6 de enero de 2014

El encanto de la iglesia de San Vicente de Serrapio (Aller), cargada de historia, alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIII

El enigma de San Vicente de Serrapio

 Lápidas de la iglesia de San Vicente de Serrapio.

Las misteriosas cajitas de madera sumergidas en agua cristalina que fueron halladas bajo un losa, en junio de 1880, en la iglesia románica allerana.

Seguramente les va a aparecer extraño que hoy empiece hablándoles de motos para acabar haciéndolo de reliquias medievales, pero ya saben que aquí, como buenos heterodoxos, no tenemos reparos en hacer estas cosas. Así que hoy iniciamos nuestra historia el 4 de julio de 1947 en la ciudad de Hollister, California, donde la celebración habitual de la fiesta nacional norteamericana acabó con serios incidentes de los que se culpó a los grupos de motoristas que se habían concentrado en el lugar.
Para lavar su imagen, la Asociación Americana de Motociclistas quiso dejar claro que la mayoría de sus miembros eran personas de bien y solo un 1%, formado en su mayoría por marginados que habían regresado de la segunda guerra mundial sin saber adaptarse a su antigua vida, dañaba su imagen. Entonces los acusados, en vez de amilanarse hicieron bandera de aquel comentario y colocaron en sus chalecos un parche con aquel significativo 1% indicando que ellos eran los auténticos moteros en contraposición al otro 99% de domingueros.
No ha pasado tanto tiempo desde que el equipo del televisivo Iker Jiménez decidió aprovechar para sus programas un par de estas páginas que ustedes tienen la paciencia de leer. Sus colaboradores estuvieron en Turón y en La Camocha, que aún estaba abierta, para poner imágenes a los «fantasmas de las profundidades», donde se hablaba de las apariciones en el interior de las minas y en otras dos ocasiones visitaron Aller para subir hasta El Rayán y contar cosas sobre los sucesos de su casa encantada, porque en este caso, además de filmar para el famoso «Cuarto Milenio» también quisieron incluir el caso en otro programa radiofónico de la misma temática.
Cuando en aquella ocasión las cámaras volvieron a sus fundas y llegó la hora del café, quise preguntarles a los encargados del programa si realmente ellos creían en los fenómenos inexplicables, y su respuesta vino a coincidir con la impresión que yo también he sacado después de andar muchos años detrás de estas cosas: en la inmensa mayoría de los casos todo es fantasía preparada para el consumo mediático, pero existe un 1% que se escapa a cualquier explicación.
Yo me encontrado con ese 1% en dos ocasiones, y las dos en el concejo de Aller. Una está precisamente en los hechos que se registraron a principios del siglo XX en El Rayán y que constituyen un verdadero catálogo de fenómenos paranormales, vistos por numerosos testigos y -lo que es más importante- sin que favoreciesen ningún interés económico. El otro está en la iglesia de San Vicente de Serrapio, que es sin duda el lugar más enigmático de Asturias.
San Vicente se levantó, según reza una de las inscripciones que se conservan en su interior, en la era 922, es decir en el año 884 de nuestro calendario, aunque el templo cristiano aprovechó un lugar que ya se veneraba desde la noche de los tiempos y en el que los romanos también adoraron a sus dioses. Hace unas décadas, los arqueólogos localizaron bajo su suelo enterramientos que abarcan más de mil años, hasta llegar al siglo XVIII; aunque con anterioridad ya se conocían otros tan curiosos como el de un personaje que cuando fue exhumado aún conservaba algo de pelo y cubría su cabeza con un gorro de lana morada y cintas plateadas. El gorro y algunos huesos de la cabeza se conservaron varios años en un cajón de la sacristía antes de perderse definitivamente.
Y es que en la iglesia de Serrapio abundan los enigmas. Allí han aparecido numerosas lápidas de diferentes épocas, unas están perfectamente estudiadas, otras son extremadamente difíciles de interpretar, ya que ni siquiera puede identificarse con seguridad el tipo de escritura en que fueron grabadas las inscripciones. Sus escasos, pero representativos canecillos románicos, los magníficos capiteles del interior, las llamativas pinturas de sus altares y de la sacristía, la propia arquitectura del lugar, todo está lleno de huellas que denotan la presencia de una comunidad vinculada a la Orden del Temple y también a la práctica de la alquimia, como he defendido en otras ocasiones más extensamente.
