10 de agosto de 2013

La Reina Isabel II de España y la mina de Arnao - (Castrillón-Asturias)

La historia arranca en 1591.



La historia industrial de Asturias comenzó a escribirse en Arnao, bajo tierra y bajo el mar. Corría el año 1833 cuando la Real Compañía Asturiana de Minas, una empresa de capital mayoritariamente belga, empezó a explotar el yacimiento carbonífero, cuyos orígenes se remontan a 1591. Un buen día de aquel lejano año fray Agustín Montero, vecino de Naveces, encontró una ' extraña piedra negra'. La noticia llegó a oídos de Felipe II, que se interesó en el asunto. El rey respaldó el inicio de la explotación, ordenando que la producción se exportase, a través del puerto de Avilés, a Lisboa, sabedor de que en Portugal, que entonces formaba parte de la corona, compraba carbón mineral para utilizarlo como combustible. A partir de ahí las referencias al yacimiento se suceden a lo largo de los siglos.

 Vista cenital de las instalaciones (Fot. Proyecto Nacional de Ortofotografía Aérea - PNOA)

La fundación de la Real Compañía Asturiana de Minas marcó un antes y un después en la historia de Arnao. En 1855 se construyó el castillete, y a su alrededor se expandía un poblado que acogía a gentes llegadas de distintos lugares de España, y también de Bélgica, para trabajar en la floreciente explotación minera. Ese mismo año se ponía en marcha, a escasos metros del pozo, la fábrica de zinc, aún activa.
En 1858 la mina, cuyas galerías no paraban de crecer, tanto bajo el lecho marino como hacia el interior, recibía la visita de la Reina Isabel II y su marido, Francisco de Asís, quienes según las crónicas de la época realizaron un recorrido subterráneo de unos tres kilómetros. 1858 también fue el año en el que se introdujo la máquina de vapor y en el que comenzó a utilizarse el aire comprimido en el interior de la mina, como desagüe.
'Eleonore' llegó en 1880, una locomotora de vapor construida por Couillet en Marcinelle (Bélgica) que cubría el trayecto de Arnao a San Juan de Nieva. Con un ancho de vía de 800 milímetros, es una de las más antiguas de cuantas sobreviven en España. Ahora está en Gijón, en el museo del Ferrocarril, a la espera de regresar a Arnao, donde se convertirá en una de las piezas fundamentales del espacio expositivo.
Mina de Arnao (Fot. J.M. Sanchis, 2008)
La mina de Arnao alcanzó su máximo esplendor a finales del siglo XIX y principios del XX. Eran los años de Tomás Acha o Luis Hauzeur, hijo del ingeniero homónimo que proyectó y puso en marcha la fundición de zinc de Arnao, germen de la Real Compañía Asturiana de Minas. Hauzeur dirigió la mina durante años y a diferencia de otros directores, afrontó el movimiento obrero con mano izquierda, ofreciendo a los trabajadores de la empresa escuelas, viviendas, economato y otras serie de servicios públicos.
Ya entonces las filtraciones de agua constituían un verdadero problema que se unía al de los frecuentes incendios. Sobre todo en las galerías situadas bajo el lecho marino, adentrándose hasta casi un kilómetro de distancia de la costa, con una cota máxima de -205 metros. La situación se hizo insostenible, y en 1915 se tomó la decisión: cerrar la mina.
Arnao quedó relegada al olvido, y así se mantuvo hasta que en 2007 el Ayuntamiento, empujado por la presión de la Asociación de Vecinos de Santa María del Mar, tomó la decisión de rehabilitar la mina. La inversión supera con creces los cinco millones de euros, 3,5 de los cuales llegaron procedentes de los fondos europeos. La espera ha sido larga, pero ha merecido la pena. 


FUENTE:  J. F. G. El Comercio - Noticias Avilés
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El «chacachá» de la historia minera

Patrimonio aportó 48.000 euros, para la restauración de la locomotora «Eleonore» (mina de Arnao) que data de 1880.







