4 de mayo de 2013

Ramón de Campoamor

Campoamor, entre la fama y el olvido.

 
                   Retrato de  de Emilio Sala Francés



Fue en vida uno de los poetas más populares de su tiempo, capaz de disputar el cetro de la fama al mismísimo Zorrilla. Se le llegó a comparar con Dante y Calderón, poesía y filosofía en feliz combinación, voz de lo trascendente envuelta en palabras delicadas. Recibió toda clase de homenajes y distinciones, y hasta se dio su nombre al principal teatro de Asturias. Tiene un suntuoso monumento en el Retiro madrileño y otro en su villa natal. Su figura patriarcal, de rostro bonachón y afable, enmarcado por grandes patillas, terminó por darle la categoría de icono de todo aquello que representaba. Se llamaba Ramón de Campoamor, y tal día como hoy de 1901, moría en Madrid a los 83 años. Hace 110 años.
Nació en Navia, y cursó sus primeros estudios en Puerto de Vega bajo la tutela de su madre, ya que había quedado muy pronto huérfano de padre. Siguió luego en la Universidad de Santiago, donde terminó Filosofía, y de allí se fue a Madrid a estudiar Lógica y Matemáticas. Quiso ser jesuita, pero descubrió pronto su falta de vocación; quiso también ser médico, pero pudo más la llamada literaria. Recibió apoyo de Espronceda, frecuentó todas las tertulias de Madrid e hizo de la Biblioteca Nacional su segunda casa, y al fin, a los 20 años, pudo publicar su primera obra, 'Una mujer generosa', una comedia que ni siquiera fue estrenada.
Comienza entonces un periplo por la política, siempre dentro del Partido Moderado, que le llevó a ser nombrado gobernador civil de Alicante y de Valencia. Esto, y su matrimonio con la rica irlandesa Guillermina O'Gorman, le otorgó una confortable situación económica que le convirtió en un representante de la burguesía de la época, y a la que sólo la gota que padeció en su vejez puso una nota oscura.
La crítica posterior fue implacable con Campoamor. Toda la admiración que despertó en vida se volvió negación después de su muerte. Se le llamó despectivamente poeta de las damas, por obras como 'Ayes del alma' o 'Ternezas y flores'. Se dijo de él que su concepto de la poesía era esencialmente equivocado y que si acaso fue el eco, en verso, de una sociedad y un tiempo, pero un tiempo inmensamente pobre en cuanto a calidad poética. Se le llamó insignificante, insípido y anacrónico. Desde las instancias académicas se despreciaron como filosofía barata sus versos más sentenciosos, justamente esos que el pueblo hizo suyos sin reparos. Quién no recuerda algunos: «Todo el amor es triste, / mas triste y todo, / es lo mejor que existe». O «Te pintaré en un cantar / la rueda de la existencia: / pecar, hacer penitencia / y luego vuelta a empezar». O aquel de «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira; / todo es según el color / del cristal con que se mira». Y así muchos más.
El tiempo, que suele ayudar a clarificar la mirada, tampoco fue piadoso con su obra. A raíz de su muerte se multiplicaron las ediciones españolas e hispanoamericanas de sus obras completas, pero hoy es poco más que un breve capítulo en las antologías, en las que apenas suelen aparecer más que «El tren expreso» o «Quién supiera escribir». Más que su obra se conoce su nombre, lo que no es más que una justicia a medias con cualquier escritor. Seguramente Don Ramón, que en el fondo era un optimista impenitente, quedaría sorprendido al saber que todo su esfuerzo no había sido más que el cierre de un ciclo y que tras él vendría una sucesión de 'ismos' que nada querían saber de su modo de concebir la creación poética.
Es cierto que no hay trazas de atisbos innovadores ni en su literatura ni en su pensamiento político. También es evidente que buena parte de su obra poética, y no digamos sus incursiones en el campo de la filosofía, se nos aparece intranscendente y hueca, última voz de aquella inanidad postromántica que el 98 barrió de un plumazo. Sin embargo, conviene leer atentamente su obra, sin prejuicios, en especial sus 'Pequeños poemas', 'Doloras' y 'Humoradas', y hallaremos en cualquier rincón puntos de vista originales, sorpresas conceptuales o un pensamiento expresado con asombrosa sencillez sintáctica, siempre bienintencionado, capaz de movernos a una reflexión. Fíjense, por ejemplo, en estos versos, de lejana evocación manriqueña, que bien podrían servirle de epitafio:
Así en eterno cuidado,
aquí y allí nuestro intento
corre fugaz por el viento
tras un placer nunca hallado.
Que el hombre, en su desacuerdo,
llama al verle en lontananza,
si es delante, una esperanza,
y si es detrás, un recuerdo.
Y aun no marcó en su sentido
el gusto una vana huella,
cuando, imprecando su estrella,
suspira y dice: ya es ido. 
FUENTE: El comercio digital
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 Biografía de Ramón de Campoamor.
 
