2 de diciembre de 2014

Fábrica de Mieres fue el gigante minerosiderúrgico que tiró de la economía asturiana en el siglo XX. (II)

La siderurgia que hizo del Valle un distrito fabril durante un siglo

Derribo de uno de los gasómetros de la factoría de Mieres
Guilhou erigió tras varios fracasos Fábrica de Mieres, en la que se integraron clanes asturianos y catalanes y los pioneros malagueños del acero español.




Con la extinción el 28 de noviembre de 2014 de Fábrica de Mieres (ya sólo era, una sociedad patrimonial) desapareció, al cabo de 144 años (135 de ellos con la denominación definitiva), el último vestigio societario del que fue uno de los mayores bastiones minero-siderúrgicos de España y que colideró, con Duro Felguera y SIA-Fábrica de Moreda, la pujanza -no exenta de enormes debilidades y periodos críticos- del desarrollo fabril e industrial asturiano y del ascenso de una nueva clase dirigente de factura burguesa y en muchos casos con proyección nacional.
Fábrica de Mieres verifica muchos de los rasgos de la vía asturiana de la industrialización. El primero y más recurrente de ellos fue el origen mayoritariamente exógeno del desarrollo fabril regional. El financiero francés Numa Guilhou (1814-1890) fue el promotor del emporio minero-siderúrgico mierense. Y lo hizo a partir de los reiterados fracasos de otros empeños (una compañía británica y dos francesas) que se habían implantado en el mismo lugar desde 1842 con idéntico propósito: erigir un distrito industrial en Mieres, cerca de las minas de carbón, para transformar el hierro. Guilhou, socio de la última de las sociedades quebradas, la Société Houillère et Métallurgique, se quedó con sus propiedades en 1870 en subasta pública, y sobre ella refundó ese año la sociedad definitiva, aún con el nombre de la compañía precedente y que en 1879 mutó por el definitivo de Fábrica de Mieres, S. A.

