7 de mayo de 2013

La Guía general del viajero en Asturias de Fermín Canella

Avilés en 1899, según Fermín Canella y Octavio Bellmunt

 Puerto de San Juan de Nieva. Fotografía publicada en la "Guía general del viajero en Asturias".
En 1899 , en los talleres de fototipia y tipografía de O. Bellmunt y Compañía, en Gijón, se publica la 'Guía general del viajero en Asturias', obra de 162 páginas, con un mapa de la provincia plegado e ilustrada con fotografías. Se trata de la primera guía turística publicada sobre la región asturiana, y contiene mucha información no sólo de tipo monumental, paisajístico y artístico, sino también acerca del potencial industrial y comercial de las ciudades y villas. La obra propone al viajero varias rutas por ferrocarril y por carretera, de manera exhaustiva para recorrer toda la superficie de nuestra región. Sus autores son Fermín Canella y Octavio Bellmunt, dos destacadas personalidades de la cultura asturiana que por aquel entonces dirigían la publicación en fascículos de la monumental obra 'Asturias', en tres volúmenes.
Fermín Canella y Secades nació en Oviedo en 1849 y falleció en dicha ciudad en 1924. Doctor en Leyes por la Universidad ovetense en 1870, ejerció la abogacía y fue catedrático de Derecho Civil en dicho centro de enseñanza y rector del mismo en 1906. Impulsó, junto con otros ilustres profesores como Aramburu, Altamira, Sela, Buylla y Posada, la creación de la Extensión Universitaria, novedoso experimento de divulgación educativa que despertó enorme interés en toda España.
Desde muy joven se sintió atraído por el periodismo; en 1866 fundó el periódico 'El Apolo' y durante toda su vida colaboró en la prensa regional. Hombre con gran capacidad de trabajo, amplia cultura y enorme amor a su región natal, fue un destacadísimo asturianista y miembro de la prestigiosa sociedad La Quintana. Por sus muchos méritos, fue cronista de Oviedo y miembro correspondiente de la Real Academia Española y de las de la Historia, Bellas Artes de San Fernando, Buenas Letras de Sevilla y Barcelona, además de senador en 1913. Aparte de las obras escritas en colaboración con Octavio Bellmunt, es autor de numerosos e importantes libros, entre los que cabe destacar: 'Historia de la Universidad de Oviedo' (1873), 'Estudios asturianos. Cartafueyos d'Asturies' (1886), 'El libro de Oviedo' (1888) y 'De Covadonga. Contribución al XII Centenario' (1918).
Octavio Bellmunt (izquierda) y Fermín Canella, en 1901. / COL. MELQUIADES CABAL

Octavio Bellmunt y Traver nació en Avilés en 1845 y murió en Gijón en 1910. Hombre polifacético, fue médico, escritor, editor y músico. Tras estudiar Medicina en Madrid y Barcelona, se instaló en la villa gijonesa en 1869, donde alcanzó gran prestigio como médico «especialista en enfermedades de la mujer, partos y de la matriz». Fue también profesor durante siete años del Instituto Jovellanos, además de consumado violinista, coleccionista de obras de arte y propietario de los talleres de fototipia y tipografía de O. Bellmunt y Compañía, donde se imprimió, entre otras, la magna obra 'Asturias: su historia y monumentos, bellezas y recuerdos, costumbres y tradiciones' (1895-1900), dirigida conjuntamente con Fermín Canella y en la que colaboraron los más prestigiosos autores asturianos de la época. Es obra de referencia imprescindible en la bibliografía asturiana. En colaboración también con Fermín Canella, escribió y editó la 'Guía general del viajero en Asturias' (1899).
Avilés en la 'Guía'
Hablando de las «playas de baños de mar», dicen F. Canella y O. Bellmunt en su guía turística: «En vapores diarios puede ir (el viajero) desde Avilés a los baños de San Juan, próximos a la gran dársena en construcción; y a los cinco kilómetros está el nuevo y elegante pueblo de Salinas, hermosa playa con bonito balneario, Biarritz asturiano, que, para mayor semejanza, tiene su próximo San Juan de Luz en la playa de Santa María del Mar (Castrillón)».
Más adelante propone la obra una excursión en tren desde Villabona hasta Avilés, pasando por Cancienes y Villalegre, «que justifica su nombre por nuevos y hermosos edificios bajo la casa de los Bernardo de Vidriero en la parroquia de Molleda. Cerca de la estación está la gran fábrica de azúcar sucursal de la de Gijón». Y a continuación se llega a Avilés, «importante y risueña villa sobre la ría de su nombre.
El caserío y aspecto de la villa son muy agradables, las calles limpias guarnecidas muchas de ellas por anchos soportales, muy convenientes en nuestro país; tiene amplias plazas, como la de la Constitución y la modernamente construida en las Aceñas, desfigurada con un mercado».
Tras relacionar los antiguos palacios e iglesias que conserva la villa avilesina, se mencionan los centros de enseñanza (el Colegio de Segunda Enseñanza antes llamado de la Merced, la Escuela de Artes y Oficios y varias escuelas de instrucción primaria), las sociedades de recreo, los cafés y las fondas (La Serrana, La Iberia y La Ferrocarrilana), así como los «concurridos mercados semanales» de los lunes y las ferias de San Agustín en los últimos días de agosto. «Son sitios deliciosos -dicen los autores de la guía- los paseos del Parque del Muelle sobre el antiguo Bombé; el Parque del Retiro, frondoso bosque sobre la marisma de las Meanas; y la antigua carretera a Oviedo hasta los Canapés». Refiriéndose a los festejos de la villa, escriben: «Las romerías son famosas en toda la provincia por el noble carácter y alegría de los concurrentes y la celebrada belleza de las hijas de Avilés; y es también un espectáculo por muchos conceptos agradable, el de las danzas de la villa en que sobresalen las jóvenes del Rivero y de Galiana cantando cadenciosamente en la Plaza mayor la tradicional danza prima asturiana».
Hay también una exhaustiva relación de los establecimientos industriales con que contaba Avilés (hierros, vidrio, gas, electricidad, azúcar, harina, hilados y tejidos, lejías y betunes, maderas, sidra champagne, salazones, curtidos, etc.) y finaliza el recorrido en el puerto de San Juan de Nieva, cuyo movimiento «aumenta de una manera notable principalmente por el embarque de carbones. Adosada al malecón de la izquierda va una carretera y precioso paseo hasta la villa, terminando en el muelle local de Avilés».
FUENTE:  RAMÓN BARAGAÑO
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La herencia de Fermín Canella

