24 de junio de 2013

Los salmones asturianos

El salmón de Asturias.

                          Salmones en un rio asturiano

http://www.desdeasturias.com

Existen investigaciones biológicas que sostienen que el salmón asturiano es el más antiguo de Europa, siendo el descendiente más directo de aquellos otros que durante la época de las glaciaciones, hace unos 40.000 años, comenzaron a buscar refugio en las cabeceras de los ríos que vertían sus aguas al Cantábrico.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero nadie parece dudar de la solera del salmón autóctono. Hoy en día su carne es también una de las más caras y, quizás, de las más sabrosas de los ríos del continente. Su alta cotización obedece tanto a la calidad de la especie como a la escasez actual, que contrasta con la abundancia de antaño.
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En el siglo XVIII, durante la costera, se capturaban sólo en el Sella más de 12.000 salmones. En el monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onís, los vecinos del concejo que prestaban servicios a los monjes llegaron a exigir “que no se les daría salmón a la comida más que dos veces por semana”. Condiciones semejantes imponían los obreros que trabajaban en otras villas ribereñas como Pravia, Pola de Laviana o Cangas del Narcea.
En la villa de Pravia podemos ver de cerca una reproducción de 400 kilos de peso de una vieja máquina de pescar salmones. Aunque ahora está terminantemente prohibida, en su momento hacía furor en las riberas del Narcea. El armatroste en cuestión, diseñado por el francés Martín Duhart en 1865, es un mecanismo gigante que consta de varias aspas y que en su momento sacaba los salmones en masa del agua.
Con un pasado salmonero de tanta magnitud, no es de extrañar que la pesca de esta especie siga siendo un acontecimiento anual en el Principado. La expectación es enorme a lo largo de toda la temporada, especialmente cuando se da el pistoletazo de salida. En el mes de marzo comienza la caza y captura del popular Campanu, el primer salmón del año. A lo largo de la campaña, el paso del tiempo se va registrando en piezas y hazañas, sorteos, cotos de pesca, cebos empleados… buena y mala pata.
La temporada finaliza a mediados o finales de julio. Generalmente, la autorización de pesca de Salmón se limita a los cauces principales de los ríos: Eo, Porcía, Navia, Narcea, Nalón, Sella, Cares, Deva y el Esva.
La escasez paulatina de las capturas parece tocar fondo en los años 90 del siglo XX. En 1997 apenas se superaron los 700 ejemplares en toda la comunidad autónoma. Sin embargo, en 2001 se batía un récord de la historia reciente, alcanzándose la nada despreciable cifra de 2.779 piezas. En Asturias se pescan actualmente más salmones que en el resto de la Península Ibérica.
La mejora en la calidad de las aguas de los ríos asturianos, cierta regulación de la pesca de salmón en altamar y, sobre todo, las repoblaciones con alevines, son las causas que se atribuyen a esta recuperación progresiva. Si la cosa sigue así, se puede pensar que la gastronomía salmonera se extenderá poco a poco a un público menos exclusivo. Actualmente el Campanu se llega a cotizar a lo grande, superando el millón de las antiguas pesetas, y suele ser adquirido por restaurantes afamados de la capital de España para invitar a grandes personajes de vida social, política o deportiva de nuestro país.
Para que se abarate el salmón asturiano y llegue a más bocas hay que seguir avanzando con criterios de sostenibilidad. Un buen ejemplo es el Sella, que según los estudios técnicos más recientes, es el mejor río salmonero de España. El centro de alevinaje de Caño (en Cangas de Onís) se ha convertido en el laboratorio natural del salmón asturiano. Gracias a su labor se sueltan al Sella decenas de miles de alevines autóctonos cada año. El marcaje y posterior seguimiento de las crías permite constatar el retorno de muchas de ellas en la edad adulta, tras su paso por altamar. La reproducción y desove artificial que se sigue en otros puntos de Asturias dan como resultado más de medio millón de alevines anuales, con los que repoblar todas las cuencas salmoneras de la región.
Si nos centramos en la historia particular de estos salmónidos no dejaremos de sorprendernos con la vida tan sufrida que llevan para perpetuarse. Remontar los ríos y reproducirse es una misma cosa: un eterno retorno, la búsqueda del origen, el fin de su existencia. El Salmón Salar, o Salmón Atlántico que es el que nos encontramos en el Principado, sólo remonta los ríos cuando tiene un gran tamaño, hasta de un metro de longitud y algo más de 15 kg de peso. Su cuerpo es esbelto, los flancos plateados y el dorso de color azul metalizado, cubierto de manchas oscuras. Es la vestimenta romántica del salmón macho. Llegado el momento de aparearse, el color plateado se torna cobrizo y la mandíbula inferior se desarrolla notablemente, curvándose hacia arriba para formar una especie de gancho.
Tras la fecundación, las altas temperaturas de los ríos asturianos permiten un rápido desarrollo de los alevines. Al final de su primer verano de vida puede alcanzar de 8 a 10 cm de longitud. Durante su estancia en los ríos, uno o dos años, son carne de cañón para las nutrias, las aves pescadoras, grandes truchas e incluso sus propios congéneres, lo que reduce de forma importante los efectivos. Llega su primera o segunda primavera y se producen profundos cambios morfológicos y fisiológicos en ellos, pues se preparan para dar el salto a las condiciones de vida de las aguas marinas.
Ya en el mar viven en zonas alejadas, en zonas frías y ricas en nutrientes. Los salmones procedentes del litoral atlántico se concentran al sur de Groenlandia. Allí pasan uno, dos o tres años. Transcurrido esta etapa, regresan como hijos pródigos a sus ríos para procrear. Y así, estos sobrevivientes, viajeros sin par y nostálgicos empedernidos, regresan a su tierra en el tiempo previsto, como si tuviesen en su cabeza toda la cartografía oceánica y una agenda infalible.
De vuelta al río ya no pueden alimentarse… su metabolismo se ha adaptado a la dieta marina y deben sobrevivir con las reservas acumuladas. Si ningún pescador pone remedio, el proceso de remonte del río y de reproducción resultarán agotadores para unos seres incapaces de alimentarse. Por ello, los salmones ya frezados, zancados, se quedan apenas sin reservas energéticas, muchos incluso moribundos, esperando que las riadas primaverales los arrastren de nuevo al mar que comienzan a echar de menos.
Se considera Campanu de Asturias a estos efectos el primer salmón válidamente precintado en los centros oficiales establecidos, como se ha considerado en el resto de ediciones de la feria y prevé el Reglamento regulador de la Subasta. Por tanto, en la temporada 2013, se considerará como tal el primer salmón que se capture y precinte una vez iniciado el periodo  de pesca con muerte, esto es a partir del día 1 de mayo de 2013.