Nació en Navia, Asturias, el 24 de septiembre de 1817, el mismo año que José Zorrilla, con quien con frecuencia fue comparado. Su padre era un rico labrador nacido en el concejo de Coaña y su madre era de la familia noble de los Campo Osorio de Navia. En 1821, cuando Ramón aún no había cumplido cuatro años, muere su padre Miguel Pérez Campoamor. A los diez años comienza a estudiar Latín y Humanidades en Puerto de Vega, donde obtuvo el certificado de estudios primarios.

El Infierno del Dante era un mal aprendiz en comparación con los retorcidos inventos de castigos infernales que me metían los clérigos enseñantes en mi tierna y sensible cabecita infantil. Todo el curso de mis primeros años ha sido un sueño tenebroso, del cual creo que todavía no he acabado de despertar.

Ramón de Campoamor
En 1832, con 15 años se marcha a Santiago de Compostela para estudiar filosofía, lógica y matemáticas, en el convento de Santo Tomás de Madrid. Poco tiempo después se matricula en la universidad madrileña en medicina, pero tampoco le duró este empeño; un catedrático le aconsejó con vehemencia dedicarse a la literatura, ya que creyó descubrir en él la natural inclinación a las letras más que a las ciencias (vomitaba en las disecciones). Solamente no le disgustaba la lectura y la escritura (pasaba largas horas leyendo clásicos en la Biblioteca Nacional), por lo que se consagró al fin al periodismo y a la literatura. Espronceda le tomó bajo su patronazgo y su primera poesía data de 1837: colabora en publicaciones románticas como El Alba y No me olvides y fue redactor de Las Musas (1837), El Correo Nacional (1838) y El Español (1845); dirigió El Estado en 1856.1
A la edad de 20 años, en 1838, publica la primera obra impresa: Una mujer generosa, una comedia en dos actos que no llegó a ser estrenada en teatro; otras obra dramática suyas fue El castillo de Santa María (1838); por esos años escribió también piezas como La fineza del querer o El hijo de todos; ejerció de dramaturgo palatino en el México de Maximiliano y tras un intervalo más o menos largo, en 1870 escribió la que es tal vez su obra más conocida, Guerra a la guerra, a la que siguieron el drama sacro El hombre Dios (1871) y la zarzuela Jorge el guerrillero, escrita en colaboración con Navarro, las comedias Moneda falsa y Cuerdos y locos, y el drama Dies irae (1873). Con Fuentes escribió Las penas del purgatorio (1878) y ya en la década de los ochenta termina su carrera dramática dedicándose a los monólogos (Cómo rezan las solteras, El amor o la muerte, El confesor confesado).
También en 1838 había empezado su carrera como poeta; publica sus primeros versos románticos en el libro Ternezas y flores; pero es en Ayes del alma (1842), su segundo libro lírico, cuando empieza a alejarse del Romanticismo, aunque todavía continúan en él los resabios de Espronceda; en otro libro, Fábulas se hallan ya prefigurados y con sus caracteres esenciales los tres géneros que han de ser creados y cultivados por el poeta, sus personalísimas doloras, pequeños poemas y humoradas, que le adscriben a la estética del Realismo. El propio autor define así estos géneros:
¿Qué es una humorada? Un rasgo intencionado ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada.
En otra ocasión señaló que la «dolora» es una composición poética «en la cual se debe hallar unida la ligereza con el sentimiento y la concisión con la importancia filosófica». Pero en Campoamor la filosofía y el intelectualismo ahogaron con frecuencia al poeta; las más de sus doloras reflejan su postura escéptica ante un mundo donde sólo domina el egoísmo.
Como filósofo Ramón de Campoamor fue un hombre fecundo; tradicionalista y moderado en política, le atraía especialmente el positivismo. La filosofía era acaso su vocación verdadera. Se topó con la polémica desde su primer libro de este género en 1846, Filosofía de las leyes, el cual, según La Censura, contenía «proposiciones contrarias a la doctrina católica, erróneas o inductivas a error, falsas, inmorales y ofensivas e injuriosas a nuestra religión y a sus santas instituciones».
En 1842 comienza su carreras política y publica “Ayes del alma” con poemas dedicados a la reina ex-regente Mª Cristina. A finales de la década de los 40 se afilia al Partido Moderado siguiendo sus ideas políticas que consistían en un gran fervor por la reina Isabel II y, en general, hacia la monarquía como forma de organización del Estado. Es nombrado Consejero Real en 1846, en 1847 es nombrado gobernador civil de la provincia de Castellón y poco más tarde de Alicante, donde realiza grandes obras urbanísticas como el Paseo que lleva su nombre y que donó a la ciudad. Fue nombrado Hijo Adoptivo de Alicante. Por esa época se casa con Guillermina O'Gorman, una joven dama de acomodada familia irlandesa, cuya cuantiosa dote le convirtió, si no lo era ya, en un acaudalado burgués afligido por la gota. La boda se realizó en la antigua Ermita del Fabraquer, situada en San Juan de Alicante, y no dio lugar a hijos; en 1850 es elegido para ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados y se le da el cargo de gobernador civil de Valencia en 1851, en el que está hasta 1854; es elegido de nuevo diputado a Cortes por el partido conservador en 1857 y luego nombrado director general de Beneficencia y Sanidad, consejero de Estado, académico de la Lengua «E mayúscula» desde 1861, senador del reino, etc.