Podríamos detenernos en cualquiera de estos aspectos, pero hoy quiero que conozcan la pequeña historia del hallazgo de unas reliquias, tal y como se cuenta en la documentación de esta parroquia que se guarda en el Archivo Histórico Diocesano de Oviedo. Los hechos ocurrieron, según lo narró por escrito don Pedro Zapico, el párroco de entonces, en los primeros días de junio de 1880, cuando se procedió a reformar el interior del templo para reparar su suelo con tabla y hormigón, aprovechando para hacer otras obras menores y trasladar a la vez algunos retablos a sus ubicaciones originales, de donde habían sido desplazados décadas atrás.
En el curso de aquellos trabajos, al deshacer en un lateral una mesa de altar de piedra labrada para colocar el retablo de Nuestra Señora del Rosario se encontró una losa con una inscripción en dos líneas, que no les puedo transcribir aquí porque no se corresponde con ningún tipo de letra que admita la tipografía. Bajo ella había otra piedra como de un pie de largo y ocho pulgadas de ancho con dos hoyos cuadrados, muy bien trabajados y -ahora les dejo con el texto original- «dentro de los hoyos, que estaban llenos de agua cristalina, había dos cajitas de madera, la una corrompida, que al tocarla se deshizo, pero contenía en su interior unas cosas como lienzos, sangre quemada o carbonizada y polvos de huesos calcinados? en otro hoyo de la piedra se encontró una cajita de madera trabajada con poca perfección, con una chapita de madera que le sirve de llave, dentro de la cual se observan también unas cosas blancas y encarnadas y en este estado se conservan hasta nueva inspección advirtiendo que los hoyitos de madera contenían agua cristalina muy purificada, la cual se conserva hoy también en su frasquito de cristal lacrado hasta nueva inspección».
También la cajita de madera tenía un texto escrito muy parecido al de la piedra y todo ello (la piedra, las cajitas y los frascos con el agua) se depositó en la parte destinada a sagrario del mismo altar de Nuestra señora del Rosario.
Posteriormente, el 12 de abril de 1881, don Jesús Rodríguez, un catedrático del Seminario Conciliar de Oviedo, visitó la iglesia y estuvo transcribiendo sus inscripciones, leyendo esta de la que estamos hablando, tanto en la piedra como en el pequeño pergamino que apareció en la cajita como un texto latino: De lignum Jesus Cristi, y más cerca en el tiempo, el profesor Diego Santos la tradujo en su libro Inscripciones medievales de Asturias, editado en 1994, como «Del leño del señor a San Grogio», lo que indicaría que aquella reliquia dedicada a este santo no era otra cosa que una de las numerosas astillas de la cruz de Cristo que se reparten por toda la cristiandad.
La práctica de guardar reliquias de todo tipo ha sido muy habitual en el mundo católico, sirva el ejemplo de que el rey Felipe II tenía 507 relicarios con 7.422 reliquias para que le ayudasen a curar la gota. Muchas procedían de las iglesias románicas, donde era obligado depositarlas bajo las piedras de los altares para que los fieles las venerasen. Estos pequeños estuches se conocen como «lipsanotecas», una palabra derivada de otras dos griegas que se puede traducir como «depositado en una caja» y suelen ser de madera, aunque varían en su forma, a veces están decoradas y en ellas se depositaban huesos de santos o mártires u otros objetos sagrados.
Más escasas son las que contienen fragmentos de la Santa Cruz, la reliquia más venerada por la Iglesia, por ello, los relicarios que las guardan son más lujosos y casi siempre tienen también forma de cruz, lo que no sucede con las cajas de Serrapio, pero su forma en este caso sería lo de menos porque ya han visto como, a juzgar por el relato del párroco, lo que había en ellas no eran trozos de madera y si hubiese existido la mínima posibilidad de relacionar aquellos restos con la cruz de Cristo, se habrían llevado inmediatamente a un lugar seguro para que no se perdiesen.
Nunca sabremos qué contenían las dos arquitas ni lo que realmente estaba escrito sobre ellas, porque el supuesto San Grogio no figura en el santoral, a pesar de que se le ha querido vincular con San Jorge solo porque los dos nombres se parecen. Pero a mí, seguramente igual que a ustedes, lo que más me llama la atención es la conservación del agua cristalina. Primero, porque los relicarios de madera siempre se guardan en un lugar seco y es extraordinario que en este caso se hayan sumergido en un líquido sin razón aparente. Segundo, porque es verdad que si el agua permanece en el lugar adecuado puede aguantar sin corromperse mucho tiempo?pero estamos hablando de cientos de años y además, aunque la madera de una de las cajas sí se pudrió, el líquido no resultó afectado. Ya lo ven, un verdadero misterio que pertenece a ese 1% de las certezas irracionales hasta que alguien le encuentre una explicación.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR.
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La magia de un templo con historia.