FUENTE:  http://www.desdeasturias.com
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 Salmón Atlántico (Salmo salar). Características  y evolución.


Salmón Atlántico (Salmo salar). Es un gran pez que tiene la cabeza pequeña, no superando ésta la sexta parte de la longitud total, llega a alcanzar los 25 Kg. de peso. El salmón adulto, su dorso es gris con irisaciones verde azuladas, los costados plateados y el vientre blanco. Con numerosas manchas negras dispersas por todo su cuerpo, que toman tonos rojizos en la época de frezo o reproducción, que acontece en los meses de noviembre y diciembre.
La hembra pone sus 4.000 a 6.000  huevos en el río, en un remanso con poca profundidad y, seguidamente el macho va fecundando los huevos. Los primeros años de vida, entre uno y cuatro, los alevines de salmón permanecen en el río. Después adquieren una nueva forma por la que recibe el nombre de pinto y emigra al mar, aquí pasa varios años nadando miles de km. llegando hasta Islandia y Groenlandia, para regresar al río que les vió nacer después de uno a cuatro años para iniciar nuevamente el ciclo de la vida, debido al esfuerzo muchos de ellos perecen y otros regresan al mar.
Los machos son siempre mayores que las hembras de igual edad. Suelen reproducirse a los 4-6 años, solo un 4 % se reproducen por segunda vez y un 1 % por tercera vez. Para ello la hembra excava un surco entre 30-50 cm. de profundidad y varios metros de longitud en donde deposita los huevos que son fecundados de inmediato por el macho. Se calcula que cada hembra pone una cantidad de huevos proporcional a su peso, de forma que un Kg. corresponde aproximadamente a 1.500 huevos. Los huevos son depositados en varias tandas y dura entre 3 y 15 días. Gran parte de las hembras fallecen poco después de acabar la puesta, al quedar sin fuerzas y ser atacados por los hongos, pues pierden entre un 40-50 % de su peso inicial.
                          Rios asturianos

