, donde su padre era gobernador civil, y hasta el verano de 1859 no regresan los padres a Oviedo, la ciudad a la que el nombre del futuro autor quedará vinculada para siempre; mas esta primera estancia es por poco tiempo. «Sólo unos quince días permanece en Oviedo la familia de "Clarín" –escribe Juan Antonio Cabezas–. Don Jenaro (su padre), cansado de esa farsa que es siempre la política, ansiaba un poco de verdad y de libertad, puras y sin retóricas. Por eso volvía a pasar el verano a la querencia de sus valles marineros, de sus prados de Guimarán. A fines de julio está la familia instalada en la casa solariega de Carreño. Estos primeros días de estancia en la tierra de sus antepasados son de una grata y profunda emoción para el niño Leopoldo, que va a cumplir nueve años. Además, logra uno de sus grandes anhelos de adolescente soñador: ver el mar. Su padre lo acompañará un día hasta Candás, para que pueda contemplarlo a su gusto».
Cursó el bachillerato en Oviedo, y al tiempo que estudia obteniendo buenas notas, empieza a escribir (y a ver publicados) versos y epigramas. Concluye la carrera de Derecho en dos años, graduándose en 1871, y seguidamente marcha a Madrid para seguir los estudios de doctorado. Y se abre otro período mesetario para Alas, que entra en contacto con aquella gran pesadez y gran camelo denominados krausismo en las cátedras de Salmerón y Camus, a la que se acercó, según confesión propia, «como un creyente a la Meca». Por fortuna para él, no tardará en desarrollar sentido crítico, no sólo para vapulear a poetastros de tres al cuarto, sino hacia el krausismo. En Madrid colabora en «El Solfeo», en cuyas páginas empieza a aparecer el pseudónimo de «Clarín». De manera que si a Leopoldo Alas le nacieron en Zamora, «Clarín» nació en Madrid. En 1878 se doctora con una tesis sobre «El Derecho y la moralidad», que es, al tiempo, su primer libro publicado. En 1881 oposita a la cátedra de Economía en la Universidad de Salamanca, pero aunque obtiene el primer lugar de la terna, la cátedra se le adjudica al número dos. Al año siguiente es nombrado catedrático de Economía en la Universidad de Zaragoza, pero pronto consigue el traslado a la de Oviedo, para explicar Derecho Romano. A partir de entonces, «Clarín» y Oviedo serán inseparables (salvo ocasionales escapadas a Madrid), y entre la cátedra, los artículos, el casino y el billar, van transcurriendo los días y los años; incluso interviene en política, siendo jefe del partido de Castelar en Asturias y concejal del Ayuntamiento de Oviedo en 1887. Cada día va haciéndose más provinciano y, por tanto, más universal. «sus temas eran el amor platónico, lo que pudo ser y no fue, lo que se marchita y decolora, una voz ronca...», señala Fernando Vela. Murió en la recién estrenada casita de la Fuente del Prado, el 13 de junio de 1901. Su vida casi no da para biografía, por lo que, como escribió Cabezas, «la única auténtica biografía de "Clarín" sería una autobiografía».
                               Caricatura de Leopoldo Alas Clarín
FUENTE: http://ignaciogracianoriega.net - Publicado en La Nueva España el 24 de agosto de 2005.
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Alas, Leopoldo, "Clarín" (1852-1901)

Novelista y crítico literario español, nacido en Zamora el 25 de abril de 1852 y muerto en Oviedo el 13 de junio de 1901, ciudad de la que era oriunda su familia y a la que siempre se sintió especialmente unido. Utilizó con frecuencia el pseudónimo de Clarín, del que se sirvió por vez primera en 1875, año en el que colaboraba en el periódico republicano El Solfeo. Junto con Benito Pérez Galdós, es el novelista más importante de nuestro siglo XIX. Su nombre completo era Leopoldo Enrique García Alas y Ureña.