En 1846 publica la primera edición de Doloras, una de sus mejores obras.
Llegó a ser conocido y admirado en España y y toda Hispanoamérica; él siempre se negó a ser coronado como tal, y no dejaba de reconocer las molestias que eso le suponían:
Las hijas de las madres que amé tanto
me besan ya como se besa a un santo
El 11 de febrero de 1901 falleció en Madrid a la edad de 83 años. Sus restos se encuentran en el cementerio de San Justo de Madrid.
Sus Obras completas (Madrid 1901-1903, 8 vols.) fueron preparadas por sus amigos Urbano González Serrano, Vicente Colorado y Mariano Ordóñez.
La poesía de Ramón de Campoamor es la clásica del Realismo literario español; se caracteriza por su deliberado prosaísmo, que rehúye conscientemente la belleza de toda idealización; como tal resultó muy innovadora en su época, y anuncia un retorno al lenguaje llano y castizo de la prosa del Juan de Mairena y el verso filosófico de Antonio Machado, pero su falta de cuidado formal se aviene mal con su presunta vocación filosófica y no ha resistido la prueba del tiempo, por lo que fue detestado por el Modernismo posterior a causa de su nulo esteticismo, y por la Generación del 98 por su carácter burgués y vulgar y su impronta decimonónica. En Poética expresó su concepto de la lírica en general:
La poesía es la representación rítmica de un pensamiento por medio de una imagen, y expresado en un lenguaje que no se puede decir en prosa ni con más naturalidad ni con menos palabras... Sólo el ritmo debe separar al lenguaje del verso del propio de la prosa... Siéndome antipático el arte por el arte y el dialecto especial del clasicismo, ha sido mi constante empeño el de llegar al arte por la idea y el de expresar ésta en el lenguaje común, revolucionando el fondo y la forma de la poesía.

 Estatua de Ramón de Campoamor en el Parque del Retiro de Madrid (España)

Obras

  • Obras completas (Madrid 1901-1903, 8 vols.)
  • Obras poéticas completas, 1949, 1951, 1972.

Teatro

  • Una mujer generosa1838.
  • El castillo de Santa María (1838)
  • Una mujer generosa
  • La fineza del querer
  • El hijo de todos
  • Guerra a la guerra, 1870.
  • El hombre Dios (1871)
  • Jorge el guerrillero, zarzuela, escrita en colaboración con Navarro
  • Moneda falsa
  • Cuerdos y locos, 1887
  • Dies irae (1873),
  • Las penas del purgatorio (1878), escrito con Fuentes.
  • Cómo rezan las solteras,
  • El amor o la muerte,
  • El confesor confesado.

Poesía

  • Ternezas y flores, versos románticos, 1838.
  • Ayes del alma, 1842.
  • Fábulas originales‎, 1842.
  • Doloras, 1846.
  • Poesías y fábulas, 1874.
  • El drama universal, 1853. Hay edición moderna de 2008.
  • Colón 1853.
  • El licenciado Torralba, poema en ocho cantos, s. a.
  • Pequeños poemas (1872-1874)
  • Los buenos y los sabios: poema en cinco cantos‎, 1881.
  • Humoradas (1886-1888).
  • Don Juan: pequeño poema, 1886.
  • Los amores de una santa: poema en cartas‎, 1886.
  • Fábulas completas‎, 1941.

Filosofía

  • Filosofía de las leyes (1846)
  • El personalismo, apuntes para una filosofía (1855)
  • La metafísica limpia, fija y da esplendor al lenguaje (1862)
  • Lo absoluto (1865)
  • Poética (1883)
  • El ideísmo (1883)
  • La originalidad y el plagio
  • Sócrates
  • La Metafísica y la poesía ante la ciencia moderna
  • Sobre el panenteísmo.

Otras obras

  • Historia crítica de las Cortes reformadoras, 1837.
  • Los manuscritos de mi padre: novela original‎, 1842.
  • Polémicas, 1862.
  • Discursos parlamentarios
  • Polémicas con la democracia
  • Cánovas‎, 1884.
  • «Prólogo» a La Mujer, de Severo Catalina.
  • «Prólogo» a las Fábulas de Antonio Campos y Carreras.
  • «Prólogo» a Cosas del Mundo.

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