9 de mayo de 2013

Don Melquíades Álvarez González-Posada "el Tribuno"

MELQUÍADES ÁLVAREZ (1864-1936)
 
Un Republicano Liberal-Demócrata
 
El pueblo usó ayer de su derecho más consciente de lo que suponía y declaró su opinión de una manera abrumadora e inequívoca. De unas elecciones administrativas se hicieron unas elecciones constituyentes. Su resultado bien claro está ”.
( Melquiades Álvarez el 13 de abril de 1931


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DON MELQUIADES ÁLVAREZ GONZÁLEZ-POSADA, nació en Gijón, el día 17 de Mayo de 1.864, fue bautizado en la Iglesia de San Pedro Apostol, siendo su Padrino Don Melquiades de Letona, de apariencia menuda y frágil, se endureció y adquirió dureza al lado de su abuelo materno. Contaba con 14 años cuando terminaba el bachillerato y moría su padre, con lo cual se agravó la pobreza familiar, abriendo entonces como primogénito y con su madre una casa de acogida modestísima en Oviedo, para estudiantes y a la vez que servía en la casa, estudiaba Derecho; liberado de los menesteres domésticos por sus hermanos, se lo ganaba impartiendo clases particulares y con los premios universitarios conseguidos.
Fue en Asturias donde se desarrolló su infancia, juventud y buena parte de su vida y de su acción política, llegando a ser una de las personalidades asturianas más sobresalientes en el primer tercio del siglo XX. Discípulo de Clarín y catedrático de la Universidad de Oviedo, fue desde 1901, casi sin interrupción, hasta el final de su vida, diputado a Cortes.
Desde su primera intervención parlamentaria, el 10 de julio de 1901, fue considerado por todos, como el digno sucesor de Emilio Castelar, por sus excelentes dotes como orador, y fue llamado por sus contemporáneos "el Tribuno" y "el pico de oro". Con el tiempo, el joven licenciado en Derecho, sería famoso abogado, ilustre catedrático y uno de los más destacados políticos de la etapa final de la Restauración y de la II ª República. Entre 1901 y 1912, y en línea claramente regeneracionista, "el Tribuno" denunció en el Parlamento los males que sufría el país. Un ejército dominante sobre la sociedad civil; una Iglesia católica que ejercía una tutela teocrática sobre la vida política; una monarquía donde el Rey, reina y gobierna; una Constitución democrática en el papel, pero arbitrariamente aplicada en la práctica; y unos partidos dinásticos basados en el clientelismo, el caciquismo y el fraude electoral.
Desde el primer momento, D. Melquíades figuró adscrito al republicanismo, siguiendo inicialmente la línea legalista de Nicolás Salmerón . Así, militó en la Unión Republicana y conoció las crisis del republicanismo a inicios del siglo XX, cuya mayor expresión fue la escisión lerrouxista de 1907 (fundación del Partido Radical de Lerroux). Pero D. Melquíades tenía sus propias ideas y, entonces, siguió la línea de Salmerón. La Conjunción Republicano-Socialista de 1910 no le resultó satisfactoria, pues ya eran patentes las pulsiones totalitarias que alentaban en el movimiento socialista. De modo que la crisis de dicha alianza entre los republicanos y el PSOE, hacia 1912, y la muerte en ese mismo año del último gran líder , para formar en 1912 el Partido Reformista en el que estaban parte de la clase intelectual española del momento como Manuel Azaña y José Ortega y Gasset .
A la muerte de Nicolás Salmerón (1908), pudo aspirar a convertirse en el máximo responsable de la Unión Republicana , pero renunció, pues ya estaba pergeñando la idea de fundar un nuevo partido político. Consideraba que la lucha entre Monarquía y República era estéril y que lo verdaderamente importante era democratizar y modernizar el sistema político español. Esta sería, en síntesis, su teoría de la accidentalidad de la formas de gobierno. En 1913, bajo esos principios, nacía el Partido Reformista, del que será su máximo líder hasta que en, 1931, se transformó en el Partido Republicano Liberal Demócrata. El momento elegido, finales de 1912, parecía ser apropiado. La muerte en ese año del último gran líder republicano del siglo XIX, José María Esquerdo, y la del presidente liberal José Canalejas, permitían opensar en la viabilidad de un proyecto que trataría de ocupar el espacio político dejado por ambos, es decir, el liberalismo progresista. Por ello, el Partido Reformista ocupó una posición de centro-izquierda, con un programa claro y preciso: impulsar la enseñanza como motor fundamental del futuro del país, limitar las prerrogativas reales, separación de la Iglesia y el Estado, reforma del Senado, supremacía del poder civil sobre el militar, final del caciquismo, reforma fiscal, fomento de las obras públicas, e incorporación de España al grupo de los países más desarrollados de Europa. Por desgracia, D. Melquíades no logró aplicar el programa reformista por la ceguera e incapacidad de un Rey que, como Alfonso XIII, fue un desastre para España, al igual que ha sucedido con todos los Borbones desde los tiempos de Carlos III.
En la crisis de 1917, la alianza general formada entre reformistas, liberales de izquierda, regionalistas, republicanos y socialistas, propuso la candidatura de D. Melquíades para la presidencia de un gobierno provisional con la misión de convocar Cortes Constituyentes. Pero, una vez más, el Rey impidió la renovación democratizadora del ya más que caduco sistema de la restauración. No obstante, el prestigio de D. Melquíades continuó incrementándose y asi. En mayo de 1923 fue elegido presidente del Congreso de Diputados, antesala de la presidencia del Consejo de Ministros, pero el golpe militar del general Primo de Rivera, apoyado por Alfonso XIII, desbarató la carrera política del reformista, justo cuando más falta hubiera hecho su concurso. 


