21 de noviembre de 2012

La II republica española (1931-1936) - 2ª parte

              La II República Española

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LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA (1931-1936) - "los datos"

Antecedentes:

Con la caída del régimen dictatorial de M. Primo de Rivera en 1930 se nombra a Dámaso Berenguer como jefe de gobierno.
Éste no consigue enderezar la situación política, social y económica del país, por lo que es sustituido por el almirante Aznar.
Aznar convoca elecciones municipales que adquieren carácter de plebiscito por parte de casi todas las fuerzas políticas.
La victoria de las izquierdas provoca la caída de Alfonso XIII.
La caída de la monarquía se produce porque sus representantes se habían identificado con todo aquello que el país consideraba caduco y perjudicial (como el caciquismo, el militarismo, la iglesia y la dictadura en su final, etc.)
El 14 de Abril se iza la bandera republicana en Eibar y esta se extiende por todas las grandes ciudades. Se proclama la Segunda República.
Este hecho supone un cambio sustancial en la vida política del país.
En España las consecuencias de la crisis de 1929 llegaron más tarde y no afectaron como a otros países, pero se instauró con rapidez, debido al débil sistema económico basado en su mayor parte en la economía generada por la industria agrícola, que estaba poco desarrollada.

El Gobierno Provisional:
Después de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y con la victoria de los republicanos, se proclama el día 14 de abril de 1931 la Segunda República.
Se creó un Gobierno provisional formado por personas de diversos talantes e ideologías, incluidos antiguos monárquicos como Niceto Alcalá Zamora.
Niceto Alcalá Zamora fue nombrado presidente de la república y el gabinete constituido quedó de la siguiente forma:
Estado (Primer Ministro del gabinete): Alejandro Lerroux.
Ministro de Guerra: Manuel Azaña.
Hacienda: Indalecio Prieto.
Justicia: Fernando de los Ríos Urruti.
Gobernación: Miguel Maura.
Marina: Santiago Casares Quiroga.
Trabajo: Francisco Largo Caballero.
Economía Nacional: Luis Nicolau D’Olwer.
Fomento: Álvaro Albornoz.
Comunicaciones: Diego Martínez Barrio.
Instrucción Pública y Bellas Artes: Marcelino Domingo.

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Este gobierno provisional debería encauzar a España hacia la modernidad y el progreso.
La figura más destacada de este Gobierno provisional fue Manuel Azaña.
Pronto el ambiente de euforia y unanimidad que había acompañado a la proclamación de la República comenzó a desaparecer y aparecieron las discrepancias.
Se aprobó una nueva ley electoral que sustituía a la anterior de la época monárquica.
A finales del mes de junio de 1931 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes.
Los resultados vinieron a confirmar el cambio fundamental que se había producido en la vida política española.
La izquierda consiguió un aplastante triunfo sobre la derecha. Ésta mal organizada con el colapso del régimen monárquico tuvo una representación muy inferior a su fuerza real dentro de la sociedad española.
La Cámara quedó compuesta por una mayoría de izquierda:

