3 de agosto de 2015

Los hornos de cal (Caleiros), un trozo de la historia de Asturias

La cal que levantó Asturias

Horno de cal humeando. Los “Caleiros” En las zonas de sustratos ácidos en Asturias, eran hasta principios del s.XX imprescindibles para obtener cal para labores de construcción y como "enmienda" para los suelos cultivados
La declaración como bienes de interés cultural de 31 hornos tradicionales rescata una joya etnográfica que aportó materia prima de albañilería y abono durante siglos
El Caleiro d´A Cruz, en Ouria, Taramundi.
Los hornos de cal levantaron Asturias durante siglos. Los más veteranos de determinadas zonas rurales de la región aún los recuerdan humeantes. De aquellas tripas salía la materia prima para la elaboración de morteros y para el abono de tierras. La huerta y la casa, alimentadas por los hornos que requerían cantera de piedra y combustible en forma de leña de monte bajo. El tercer ingrediente, el tiempo.
La mayoría de los cientos de hornos de cal que funcionaron en Asturias está hoy perdida. Muchos de los que quedan lo hacen en precario, comidos por la vegetación. El Principado acaba de seleccionar un grupo de 31 ejemplares de quince concejos asturianos para convertirlos en bienes de interés cultural (BIC). A partir de ahora gozarán de protección.
Y no es para menos. En ellos reposa un trozo de la historia de la región. El uso intensivo de la cal explica la proliferación de caleros (también conocidos como caleiros o caileros). El expediente de declaración de bien de interés cultural, publicado esta semana en el BOPA, explica que había caleros en casi todo el territorio asturiano aunque "existían zonas de notable concentración, como la ría del Eo, los valles de Cangas del Narcea y Tineo, la ría de Villaviciosa o el concejo de Llanes". Tan solo en este último municipio, el catastro del Marqués de la Ensenada cita a mediados del siglo XVIII un total de 177 hornos.