Retrato pintado por Nicanor Piñole y Rodríguez. Congreso de los Diputados. 1923
 
Al llegar la República , D. Melquíades se encontró con la animadversión sectaria de algunos de los “jóvenes” republicanos nuevos, como Manuel Azaña, y con la animadversión de los socialistas, con los que nunca había congeniado bien. De ahí que se viera rechazado de la alianza socialista-republicana y se tuviera que situar en una posición centrista, próxima al radicalismo de Lerroux. Desde esa posición, cada vez más consecuentemente liberal-demócrata, criticó la falta de acuerdos básicos en la elaboración de la Constitución de 1931, pues consideraba necesaria una Constitución "de todos" para consolidar el régimen republicano. Por eso, en el proceso constituyente afirmó que "hay que hacer una República que no asuste a nadie".
Tras las elecciones de 1933, su partido, el Partido Republicano Liberal Demócrata, pactó con Lerroux y con Gil Robles la entrada en el gobierno de la República. La insurrección contra la legalidad republicana de octubre de 1934, motivó la más rotunda condena de D. Melquíades. Durante el resto del periodo de 1934 y 1935, apoyó los gobiernos moderados y varios melquiadistas formaron se integraron como ministros en los gobiernos de coalición presididos por Alejandro Lerroux y Ricardo Samper. La crítica a los socialistas por la Revuelta de Octubre de 1934 levantó contra él odios inmensos desde el PSOE y la UGT que, desgraciadamente, no tardaron en hacer realidad las múltiples amenazas que le lanzaron
Como acertadamente ha dicho D. José Girón Garrote, en el blog de la página web de la ASOCIACIÓN PARA EL PROGRESO DE ASTURIAS (lunes, 28 de agosto de 2006), a quien hemos seguido en la elaboración de esta semblanza, dada la trayectoria política de D. Melquíades, “ no resulta extraño que sea difícil de asumir por los actuales partidos mayoritarios. El PP, no puede aceptar el Melquíades republicano y laico, por ello prefieren ignorar esa etapa y reivindicar únicamente el periodo final de su vida, la que va desde 1932 a 1936. Para prueba, tenemos la "Fundación Melquíades Álvarez" patrocinada por el PP, incapaz de organizar nada importante sobre el personaje. Por su parte, el PSOE, que debería haber reivindicado la figura de Melquíades, especialmente entre 1890 y 1931, no le perdonará jamás su actitud ante la revolución de octubre de 1934 y su alianza con la CEDA de Gil Robles .”
El 22 de agosto de 1936, Melquíades Álvarez, que había sido siempre un ciudadano liberal y laico, de una impresionante cultura, crítico con el poder, de una intachable rectitud, de honradez irreprochable, poco dado a las componendas, y hombre que había adoptado la ética como norte, fue vilmente asesinado durante el asalto perpetrado por milicianos del frente Popular, a las órdenes del socialista Enrique Puente contra los presos detenidos en la Cárcel Modelo de Madrid. 