Vida

En su infancia, vivio en León y Guadalajara (además de pasar algún tiempo en Zamora), debido a que su padre fue Gobernador Civil de dichas ciudades. En 1865, se traslada a Oviedo para estudiar Bachillerato y de allí pasa a Madrid, donde estudia la carrera de Derecho entre 1871 y 1878, año en que se doctoró con el estudio El derecho y la moralidad, que dirigió don Francisco Giner de los Ríos. Son ésos los años por los que comienza a colaborar en la prensa con artículos sobre temas filosóficos, religiosos, políticos y literarios. Toma contacto, como se desprende del director elegido para su tesis doctoral, con el incipiente movimiento krausista español, que influirá en el sentido ético palpable en su obra. Trabó también amistad con Armando Palacio Valdés, Emilio Castelar, José María de Pereda, Marcelino Menéndez y Pelayo y Benito Pérez Galdós, al que consideró siempre su maestro. Fue siempre hostil, por el contrario, a Emilia Pardo Bazán, a la que dedicó críticas tan duras como injustas con ocasión de la publicación de Insolación o de su candidatura para la Real Academia, en la que hubiera sido la primera mujer admitida. En 1882, gana la cátedra de Derecho Romano en Zaragoza, tras serle arrebatada la de Economía Política y Estadística de Salamanca por razones políticas, y en 1883, se traslada a Oviedo al obtener la cátedra de Derecho Romano en esa Universidad. En 1888 obtuvo la de Derecho Natural. De ideología avanzada, unió en su personalidad el idealismo al que propendía su carácter y el amor por determinadas tradiciones, con el pragmatismo al que lo llevaban el espíritu de la época y las teorías naturalistas sobre la novela. Políticamente, se alineó del lado de los republicanos. Vivió en Oviedo hasta su muerte, acaecida a los cuarenta y nueve años de edad, ejerciendo como profesor en la Universidad y formando a alumnos como Ramón Pérez de Ayala, que siempre lo recordaría con cariño.

Obra

Tres son las facetas fundamentales de la obra de Clarín: la obra periodística, la narrativa larga, integrada sólo por La Regenta y Su único hijo, y la obra cuentística, mucho más amplia y recogida en diversas colecciones. Aparte queda una única intentona dramática, que resultó un auténtico fracaso: Teresa (1895).

Obra periodística

Colaboró Clarín en numerosos diarios y revistas de la época, tanto en su etapa como estudiante en Madrid, como durante el resto de su vida en su condición de catedrático de universidad. En sus artículos, se muestra particularmente agudo en todo lo que se refiere a política y literatura. En ambas es considerado como el mejor crítico de todo nuestro XIX después de Larra. Tienen en su crítica parte muy principal la sátira y la ironía, especialmente en aquellas tituladas "solos" y "paliques", aunque fuera capaz de escribir también artículos de carácter expositivo como los dedicados a la obra de Pereda, a Zola y el naturalismo, a Campoamor, Antero de Quental o Pérez Galdós. La justeza de su explicación de éstos y otros autores y movimientos se aleja tanto del dilentantismo como del dogmatismo de los que, con demasiada frecuencia, adolecía la crítica en su tiempo. Sus artículos aparecieron en recopilaciones como las tituladas Solos de Clarín (1881); La literatura en 1881 (1882, publicado en colaboración con Palacio Valdés); ...Sermón Perdido (1885); Nueva campaña (1887); Mezclilla (1889); Ensayos y revistas (1892) y Palique (1894). A éstos se sumaron una serie de ocho Folletos literarios (entre los que destacan los titulados Cánovas y su tiempo, Apolo en Pafos y Un discurso de Núñez de Arce), que publicó entre 1886 y 1891 y el volumen póstumo Siglo Pasado, publicado en 1901. Ya en 1972, se han reunido los artículos de sus primeros años (1875 a 1880) bajo el título de Preludios de "Clarín". Otras recopilaciones son Obra olvidada, artículos de crítica (1882-1901) y Clarín político.

Cuentos

La narrativa breve de Clarín recoge apuntes e ideas que desarrolla de forma narrativa, a veces apartándose por completo del estilo realista (así en "La noche-mala del diablo", recogido en los Cuentos Morales). Su agudeza como crítico actúa, sin duda, sobre el narrador, que trabaja despacio y no da salida sino a aquello que lo satisface plenamente. Las colecciones de cuentos publicadas por el autor fueron: Pipá (1886); Doña Berta, Cuervo, Superchería (1892); El Señor, y lo demás son cuentos (1893) y Cuentos Morales (1896); póstumos aparecieron El Gallo de Sócrates (1901) y Doctor Sutilis (1916). De todos ellos, destacan "Doña Berta", "El Señor" y "Pipá", los tres más novelas cortas que cuentos. En el último aparecen ya personajes de Vetusta, la ciudad imaginaria, trasunto de Oviedo, donde se desarrolla La Regenta. Otros de los cuentos como "Adiós, Cordera" o "El dúo de la tos" han alcanzado también notoriedad por su presentación de aspectos tan variados de la realidad como la emigración y la despoblación del campo o la soledad de un enfermo apartado de la sociedad. En todos ellos, la crítica de Clarín se muestra justa e implacable.