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La primera tarea de estas Cortes fue la redacción de una nueva Constitución.
La Constitución de 1931:
La Constitución elaborada fue un fiel reflejo de la composición de la Cámara.
Se trató de una Constitución democrática e idealista, inspirada en el resto de constituciones elaboradas por otros países durante la posguerra mundial.
El Presidente de la Comisión encargada de redactarla fue el socialista Luis Jiménez de Asúa.
Éste la definió como una Constitución de izquierdas pero no socialista.
Los artículos básicos de esta Constitución se basaban en:
  • · Artículo 1º. España es una República democrática de trabajadores de todas clases, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia.
  • · Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
  • · La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y Regiones.
  • · Art. 3º. El Estado español no tiene religión oficial.
  • · Art. 6º. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
  • · Art. 26. Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.
  • · El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios no mantendrán, favorecerán ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.
  • · Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero.
  • · Quedan disueltas aquellas órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes.
  • · Las demás Órdenes religiosas se someterán a una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes y ajustadas a las siguientes bases:
  • · 1º. Disolución de las que por sus actividades constituyan un peligro para la seguridad del Estado
  • · 4º. Prohibición de ejercer la industria, el comercio o la enseñanza.
  • · Art. 27. La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública.
  • · Art. 68. El Presidente de la  República será elegido conjuntamente por las Cortes y un número de compromisarios igual al de Diputados.
  • · Los compromisarios serán elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto.
  • · Art. 81. El Presidente podrá disolver las Cortes hasta dos veces como máximo durante su mandato cuando lo estime necesario.
                                        constitucion
·
En caso de segunda disolución, el primer acto de las nuevas Cortes será examinar y resolver la necesidad del decreto de disolución de las anteriores. El voto desfavorable de la mayoría absoluta de las Cortes llevará aneja la destitución del Presidente.
Además extendió el derecho de voto de la mujer.
Definió el Parlamento como UNICAMERAL.
Creó el Tribunal de Garantías Constitucionales, encargado de dictaminar sobre la constitucionalidad de las leyes.
El Presidente sólo podía ser elegido por un período de seis años y no podía ser reelegido inmediatamente.
El bienio reformista (1931-1933):
Aprobada la Constitución el 9 de diciembre de 1931, las Cortes sancionaron el nombramiento del primer Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora.
Quien a su vez designó como Presidente del Gobierno a Manuel Azaña.
Al no disponer su grupo de mayoría en la Cámara, los dos siguientes años Azaña gobernó en una amplia coalición con republicanos de izquierda y socialistas; lo que permitió que se desarrollara un programa de una gran ambición transformadora y reformista.
Los campos donde mayor trascendencia tuvo esta labor de gobierno fueron los siguientes:
Reforma del ejército:
Reducción de la oficialidad y disminución de la participación en la vida política.
Promulgó la Ley de retiro de la oficialidad. (Podían retirarse con el sueldo íntegro).
Los que permanecían en servicio debían de mostrar su adhesión al nuevo régimen.
Pasó de 21.000 a 8.000 oficiales y generales, logrando una mayor proporcionalidad del los efectivos y los mandos.
Suprimió el Consejo de Justicia Militar y desapareció la academia militar de Zaragoza.
Se suprimieron los ascensos por méritos de guerra.
Una gran parte del ejército se sintió ofendido, en especial los africanistas.
Reforma o cuestión Religiosa:
En 1931 había en España casi 110.000 religiosos, 32.600 del clero secular y 77.000 del regular, pertenecientes a 42 órdenes masculinas y 178 femeninas; la proporción de religiosos por habitantes (uno cada 493) era la más alta del mundo después de la de Italia; la Iglesia declaraba poseer doce mil fincas rústicas y más de ocho mil edificios urbanos, a los que debían sumarse otras miles de propiedades no escrituradas; además, de acuerdo con el Concordato de 1851, el Presupuesto del Estado era el sostenedor de este verdadero ejército religioso, a lo que se añadían las aportaciones de los fieles y las rentas del patrimonio.
Separación entre Iglesia y Estado
Libertad de conciencia y de procesar diversos cultos.
Estableció el divorcio.
La secularización de los cementerios.
La supresión del presupuesto del clero en dos años.
La prohibición de órdenes religiosas que no reconocieran otro poder y autoridad que la del Estado.
Ley especial para Órdenes religiosas.
Creó una fuerte separación entre los católicos y religiosos de las políticas del nuevo régimen.
La lucha política se volvió una lucha religiosa y de ideales aconfesionales y laicos.
Esta lucha se fue radicalizando, lo que perjudicó seriamente a la República.
El problema de las autonomías regionales:
Problema autonómico catalán, solventado con el Estatuto de Nuria firmado en 1932 y que daba autonomía en las políticas sociales y económicas a Cataluña, excepto en las materias de Defensa, Aduanas y Asuntos Exteriores que dependían del gobierno central de Madrid.
Problema autonómico del País Vasco, al que en cambio no se le dio ninguna solución, a pesar de que se redactaron dos proyectos de estatuto, que no llegaron a las Cortes.
La reforma agraria:
Fue la que tuvo mayor importancia dado el papel que desempeñaba la agricultura en la economía del país (España en su mayoría era un país agrícola).
El problema agrícola venía arrastrado desde hacía siglos y se había agudizado con la crisis económica del 1929.
El campo estaba en su mayoría en manos de terratenientes, las explotaciones no estaban desarrolladas (agricultura poco avanzada tecnológicamente y técnicamente).
La explotación del trabajador del campo era un problema, con jornadas muy extensas y poco salario, o incluso por economía de subsistencia (hogar, comida y mini explotación para consumo propio).
La reforma agraria fue aprobada después de discusiones eternas en las Cortes que prolongaron el problema a causa de su complejidad (Se establecieron hasta 13 formas diferentes de expropiación de los terrenos).
Creó muchas esperanzas y expectativas que se vieron después no cumplidas, creando desencanto y radicalismo entre la gente del campo, sobre todo entre los más jóvenes.
Su aplicación se encomendó al Instituto de Reforma Agraria dotado de una organización que pretendía ser técnica, pero que se convirtió en burocrática.
Además no disponía de los medios adecuados y del personal debidamente formado.
Los campesinos llegaron a la conclusión de que sólo a través de la revolución conseguirían mejorar su sistema de vida.
Las reformas laborales:
Dirigidas a mejorar la vida de los trabajadores.
Se crearon las Delegaciones de Trabajo.
Los seguros sociales.
Se redujo la jornada laboral (especialmente en el campo).
Se propuso un gran plan de obras públicas para fomentar el empleo público (Plan de ferrocarriles de Madrid, etc.).
A la labor de Largo al frente del ministerio se le puede objetar la ausencia de un plan general contra el paro, en parte paliado con la inversión en grandes infraestructuras.
Aunque no fueron suficientes para paliar la crisis económica y el paro.
Las reformas educativas:
Emprendidas durante el primer bienio republicano, quizás fueron de las más acertadas y que éxito tuvieron, aunque también generaron por deficiencias estructurales y económicas problemas.
Era deseo del régimen republicano que la cultura se extendiera a todos los niveles y que el país abandonara el analfabetismo, aunque se había mejorado mucho en la época de Alfonso XIII.
La falta de fondos fue uno de los problemas más difíciles de superar, ya que al asumir parte de la enseñanza primaria y secundaria que ejercía el clero se auto creó un problema de financiación y de estructura en la enseñanza pública.
Aún así la República creó más de 10.000 escuelas
El presupuesto de educación se incrementó en un 50% y se aumentó el sueldo de los maestros.
Se crearon las misiones pedagógicas para llevar la cultura a las zonas rurales.

