2 de agosto de 2013

Los legendarios "chigres de las Cuencas"

El chigre de la vida.

 
Supermercados con barra. Ilustración de: Alfonso Zapico.
Las tabernas de las Cuencas no sólo eran bares, ya que en muchas ocasiones hacían la función de tienda, como muestra esta recreación del proyecto del «Chigre de Aurelio» de San Martín.

Las tabernas de los valles mineros sirvieron durante la industrialización para planear huelgas, impulsar partidos y sindicatos y popularizar la tonada.






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Cuenta la leyenda que en los chigres de las Cuencas, en los albores de la industrialización, siempre se hablaba de la mina. Por el contrario, en el tajo, el tema de conversación eran los chigres y lo que allí se cocía. La sentencia popular tiene mucho de verdad, pero se queda corta porque los bares de las comarcas del Nalón y del Caudal fueron mucho más y contribuyeron a forjar la idiosincrasia de la zona. En estos establecimientos, los mineros se evadían de la miseria que había en los hogares. En ellos se popularizó la canción asturiana y, por si fuera poco, los chigres fueron el lugar donde se prepararon huelgas y se impulsaron sindicatos y partidos políticos que cambiaron el rumbo de la historia de las comarcas carboneras asturianas.
El papel de los chigres en las Cuencas es uno de los temas favoritos de Luis Benito García, responsable de investigación en la Fundación de la Sidra y docente del área de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo. Basta una rápida mirada a su obra para descubrir que el chigre en las Cuencas fue, desde la llegada de la industrialización, lugar de reunión para beber y para olvidarse del duro trabajo. García llega a describirlo como «el reducto por excelencia de la cultura popular».
Su función como sede para fraguar huelgas e impulsar la revolución de los trabajadores es de sobra conocida. Tanto es así, que García no duda en apuntar que «los poderes hegemónicos intentaron socavar la taberna». Pero no pudieron con ellos y, sin lugar a dudas, «los bares se convirtieron en ese lugar de reunión para beber, pero también para comer, cantar, jugar e, incluso, un espacio propicio para el mitin o la representación teatral», señala García. Poco a poco llegaron los primeros movimientos asociativos y, entre culín y culín de sidra, los trabajadores se reunieron y organizaron «huelgas, sociedades de socorros mutuos, sindicatos y partidos».
El consumo de sidra apenas ha variado desde comienzos del siglo XIX. Si bien hubo «un bajón» durante la Guerra Civil, los datos indican que los asturianos ya bebían cerca de 45.000 litros al año de la tradicional bebida. Hubo épocas, según García, en que el consumo de vino creció, únicamente motivado «por la escasez de manzana de algún año concreto, pero la sidra era la reina en los chigres de la época». La forma de consumo, según el historiador, era muy parecida a la de hoy en día, escanciando y espaciando los culetes».
El desarrollo de los bares fue muy distinto en las zonas más rurales. La diferencia principal entre un chigre de Mieres o Langreo con el de una pequeña localidad de Laviana o del concejo de Aller estaba en la clientela. En los pueblos, los que se reunían en la barra procedían de distintas clases sociales, por lo que «no se podía llevar a cabo la discusión política si estaban los notables del pueblo», señala García.
Aunque la función del chigre en las zonas más rurales se desarrolló de forma distinta, los bares tuvieron igual peso. Las tabernas tenían un abanico de funciones «porque en muchas ocasiones se trataba de tiendas y, además, porque podía tener el tablón de anuncios, la estafeta de correos, la parada de autobús o, cuando comenzaron a instalarse, el teléfono del pueblo», explica García.
Lo que no pudieron deshacer las clases hegemónicas, lo deshizo el despegue de la sociedad moderna. La irrupción de las mujeres en la vida laboral propició el acceso femenino a las bebidas alcohólicas y supuso un cambio muy sustancial en los chigres tradicionales. A la presencia femenina en las tabernas, se sumó «la aparición de infraestructuras propias para cada tipo de asociación», señala García. Este hecho, principalmente, produjo que los chigres se quedaran sin sus tertulias clásicas y mermaran su abanico de funciones.