Jean Antoine Numa Guilhou
La historia de esta compañía aporta dos enseñanzas aleccionadoras no siempre secundadas en Asturias. Una fue la perseverancia para vencer los obstáculos y la tenacidad para después de un fracaso ser capaz de intentarlo de nuevo. La otra lección fue la voluntad, en un territorio dominado por el minifundismo, de buscar economías de escala y dimensiones de negocio acordes con el tipo de actividad. Fábrica de Mieres heredó los activos de sus predecesoras, asumió las minas de Langreo y Siero y los intereses del Ferrocarril de Langreo y adquirió las instalaciones siderúrgicas de Lena y Quirós.
Por el contrario, y una vez asturianizados la empresa y la familia impulsora, Fábrica de Mieres, Duro Felguera y SIA-Fábrica de Moreda no fueron capaces de lograr la fusión siderúrgica que intentaron unos u otros en 1884, 1902, 1907 y 1923, como tampoco se había conseguido en el pasado (1853, 1869 y 1884), en otros tantos conatos ya desde los tiempos del ingeniero Elorza. Frente a la atomización siderúrgica asturiana, la unificación en 1902 de las acereras vascas en AHV contribuyó a que Vizcaya destronase a Asturias del liderazgo siderúrgico, que Asturias ya no recuperó hasta 1957 cuando la acción discrecional del Gobierno determinó que fuese Avilés el emplazamiento de la factoría estatal de Ensidesa. De modo que fueron los asturianos los que acreditaron "la tradicional predisposición a la fragmentación social" y su "conocida vocación" a "martirizarse entre sí" que Javier de Ybarra e Ybarra, miembro de uno de los clanes fundadores de AHV, atribuyó a los vizcaínos.
Fábrica de Mieres ejemplificó otros tres rasgos singulares en el devenir de lo que se denominó la oligarquía financiera e industrial. Uno fue la decadencia de la siderurgia malagueña, precursora de esta actividad en España, a causa del ascenso de la industria norteña cuando las técnicas siderúrgicas favorecieron al carbón de piedra frente al carbón vegetal. Ese trasvase del Sur al Norte lo materializaron también los pioneros de la siderurgia malagueña, los Heredia, y sus parientes Loring (estadounidense afincados en Málaga), quienes acabaron integrándose en Fábrica de Mieres por sus matrimonios con los Guilhou. Estos tres apellidos, junto con los asturianos Pidal y Bernaldo de Quirós -entrelazados entre sí y con los Guilhou, Loring y Heredia-, y a los que se sumaron los Cañedo y otros, conformaron el núcleo de poder dinástico que se mantuvo incólume en Fábrica de Mieres hasta el final.
Imagen de la extinguida Fabrica de Mieres y el río caudal
Bernaldo de Quirós y Pidal, que también tuvieron intereses en Duro, y con ellos los Cañedo, representantes de la antigua clase propietaria rural asturiana y de la vetusta nobleza regional, constituyen otro hecho distintivo porque no fueron muchos más los clanes de esa extracción que se incorporaron con análogo protagonismo a la nueva élite dirigente fabril de naturaleza capitalista.
Con 7.000 empleados en algunos periodos de su historia, entre trabajadores de las minas de carbón y de la siderurgia, Fábrica de Mieres fue el punto de fricción que desencadenó algunos de los más relevantes movimientos huelguísticos, y en los que se puso de manifiesto la dureza patronal y la combatividad obrera. La "huelgona" de 1906 acabó con la derrota de los trabajadores, las listas negras, las depuraciones y la readmisión selectiva de empleados. Aquel desenlace fue la causa de que uno de los despedidos, Manuel Llaneza, fundase cuatro años más tarde el SOMA. Medio siglo más tarde, la huelga minera de 1962, a la que siguieron réplicas en años sucesivos hasta la nacionalización de las minas, surgió en Nicolasa, también propiedad de Fábrica de Mieres.
Entre ambas fechas, la compañía atravesó periodos de prosperidad y también de profundas crisis, y se puso así de manifiesto otra de las constantes en el transcurrir fabril asturiano: la insuficiencia, muy habitual, del capitalismo regional (como tal cabía considerar ya entonces a los propietarios -en origen foráneos- de Fábrica de Mieres) para sostener sus magnas realizaciones industriales.
La crisis de los años 20, tras el esplendor que supuso la I Guerra Mundial, llevó a hipotecar la empresa en manos de los obligacionistas (liderados por Banesto) y a intentar alianzas con la Krupp alemana. En 1934, en periodo republicano y en puertas de la Revolución asturiana, la compañía ya no fue capaz de afrontar los pagos. La crisis se prolonga siete años, con la Guerra Civil por el medio. Y en 1941 el reflotamiento de la sociedad se produjo de nuevo con concurso externo y la llegada de inversores catalanes mediante una ampliación de capital para cancelar deudas. Catalanes y vizcaínos reemplazaron en muchos casos -y Fábrica de Mieres es un ejemplo de los primeros- al antiguo dominio extranjero. Entonces llegaron de Cataluña los Riviére, Roca, Torras, García Munté y otros, que pasaron a ser dominantes en la compañía mierense frente a las dinastías originales, y a todos ellos se sumaron en 1950 los también catalanes Palomé, Abad y Suñer.
La nueva estructura accionarial supuso un realineamiento del capital a medida que afloraron graves tensiones. El sector catalán liderado por Suñer, Roca, Palomé y Abad se alió en 1950 con los clanes asturianos frente al grupo de Riviére, que acabó retirándose tras una dura lid por el control del grupo. La marcha de los Riviére a fines de los cincuenta, y tras el desgaste de más de un decenio de convulsiones internas, pacificó la sociedad, y la armonía de los que se quedaron ya no tuvo más alteraciones conocidas.
En 1959 finalizaron los problemas internos y se recrudecieron los externos. El Estado había empezado a fabricar acero con Ensidesa en 1957, haciendo la competencia a los siderúrgicos privados, a los que el presidente del INI, Juan Antonio Suanzes, acusaba de tibieza y falta de visión para modernizarse y ampliar capacidad. Al ventajismo de la empresa pública, que carecía del imperativo de la rentabilidad, se sumó el Plan de Estabilización de 1959. Suanzes fundó Ensidesa en 1950 para una España proteccionista, autárquica y aislacionista. Pero Ensidesa entró en producción en una España que empezó entonces a liberalizar las importaciones de carbón y acero. Las siderúrgicas y minas asturianas, obsoletas y con elevados costes, se encontraron en medio de esa tenaza.
El "tren de las tres", un moderno tren de laminación comprado por Fábrica de Mieres, SIA-Moreda y Duro, fue la primera respuesta, en 1961, de las tres siderúrgicas privadas a las nuevas circunstancias. Nació así en Veriña Uninsa, que entró en servicio en 1964 y a la que dos años más tarde, en 1966, las tres sociedades fundadoras aportaron todos sus activos siderúrgicos con sus 8.000 trabajadores. Las tres siderúrgicas privadas, con numerosos accionistas comunes a lo largo de su historia, no habían sido capaces hasta entonces de llevar a cabo una integración que se había demorado un siglo. Fue por poco tiempo. Los tres mayores emporios fabriles del XIX estaban al final de su recorrido minero-siderúrgico. En 1967 entregaron sus minas al Estado (así nació Hunosa), en 1970 cedieron Uninsa al INI (que en 1974 la integró en Ensidesa) y en 1972 el Ferrocarril de Langreo pasó al grupo público Feve. De nuevo Asturias precisó ayuda externa. En los 80, el INI cerró las antiguas siderúrgicas por obsoletas y dos de ellas por lejanas a la costa. Mineral de hierro y carbón llegaban por mar.                
Tumba de Numa Gilhou en las inmediaciones de la Fábrica de Mieres
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1 comentario:

  1. alguien tendrá una foto del 1 de mayo de 1978 cuando estaban 30 obreros de figaredo encaraos en lo alto? he conseguido una de la HOJA DEL LUNES, pero,,,, poca resolucion

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