El esguinado es un conjunto de cambios morfológicos que se producen en el pez (salmón), que lo que hacen, es adaptar el juvenil del salmón, a las condiciones de vida en el mar (agua salada). Los esguines asturianos todos los años van hasta el Mar de Labrador y las islas Feroes, desde donde regresan ya adultos, a los cauces donde nacieron para reproducirse.
Sus  huevos son alimento para muchos depredadores y se estima que de 8.p000 huevos, pueden obtenerse en el río 5 ó 6 salmones. Sin embargo en piscifactoría se llegan a obtener entre 40 y 60 salmones.
El salmón asturiano, ese gran nadador de fondo que anualmente recorre el mar del Norte y el Cantábrico para completar su ciclo vital en las cabeceras de los ríos, es el más antiguo de Europa. Es el descendiente de los que buscaron refugio en las cabeceras de los ríos que vierten sus aguas al Cantábrico durante la época más fría de la última glaciación, hace unos 40.000 años. Sus migraciones eran entonces más cortas, sobrevivían más tiempo y podían desovar en los ríos dos o más años consecutivos, según una reciente y singular investigación.
Anécdotas:
1) Al primer salmón  que se echa a tierra de cada temporada de pesca de cada río asturiano, se le denomina CAMPANU. La denominación tiene su origen en el volteo de las campanas de las iglesias, que tenía lugar antaño en épocas de hambruna, pues la llegada del salmón era un motivo de alegría y de ésta forma se anunciaba en el valle y zonas adyacentes la captura del primer salmón de la temporada, que era esperado "como agua de Mayo" , pues su pesca, reforzaba la alimentación de los lugareños, dado que en épocas anteriores a la industrialización, "todos los ríos asturianos tenían abundantes salmones".
2) Se cuentan varias anécdotas en cuanto a la abundancia del salmón en tiempos pasados. Así en la construcción de la carretera a Pajares, los obreros exigieron que no les sirvieran mas de tres veces salmón a la semana y algo similar debió de ocurrir en el interior del monasterio de Cornellana,  pues hay quien que cuenta que allí tuvo lugar una de las primeras huelgas asturianas, en el siglo XVII, en torno al salmón. Cansados de comer siempre lo mismo, los monjes benedictinos decidieron hacer una huelga para exigir que, al menos dos días a la semana, se les sirviese otro alimento, aunque tratándose de religiosos, es difícil de creer.



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El salmón, la vida de un pez valiente

No sabemos con seguridad adónde migran, pero ejemplares asturianos llegaron a Groenlandia