Llegó un modelo de cafetería «mucho más cómodo, que empezó a generalizarse a finales de los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo». Con esta metamorfosis, se quedaron atrás aquellos espacios no excesivamente limpios en los que había poco más que cuatro sillas y dos mesas, pero que fueron el principal escenario donde se empezó a fraguar el cambio económico y social de la región
 FUENTE: C. M. BASTEIRO.
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El chigre.
"Chigre" es una palabra asturiana, que se refiere a un lugar donde se puede comprar o beber sidra. No todos esos  lugares tienen el derecho de llamarse chigre. En las cervecerias se bebe cerveza, en las coctelerias,  beben coctels, en la taberna se bebe vino, pero hay que reunir muchas cualidades para llegar al nivel chigre.
La mayoria de los chigres o sidrerias alfombran el suelo con serrin para secar las gotas o los chorros de sidra desparramados, existen esas personas llamdos escanciadores, aquellos que gobiernan el artede escanciar de altura el chorro de sidra dentro del vaso o recipiente listo para  beber. 

El chigre tradicional no sólo tiene un aspecto típico, sino también un olor típico: el olor a sidra. Para evitar esas reminiscencias y connotaciones, muchos establecimientos han cambiado su nombre por el más fino de “sidrería”, del mismo modo que la “taberna” también ha cambiado su tradicional nombre por el de “enoteca”. Lo propio acontece con la palabra “tasca”. Sólo cuando un establecimiento sobresale claramente por la calidad y lujo de sus instalaciones y servicios se atreve a autodenominarse tasca, taberna o chigre. Por supuesto en un chigre o sidrería en la que se sirve sidra asturiana, además de sidra se sirven otras bebidas y comidas.
La palabra chigre es de origen marinero. Proviene de Langreo. En su modalidad más simple consiste en un cilindro en el que, mediante un manubrio que hace palanca, se va enrollando un cable que arrastra lo que se quiere mover. Este sistema se desarrolló y se modificó para crear un aparato para descorchar sidra. Este sacacorchos acabó por el uso popular dando nombre a la sidrería. Esta palabra es muy rara para las personas no habitantes de la comunidad asturiana.En uso coloquial, los asturianos muchas veces hablan de “quedar en el chigre”, cuando van al bar de reunión habitual, que no tiene que servir sidra por definición. Un chigre, sirva lo que sirva, lo es cuando atesora ciertas características que, muchas veces, son inmateriales. Un chigre es chigre cuando su dueño tiene un carisma innato. Una amabilidad y cercanía que hace que te sientas cómodo. Además debe conocer los gustos de su clientela con total detalle. Por otra parte, la estética del chigre es tradicional, su decoración ha de ser producto de años de diseño y rediseño; ha ido evolucionando de la mano del tiempo, no de una empresa que te pone el bar monísimo en cuatro días. Un chigre también puede servir comidas.

Bares tienda y chigres rurales del occidente, centro y oriente de Asturias. En estos lugares, donde se atesoran historias de interesante carácter humano, se puede respirar, aún, la más castiza idiosincrasia asturiana. Lamentablemente, el éxodo rural y la burocracia -tan propia de los tiempos que corren- hacen que la figura del "comerciante rural" sea una "especie" en peligro de extinción.
Con ellos desaparece un modo de entender el comercio que no entiende de las prisas de hoy en día. Un comercio en el que prima el componente social, el contacto con los clientes y en el que se puede adquirir desde unas madreñas hasta una barra de pan. Su presencia en muchos pueblos, e incluso concejos, es ya escasa o nula. Asturias ha cambiado y el entorno rural resiste a duras penas.