 La locomotora «Eleonore», en la entrada al castillete de la mina de Arnao. 

http://www.lne.es
La locomotora minera más antigua de Asturias y una de las más viejas de España, la «Eleonore», fue restaurada. La máquina de tren se encuentra actualmente en el castillete de la mina de Arnao y fue cedida al Ayuntamiento de Castrillón por Asturiana de Zinc (Azsa). El presupuesto de rehabilitación de la locomotora asciendio a 48.000 euros de los que 20.700 fueron aportados por la Dirección General de Patrimonio del Principado.
Un estudio técnico concluyó que la locomotora sufria un importante estado de deterioro por corrosión, por lo que fue necesaria su restauración para conseguir devolverle su aspecto original. Los trabajos consistieron en la sustitución de las carcasas de la caja de humos y de la caldera, así como el recambio del techo de la cabina de mando y del silbato. El resto de los elementos, la caldera, el mecanismo del motor, el tren de tracción, el chasis y los enganches- fueron recuperados mediante chorreo y pintura. Una vez restaurada, se instaló en el museo de la mina de Arnao.
La Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) construyó una conexión de ferrocarril entre la mina de Arnao y el puerto de San Juan de Nieva que funcionó desde 1867. El ancho de la vía era de 80 centímetros, un ancho excepcional que convierte a la locomotora en la única de España de esas características que aún se conserva. La empresa adquirió en 1880 en Bélgica la primera locomotora para el servicio de esa línea, la «Eleonore». En los años 1887 y 1899 adquirió otras dos unidades. Todas, salvo «Eleonore», fueron esguazadas en 1964, aunque se reservaron algunas piezas como recambios.
La «Eleonore» se utilizó entre la RCAM de Arnao y las instalaciones portuarias de san Juan de Nieva hasta 1959. En ese año se comenzó a construir Azsa en las inmediaciones de la zona portuaria. La centenaria locomotora fue construida por la empresa belga Usines Metallurgiques de Hainault, que durante los cien años que estuvo en funcionamiento sacó al mercado 2.000 locomotoras de vapor.
El Ayuntamiento de Castrillón es propietario también de la locomotora «Rojillín» utilizada por la RCAM en sus instalaciones de Reocín (Cantabria). Fue construida por la empresa alemana Orenstein & Koppel en 1925. Actualmente esta instalada en la avenida de Juan Sitges de Salinas y se utiliza como Oficina Municipal de Turismo. La máquina de tren y el vagón se rehabilitaron hace unos años.
                              La «Eleonore»

 El castillete de la mina, con la sala de máquinas y el antiguo casino, adosados. miki lópez Arnao.
FUENTE: INES MONTES
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La célebre mina de Arnao y la reina Isabel II de España.

                                         Isabel II, Reina de España (1833-1868).
La mina castrillonense fue, en 1833, uno de los motores de la industrialización asturiana.