El salmón del Atlántico, «Salmo salar L.», es una especie que despierta pasiones en amplios sectores sociales, no sólo entre los pescadores y los naturalistas. Usando símiles antropomórficos, es un pez valiente que efectúa larguísimas migraciones para regresar a reproducirse, y generalmente a morir, a su región natal. La especie es sensible a numerosos problemas ambientales que están ocasionando el declive global de sus poblaciones naturales. Las que se encuentran en el norte de la península Ibérica, entre ellas las asturianas, son especialmente vulnerables, al ocupar el límite sur de su distribución en Europa. Para poder abordar dichos problemas es fundamental conocer la biología de la especie, así como su ciclo de vida, identificando las etapas más vulnerables y los posibles riesgos que existen en cada una para actuar en consecuencia y prevenir o mitigar los declives poblacionales en la medida de lo posible. A continuación resumiremos la vida de un salmón típico de los ríos asturianos.
El inicio del ciclo de vida de un salmón tiene lugar en torno a diciembre, mes en el que sus progenitores llevan a cabo el cortejo en zonas poco profundas y limpias con agua bien oxigenada. Las áreas preferentes suelen ser zonas altas de los ríos, en las que la calidad de las aguas es más adecuada. Tras varias horas de cortejo, durante el cual la hembra hace el nido (cama de freza, fregón o fragón en Asturias) y el macho espanta a posibles competidores y/o depredadores, se produce el desove. Hembra y macho liberan simultáneamente sus gametos y se produce la fecundación externa; en la fecundación de las puestas contribuyen a menudo pequeños machos en su primer o segundo año de vida que aún no han migrado al mar, llamados xirones en varias cuencas. Las hembras entierran rápidamente los huevos en la grava y los dejan en el cauce del río, donde completarán su desarrollo embrionario. La velocidad de desarrollo depende de la temperatura, es mayor a temperaturas más elevadas. Cuando los embriones reabsorben el saco vitelino que les sirve de reserva energética salen de la cama de freza y se dispersan por el entorno próximo para comenzar a alimentarse de forma autónoma. Esto sucede aproximadamente entre marzo y mayo, dependiendo de la temperatura del agua, y es una etapa en la que son muy frágiles y suele haber una gran mortalidad por su pequeño tamaño y la dificultad del aprendizaje para capturar sus propias presas. Pasan su primer verano en el río alimentándose y creciendo. A finales del otoño algunos machos maduran en el río (xirones o vironeros) y pueden participar en las puestas de los grandes salmones. Una vez transcurrido el invierno, en función de lo que hayan crecido, pueden migrar al mar o quedarse en el río durante todo el verano para migrar a lo largo de la siguiente primavera. En este último caso, prácticamente todos los machos que se quedan hasta el segundo año maduran en el río.
La preparación para las condiciones marinas (mayor presión osmótica debida al agua salada) es lo que se denomina esguinado. Es una etapa especialmente frágil para los salmones, porque implica grandes cambios fisiológicos, suele ocurrir entre marzo y abril, nuevamente dependiendo de condiciones ambientales (temperatura, caudal). Los esguines son plateados y desescaman fácilmente. Bajan por el cauce del río hasta el mar y una vez allí comienzan su etapa más desconocida: una larga migración masiva hasta los comederos marinos. No sabemos con seguridad adónde migran todos los salmones asturianos, pero mediante marcaje y recaptura se han identificado algunos salmones de esta zona frente a las costas de Noruega y también en Groenlandia, aunque los datos son aún escasos a nivel estadístico para conocer con certeza la ruta mayoritaria. Se está estudiando ahora dentro del proyecto europeo «Salsea», en el que está implicado nuestro grupo de investigación. El viaje de ida, aún más que el de retorno, es especialmente difícil: los pequeños salmones son depredados por numerosas especies marinas y muchos no pueden llegar hasta las alejadas regiones ricas en presas.
Los salmones permanecen en las zonas marinas de engorde alimentándose de una variedad de especies que incluyen gambas, calamares y otros peces, como arenques. Además de por sus depredadores naturales (peces como el bacalao, aves y mamíferos marinos), también pueden ser capturados por buques pesqueros en estos caladeros. La mayoría de los machos y alguna hembra vuelven al cabo de un año (salmones añales), y el resto (mayoritariamente hembras) vuelven tras pasar dos inviernos en el mar, por lo que han tenido más tiempo para engordar y crecer y alcanzan mayor longitud y peso. Esta estrategia favorece especialmente a las hembras, que producen puestas más abundantes y de mejor calidad. El regreso es tan largo como la ida, y en su transcurso encuentran dificultades diversas que pueden ir desde contaminación en el océano hasta las rutas de grandes transatlánticos. Van llegando y entrando al río natal secuencialmente: primero las grandes hembras, al principio de la primavera (desde marzo), y luego los machos y hembras añales, a lo largo del verano. Las hembras mayores van eligiendo su futuro lugar de desove, posicionándose en los ríos aguas arriba según la calidad ambiental y el caudal fluvial. El ascenso hasta los frezaderos puede durar varios meses o ser muy rápido, apenas unos días, dependiendo del caudal y la temperatura del río, e incluso del tiempo atmosférico. Durante la entrada al río tiene lugar la época de pesca deportiva fluvial (de marzo a julio en las últimas décadas). Los salmones se capturan en su ascenso hacia las zonas de puesta aguas arriba, salvo los que entran en verano y/o otoño después de la temporada de pesca. A finales de otoño o principios de invierno, según las condiciones ambientales, comenzará de nuevo el cortejo y se reproducirá el ciclo que empezó entre dos y cuatro o cinco años antes. La mayoría morirá tras desovar, y los escasos supervivientes (no más del 10% en el mejor de los casos) bajarán de nuevo al mar y podrán volver con mucho más peso para desovar de nuevo el año siguiente.