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EL CHIGRE: PARLAMENTO POPULAR.
http://blog-jano-jano.blogspot.com.es
CHIGRE. En Asturias el chigre es una institución equivalente a la taberna española, la taverna griega, la tasca, el mesón, etc... Y su funcianamiento es igual que en todos los sitios: local público de reunión en el que se puede hablar con los amigos y vecinos, beber y comer  y también jugar una partida de cartas. Pero el chigre asturiano, aún siendo idéntico a los demás locales públicos y populares del resto del mundo, tiene sus diferencias superfluas en el mobiliario, la sidra como bebida característica, y las tapas o platos que allí se sirven, también producto de la gastronomía local. Tengo entendido que la palabra chigre deriva del sacacorchos que se usa para abrir las botellas de sidra o de vino, con rapidez y sin esfuerzo; no lo sé.

Lo cierto es que el chigre, la taberna, la tasca.... es el mejor sitio para buscar algo o a alguien en las poblaciones que no conoces, especialmente en los pueblos. También son una excelente oficina de turismo con horario especial y con múltiples informadores.
 Entras en un local y te diriges al chigrero, mesonero, tabernero, ventero... y formulas tu pregunta mientras pides una consumición. El encargado del local procurará informarte lo mejor posible, incluso con preguntas a los parroquianos habituales que, por proximidad al tema, lo conocen mejor. Se establece un diálogo entre ellos que te va facilitando la información que solicitas, incluso con datos anecdóticos y valoraciones personales que enriquecen aún más la información que recibes de las personas o cosas por las que preguntas. Las preguntas suelen ser recíprocas: Y...¿vienen ustedes de muy lejos? o tambíen ¿son parientes de fulano, por el que preguntan? Si se trata de una propiedad o casa que pretendes comprar puedes recibir la sorpresa de descubrir la trampa que esconde dicha venta o recibir información de otras opciones más rentables. Una verdadera escuela costumbrista que te proporciona un curso acelerado.
 Pero también, entrar en un chigre (o local equivalente en otros sitios), pedir una consumición y escuchar los comentarios de los clientes hablando de política, es tomar el pulso a la nación antes del resultado de las urnas; es un test gratuito y tan poco fiable como las encuestas más caras y con diseño científico, pero mucho más divertidas y reveladoras porque en este caso todo el mundo sabe y todos contestan, aunque no digan la verdad que piensan y se la guarden para las urnas. 
El chigre es una institución democrática secular reúne al rico y al probe en amistoso hermanamiento, en el chigre nadie es más que nadie, todos son parroquianos, vecinos o visitantes ocasionales y se mezclan y mezclaron siempre las personas, despojadas de grupos o castas, por el mero hecho de cruzar el umbral del establecimiento.
 Chigres, tabernas, tascas mesones, bares... ¡Qué lugares!

FUENTE: JANO
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Que coño ye un chigre.

http://chigredemorcin.blogspot.com.es
El chigre, técnicamente hablando, es una maquinilla naval (equivalente a un winche), que consta de una manivela o palanca que mueve un engranaje de desmultiplicación para tensar cables o cabos de arrastre o izado. Otras veces el chigre se refiere a la maquina de achique manual.
Al parecer, hace años, un viejo marinero, El solitario, enredando como suelen hacer los jubilados inquietos, pensó que sería bueno aliviar el sufrimiento de aquella pobre tabernera que se deshacía los nudillos cada vez que tenía que abrir una botella de sidra, y así, usando un chigre en desuso, fabricó un estrafalario sacacorchos como el que vemos en la foto.
A partir de ahí los bedores empezaron a decir aquello de «Vamos a tomar unos culinos al bar del chigre»,y al final quedó la palabra chigre tal y como hoy en la define el DRAE: «Tienda donde se vende sidra al por menor».
Observen que no dice bar de sidra, si no tienda, porque hasta no hace mucho en las aldeas eran las tiendas las que hacían funciones de bar, casa de comidas, y hasta hogar del jubilado o casa del pueblo, sin dejar de lado la pista de baile o el ocasional cine, de ahí que la palabra chigre.

Nacemos y vamos a parar al chigre.