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Los adversarios del programa de Manuel Azaña estuvieron tanto en la derecha como en la izquierda.
La extrema derecha y la derecha monárquica pensaban que el régimen había adquirido un tono demasiado radical hacia la izquierda. Intentaron llevar a cabo una conspiración en 1932 contra el régimen republicano.
La izquierda más radical, compuesta por el anarquismo y parte del campesinado intentaron tres sublevaciones durante 1931 al 1933, radicalizando cada vez más sus acciones.
Los incidentes provocados por los grupos radicales deterioraron la imagen del gobierno que no supo actuar con rapidez y diligencia.
La sublevación de Casas Viejas por parte de un grupo de anarquistas fue reprimida con dureza y se fusilaron a varios anarquistas, una vez sofocada la rebelión.
Este hecho hizo que se rompieran todas las posibilidades de entendimiento entre el gobierno y el movimiento anarquista.
Balance del primer bienio:
Se hizo un gran esfuerzo reformista, muy superior a cualquier otra época anterior en la historia española.
El tratamiento dado a la cuestión religiosa fue contraproducente para el gobierno republicano. El país se dividió más que en una lucha ideológica, en una lucha religiosa.
Alejó del régimen a una parte muy importante de la sociedad española, que no se vio representada en el mismo.
La reforma militar reguló y modernizó al ejército, pero también sirvió para dejar descontento a una parte importante del estamento militar.
La reforma de la educación fue uno de los grandes logros del gobierno republicano y mejoró mucho el nivel formativo de la sociedad, aunque no pudo terminar de desarrollar totalmente el plan al carecer de fondos suficientes.
El problema autonómico no quedó totalmente resuelto, por lo que los nacionalismos se fueron radicalizando y exharcebando cada vez más.
Las reformas laborales aunque mejoraron mucho la calidad laboral fueron insuficientes, ya que no se mejoro la situación de paro y la economía estaba afectada por la crisis.
La reforma agraria fue el mayor fracaso del gobierno, ya que este no le concedió la prioridad necesaria, promoviendo la radicalización del medio rural y además demostró la incompetencia para llevarla a cabo (Falta de medios y formación de los encargados en ponerla en práctica).
Aunque se intentó un gran plan reformista, el gobierno careció de voluntad liberal y de deseo de acoger a todos los españoles bao las instituciones republicanas.
Las diferencias entre los distintos sectores republicanos dejaron entrever la capacidad de llegar a consensuar políticas comunes que reforzaran a la República.