Esta información permite identificar las etapas más vulnerables de la especie. Aunque conocida, no es banal recordarla, porque permite planificar diversas actuaciones para cada una de las etapas. En primer lugar, no puede haber desoves sin reproductores. Facilitar el rápido acceso de las grandes hembras de principio de temporada a sus futuras zonas de desove, sobre todo si éstas están en zonas altas vedadas a la pesca, favorece una mayor producción de futuros alevines. Para ello puede protegerse a la especie durante los primeros meses de entrada en el río, restringiendo y/o retardando la pesca deportiva y evitando en lo posible interferencias en la migración (obstáculos en el río, vertidos, etcétera). El estricto control del furtivismo es una necesidad evidente en esta etapa, como en las demás. Pero las hembras no pueden desovar si no tienen sitios adecuados para hacer las camas de freza. La protección especial de las áreas de desove y la extensión de las mismas, facilitando el remonte aguas arriba de embalses o eliminando obstáculos en la medida de lo posible, pueden ser buenas medidas para el mantenimiento de las poblaciones.
La siguiente etapa vulnerable es la dispersión del nido de los frágiles alevines. El mantenimiento de las zonas de alevinaje, aguas limpias y bien oxigenadas y, a su vez, con numerosas presas (pequeños crustáceos, larvas de insecto, etcétera), son fundamentales, así como una buena cubierta vegetal y un fondo diverso para protegerse de los depredadores naturales. El control de la contaminación y los vertidos y la buena conservación del resto de especies del ecosistema, incluyendo las vegetales, parecen ser las actuaciones más adecuadas en esta etapa. El mantenimiento del caudal ecológico es vital para que los juveniles sobrevivan y crezcan durante el verano, ya que con caudales bajos las temperaturas pueden ser elevadas y los pequeños salmones pueden verse forzados a desplazarse a hábitats menos favorables. En esta etapa suelen producirse las repoblaciones con alevines o juveniles de piscifactoría (entre junio y septiembre). Antes de proceder a repoblar hay que asegurarse de que hay suficiente espacio, caudal y alimento en el río para mantener a los nativos y además dar cabida a nuevos habitantes acostumbrados a condiciones de mayor densidad y competitividad.
Las mismas consideraciones pueden aplicarse a la siguiente etapa vulnerable, el esguinado. La conservación del hábitat y la prevención de actuaciones descontroladas (furtivismo, vertidos) son probablemente las mejores medidas que puede adoptarse para proteger la bajada de los esguines. Una vez llegan al mar, las posibilidades de intervención humana disminuyen considerablemente. Deberán arreglárselas por sí solos para esquivar a los depredadores y sobrevivir al largo viaje que les espera. Lo que parece obvio es que cuantos más esguines salgan de un río, más adultos podrán retornar. Se pueden promover actuaciones como la limitación de las capturas en los caladeros marinos, no sólo de salmón, sino también de las presas que le sirven de alimento. La vigilancia ambiental en el océano para evitar furtivismo y la contaminación es otra medida más que deseable.
Finalmente, cualquier actuación que se plantee será favorecida con una adecuada educación ambiental, con la divulgación de lo que sabe sobre esta especie y todas las demás de su entorno, y con una especial atención a incentivar la sensibilidad pública hacia la naturaleza. Como los humanos, el salmón no vive solo, sino en medio de un complejo entramado de especies que se encuentran en un equilibrio delicado entre sí y con su hábitat. Es parte de los ecosistemas fluviales y también de los marinos. Los gestores pueden abordar cada uno de los puntos propuestos arriba mediante diversas estrategias de manejo. Necesitarán el apoyo de todos los sectores interesados en conservar el patrimonio natural, tanto de los no pescadores como de los pescadores, directos usuarios del recurso. Algunas estrategias, como la protección de los reproductores que entran temprano en el río, no se han ensayado hasta ahora. Aunque, como todas las medidas restrictivas, pueden ser discutidas, parece razonable dar un voto de confianza a cualquier esfuerzo conservacionista debido a que la situación de la especie se percibe públicamente como muy adversa. Al fin y al cabo, conservar un bien público y un recurso natural y cultural como el salmón es lo que todos queremos. Vale la pena sumar iniciativas para que las futuras generaciones puedan disfrutar de esta especie emblemática, este pez valiente, si los lectores nos permiten la licencia sentimental, en los ríos asturianos.

                       Ilustración de: Pablo García

FUENTE: EVA GARCÍA VÁZQUEZ Y JOSÉ LUIS HÓRREO ESCANDÓN CATEDRÁTICA DE GENÉTICA DEL DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA FUNCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO Y BIÓLOGO. 

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