Cadáver de D. Melquíades Álvarez 

D. Melquíades había sido detenido, sin cargos, en los días que siguieron al golpe de estado del 18 de julio de 1936. Los acontecimientos ocurrieron en la cárcel Modelo de Madrid, ante los ojos atónitos, o acaso condescendientes, del ministro de Gobernación, Sebastián Pozas, y del director general de Seguridad, el diputado de Izquierda Republicana, Manuel Muñoz. Algunos miembros de la CNT provocan un fuego para sembrar el caos y armarse de razón para comenzar la purga, se suceden los disparos y finalmente los milicianos toman el recinto. Entonces comienzan los fusilamientos, primero de militares afectos a la sublevación, luego de los peces gordos, políticos y falangistas de postín. El bocado más pretendido es el del líder del Partido Liberal Republicano, Melquíades Alvarez, que es acribillado junto a varios ex ministros republicanos: su correligionario Alvarez Valdés, el independiente Rico Avelló y el Agrario Martínez de Velasco.
Otros muchos militares y dirigentes conservadores presos, fueron igualmente asesinados en esa trágica jornada, entre ellos Pedro Durruti, hermano del dirigente anarquista Buenaventura Durruti. 

FUENTE:  CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA
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Los últimos días de Melquíades Álvarez

El asesinato del político asturiano junto a dos ex ministros de la región en la Cárcel Modelo de Madrid acalló de forma sangrienta la voz del padre del reformismo en España.