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El segundo bienio:
Antes de las elecciones convocadas para noviembre de 1933, el panorama político había variado susceptiblemente de las pasadas elecciones.
En primer lugar:
El electorado tenía la oportunidad de expresar el grado de apoyo que otorgaba al reformismo del primer bienio, y así fueron presentadas las elecciones por los grupos de la oposición.
En segundo lugar:
Se habían modificado artículos importantes de la ley electoral, que permitían una rentabilización mayor de los votos obtenidos a las fuerzas que alcanzaran coaliciones lo más amplias posibles
Además existía la incógnita de los seis millones de votos de mujeres que votaban por primera vez
Por último,
La aparición de nuevos partidos, el desgaste de la labor de gobierno, y las tensiones acumuladas en la coalición republicano-socialista, hacían vislumbrar un resultado imprevisible
Los partidos republicanos se presentaron divididos y muy enfrentados en su disputa por un mismo electorado de centro
En el Partido Socialista aparecieron graves enfrentamientos entre sus líderes, con opiniones opuestas ante la posibilidad de coaligarse con otros grupos republicanos o tratar de obtener el poder en solitario
Los radicales de Alejandro Lerroux afianzaron su imagen de centro republicano, coligándose en algunas circunscripciones con fuerzas de izquierda o de derecha según las posibilidades.
Pero sin duda fue la derecha la que más esfuerzos movilizó para alcanzar una amplia coalición electoral.
El 12 de octubre se alcanzó la Unión de Derechas y Agrarios, en el que se reunían las candidaturas de la CEDA, los alfonsinos, los tradicionalistas y los independientes agrarios y católicos; el peso de la CEDA se manifestó en la elaboración de listas, lo que permitió una máxima rentabilidad parlamentaria de los comicios.
La diversidad de grupos dentro de la CEDA explica las dificultades con que se encontraba el sector dirigente del partido.
La posibilidad de colaboración entre estas dos fuerzas era muy limitada, ya que diferían en puntos de gran importancia.
Desde 1933 a octubre de 1934 los gobiernos fueron exclusivamente radicales.
En octubre la CEDA obtuvo tres carteras en el Gabinete. Hecho que provocó la protesta de la oposición.
Se produce un período de gran inestabilidad política y donde los acuerdos entre los partidos cada vez eran más difíciles y los radicalismos iban en aumento.
La revolución de octubre de 1934:
La polarización de la política española durante el período republicano hizo que cada vez más pudiera dibujarse una línea de separación entre derecha e izquierda.
La tensión entre ambos polos estalló con el nombramiento de los ministros de la CEDA (ya que sus miembros no habían realizado declaración de fe republicana), aunque venía preparándose con anterioridad.
La protesta de los grupos políticos del resto del arco parlamentario se vio completada con la declaración precipitada de una huelga general.
Esta huelga resultó un fracaso en la mayor parte de España, dado que la CNT no quiso participar en ella y los socialistas no emplearon toda su capacidad movilizadora en zonas como Madrid y el País Vasco, donde disponían de gran poder político y sindical.
Sin embargo, en dos lugares el desarrollo de la huelga degeneró en acontecimientos de una enorme gravedad.
En Barcelona el Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, fue desbordado por el nacionalismo radical y proclamó nuevamente el Estat Catalá dentro de una República Federal Española.
Sus intentos de apoyarse en la extrema izquierda, la milicia autóctona y la oficialidad del ejército fueron inútiles y su insurgencia fue rápidamente sofocada, aunque los combates tuvieron como resultado medio centenar de muertos. En represalia por este pronunciamiento el estatuto de autonomía catalán fue suspendido, Companys enjuiciado y condenado a muerte, aunque fue indultado.
En Asturias, bien organizada y con un apoyo masivo, la huelga triunfó y alcanzó categoría de revolución social. La crisis minera que se venía arrastrando desde los años anteriores favoreció la unión de todos los sindicatos y su movilización bajo la consigna UHP (Unión de Hermanos Proletarios). El orden revolucionario fue impuesto en las cuencas mineras, Gijón y Avilés, sometiendo a Oviedo a un cerco en toda regla. Para reprimir el levantamiento revolucionario se hizo precisa la declaración del estado de guerra y la intervención del ejército colonial, dirigiendo la campaña el general Francisco Franco. En algunos lugares el enfrentamiento tuvo tintes de auténtica guerra civil; se produjeron más de mil muertos, tres mil heridos y unos treinta mil detenidos, además de unos enormes destrozos materiales. La ejecución de treinta y cuatro sacerdotes, varios guardias civiles y paisanos de notoriedad conservadora alarmó a la opinión pública derechista que exigió medidas represivas a la altura de los acontecimientos. El ejército, y en especial la Guardia Civil, desataron una represión durísima con ejecuciones sumarias y torturas. Aunque hubo decenas de condenas a muerte sólo se ejecutaron dos, contra la opinión de la CEDA que quería una represión mucho mayor sobre los dirigentes revolucionarios.