La familia Tolivar Alas ceden al Principado, junto al legado Clarín, el archivo del que fuera rector de la Universidad y amigo del escritor, en el que destacan documentos jovellanistas



El legado de Leopoldo Alas, Clarín, de valor intelectual incalculable no llegará solo a la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala. Englobado en lo que en honor a la verdad debería ser llamado Legado Tolivar Alas, serán cedidos a la mirada y estudio público no sólo la colección de manuscritos, legajos y libros del autor de 'La Regenta', sino también la importante biblioteca de José Ramón Tolivar Faes (1917-1995), eminente historiador y médico, esposo de Cristina Alas, nieta del autor de 'La Regenta' e hija del rector Leopoldo Alas Ureña. También saldrá de la casa familiar el archivo de Fermín Canella (1849-1924), que fue tío de José Ramón Tolivar Alas. No sus libros, que están en el Real Instituto de Estudios Asturianos desde hace años, pero sí sus principales documentos. Algunos relacionados con el mismísimo Jovellanos (1744-1811), ya que Fermín Canella, escritor y cronista de Asturias, que como el hijo de Clarín también asumió el rectorado de la Universidad de Oviedo, fue un apasionado defensor de las ideas del prócer gijonés.
Tal es así que entre los papeles custodiados por la nieta de Clarín y sus dos hijos, Leopoldo y Ana Cristina Tolivar, destaca una carta de puño y letra de Canella enviada, el 27 de agosto de 1909 al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, proponiendo, ya entonces, la publicación de una edición «novísima y completa, ilustrada, documentada y anotada» de las obras de Gaspar Melchor de Jovellanos.
El texto fue editado por el destacado jovellanista José Caso (1928-1995) cuando, por fin en 1982, esa petición elevada al Estado se responde en Asturias con la publicación del primer tomo de esas Obras Completas. En él Fermín Canella hace loa extraordinaria del ilustrado. «... no menos respetable por sus virtudes que admirable por sus talentos, urbano, recto, íntegro, celoso promovedor de la cultura y de todo adelanto en el país, literato, orador, poeta, jurisconsulto, filósofo, economista, distinguido en todos los géneros, en muchos eminente, honra principal de España mientras vivió y eterna gloria de su provincia y familia».
Pero también recuerda el cronista que Jovellanos fue «víctima reiterada de las más inmerecidas persecuciones, soportadas con serenidad y fortaleza», asegurando, cientos de palabras después, que existe «una deuda tan antigua con la memoria purísima y enseñanzas profundas de Jovellanos» que «no debe retardarse más el pago».
En la misiva hacía Canella referencia al que sería primer centenario de la muerte de Jovellanos como ocasión «propicia» para emprender la aventura editorial, que no llegó a realizarse.
Pero no es esa la única referencia jovellanista en la herencia documental de Canella. Es sabido que entre sus legajos se encuentra también el testamento del fraile asturiano Braulio Consul Jove, antepasado suyo, por lo que heredó sus documentos, quien daba cuenta de la existencia de una traducción casi literal de 'Ifigenia', realizada por Gaspar Melchor de Jovellanos, quien trasladó al castellano el romance endecasílabo del francés Jean Racine, que a su vez se había inspirado en la 'Ifigenia en Áulide', de Eurípides.
El manuscrito localizado hace tan sólo unos años por el padre Juan Bautista Olarte, en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, donde residía el fraile Braulio, encuentra, por tanto, en el archivo de Canella y por ende en el legado Tolivar Alas, la primera documentación de su existencia.
Tampoco se agota en esa referencia la relación entre Fermín Canella, íntimo de Clarín (en su biblioteca figura una 'Regenta' dedicada «a mi querido amigo Fermín Canella») y el prohombre gijonés. Otra carta, en este caso de José María Blanco Crespo (1775 -1841), escritor, pensador y periodista que pasó a la historia como 'Blanco White', se une al archivo como nuevo ejemplo de la admiración colectiva por Jovellanos.
Responde en esta caso la misiva a otra que recibe el pensador sevillano en la que se le da cuenta de la muerte de don Gaspar y al hacer acuse de recibo aprovecha para manifestar el profundo respeto, afecto y fascinación que sentía por él. Tal carta, de la que ya dio cuenta otro eminente jovellanista, Julio Somoza (1848-1940), en una de sus publicaciones, recuperará de nuevo protagonismo editorial al ser incluida en un volumen epistolario dedicado a Blanco White en el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, que verá la luz a finales de año.
Los tres documentos son sólo una pequeña parte del importante archivo de Canella, al que hasta hace unos años se sumaba también, entre las pertenencias de los Tolivar Alas, el fondo bibliográfico Rodríguez Mata, que fue legado a la Universidad de Oviedo. Ahora se sabe ya que la totalidad del legado de los herederos de Clarín se quedará en la Biblitoteca de Asturias, donde su catalogación será inminente. 
FUENTE:  PACHÉ MERAYO

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