Caleiro en Asturias
Hermano pobre
Son un elemento etnográfico de primer orden pero no han corrido la misma suerte que otros. De hecho son los grandes olvidados a pesar de que resultaron básicos en el devenir cotidiano del campo astur en época preindustrial.
El abandono de su utilización fue progresivo, se inició en el siglo XIX y se consumó a mediados de los años sesenta del siglo XX. Es en esa década cuando se generaliza el uso del cemento portland y el rápido despoblamiento del campo. Desde entonces la mayoría de los hornos de cal marchitan en soledad.
Hay excepciones. El inventario de la Consejería de Cultura se inicia con el expediente al Caleiro d'A Cruz, en la parroquia de Ouria. Es concejo de Taramundi pero está muy cerca de Vegadeo, a pie de carretera y señalizado. Planta circular, forma abotellada, altura de más de cinco metros y en un entorno que permite la visita. Fue construido hacia 1930 y está documentado que se mantenía en actividad a mediados de los cincuenta. Funcionaba con carbón de cok que era transportado a lomos de mulas desde Vegadeo, y hoy forma parte de un área recreativa.
De las 31 nuevas referencias BIC tan solo seis merecen para los técnicos la calificación de "buen estado". La mayoría se queda en "aceptable", muchos no pasan de "deficiente" y alguno entra de lleno en la clasificación de "ruina".
Entre los que parecen consolidados y a salvo se encuentran el caleru de El Pedroco, en Deva (Gijón); el de Casa Muslera, en la parroquia ovetense de Villaperi, en uso hasta 1920, o el Caleiro del Couz, en el concejo de El Franco (parroquia de Arancedo). Fue abandonado muy tarde, en la década de los sesenta y llegó a producir más de veinte toneladas de cal por cada hornada.
Caleru del Pinu. Ubicado en Belmonte de Pría, en Llanes. - E. C.
Dos modelos
Entre los nuevos bienes de interés cultural asturianos hay siete hornos en el concejo de Oviedo, cuatro en Tineo, tres en Ribadesella y dos en Castropol, El Franco, Salas, Villaviciosa y Llanes. Hay municipios representados por un solo ejemplar: Taramundi, Vegadeo, Belmonte, Grado, Morcín, Gijón y Carreño. Este último concejo tiene pendientes de inventario otros siete caleros.
Funcionaron en Asturias dos tipos de hornos. El más antiguo es el horno de marcha intermitente, de origen romano, alimentado con leña hasta el siglo XVIII. La leña dejó paso en su momento al carbón, como ocurrió con muchas otras actividades en Asturias.
A partir del siglo XIX se impone el horno de cal de hornada continua, más avanzado técnicamente que posibilita mayor producción con menor trabajo. Funcionaban también con hulla, antracita y carbón en polvo. En estos hornos la carga va en capas superpuestas de combustible y piedra caliza, en busca de la calcinación de la piedra.
Entre los hornos incluidos en el catálogo BIC hay seis de marcha intermitente (Vilavedeye, en Castropol; El Couz, en El Franco; Caeras y Navelgas, en Tineo; Folgueres-Villaperi, en Oviedo; y La Manzaneda, también en Oviedo). Se incluye uno cuya tipología es de tejera, en Belmonte-Pría (Teyera de El Pinu).
La cal apagada, según se explica en el estudio encargado por la Dirección General de Patrimonio y firmado por un equipo de profesionales, con el arquitecto Juan Pedrayes Obaya a la cabeza, "se empleó desde tiempos inmemoriales como elemento de albañilería. Su utilización como abono para la mejora de la fertilidad de las tierras se generalizó en Asturias durante el siglo XVIII".
La cal cocida en los hornos tradicionales se ha empleado mayormente en el abono de las tierras mientras que los hornos industriales dedicaron un alto porcentaje de su comercialización al sector de la construcción.
Horno de cal asturiano. Autor - L. Arana
FUENTE: Eduardo GARCÍA
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Cultura del Principado de Asturias, ampara los “Caleiros”
horno de cal
Cuatro son del tipo tradicional y diez del industrial. La mayor parte data de los siglos XVIII y XIX y cayeron en desuso por la llegada del cemento. El Principado  de Asturias inicia los trámites para proteger catorce hornos de cal en el Occidente. Durante años se empleó la cal para blanquear fachadas, fabricar mortero de construcción y fertilizar la tierra. Su uso generalizado llevó a la proliferación de hornos de cal por todo el territorio asturiano. Los caleiros, como se denominan en la zona occidental, tuvieron su mayor actividad entre los siglos XVIII y XIX, quedando prácticamente abandonados a mediados del siglo XX con la llegada masiva del cemento.
La situación actual es casi de total abandono y su estado de conservación, muy deficiente. Por eso el Principado de Asturias ha seleccionado los testimonios más notables que se han conservado para incluirlos en el Inventario del Patrimonio Cultural. En total, se otorgará protección patrimonial a una treintena de caleiros de toda Asturias, 14 de ellos en el Occidente, repartidos en los concejos de Taramundi, Vegadeo, Castropol, El Franco, Tineo, Cangas del Narcea, Salas y Belmonte de Miranda.
La mayor parte datan del siglo XIX, aunque muchos son de origen desconocido y de otros se tiene constancia desde el siglo XVIII, como el conjunto de caleiros de Punta a Taraxe, en Viladeveye (Castropol), donde llegaron a existir hasta 23. Se conservan contratos de compraventa del año 1772. En este caso, y a pesar de que hay constancia de «una actividad comercial inusual», los caleiros eran de tipo tradicional, como otros tres de los registrados. Habitualmente eran propiedad de varias casas que los usaban para consumo propio y venta inmediata. Los diez hornos restantes son de tipo industrial.
Cinco de ellos están ubicados en la zona del Oriente, tres en Ribadesella y dos en Llanes. La cal ha tenido a lo largo de la historia asturiana una notable importancia, siendo numerosos sus usos, que van desde los vinculados a la construcción tradicional -elaboración de morteros, utilización para blanqueo de paredes- hasta los relacionados con el abono de las tierras, sin olvidarse de su utilización en las industrias siderúrgica y química ya en épocas más recientes.
El Caleru de Sebreñu 1, ubicado en Ribadesella, fue el primero que se construyó, levantándose el número 2 varios años más tarde. En sus canteras llegaron a trabajar hasta doce personas, según la demanda que tuviesen, y tres o cuatro atendiendo a los caleros. El taller estuvo activo hasta 1975 y los hornos funcionaron hasta los años 60. La cal se vendía en la zona de Caravia y Colunga y la cantera evolucionó hacia la producción de áridos. Para ello fueron instalados dos molinos de machaqueo, conservándose elementos de uno de ellos en la actualidad. La planta de estos dos hornos genera un volumen ligeramente troncopiramidal y sus ceniceros están totalmente tupidos.
En Ribadesella se encuentra también el Caleru de La Güeda, de calcinación continua. Construido en mampostería de piedra caliza tiene una planta cuadrangular y está asentado en talud en el borde de un gran peñón calizo. De hecho, el propio asentamiento era utilizado como cantera. La anchura de este horno es menor en la parte superior que en la base, generando un volumen troncopiramidal.
En la parroquia de Pría, en Llanes, se halla el Caleru del Pinu, que se encuentra en perfecto estado de conservación. Está adosado al terreno y construido en su exterior de piedra caliza y ladrillo en las esquinas. También en Llanes se puede ver la Teyera del Pinu, donde aprecia la evolución del calero a la tejera tradicional. Debido a sus grandes dimensiones, para su funcionamiento necesitaba 30 carros en cada hornada.
Dos fueron los tipos fundamentales de hornos existentes en Asturias. El más antiguo es el horno de marcha intermitente, de origen romano y alimentado con leña hasta el siglo XVIII, cuando comienza a utilizarse el carbón de coque. Desde el siglo XIX se va imponiendo el modelo de horno de cal de marcha continua, fruto de avances técnicos que posibilitan una mayor producción con menor trabajo y uso de combustible.