Aqui mismo, entre olores de alcohol, humo, y voces, pasa el tiempo en que las alegrias son mayores que el ahogo de penas. Pasa y acompañanos en la batalla de contar penas y cantar alegrias, cultiva tu cuerpo con aquello prohibido y malsano, aquello con lo que puedes llegar a vivir más de lo esperado o no, pero siempre algo por lo que te recordarán aquellos que sin tener el vinculo familiar, se consideran más parientes de ti que los tuyos. Pon otra pinta, y una ronda pa esos....
 Cuadro de Favila de su serie -Los chigres.
FUENTE: OSCARUCU 
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Chigres y sidra en el siglo XIX. 
http://www.elcomercio.es
LOCALES En aquella época, los altercados -más o menos violentos- eran muy habituales en tascas, chigres y tabernas: los característicos duelos no eran cosa de pobres y, cuando surgían diferencias, éstas se resolvían sobre la marcha sacando a relucir los puños, las navajas e, incluso, las pistolas.

H ACE unos 125 años, el médico José María López Dóriga recordaba en un artículo periodístico cómo la palabra 'chigre' no figuraba entre los vocablos autorizados por la Real Academia de Española. En efecto, hasta 1947 no fue incorporada por el Diccionario, que desde entonces define el chigre como la tienda donde se vende sidra u otras bebidas al por menor. El relato del citado galeno ovetense, que durante varios años fue profesor de Ciencias en el Instituto Jovellanos, constituye un testimonio excepcional para que hoy podamos hacernos de una idea de cómo eran los chigres de antaño. Y qué mejor coyuntura para evocar esos locales y divulgar algunas notas históricas sobre la sidra que la celebración en la villa de la XVII Fiesta de la Sidra Natural. 
 Chigre caracteristico de los pueblos asturianos.