San Vicente de Serrapio fue en origen lugar de culto pagano, después reconvertido al cristianismo y finalmente templo de estética románica.

Conserva un singular conjunto iconográfico en el que destacan la lápida fundacional y la dedicada a Júpiter, halladas en el siglo XVIII.

Pinturas de una de las capillas laterales del ábside. Foto: Nacho Orejas.





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Ni siquiera los restos de un reciente «botellón» que afean el cabildo consiguen romper el encanto de la iglesia de San Vicente de Serrapio (Aller). La construcción, que hunde sus raíces en un pasado lejano y cargado de historia, alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIII como uno de los templos románicos vinculados a la peregrinación a San Salvador de Oviedo.
No es extraño, dada la belleza del lugar y su emplazamiento privilegiado sobre el pueblo de Serrapio, con el cordal de Murias y el puerto de San Isidro como horizonte, que el lugar hubiera sido frecuentado mucho antes de que la explosión del Románico dejará su huella medieval en la zona, ni que algunos quieran ver en su iconografía simbologías enigmáticas y señales emparentadas con actividades secretas y leyendas mágicas.
Las excavaciones realizadas hace algunos años sacaron a la luz vestigios que demuestran que Serrapio tuvo en origen vinculación con el culto pagano, aunque con el tiempo acabó cristianizado. No cabe duda de la presencia romana en la zona, acreditada por el ara dedicada a Júpiter que se localizó durante las obras realizadas en el siglo XIX en el templo. Datada entre los siglos II y III, el ara pone de manifiesto que los pueblos indígenas asturianos todavía mantenían su organización tiempo después de haber sido conquistados por Roma aunque aceptaran los dioses de los vencedores, como sucede en el caso de Júpiter.
           

Además del ara de Júpiter, Serrapio conserva la lápida fundacional de la iglesia prerrománica sobre la que se levantó la actual. La fecha de la fundación parece ser el año 944, aunque como subraya la historiadora Rosa Álvarez Fernández, que realizó un completo estudio del templo, no hay unanimidad al no distinguirse bien algún rasgo de los números romanos que certifica el momento de su construcción. Sin embargo, tanto Joaquín Manzanares como Javier Fernández Conde defienden el año 944, en pleno reinado de Ramiro II, cuando la corte ya está en León. Dos siglos y medio más tarde, el templo sería sometido a importantes reformas que optaron por la estética de tipología románica dominante en ese momento. Algunos de los elementos que se incorporaron entonces, como fue el caso de la portada, no se conservan en la actualidad.
Pero sí conserva el templo uno de los mejores conjuntos iconográficos de todo el románico asturiano. Junto a las lápidas ya citadas figuran otras de difícil interpretación halladas en distintos lugares de la iglesia y hoy expuestas en la sacristía. Algunos de estos testimonios materiales tienen difícil interpretación, lo que ha extendido una aureola de magias y enigmas, de templarios y leyendas paganas, todo un repertorio que hace de San Vicente de Serrapio uno de los templos más singulares del Principado.
Si el ábside triple es la parte más sobresaliente de la iglesia vista desde el exterior, en el interior sorprenden por lo poco habitual las pinturas que lo adornan. Muy retocadas en el siglo XVIII, conservan aún muchos de los rasgos originales y otros en los que algunos quieren ver su relación con la alquimia y el Temple. De naturaleza religiosa, la Virgen María y Jesús, junto con otras figuras apostólicas, son los protagonistas de la capilla central del ábside, mientras que en la izquierda aparecen San Cosme y San Damián y en la derecha San Juan y San Andrés.
Las pinturas de Serrapio son un signo distintivo. La escasez de muestras que han llegado a nuestros días las hace, a pesar del repinte del siglo XVIII, especialmente interesantes. La bóveda de la sacristía con su firmamento de estrellas de ocho puntas en tonos rojizos y otros signos de carácter medieval, quizá con mensaje cifrado, es uno de los espacios con mayor encanto que uno se puede encontrar.