INVENTARIO DE “CALEIROS” EN ASTURIAS
Caleiro d’ A Cruz, Ouria (Taramundi): construido hacia 1930.
Fábrica de cal La Sopresa (Vegadeo): de tipología industrial.
Conjunto de Punta A Taraxe, Viladeveye (Castropol): llegó a haber hasta 23 caleiros en la zona.
Casa Carbayón, Viladeveye (Castropol): en uso hasta 1930.
El Couz (El Franco): vendía cal al concejo y a Villayón.
As Penas (El Franco): se dejó de usar por el coste del carbón.
Pueblu, Vega de Rengos (Cangas): en el núcleo hay noticia de cuatro instalaciones más.
Entrepenas, Naraval (Tineo): se tienen datos de 1831.
Regueiru de Euscoría, Caeras (Tineo): de finales del XVIII.
Castandiel, Navelgas (Tineo): en uso hasta 1960.
Tarulo, El Rodical (Tineo): de finales del siglo XIX.
Rioforno, Outeiru (Salas): abandonado en la guerra civil.
La Villa, Samartín de Llodón (Belmonte): su origen está ligado a las casonas indianas de Longoria.
Caleiru de Ricabo, Godán (Salas): desde el siglo XVIII hasta 1935.
Interior del caleiro La Sorpresa, en Vegadeo.
FUENTE: Eduardo Gómez de León
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2 comentarios:

  1. Hola Roberto, muchas gracias por la información sobre los caleros, mi nota es para apuntar que en el concejo de Cudillero y concretamente en el pueblo de San Martín de Luiña hay algunos caleros, una de ellos es de mi propiedad y está en estado aceptable, pero me gustaría restaurarlo y que la gente lo pueda ver con información de su historia y funcionamiento. En la misma finca tengo unos apartamentos turísticos -Casona la sierra- e informo a mis clientes sobre el calero.
    Puedo enviarte unas fotos si te resulta interesante.
    Saludos,
    Fidel
    617321556
    fperal77@gmail.com

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    1. Muchas gracias Fidel, interesante propuesta la de restaurarlo y promocionarlo para conocimiento de las personas que estén interesadas (sobre todo con “leyenda” informativa sobre el funcionamiento), espero puedas llevarlo a cabo. Para más información puedes preguntar en el Principado (Administración), porque puede que haiga algún tipo de ayuda para ese tipo de iniciativas.
      Espero tengas suerte en el proyecto.
      Saludos

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