López Dóriga señala que por aquella época el número de chigres experimentó un constante incremento en la región, aunque conservaban los rasgos que siempre los habían caracterizado. Pero éstos poco tienen que ver con las sidrerías que hoy conocemos. Por lo pronto, a la sazón los chigres eran fundamentalmente espacios de sociabilidad popular, de modo que no desempeñaban el papel que hoy juegan desde el punto de vista turístico: los privilegiados visitantes de entonces platicaban en las terrazas de los cafés y lo normal es que consumieran la sidra en otros espacios de sociabilidad.
Había dos señales exteriores fundamentales por las que uno podía saber que se hallaba ante un chigre: de un lado, el ramo de laurel que se colocaba en lo alto de la puerta, y de otro, una cortina que cubría sólo la parte superior de la misma y que, según ironizaba el profesor del Jovellanos, jamás recuperaba su color blanco original. Asimismo, se exhibía una banderola blanca y encarnada pero sólo cuando se pretendía indicar que en el local en cuestión, aparte de sidra, también se expedía vino. En la entrada solía disponerse una mesa con tortillas, arenques, panecillos y huevos duros «a prueba de buen estómago», al decir de Dóriga; a ello podía sumarse en invierno la presencia de la popular castañera. El interior de los chigres era generalmente oscuro. Los tradicionales candiles no iluminaban demasiado, y los reverberos de aceite común no ofrecían grandes ventajas al respecto. Aunque algunos llegaran a disponer de quinqués de petróleo, la tardanza en incorporar sistemas de alumbrado más eficientes, primero de gas y luego eléctricos, explica que la penumbra fuera durante décadas inherente a los chigres, que se caracterizaban además por la mala ventilación y las paredes ennegrecidas por el humo del tabaco. En una época en la que sólo los domicilios particulares de los más pudientes disponían de excusado, no ha de extrañar a nadie que fueran las inmediaciones del chigre las que hacían las veces de retrete. En cualquier caso, los chigres no tenían en general fama de ser lugares limpios.
Dentro del local proliferaban las pipas y los toneles de sidra, acompañados a veces de pellejos de vino. En el interior de un barcal de madera, los vasos flotaban en agua turbia por la acumulación de residuos a lo largo del día. Junto a él, una matrona curtida en el oficio y aficionada según Dóriga al Virginia -un tipo de tabaco- se encargaba de suministrar dichos vasos a los parroquianos y de marcar con una tiza, sobre la tapa de un tonel, las deudas de los habituales, que mientras, además de charlar, jugaban a la brisca, al monte, al mus y sobre todo a la llave: la apuesta más frecuente obligaba al perdedor a pagar los vasos de sidra del resto.
En aquella época, los altercados -más o menos violentos- eran muy habituales en tascas, chigres y tabernas, tal y como documentan multitud de gacetillas en la prensa coetánea: los característicos duelos no eran cosa de pobres y, cuando surgían diferencias, éstas se resolvían sobre la marcha sacando a relucir los puños, las navajas e incluso las pistolas. Entretanto, las visiones peyorativas se multiplicaban en los escritos de higienistas y reformadores sociales, que se recreaban entre otras cosas en las secuelas de la embriaguez: «el número de vasos empinados (...) le obligan a inclinarse hacia adelante y a ejecutar ejercicios prodigiosos de equilibrio a beneficio de los cuales llega a su casa en las altas horas de la noche más alegre que unas pascuas, pues al parecer la sidra hace verlo todo de color de rosa».
Naturalmente, el chigre no era el único espacio en el que la sidra vertebraba la sociabilidad popular. Los periódicos de la época, con bastante frecuencia, anunciaban o reseñaban espichas y convocatorias de carácter más o menos festivo que en espacios públicos o privados, y con perfil masivo o familiar, reunían a gijoneses de ambos sexos en torno al clásico tonel, que era bautizado con los nombres más variopintos y cuya rotura permitió a un sinfín de lagares publicitarse.
Con el paso del tiempo, el consumo de la sidra experimentó una patente democratización. El crecimiento de las ciudades, el abaratamiento de los transportes, la fabricación industrial de productos como las botellas, los vasos y las pipas, así como la mecanización de ciertas fases del proceso productivo, sirvieron para estimular la comercialización; en ese sentido, la gasificación de la sidra marcó también un punto de inflexión. Las exportaciones se incrementaron con los años y permitieron que los asturianos emigrados en América disfrutaran también de la bebida de su tierra, lo que contribuyó a fortalecer sentimientos de identidad y lazos de pertenencia, además de enriquecer las culturas locales tras extenderse su consumo a otros sectores.
E s poco habitual encontrarse con testimonios como el de López Dóriga, porque las referencias más valiosas suelen ser parcas y se hallan desperdigadas -entre otras fuentes- por las páginas de miles de periódicos. De modo que resulta muy laborioso investigar el pasado de la sidra y de todas las cuestiones anejas. En la Universidad de Oviedo, el historiador lavianés Luis Benito García Álvarez asumió hace algunos años esa difícil tarea bajo la dirección del profesor Jorge Uría, y el resultado llegará en breve con la lectura de su tesis doctoral 'Sidra y manzana en la Asturias del siglo XX. Sociabilidad, producción y consumo'. En ella se profundiza, entre otras cuestiones, en la compleja ritualización y en los numerosos rasgos de originalidad de la cultura generada en torno al popular caldo, cuyo fuerte carácter comunitario se percibe ya durante la elaboración del producto. La solvencia del autor, responsable también de 'Las representaciones de la sidra' (de inminente publicación), ya quedó demostrada en 2006, cuando su aconsejable libro 'Beber y saber. Una historia cultural de las bebidas' se alzó con el reputado galardón con el que la prestigiosa Gourmand World Cookbook Awards premia la literatura gastronómica.
FUENTE: 
SERGIO SÁNCHEZ COLLANTES INVESTIGADOR EN EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO.

1 comentario:

  1. Amigo ACEBEDO, has reproducido mi post acerca de los chigres asturianos, com pletando la información que yo aporté en su día con comentarios más autorizados. Te agradezco la deferencia.
    Un saludo.

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