 San Vicente de Serrapio. al fondo, el cordal de Murias. / Foto: Nacho Orejas.

FUENTE:  M. S. MARQUÉS
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ENIGMAS ALQUÍMICOS y TEMPLARIOS EN SAN VICENTE DE SERRAPIO, (Aller-Asturias)

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Con la mirada prendida en los valles de “Aller” y sus raíces prerrománicas abrazadas a la tierra, la iglesia asturiana de San Vicente de Serrapio dedicada a San Vicente Levita y mártir, alberga enigmas que parecen asociados a la alquimia y al Temple.
Declarada monumento histórico-artístico el 15 de noviembre de 1983, el santuario consta de tres naves y triple ábside, que junto con la pila bautismal, la sacristía y su enigmática bóveda de estrellas, datan del s XII. La nave del templo, la portada y la espadaña son del siglo XVI-XVII y la nave sur, el batisterio y la estancia contigua a la sacristía son de la primera mitad del siglo XVIII.
Su estructura, según algunos indicios arqueológicos, fue construida sobre otra prerrománica del siglo X que se levantó a su vez sobre un asentamiento romano más antiguo. Un triple pasado que juguetea con el número tres, enredado en los símbolos, que carga de matices los indicios. Para Rosa Alvarez Fernández en su tesina San Vicente de Serrapio. Un templo Románico en el Camino de Santiago, “la construcción románica es tardía pudiendo fijarse una cronología finales del siglo XII y del primer cuarto del siglo XIII. Coincide esta fecha con una época de auge en la actividad artística y constructiva en la región asturiana impulsada por Cluny”
Serrapio tomó su nombre del dios greco-egipcio “Serapis” y que según la tradición oral fue representado por un Dolmen que presidió la localidad. Esta divinidad estuvo ligada a la curación y en sus Templos se interpretaban los sueños.
Antonio Piñero, catedrático de la Universidad Complutense especializado en “lengua y literatura del cristianismo primitivo” comenta que “la religión de Serapis es un invento de los Ptolomeos en torno al 260 a J.C. Ptolomeo III intenta helenizar a los Coptos e inventa una religión artificial mezcla de la griega y la egipcia, representada por el dios Serapis, también inventado.” –comenta.
La iglesia de San Vicente está enclavada en lugar estratégico, antes rodeado por una muralla, en la que cuentan que varios “alleranos”, alimentados únicamente con bayas, sobrevivieron a un asedio.
El hallazgo de la lápida votiva dedicada a Júpiter, óptimo e Máximo, adquiere un mayor valor histórico-arqueológico, ya que por las cercanías de Serrapio pasaba la calzada Romana que unía el puerto de San Isidro y Ujo, atravesando la Cordillera Cantábrica, un camino que siguió utilizándose como ruta de peregrinos primero hacia Oviedo, después a Santiago.
CANECILLOS Y SIGNOS DE CANTERO
En el exterior del santuario, supervivientes del azote de vientos y tempestades, algunos canecillos situados en la cornisa del ábside y de los aleros del muro norte y este aún se conservan casi intactos, mostrando los primeros rastros del enigma. Un “atlante” castrado sostiene el peso de una ménsula a sus espaldas, condenado por Zeus eternamente a ser el pilar divisor entre cielo y tierra. Muy cerca, la mirada doble de otro canecillo que ha sido identificado por algunos autores como el de los “gemelos”, parece estar relacionado más bien con “Jano bifronte”, el dios de las puertas solsticiales, patrón de los “collegia fabrorum” romanos, devoción que heredaron los canteros medievales y que en palabras del arquitecto lucense, Carlos Sánchez-Montaña, indica la presencia de lo sagrado.
En San Vicente, también hay ornatos con tintes eróticos, que en ocasiones presentan amputados sus atributos. La interpretación tradicional que se le da a este tipo de representaciones es que mostrarían de una forma explícita el pecado de la lujuria con una finalidad moralizadora, o tal vez que dicha temática se debiera a la influencia de las culturas orientales. Lo cierto es que existe toda una relación con la erótica y la mística en el románico que va más allá de lo meramente ornamental y que se refiere a la transmutación de la sexualidad para alcanzar la elevación espiritual.
No muy lejos, otro canecillo muestra la faz sonriente de un cordero y su triple significado, inocencia, pureza y la santidad que representa a Cristo. En otra de las ménsulas descansan tres barriles, cobijadores del secreto alquímico, del maestro cantero iniciado, estudioso de la Gran Obra, que parecen indicar las tres fases y principios del “Opus Magna”.
