10 de febrero de 2018

La revuelta de Cimadevilla en Gijón


El motín de las pescaderas de Cimavilla 1898
Cimavilla antes de 1898, con la farola en el Cerro de Santa Catalina que fue derribada al entrar en guerra con EEUU.
Mientras a España se lo moría un imperio, en Filipinas y en Cuba, donde morían a su vez, sin fosa y sin remedio, los jóvenes hijos que la patria había mandado allí a sofocar los movimientos independentistas
Batallón de 'voluntarios' rumbo a la mas que segura muerte, defendiendo una patria por 1.500 reales. 1896, foto cortesía de Don Manuel de Cimavilla
Aquí en España sus madres estaban llegando al límite de su abnegada paciencia ante los abusos de los gobiernos locales, alcaldes que gobernaban de espaldas al pueblo y colocados en sus cargos por el pernicioso sistema caciquil y corrupto, dedicándose a contentar y beneficiar a los poderosos.
Tanta insensibilidad gubernamental estaba alimentando un polvorín que tendría que estallar más pronto que tarde. Y en cualquier situación donde la razón esté ausente, los daños serán siempre desproporcionados.
Mujeres que vienen y van trabajando, por la cuesta del Cholo o de las ballenas. foto postal
Hacía pocos días que Gijón estuvo de triste fiesta, un desfile entre heroico, grotesco y amargo donde las levas de jóvenes asturianos pasearon por las calles de Gijón rumbo a embarcarse en barcos-ataúd, que los llevarían a la gloria a unos pocos y a la muerte a unos muchos, hubo oligarcas de Gijón que ofrecieron públicamente en pasquines y diarios, recompensas al valor desmedido, ofreciendo un “premio” de 200 pesetas, (el jornal de un año), al primer “inutilizado” en combate, esto es, muerto o lisiado. Estaban entonces las madres rumiando su dolor ante la insondable lejanía de las penurias de sus hijos.
Fotografía de Don Juan Martín Merino
Soportando en su honda fortaleza, las duras condiciones laborales y lo más indignante: los excesivos impuestos de consumos aplicados por la municipalidad gijonesa en los respectivos fielatos de la villa, La Rueda, Puerta de La Villa, Coto de San Nicolás y en el de la Rula, donde se incrementaba el precio de venta de productos de auténtica primera necesidad; carbón, legumbres, cereales, harinas, jabón, velas, conservas, carnes, pescados, aceites, vinos, sidra, cerveza…(bebidas de imperiosa necesidad ante la insalubridad del agua de Gijón).
Pescaderas de Cimavilla.
El detonante de la revuelta fue la actitud de un agente de la ley que le requisó dos pescados a una vendedora de Cimavilla, las demás vendedoras se solidarizaron con ella, cerraron sus puestos y fueron a la cercana alcaldía con la intención de parlamentar con el alcalde; Don Tomás García Cuesta, quien se negó a recibirlas, no contento con desatender las justas demandas de su pueblo, horas más tarde encarcelaría a dos pescaderas porque al paso del alcalde por delante del Mercado del Adobo, fueron acusadas de increpar a tan alta autoridad.
Campo de Jovellanos. Foto de Don Juan Martín Merino 
Este hecho autoritario, terminó de caldear un ambiente, ya hostil de por sí, la tarde fue violenta, el ayuntamiento fue apedreado, rompiéndole la mayoría de cristales, de allí a la fábrica de harinas de Zarracina que sería apedreada y sufrió la rotura de toda su cristalera, ira desbocada que se desplazaría a las casas y comercios de algunos industriales gijoneses. 
Pescaderas delante del Mercado del Sur, hacia principios de los noventa del pasado siglo. Diario El Comercio.
Al día siguiente, a las amotinadas pescaderas, se les unieron las trabajadoras de la Fábrica de Tabacos y de otras empresas del Natahoyo y del Llano; el día amaneció con la noticia de la detención del director del diario El Noroeste por cubrir los hechos (tirada de 600 ejemplares), lo que terminó de encrespar los ánimos, aun siendo este diario co-propiedad de Don Tomás Zarracina cuya empresa había sido saqueada, el diario trataba de ser veraz.
Un coche Overland en las calles de Cimavilla en el año 1915, matricula 487. Fotografía de Juan Martín Merino.
Entonces se cometieron saqueos generalizados por toda la ciudad, en muchos comercios y almacenes fueron sacados con violencia los productos a las calles y vendidos a un precio que las amotinadas consideraban que era el justo, hubo demasiada violencia en las calles, enfrentamientos con la guardia civil, se quemaron comercios, se incendiaron los fielatos.
Calle Recoletas, fotografía de Don Juan Martín Merino.
Ante la ausencia del poder civil local, hubo de ser el Gobierno Asturiano quien interviniera, declarándose el estado de sitio y el régimen militar para sofocar los ánimos; en reunión extraordinaria en la alcaldía el alcalde presentó su dimisión, siendo nombrado en su lugar el primer teniente de Alcalde; Don Francisco Prendes Pando, quien inmediatamente publicó un decreto con la supresión del malhadado impuesto de consumos y la promesa de tomar urgente acuerdo para evitar la carestía del pan, esto apaciguó los ánimos, y lentamente la ciudad se fue calmando.
La Torre de la Cárcel (Torre del Reloj) vista desde el campo Valdes
Aquellos días adversos no serían los únicos de zozobra, años de desencuentros y fallidas negociaciones, ora un gremio, ora otro, un año un sector industrial y otro año el otro, tres decenas de años enfrascados en conquistar unos derechos que cualquier ser medianamente razonable, catalogaría como elementales, pero que costaron vidas y agriaron y agrietaron la convivencia, desembocando en 1936, en la peor de las soluciones.
Muro y mercados, al lado de la playa el del Adobo o 'el Ataud' por sus formas, Foto postal de Vinck.
Sin embargo este pueblo admirable y festivo tuvo tiempo en medio de todas las desavenencias humanas, a divertirse y a disfrutar de una vida que pudo haber sido más placentera a poco que se cediera de ambas partes. Así de Cimavilla salieron a las calles de Gijón sus mujeres hermosas, pescaderas con unos productos más frescos que su lengua vivaracha y mordaz, alegrando las calles que son la vida de una ciudad. Sus marineros se dieron a la mar y su juventud inagotable formó equipos de fútbol de gran tradición en el fútbol local y regional. No tuvieron nunca un “prau afayadizu” donde jugar en su barrio, pero contaban con una playa inmensa para entrenar, de allí salieron grandes glorias del fútbol nacional; Herrerita, Tamargo, Pio… 
Campeones de Asturias. Fotografía de Don Juan Martín Merino
Hermanados con Ceares, como con toda la ciudad, hasta allí se iban los “playos” en el día de Santiago a la romería del Bonito, sus calles enrevesadas y difíciles, le dieron muchos hijos a Gijón, marineros, pescaderas, Cimavilla le dio a Gijón, un amor de hombre, en el alma de un poeta, que se nos murió en la cárcel del Coto, por amar a Gijón: Pachín de Melás
Don Emilio Robles Muñiz, Pachín de Melás ( Contracay 1877-El Coto 1938)

FUENTE:HERNÁN PINIELLA IGLESIAS




Hernán Piniella Iglesias, es un Maestro Industrial jubilado ávido  buscador de la historia local de Gijón.






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