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Este estallido revolucionario fue considerado el más importante de Europa después de la revolución rusa.
Estos dos hechos dejaron heridas entre las distintas facciones (derechas e izquierdas) difíciles de cicatrizar, es más, se podría decir que era un preludio de lo que sucedería posteriormente.
La izquierda actuó demostrando falta de paciencia y de confianza en sí misma y olvidó los procedimientos democráticos.
La reacción en contra de la revolución fomentó la desunión entre las fuerzas del centro derecha y aumentó la influencia de la derecha más radical.
Las consecuencias de la revolución de octubre estuvieron a la altura de la gravedad de los acontecimientos
Aunque la izquierda salió debilitada, el efecto final fue la percepción de sus líderes de la necesidad de unirse para derrotar al bloque radical-cedista, lo que acabó dando origen a la coalición del Frente Popular.
En el bloque gobernante la represión de la revolución dividió profundamente a las fuerzas de centro y derecha, aumentando en ésta la influencia de la extrema derecha; los temores a una revolución generalizada en buena parte de la sociedad conservadora fueron utilizados por los sectores más radicales de la derecha para fortalecer lo que hasta ese momento habían sido simples grupúsculos muy minoritarios y alcanzar formaciones política susceptibles de movilizar masas; fue en ese momento cuando se produjo la unificación de distintos grupos de extrema derecha en el partido Falange Española; la notoriedad del liderazgo de José Antonio Primo de Rivera sirvió para incentivar la tendencia filo-fascista de la derecha.
Las dificultades entre el Presidente de la república Niceto Alcalá Zamora, y la coalición gobernante explican la esterilidad política de esta etapa.
La Contrarreforma agraria, suponía deshacer lo avanzado en 1931 a pesar de las deficiencias.
Los escándalos administrativos protagonizados por políticos del Partido Radical (tuvieron que dimitir los implicados) fueron utilizados políticamente por la izquierda en contar del gobierno.
Balance del segundo bienio:

Podemos definirlo como un balance negativo, tanto es así que fue calificado por algunos como “el bienio negro”.
Se caracterizó más por su esterilidad e inestabilidad que por su carácter reaccionario.
La inestabilidad política de este bienio estuvo causada por el imposible entendimiento entre radicales y cedistas.
Si ya era difícil el entendimiento entre la derecha, más lo era con la izquierda que ni siquiera había aceptado los resultados de las elecciones de noviembre de 1933.
Las elecciones del Frente Popular:
Tradicionalmente se han presentado las elecciones que tuvieron lugar el 16 de febrero como la última oportunidad para la República, como la manifestación de la ordenación política española en dos bloques irreconciliables e incluso como preámbulo electoral de la Guerra Civil que asolaría el país meses después
Sin embargo, a comienzos de 1936 nadie contemplaba la cita electoral en ese sentido, sino más bien como un nuevo enfrentamiento legítimo para redefinir la orientación de la República:
1. En realidad el bloque de derechas no llegó ni siquiera a consolidarse, el centro estaba sustancialmente dividido y sólo entre la izquierda y centro-izquierda se fraguó una coalición electoral, el Frente Popular.
2. La derecha, tras la experiencia de su paso por la administración, sufrió un doble proceso de división y radicalización. Miembros de la CEDA descontentos con la política de participación en instituciones republicanas, antiguos monárquicos y republicanos independientes se habían reunido en el Bloque Nacional, liderado por Calvo Sotelo, de marcado tono autoritario y con veleidades monárquicas y filofascistas a un tiempo
3. Con planteamientos más radicales aún se encontraba la formación dirigida por Primo de Rivera, que definitivamente logró reunir en torno a sí a los grupos de línea explícitamente fascista bajo las siglas de FE de las JONS. (Falange Española de las JONS)
La gran novedad de las elecciones de febrero de 1936 fue la constitución de la mayor coalición electoral que lograra reunirse en todo el período republicano: El Frente Popular.
Las gestiones para la formación de un gran bloque se iniciaron a comienzos de 1935, con la reunión de prácticamente todos los partidos de la izquierda republicana en la coalición de Conjunción Republicana; ésta invitó a los líderes socialistas a integrar una “coalición de partidos de izquierda“.
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El Gobierno del Frente Popular y la pendiente hacia la Guerra Civil:
El 19 de febrero se constituyó el nuevo Gobierno, presidido por Azaña y con miembros de su partido y de Unión Republicana; la marginación de los socialistas fue pactada, pues no se quería dar la impresión de un cambio demasiado brusco
La labor de este nuevo gobierno de Azaña se atuvo al programa conjunto del Frente Popular:
1. Reapertura del parlamento catalán
2. Reinicio del proceso autonómico del País Vasco
3. Promulgación de una amnistía general
4. Aceleración de la reforma agraria.
El asunto legislativo más delicado fue el cuestionamiento en las Cortes de la figura del presidente de la República Alcalá- Zamora.
Por iniciativa socialista y en la única votación en que derechas e izquierdas alcanzaron un acuerdo en este período, el Presidente fue recusado y, en consecuencia, debió resignar sus poderes.
El 10 de mayo las propias Cortes nombraron a Azaña como Presidente de la República.
Éste encargó la formación de gobierno al líder socialista más moderado, Indalecio Prieto; pero al no contar con la conformidad de otros dirigentes de su partido, debió renunciar al encargo
El Presidente del Gobierno fue finalmente Casares Quiroga, del partido de Azaña, que formó un gabinete continuista con respecto al anterior etapa de Azaña.
Pero lo más importante de este período fue el desarrollo de una doble dinámica política:
Primera: El gobierno y las Cortes, a pesar de las dificultades del momento, mantenían la legalidad constitucional y desarrollaban el programa que les había llevado a sus cargos.
Segunda: En las calles proliferó una actuación radical que llevó a graves altercados de orden público. Anarquistas, radicales socialistas y miembros de la extrema derecha, usualmente por iniciativa propia y no siguiendo las dirección de sus partidos, generaron una dinámica de violencia y tensión social que ocasionó frecuentes enfrentamientos y atentados con el resultado de unos trescientos muertos y mil trescientos heridos de febrero a julio de ese año
A ello hay que sumar la ocupación ilegal de tierras y los atentados a instituciones religiosas, lo que contribuyó decididamente a inclinar a la derecha moderada hacia soluciones anticonstitucionales
Los grandes beneficiados de esta pérdida del control público fueron los grupos extremistas, fuerzas con escasa o nula representación parlamentaria, pero con una gran capacidad de movilización de grupos de agitadores o, sencillamente, de terroristas.
El gobierno se veía incapacitado para frenar esa espiral de violencia y esperaba que, tanto el reforzamiento de la disciplina desde la dirección de los partidos, como el aumento de las fuerzas de orden público, acabaran con el clima de inestabilidad.
Pero ambas medidas tardaron en producirse y la agitación callejera alcanzó su cenit el 12 de julio; pistoleros falangistas asesinaron al teniente de la Guardia de Asalto José Castillo, de conocida filiación socialista
En respuesta, al día siguiente compañeros de ese cuerpo asesinaron al principal dirigente de la extrema derecha, José Calvo Sotelo.
La conspiración militar que se venía preparando desde hacía meses encontró la excusa necesaria para alzarse contra la República.

Fuente: Autor-Jordi Carreño

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