También encontramos varias espadas o cuchillos esculpidos toscamente en la piedra; su símbolo de poder y fuerza reservada al guerrero encierran también un sentido de purificación. Para René Guenón la espada se asimila al rayo, la acción alterna de dos principios complementarios que se relacionan con la alquimia, la coagulación y la disolución. También puede ser un “instrumento de transmisión de conocimientos y un signo de búsqueda para el iniciado” o tal vez aludan a San Bartolomé, también presente en el interior del Templo, con un cuchillo en la mano, como recuerdo de su martirio, ya que fue desollado vivo, y cuya figura está muy ligada al Temple
Numerosos signos de cantería aparecían también en los sillares de San Vicente, la mayoría cubiertos por el implacable revoque restaurador. Rosa Alvarez señala en su tesina la letra capital “M”, que se repite en distintas posiciones en algunos sillares del zócalo del ábside central interior y que se piensa que pudo aparecer en todos los sillares excepto en el número 1 y en el 13. Además, la única vez que en el exterior del ábside principal este signo de cantero en su posición “normal” es en el sillar central junto con la cruz patriarcal de doble travesera que ha desaparecido.
Bautismo de Sabiduría. El fuego secreto de los sabios
Frente a nuestros ojos, la puerta de entrada al santuario nos invita a hacer una pausa antes de cruzar el umbral.
Una Cruz Paté, símbolo del Temple, preside la bóveda de acceso al templo. A la izquierda de la entrada, vemos la pila de agua bendita, con una cruz de San Andrés en su vientre de piedra casi borrada por el paso del tiempo. Un símbolo que se repetirá en el interior del recinto sagrado, y que es la cifra romana 10, el número completo de la obra, que custodia los cuatro elementos (tierra, fuego, agua, aire) y los tres principios (mercurio, azufre y sal), o lo que es lo mismo, “el espíritu, el alma y el cuerpo” necesarios para alcanzar la piedra filosofal, “la iluminación”.
Sobre el arco que enmarca la pila de agua bendita, en un espacio huérfano restaurado en 1990-91 ya no hay huella de las tres calaveras encastradas y en fila que mordían la piedra vieja. De nuevo el número 3 se alía con el enigma. ¿Qué mensaje en clave podría desprenderse de esta conjunción de elementos? Podría ser el contrapunto entre la vida, representada por el agua bautismal, y la muerte, representada por la calavera como comenta el que fuera párroco de San Vicente Jose Antonio González Blanco, y escritor de un nutrido número de libros sobre varias parroquias del concejo de Aller entre los que destaca “Seguimiento de la restauración de la iglesia de san Vicente de Serrapio, pero ¿por qué tres? En la observación minuciosa de una instantánea en la que aparecen los tres cráneos. Pero, ¿por qué tres? En la observación minuciosa de una instantánea en la que aparecen los tres cráneos, llama la atención que todas entierran sus sentidos primordiales (oído, vista, olfato y gusto) en la roca del Templo mostrando únicamente la “bóveda craneal” ubicación del séptimo chakra (coronario o Sahasrara), que es el integrador de todos los aspectos del ser (físico, mental, emocional y espiritual), y el punto de conexión con la divinidad. ¿Qué lectura “entre líneas” se desprende de tales signos? En el terreno de la hipótesis, una idea que podría plantearse se basaría en el llamado “rito de la Tonsura” practicado durante la Edad Media en el que se rasuraba a los clérigos esta parte de la cabeza, y que es un elemento ritual de muerte y renacimiento que borra los pecados anteriores y que unido al símbolo purificador del agua bendita, prepara al aspirante para ser iniciado a través de un nacimiento simbólico, dotándole de un nombre nuevo; ritual que además implicaría una tácita imposición al iniciado de mantener el secreto de la iniciación. ¿Encierra este símbolo, un camino iniciático, un “santo y seña” sólo para los conocedores de los misterios antes de aventurarse al interior del templo?