Arnao asombra. Ese Arnao de las piedras negras que salieron de una tan asombrosa, como temible para sus trabajadores, mina submarina. Nuestro Arnao, el del concejo de Castrillón, cuya capital va también de Piedras, aunque Blancas.
Un topónimo, este de Piedras Blancas, que tiendo a asociarlo al cine americano o a la literatura de Dickens. Aunque el poder seductor del cine es tremendamente persuasivo a estos efectos. Hablo de películas míticas como 'Al este del edén' cuya acción transcurre en la lejana Salinas (Monterey. California. USA), que vista con 18 años, me llevó a admirar mucho más -por el contagio cinematográfico- a mi cercana Salinas (la de Castrillón. Asturias. España).
Pero el caso es, hoy, Arnao. Y su mina submarina, que es episodio aparte.
Un yacimiento que es la madre del cordero del carbón español. Una explotación internacionalmente histórica, hoy restaurada, a la que no estamos valorando, todavía, en su justa medida. Es el buque insignia del Conjunto Histórico Industrial de Arnao, la excepción -maravillosa- del tan ignorado, como despreciado, patrimonio industrial asturiano, que Castrillón se empecinó en respetar y rescatar. Chapó para su Ayuntamiento.
Como será lo de esta mina, que hasta una Reina de España, Isabel II, la visitó, un 24 de agosto de 1858. Vino acompañada por su marido, el Rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, personaje que hoy haría las delicias de la prensa amarillista, y numeroso séquito.
Estaba previsto un tranquilo vino español en la campa de Arnao. Pero de pronto, la Reina, se dirigió al castillete del pozo minero y manifestó el deseo de descender a las galerías, ante la sorpresa y el consiguiente canguelo, tanto de los miembros del Gobierno español, como de los directivos de la Real Compañía Asturiana.
Isabel II -un trueno de mujer, famosa por su remango- arrastrando a su aterrado -y no era de extrañar- esposo, descendió los ochenta metros de profundidad, sin aguardar el resultado del más elemental reconocimiento de seguridad que le imploraba el Jefe del Gobierno español.
Salida de la jaula (o sea, el ascensor del pozo minero) la Reina, ni corta ni perezosa, recorrió las galerías, con paso rápido, incluida la principal, de un 14% de desnivel, y que discurre bajo las aguas del Océano Atlántico y 'nunca antes visitada por mujer ninguna', recorriendo unos doscientos cincuenta metros, según escribió el cronista Juan de Dios de la Rada, en su 'Viaje de SS. MM. y AA. Por Castilla, León, Asturias y Galicia, en el verano de 1858'.
El tránsito, abundante en malos pasos, hizo que la Reina quedara hecha un santo cristo de cintura para abajo. Pero no se arredró y siguió guiando (o sea, empujando) a la aterrorizada comitiva hasta llegar al final de la galería submarina y saludar a los sorprendidos picadores que faenaban en él.
Según cuenta el cronista, hubo gente, como un ingeniero belga apellidado Schmit, que arruinó el protocolo, a grito pelado: '¡Usted se merece algo grande de todo corazón!', alucinado ante los arrestos de Isabel de Borbón.
La Reina, que salió hecha unos zorros, se tomó un refrigerio y departió con los invitados que la esperaban en superficie. Los 'sobrevivientes' que se vieron en la obligación de acompañarla en el paseo submarino, fácil es de imaginar su alterado estado de ánimo.
La noticia llegó rápidamente a Avilés. Y en el muelle se congregó un gentío que la vitoreó cuando desembarcó de la falúa que la trasladó hasta la Villa (se alojaba en el palacio del marqués de Ferrera). Entre ellos un caballero, de nombre Lino, acompañado de su pequeño sobrino Armandín Palacio Valdés, que -años más tarde- narraría aquella llegada 'triunfal', de Isabel II, en la famosa 'La novela de un novelista'.
Arnao es de novela. Y de cine.
Alumbra y deslumbra.

El original complejo de la internacional mina submarina, visto desde la playa de Arnao, concejo de Castrillón, comarca de Avilés. :: MARIETA.
FUENTE:  ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI 
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LA REINA A REMOJO.

 
Isabel II, que llegó en 1858 hasta Asturias a tomar baños, recorrió la ría de Avilés cortando una cadena como alegoría del escudo de la villa 
La visita de la reina Isabel II a Avilés en 1858. Protocolo, vítores y males hereditarios que el Cantábrico se encargó de aplacar.
           