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Cuando amaneció el 22 de agosto de 1936 comenzó el último día en la vida de Melquíades Álvarez, uno de los políticos más destacados del primer tercio del pasado siglo XX. Su asesinato en la Cárcel Modelo de Madrid, del que acaba de cumplirse el 75.º aniversario, coincidió con el de tres ex ministros -dos de ellos asturianos, Manuel Rico Avello y Ramón Álvarez-Valdés-, y puso punto final a los 72 años a la fértil carrera del fundador del reformismo español. Un capítulo sangriento más dentro del «tiempo de terror» en que se convirtió el verano español de 1936 tras el golpe del 18 de julio que dio origen a la Guerra Civil.
Seguidor en sus inicios del republicanismo de Nicolás Salmerón, Melquíades Álvarez González-Posada (Gijón, 1864-Madrid, 1936) estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, donde se licenció en 1883. Tras un primer intento fallido, en 1889 ganó la cátedra de Derecho Romano en la institución académica asturiana e inició su carrera profesional como abogado. Amigo de Leopoldo Alas, «Clarín», quien le animó a desarrollar su carrera docente, fue protagonista de una de las épocas más brillantes de la educación superior en el Principado, y entre 1894 y 1898 se puso al frente del Colegio de Abogados de Oviedo. Después entró en política y se trasladó a Madrid. Uno de sus bisnietos, Antonio Álvarez-Buylla Ballesteros, es hoy decano del Colegio madrileño de Procuradores.
«Desde pequeño se respiraba una admiración muy grande hacia él», explica Álvarez-Buylla, de vacaciones fuera de España, sobre su bisabuelo. «La casa de mi abuela estaba llena de fotos suyas por todas partes. Ahora que se está poniendo de moda hablar del reformismo, fue un adelantado», afirma. Su evolución ideológica desde la izquierda moderada a la derecha liberal le sirvió para ganarse la incomprensión de ambos bandos y ser considerado un converso por los políticos conservadores de su época. Los progresistas le denominaron de otra manera: traidor. Quizá el devenir de los tiempos no estaba aún a la altura del pensamiento de Melquíades Álvarez.
Al llegar a Madrid, el jurista asturiano se estableció en distintas casas de alquiler hasta que pudo comprar un chalé en la calle Velázquez, en el número 47, y en esa misma casa abrió despacho como abogado. Aun así, su aventura en la capital pudo comenzar mucho antes, ya que en 1898 ya había sido elegido en las urnas diputado por Oviedo, aunque Alejandro Pidal anuló su acta: deseaba que saliera otro candidato. El puesto de Melquíades Álvarez lo ocupó el conde de Agüera, y el padre del reformismo tuvo que esperar hasta 1901 para llegar al Parlamento.
En la Cámara el diputado asturiano se hizo famoso como orador, hasta ser conocido como «El Tribuno» o «Pico de Oro». Con su asesinato en la Modelo, su voz se acalló, pero no su pensamiento, conservado, entre otros soportes, en la recopilación de sus discursos presentada hace dos años en el Congreso con su bisnieto Manuel Álvarez-Buylla como editor principal. Ya muerto Melquíades, según rememora el presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, Jaime Álvarez-Buylla Menéndez, «le dieron un tajazo en la laringe». Hasta ahí llegaba el deseo de silenciarle. El año de su muerte el político criticaba el Estatuto catalán y el radicalismo, y José Antonio Primo de Rivera era cliente de su bufete de abogados.
El padre del Partido Reformista y del Partido Republicano Liberal Democrático -éste durante la Segunda República, con Melquíades Álvarez situado ya en el centro-derecha- fue conducido a la Cárcel Modelo «porque les dijeron que allí estaban más seguros que fuera, con un gobierno que no gobernaba», explica Álvarez-Buylla, también emparentado con el jurista. El presidente de la Filarmónica cuenta también que el hijo del jardinero del chalé ovetense de Melquíades Álvarez en Silla del Rey, conocido en Madrid como «El Dinamitero», acabó siendo uno de los principales protectores de la familia del político.
Sarah Álvarez de Miranda, nieta del político asturiano, reconstruye en el libro «Melquíades Álvarez, mi padre. En el canto de la moneda», publicado en 2003, las impresiones de su madre, Matilde Álvarez, sobre los días previos y posteriores al asesinato. A Melquíades Álvarez se lo llevaron hacia las seis de la tarde del 4 de agosto del piso que su hija Carolina compartía con su marido, Jaime Masaveu, en el número 21 de la calle Alberto Lista. Desde entonces ya no salió de la Modelo.
El padre del Partido Reformista fue encerrado en el cuerpo central de la prisión, reservado a los presos políticos. Junto a él, el 22 de agosto murieron los ex ministros asturianos Manuel Rico Avello y Ramón Álvarez-Valdés, este último ministro de Justicia de la Segunda República en los gabinetes que presidió Alejandro Lerroux y nacido en Pola de Siero en 1866. Rico, nacido en Trevías (Valdés) en 1886, formó parte del movimiento regionalista asturiano y siguió el mismo movimiento ideológico que Melquíades Álvarez: del republicanismo al centro moderado.
En el amanecer del 22 de agosto de 1936, los presos comunes prendieron fuego a la Modelo, los funcionarios que guardaban la prisión murieron y los milicianos entraron en el penal. Dicen que buscaban a los presos políticos de más edad, y Melquíades era uno de ellos. Casi al final del día, entre las 21.30 horas del 22 de agosto de 1936 y la medianoche, una partida de anarquistas lo sacó de su celda y acabó con su vida. «Que quien fuera el mejor orador de un Parlamento acabara así me parece brutal», aseguró su bisnieto, «parece mentira».
El lugar en el que murió Melquíades Álvarez pudo ser el patio de la prisión o el sótano, según las fuentes que se consulten. El final de uno de los políticos más brillantes que Asturias aportó a España, detenido sin cargos y acompañado por tres ministros y varios falangistas notables, causó un profundo impacto en la sociedad de la época. Tanto como la publicación de dos fotografías de su cadáver.
La muerte de Melquíades Álvarez representó para la derecha española casi lo mismo que la del poeta Federico García Lorca para la izquierda: el ejemplo de la barbarie del otro bando. «Bárbaros, ¿qué hacéis?», les dijo a sus asesinos antes de morir.

Banquete del Partido Reformista con Melquiades Álvarez en el centro

FUENTE:  P. GALLEGO
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