3 de febrero de 2018

Cuando Gijón tenia sed

El agua de Nava llega a Gijón
Multitud asistente a la inauguración, también estaba reventar la calle Covadonga.
Aun no se habían apagado los ecos de las celebraciones de la traída de agua de Llantones cuando nuevamente Gijón tenía sed
Arrastrando la tubería para el agua
Hernán Piniella Iglesias
 
Tan solo nueve años después de la llegada del agua desde el manantial de Leorio y con motivo de los fastos de la Exposición Regional de 1.899 se evidenció que iba a hacer falta mucha más agua. La ciudad crecía de un modo vertiginoso y las previsiones del aumento demográfico eran un constante y pertinaz dolor de cabeza para el consistorio gijonés. Además estaba latente el problema de los continuos brotes epidémicos de fiebres tifoideas, siendo las más acusadas las de los años 1.910 y 1.911, que se creía eran a causa de la insalubridad de las aguas, lo que llevo al ayuntamiento a solicitar un análisis físico-químico-bacteriológico al prestigioso Instituto Imperial de Berlín, que determinó que el agua de Llantones no era plenamente potable. 
El agua de Nava, llega a Los Campinos de Begoña
Pero al menos no se habían encontrado en las muestras rastros del temible bacilo de Eberth.
Así en 1.912 comienza la nueva búsqueda de aguas para abastecer el consumo de la ciudad, en primera instancia se realizan las obras de construcción del tercer depósito de Roces, que una vez concluido pese a las dificultades orográficas, garantizaba unas reservas de agua a toda la población, para poco más de treinta días.
Surge entonces la figura imponente del ingeniero Don Fernando Casariego, quien en 1.914 aporta un minucioso informe con cuatro opciones que debería valorar el ayuntamiento, primeramente la explotación del manantial de Deva, en segundo lugar la posibilidad de hacer una traída desde la sierra del Aramo a mucha más altitud, la tercera opción era la extracción del profundo acuífero sito entre Somió y Cabueñes, de muchísima dificultad técnica para los medios tecnologicos de la época, mientras en cuarto lugar se sugería la traída de la necesaria agua potable desde los manantiales de La Bobia y Perancho ambos en el concejo de Nava. Siendo esta última propuesta la más recomendable por su viabilidad.
Prensa del día 9 de Diciembre de 1.930. el alcalde Don Claudio Vereterra y Pola abre el grifo.
Este proyecto presentado conjuntamente con el ingeniero Fernando De La Guardia, asumía la construcción de más de 40 kilómetros de canalizaciones desde Nava hasta Roces, y se había calculado un detallado presupuesto por un montante de 2.150.000 pesetas.
Este elevado precio, hizo titubear al consistorio siempre al borde de la ruina, que archivó el proyecto, ya que además de su elevado coste, no garantizaba el abastecimiento de la ciudad ni siquiera a medio plazo, dado el ritmo que tenía el incremento de la población.
Nueve años más tarde en 1.923 se saca un nuevo concurso de ideas para solventar el acuciante problema de agua, con continuos cortes y racionamientos. Las dos premisas fundamentales es que los proyectos presentados deberían garantizar un mínimo de 200 litros por segundo y que dichas aguas no ameritasen ser potabilizadas.
La Fuentona de Los Arrudos por dentro, para Gijón no valía una 'fuentina'
Como solución provisional el ayuntamiento acometió las obras de un nuevo depósito en Roces con una capacidad de 100.000 metros cúbicos por el que se terminó pagando 2.166.000 pesetas… y diez años antes no quisieron emprender obras por ese mismo precio.
Del concurso si bien se premiaron todas las propuestas para poder guardarlas, por si acaso en un futuro debían echar mano de alguna, (incluso las hubo que proponían traer agua de los Picos de Europa), todas fueron desestimadas.
En 1.925, nuevamente Don Fernando Casariego, ofreció la posibilidad de traer agua pura de montaña, desde un manantial cercano a la aldea de Caleao en el concejo de Caso a poco más de 50 km en línea recta de Gijón, un agua cristalina de un manantial a más de mil metros de altitud, con un caudal mínimo en verano de más de 200 litros por segundo que sumado a los 100 litros que aportaría el manantial de Perancho, garantizarían agua a Gijón por un periodo estimado de más de cincuenta años, al ritmo de crecimiento demografico de entonces. Se calculaba entonces que para el año 1.970 Gijón tendría poco más de 100.000 habitantes.
Casa de tomas de La Fuentona de Los Arrudos
Por fin el ayuntamiento apremiado por la acuciante necesidad, aprobó el proyecto en sesión de pleno municipal el día 14 de Diciembre de 1.925.
Las obras se iniciaron en 1.929 una vez superados todos los requisitos legales, y de un presupuesto inicial de más de 5 millones, una cuarta parte fue destinada a pagar las pertinentes expropiaciones. 
En la primavera de aquel año arrancaron las obras. Las más alejadas en las inmediaciones del manantial de La Fuentona en Caso adquirieron ribetes titánicos, por la precariedad de los medios técnicos de entonces y la dificultad del terreno.
A la misma vez se comenzó la obra del manantial de Perancho en Nava (se había desechado el de La Bobia), mucho más asumible y a cuyas canalizaciones se entroncaría cuando estuviera listo el ramal que vendría desde Caso.
Diario El Noroeste del día 9 de Diciembre de 1.930
Nuevamente una obra que se había propuesto casi en los albores del siglo, entre unas cosas y otras, se dilató por más de treinta años para poder verse terminada. 
El agua de Nava llegaría a la ciudad al toque del Ángelus el día 8 de Diciembre de 1.930, siendo inaugurada por el alcalde de Gijón, Sr. Claudio Vereterra quien abrió el grifo en Los Campinos de Begoña ante una impresionante multitud, los festejos incluyeron repique de campanas, suelta de globos y dos monumentales verbenas.
Gijón pecó de arrogancia (Donde hay santo nuevo…) y cerró la traída de Llantones. Pronto la ciudad tendría sed, dado que la llegada de la República paralizó la obra de Los Arrudos (España no estaba ni para romerías ni para traídas).
Diario El Comercio del día 9 de Diciembre de 1.930
Nuevamente se sucedieron los cortes de agua y el racionamiento, a pesar del consumo consciente que se hizo del líquido elemento, usándose incluso agua del mar para las obligadas limpiezas municipales y lavado del alcantarillado. 
Los sucesivos gobiernos municipales, se las ingeniaron para con pequeñas partidas del presupuesto municipal, optimizar la red urbana y aumentar los ingresos con los pertinentes cobros de recibos. 
Tuvimos la inmensa fortuna de tener concejales de Gijón que ante la escasez de fondos recurrían al ingenio playu, en cierta ocasión ante la vacia caja municipal y la urgencia de hacer un proyecto, el concejal al mando de la obra solicitó se hiciera el cargo.
Proyecto de 1.914, dieciséis años para llevarlo a cabo
Requerido por el administrador municipal referente a quien se le cargaba el dinero, el otro respondió:

-¡ Hagamoslo con cargo al deficit...!
Y se hizo.
Al inicio de 1.936 casi todo Gijón estaba enganchado a la red municipal, El Llano, La Braña, Tremañes, Los Campones, El Natahoyo, La Calzada, Jove y hasta El Musel.
Gijón ya tenía agua pura, pero entonces le faltó la paz.
El ingeniero Don Fernando Casariego Terreros

FUENTE: HERNÁN PINIELLA IGLESIAS 



Hernán Piniella Iglesias, es un Maestro Industrial jubilado ávido  buscador de la historia local de Gijón.







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