A Isabel II unos molestos picores la trajeron hasta Avilés. En aquella época, España estaba dentro de un laberinto en el que luchaba el viejo país, que no se resignaba a dejar de ser absolutista y el nuevo que pugnaba por ser liberal.
Isabel II asistía como árbitro, muy poco neutral, acosada por un ciento de conspiraciones y camarillas que intentaban convencerla de esto y de lo otro. Todos querían hacerse con la voluntad de una reina declarada mayor de edad a los 13 años. Y los carlistas pegando tiros. Razones de Estado, sin duda. Pero la razón principal de aquel viaje no era de esa clase… eran los picores de la reina.
Sabido es que Isabel II, “la de los tristes destinos” para Galdós,  contaba entre las desventuras de su vida el haberse tenido que casar con su poco fogoso primo carnal Don Francisco de Asís. Conocido es también que era hija del nunca bastante vituperado Fernando VII, quien la concibió, ya viejo y enfermo, con su sobrina carnal y cuarta esposa, María Cristina de Borbón. Y reconocido al fin es que la reina sufría una enfermedad cutánea que la asediaba desde niña y por la que hubo quien le auguró una corta existencia.
Pues bien, esa enfermedad que le dejó en herencia su padre, la obligó a tomar baños de mar durante toda su vida. Uno de esos períodos balnearios la trajo a Gijón en el verano de 1858. Y, mientras la reina mojaba la epidermis y ablandaba placas costrosas, aprovechaba para recorrer los alrededores con una corte en miniatura. Ya hemos llegado a Avilés.
Las siete leguas que separaban Gijón de esta villa fueron un festejo para la comitiva regia. Agasajada con pendones y colgaduras en casas, hórreos y quintanas. En el barrio de Los Molinos un arco gótico de triple entrada recibía a los Soberanos con la leyenda “Avilés a la tierna madre de los españoles”. Desde allí, las calles rematadas con arena y adornadas con flores conducían hasta la Plaza de la Constitución, en la que el Ayuntamiento desbordaba colorido decorado con vasos, gallardetes, damascos, flores, transparentes, alegorías, luces y hasta las estatuas, de tamaño colosal, de reyes, Pedro Menéndez y Rui Pérez.
Era 23 de Agosto, aproximadamente a las tres y media de la tarde, cuando la carreta abierta del Marqués de Ferrera hacía entrar en Avilés a Isabel II y su familia en medio de un gran gentío. Unas doce mil almas y el despiste de la corporación que no estaba aún formada para la ocasión. Tras la misa fueron a su acomodo en el palacio de Ferrera, del que salieron para recorrer a pie la población entre aclamaciones, fuegos artificiales y composiciones que se despacharon en su honor hasta pasada la media noche. Blancas voces de Avilés, con mucho ensayo detrás, acompañaban el paseo real con una composición original de este jaez:
Salve a tu nombre, reina querida.
Todo tu pueblo clama a una voz:
¡tú eres la gloria de nuestra vida!
¡tú el ángel eres de nuestra unión!
Alegre canción, pero ni el pueblo estaba tan unido, ni era precisamente eso lo que acostumbraba a decir de aquella soberana, puesta en solfa en calles y tabernas por el tráfico de su alcoba, en la que su marido hacía las veces de guardia urbano. Sin embargo debió gustarle, acostumbrada como estaba al halago de cortesanos que se doblaban como juncos a su frente y conspiraban como hierros a su espalda.