Novelas

Como ya hemos indicado, sólo dos son las novelas de Clarín. El autor, crítico tan implacable con lo propio como con lo ajeno, las calificó de "novelucha" a Su único hijo (1890) y de "novelón escrito a tirones" a La Regenta (1884-85), considerada hoy como una de las cimas de la narrativa española del XIX.
El origen de la novela se encuentra en tres capítulos de un proyecto de novela que nunca concluyó Clarín, titulado Speraindeo, publicados en 1880 en la Revista de Asturias y en un cuento titulado El diablo en Cuaresma en los que se prefigura ya, de varias maneras, el mundo y los personajes de La Regenta. La obra se escribió entre 1883 y 1885, durante los años que marcan la moda del Naturalismo en España y en los que, junto a novelas como La Desheredada de Pérez Galdós, se publican las primicias de Palacio Valdés (El Señorito Octavio, 1881) y de Emilia Pardo Bazán (Un viaje de novios, 1881, La Tribuna, 1882 y los ensayos de La cuestión palpitante, 1883, prologados por el propio Clarín). Es en este ambiente cuando la novela, más allá del puro entretenimiento, se convierte en problema literario y sociológico, donde el crítico Clarín decide echar su cuarto a espadas. De esta manera, sobre un argumento que es el de la mayor parte de las novelas del XIX (el adulterio), trabaja Clarín tanto la técnica novelística como la crítica social, logrando en ambos casos un altísimo resultado. La novela presenta la vida de Vetusta, contrafigura de Oviedo, centrada en la figura de Ana Ozores, mujer del Regente de la Audiencia jubilado y miembro de la alta sociedad de la ciudad, a la que se disputan el presidente del casino y diputado liberal Álvaro Mesía y el magistral de la catedral, don Fermín de Pas, el primero para seducirla y el segundo para alcanzar poder al tenerla como hija de confesión. No obstante, el Magistral, personaje complejo que resulta, sin duda, la mayor creación del autor, luchará entre lo que predica y sus instintos amorosos, reprimidos por sus votos. Los frecuentísimos parecidos que se pueden señalar, de Madame Bovary de Flaubert y O crime do Padre Amaro de Eça de Queiroz, pasando por la propia Tormento de Pérez Galdós, que se publica durante la escritura de La Regenta, no suponen sino la parte más superficial, con ser importante, de una novela que se convierte, más allá del logradísimo análisis de las personalidades de los protagonistas (en las que demuestra un excelente manejo de técnicas como el monólogo interior o el estilo indirecto libre, que permiten mostrar el fluir de la conciencia de los personajes), el fresco de toda una sociedad. Resultan, en efecto, difíciles de olvidar tipos tan logrados como los marqueses de Vegallana, el Arcediano de la catedral, el arcipreste don Cayetano Ripamilán, Paula Raíces, la madre del Magistral, o Petra, la criada de la protagonista, que dan a la obra tanta variedad como hondura. Es de gran importancia la maestría que, una vez más, demuestra el autor en el manejo del tempo narrativo. Así, en los quince primeros capítulos pasan tan sólo tres días, pero nada de lo que sucede resulta accesorio, sino que la demora se hace necesaria de cara al resto de la historia.
Respecto de los protagonistas, junto a la figura ya mencionada del Magistral, destacan la figura principal, Ana Ozores, mujer de temperamento enfermizo cuyas debilidades serán hábilmente explotadas por los que pretenden hacerse con ella, y Álvaro Mesía, que caricaturiza en su figura a los libertinos de buen tono, aunque, como ya hemos indicado, sean los personajes secundarios, caracterizados a veces con tres frases de gran fuerza, la principal creación del autor.
Respecto de Su único hijo, es tan diferente de la anterior que su valoración por parte de la crítica ha resultado irregular. Narra la historia de un hombre que, desengañado de sus ideales, acepta como hijo propio al que su mujer tiene de una relación adúltera y logra la realización personal a través de la paternidad. Con ello, como por las mismas fechas hacían Galdós o la Pardo Bazán, se aparta Clarín de los temas y formas propios del realismo a ultranza para adentrarse por caminos en los que entrarán enseguida los autores del 98.

Bibliografía

  • GÓMEZ-SANTOS, Marino. L. A. "Clarín", ensayo bio-bibliográfico. Oviedo, 1952.
  • MARTÍNEZ CACHERO, José María (ed.); Leopoldo Alas "Clarín". Madrid, 1978.
  • MARTÍNEZ CACHERO, José María, (ed.) La Regenta. Madrid, 1984.
  • SOBEJANO, Gonzalo. Clarín en su obra ejemplar. Madrid: Castalia, 1985.
  • SOBEJANO, Gonzalo (ed.). La Regenta. Madrid: Castalia, 1986.

Autor

  • Gerardo Fernández San Emeterio
                         Monumento a Leopoldo Alas Clarin en la ciudad de león

FUENTE: Textos sacados de  http://www.mcnbiografias.com.
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