 El día siguiente era el destinado a visitar las minas y fábrica de Zinc de Arnao, por entonces emblema del progreso avilesino. Una falúa llevó a las augustas personas desde el embarcadero de Avilés hasta San Juan. La comitiva era impresionante pues formaban, desde el presidente del consejo de ministros hasta la duquesa de Alba; desde el arzobispo de Cuba al Patriarca de las Indias. Grandes personalidades, con la travesía asegurada por el confesor de la Reina. De escolta, unas setenta embarcaciones a punto de zozobrar por el gentío que las abarrotaba, además de el bergantín “Rápido” y las corbetas “Flora” y “Villa de Avilés”, buques que por aquellos años no paraban de trasladar emigrantes a Cuba.
 Tras atravesar una playa atestada, la comitiva cruzó el túnel de Arnao en dos trenes mineros arrastrados por caballerías. Seis minutos de interminable travesía en vagoneta agachando la cabeza. La estancia en Arnao fue singular por cuanto la reina, contra pronóstico y contra las advertencias de su séquito, bajó a la mina por el pozo vertical y recorrió su galería submarina acompañada por el precavido general O’Donnell y los vítores de los asombrados mineros que sudaban en el tajo. Conocido episodio del que la verdad y la leyenda se han hecho lenguas sin cesar y sin dejar de glosar el valor de una reina que, dicen algunas crónicas, no había querido usar calzado especial ni abrigo alguno para la humedad.
Complacida de la hazaña, Isabel II se fue ejerciendo su afición más querida; dar limosnas. Dejó 4.000 reales para los trabajadores de la fábrica y su brazalete de oro y pedrería para la esposa de su director, Jules Hauzuer (la reina era compradora compulsiva de joyas).
Al retornar a Avilés, la falúa real cortó una cadena que, sujeta de dos torres, atravesaba la ría como simulacro del escudo local y de la toma de Sevilla. Al cortarla, varios niños, disfrazados de moros se fueron al agua (aplausos).
Ya en el ayuntamiento, el alcalde, Hermenegildo Suárez Solís, le ofreció al Príncipe de Asturias una copia del fuero envuelta en terciopelo y rematada en oro. Más limosnas. La reina dejó 10.000 reales para los pobres del concejo, dos mil para las monjas de San Bernardo, que se dejaron la garganta vitoreándola y dos mil más para el Hospital de Caridad. Fueron 400.00 los reales que Isabel II dejó en limosnas en aquel viaje a Asturias.
Una visita lucida y hasta “milagrosa”, si seguimos a Armando Palacio Valdés, relator de la historia del descreído, librepensador, anticlerical y zapatero de Sabugo de nombre Mamerto. Era tan poco monárquico aquel vecino del barrio marinero que contaba todo tipo de insidias sobre la reina y había llamado a sus hijas, sin bautismo católico de por medio, Libertad, Igualdad y Fraternidad. Precisamente con Fraternidad, bellísima niña por lo que parece, acudió a ver llegar a Isabel II. La reina vio a la niña y la alzó en brazos para besarla al tiempo que ponderaba su belleza. Tal fue la impresión que Mamerto se convirtió a la monarquía vitoreando a la soberana.
           Gran ocasión, magníficos fastos, aclamaciones mil, conversión de Mamerto... Desde luego. Pero, en realidad, todo se debió a aquellos malditos picores.
                                              Isabel II de España

 FUENTE: Juan Carlos De la Madrid. Historiador, escritor y guionista. http://comunidades.lne.es
                                                                                        Publicado en La Nueva España, 17-VI-2012.
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Isabel II, inmortalizada en la mina de Arnao.

Grabado. Visita de la Reina Isabel II a la Mina de Arnao. Publicado el 28 de Septiembre de 1858.
El arqueólogo Iván Muñiz localiza en un anticuario un grabado de la revista «Le Mond Illustré» con la única imagen de la visita de la reina al pozo castrillonense en 1858.

http://amigosdecastrilln-asturias-jalpri.blogspot.com.es
La mina de Arnao es un pozo de datos para la historia española del siglo XIX. La visita que realizó a la mina la reina de España Isabel II acompañada de su esposo el infante Francisco de Asís de Borbón, el 24 de agosto de 1858 quedó inmortalizada en un grabado de la revista francesa «Le Monde Illustré» que publicó en la portada del número publicado el 25 de septiembre de 1858. El grabado acaba de ser localizado 154 años después por el arqueólogo castrillonense Iván Muñiz en una tienda de antigüedades de Valladolid.
«El grabado es muy importante ya que se trata de la única imagen que hay de la visita de la reina Isabel II y su esposo a la mina de Arnao. La Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) tiene un busto de la reina conmemorativo de la visita, así como una placa, pero no hay imágenes», señaló Iván Muñiz. «La visita la conocemos por los escritos y crónicas de la época que hay muchas, pero no por imágenes. Por eso el grabado tiene tanta importancia, además en la imagen Isabel II aparece con su marido, el director de la RCAM Jules Hauzeur y todo el séquito que la acompañaba en la visita histórica que hizo a Asturias en agosto de 1858», dijo.
Iván Muñiz, codirector junto con Alejandro García de las excavaciones arqueológicas en el castillo de Gauzón, encontró el grabado por casualidad. «Estaba en una tienda de antigüedades de Valladolid buscando documentos sobre otro asunto y fue cuando lo vi. Consideré inmediatamente que era un documento importante y lo compré», manifestó.
El arqueólogo presentó el documento esta semana a la alcaldesa de Castrillón, Ángela Vallina en una reunión en la que participaron también la concejala de Hacienda y Patrimonio, Yasmina Triguero, y el ingeniero Guillermo Laine, gerente de la empresa Sadim del grupo Hunosa que acometió las obras de rehabilitación de la mina de Arnao.
«Tengo la intención de ceder el documento para que se exponga en el museo de la mina de Arnao. Creo que la importancia del grabado lo requiere», indicó Iván Muñiz. «El grabado de la publicación francesa está firmado por Henry Duff Linton (1816-1899), que fue un grabador inglés que desarrolló sus obras en Europa y también en Estados Unidos», explicó.
La importancia que la publicación gala «Le Monde Illustré» dio a la visita de la Reina a la mina de Arnao se debió a que se trataba de una empresa de capital belga y, además las relaciones entre los promotores de la mina y la monarquía datan del principio de la puesta en marcha de la extracción. Los promotores de la mina fueron los belgas Nicolás Maximilien Lesoinne y su hijo Adolphe Lesoinne. En noviembre de 1833, la reina regente María Cristina, madre de Isabel II, firmó una real orden por la que otorgaba a los Lesoinne y a sus socios españoles José María Ferrer y Felipe Riera la denominación de Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón, así como el privilegio de hacer figurar el escudo de armas en la empresa.
Isabel II recorrió Asturias durante todo el mes de agosto, 15 años después de que se madre firmara la concesión real para la mina de Arnao. La joven reina que entonces contaba con 28 años, no quiso perderse la experiencia de bajar a una mina, además se trataba del primer pozo submarino de Asturias. Isabel II y el rey consorte había pernoctado en Avilés. Cuando llegaron a Arnao nadie del séquito esperaba que la reina decidiera descender por la caña del pozo hasta las entrañas mineras, pero así fue. Isabel II, según cuentan las crónicas de la época, desoyó los consejos de los técnicos que la acompañaban, que pretendían realizar un reconocimiento del terreno antes de la visita de la reina, y recorrió más de 200 metros de galerías.
Las visitas regias a la mina de Arnao se sucedieron. Más de 40 años después de la llegada de Isabel II, su nieto el rey Alfonso XIII, también visitó el complejo minero. El rey Juan Carlos, no conoce la mina pero sí Arnao.
                                              La Reina Isabel II 
FUENTE: Inés MONTES.
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 MINA DE ARNAO (CASTRILLÓN)
http://mineriaypaisaje.com
b10_paisaje_arnao


Arnao mediados S. XX. Foto:flirk.com



Extracción: Carbón
Caracterización:
El paisaje natural originario de la concha de Arnao está constituido por marismas, una línea de costa sometida a las fluctuaciones de las mareas, y la desembocadura de la ría de Avilés, que en el siglo XV ya formaba arenales y juncales.


Viviendas plan director conjunto industrial de Arnao.
  El área de estudio queda incardinada sobre un espacio geológicamente complejo, resultado de su posición de transición entre la Zona Astur Occidental Leonesa y la Zona Cantábrica y, dentro de ésta, en un área de contacto entre la región de pliegues y mantos y la mesozoica. Un cabalgamiento hace que el material devónico se apoye de un modo discordante sobre materiales carboníferos. La formación carbonífera, a su vez, se encuentra flanqueada por el otro extremo por materiales también devónicos, quedando por tanto “emparedada” entre devónicos.
Este espacio queda definido como una rasa costera. La línea de costa se muestra recortada y variada, alternando acantilados más o menos potentes con playas de diferentes dimensiones. Es este sentido se debe destacar las dunas del Espartal, si bien su extensión se encuentra mermada por la implantación del núcleo de población de Salinas.
El paisaje minero industrial está constituido por una mina de carbón abierta en 1833 por la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón (RCAM) y una fábrica de zinc, fruto de la diversificación estratégica de la RCAM en los años 50 del s. XIX.
Ambas piezas se localizan en primera línea marítima del municipio de Castrillón (Asturias). El conjunto lo completa un espacio urbano para vivienda obrera promovido por la RCAM y ampliado posteriormente por la promoción pública estatal de vivienda, así como varios elementos de infraestructuras (tres túneles, dos locomotoras y restos de un embarcadero) para el transporte del carbón y el zinc hasta el puerto de San Juan de Nieva.

Bocamina Playa Arnao

Historia:
Las primeras explotaciones de la veta carbonífera de Arnao datan del siglo XIII – XIV, aunque la primera documentación de explotación, según algunas fuentes, es del 13 de diciembre de 1569, cuando le fue concedida licencia a Fray Agustín Montero para explotar la mina de carbón de piedra que había descubierto en Arancés.
La Mina de Carbón de Hulla empezó a explotarse de manera sistemática e industrial en 1833. Con la fundación de la RCAM, por Real Orden del 14 de noviembre de ese mismo año, se realiza la primera práctica en pozo vertical de Asturias y se considera la primera explotación minera semisubmarina de España.
A partir de 1853, se produce una intensa transformación arquitectónica del conjunto, empezando a utilizarse predominantemente el ladrillo como material característico de la RCAM. El complejo minero se delimita por un potente muro de contención y se realizan labores de aterrazamiento de nuevos muros de contención en Las Arribas para evitar desprendimientos. La fábrica de zinc fue el resultado de una reorientación estratégica que permitió el crecimiento y expansión de la RCAM, lo que llegó a convertir a la compañía, ceñida en un primer momento a la venta nacional de carbón, en una multinacional de gran peso dentro de la industria metalúrgica del zinc en Europa.
En la actualidad, la compañía heredera de la RCAM, es decir, Asturiana de Zinc S.A. (AZSA) desde 1957, está integrada en XSASTRA, uno de los mayores grupos empresariales del mundo, que concentra empresas mineras y de transformación del zinc, aleaciones.



                          Arnao 1890. Foto: Montsacro.net.

Extensión: 55 km2
Municipios: Castrillón
Protección:
  • Conjunto Histórico industrial Incluido en el Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias.
  • Castillete declarado Bien de Interés Cultural como Monumento.
Recursos y referencias:
  • Ministerio de Cultura. Plan Director. Conjunto Industrial de Arnao-Castrillón. Asturias. 2010
  • 100 elementos de Patrimonio Industrial en España. Gerardo J. Cueto Alonso y María Pilar Biel Ibáñez (Coordinadores). TICCIH España. Ficha: Paisaje minero y fábrica de zinc de Arnao. ISBN: 978-84-937738-6-1.
  • Resolución de 12 de julio de 2007, de la Consejería de Cultura, Comunicación Social y Turismo, por la que se incluye en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias el conjunto histórico industrial de Arnao en el concejo de Castrillón. https://sede.asturias.es/bopa/2007/08/09/20070809.pdf
FUENTE: http://mineriaypaisaje.com
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IMAGENES DE LA MINA DE ARNAO.

 Se trata del equipo de fútbol de Arnao, Castrillón, en el año 1923 aproximadamente. En el campo "La Mina" de Arnao. De izquierda a derecha de pie aparece: Horacio, Leiva, Luis González (Nuevo, Llobo), Fermín Blanco (suegro de Angel abajo), un compañero, Castor Ángel Tirado (Castor), Tomas Hacha, Rafael Martínez (Rafael de La Solana), Carlos Cabañas Abarca, José Arias Herpes (Pepe Arias), Roque (grao), David el del cine. http://www.asturias.es
                         Plano mina de Arnao
Plazoleta de acceso al castillete y la mina de Arnao. mara villamuza
 Jaula del pozo en Arnao, se trata del pozo vertical más antiguo de Asturias
Al fondo, sobre la playa, el castillete de la mina de Arnao. ricardo solís.
                                Mineros revisando pozo

1 comentario:

  1. Gracias por este estupendo trabajo. Esto ayuda a que los interesados se informen y los no muy interesados se enteren.

    Muchas gracias de nuevo

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