La calavera era además uno de los símbolos usados por los “constructores” y podría relacionarse con el Baphomet Templario, supuesto ídolo en ocasiones representado con tres semblantes. Precisamente la etimología de la palabra Baphomet revela la fusión de dos términos griegos (Baph/Metis) cuyo significado es “bautismo de sabiduría”; y no deja de sorprender que las tres calaveras de San Vicente de Serrapio aparecieran precisamente sobre la pila de agua bendita. ¿Es necesario conocer de antemano las claves, los signos esculpidos por los maestros canteros, haber estudiado concienzudamente los signos para bautizarse así de la sabiduría necesaria para penetrar en los misterios del templo y ser así digno iniciado?
Posibles rastros templarios
Las restauraciones llevadas a cabo en San Vicente han revivido las pinturas murales más importantes que fueron repintadas en el siglo XVIII. En ellas encontramos elementos que podrían estar relacionados con la alquimia y el Temple. En dicho mural aparecen dos ángeles que custodian la cruz del Temple, como ya señalara Xavier Musquera en su libro “La espada y la Cruz”.
Las llaves que sostiene San Pedro en forma de cruz de San Andrés podrían aludir no sólo a la consumación de la alquimia, ya que representan Azufre y el Mercurio de los Sabios y abren las puertas del Universo, sino también como apunta Sánchez-Montaña a las llaves de Jano, la de plata de los misterios menores y la de oro los mayores. Su representación se relaciona según el arquitecto, con el Crismón; además de que los templos de Jano eran lugares de conocimiento e iniciación. En la Edad Media además se creía que los dos aspectos de la autoridad, confluían en un territorio misterioso que era conocido como el Reino del Preste Juan (Jerarca de grandes virtudes que regía un territorio de innombrables tesoros y riquezas que algunos situaban en Asia, y que se relacionaban con el Aggartha o Centro del Mundo)
Protagonista del ábside central de esta iglesia, la Virgen María aparece al igual que su hijo, por tres veces representada. En el tambor del ábside, a la derecha de una de las ventanas saeteras aparece el crucificado y de su mano derecha brota sangre que es recogida por un ángel con un cáliz, el Santo Grial. Curiosamente, la otra mano del querubín reposa sobre el aura de la Virgen, enrojeciéndola. ¿Tal vez este gesto nos está diciendo algo? ¿Tal vez señala a la Virgen como el Santo Grial portador de la sangre de su hijo? En el esoterismo cristiano la Virgen es considerada la sustancia primordial, el receptáculo del espíritu, el elemento pasivo conocedor de los procesos y ciclos de la naturaleza, en tanto que Jesús sería el elemento activo, creativo del matrimonio alquímico.
Sobre ambas escenas, el cráneo abovedado del ábside central muestra como el atanor del alquimista, un espacio encerrado en dientes de sierra con los colores de la “quinta esencia”, el color negro (nigredo), el blanco (Albedo) y el rojo (Rubedo), en el que se consuma la Gran Obra, que ya fuera mencionado por Musquera.
En la escena más destacada, a la derecha del Cristo resucitado que muestra sus llagas, vemos diferentes personas en actitud de oración. Algunos de estos personajes además, parecen representar 3 razas: Negra, blanca y roja. ¿Es casualidad y vuelven a entrar en juego los tres colores principales de la alquimia? Varias bandas blanquecinas, encierran palabras enigmáticas que aún hoy nadie ha aclarado con rotundidad. Bajo el brazo derecho de Jesús, en la banda vertical aparece la palabra “FUCO FIO”. Su traducción del latín nos llevaría al verbo Fūco (āre, āvi, ātum), cuyo significado “dar color”, “cargar de color”, en tanto que fīo, (fĭĕri, factus sum) se traduce como “convertirse en”, “transformarse en” o incluso “ser elegidos”. ¿La traducción de estas dos palabras podría referirse a “la transformación del color” presente en la obra alquímica (del nigredo al Rubledo)? ¿Es un mensaje cifrado que nos invita a una transformación espiritual para convertirnos en elegidos, en iniciantes? Las palabras “Fuco Fio” aparecen también en una enigmática lápida al igual que las que aparecen en la banda contigua, horizontal a la primera, y que dibuja un arco invertido en la que se lee el nombre INIZIO. Según Francisco Diego Santos (1994, Inscripciones Medievales de Asturias) la traducción de la lápida sería: “Iñicio Iñiz a Iñicio, nuestro hijo (en la era) (M) CC muerto en las Idus de mayo (15 de mayo de 1162).” En apariencia una lápida funeraria, sin embargo llama la atención una pequeña cruz, dibujada en la losa y ribeteada en tres de sus extremos con patas de oca. ¿Qué esconde tan enigmática cruz en una lápida que parece ser mortuoria únicamente? ¿Por qué coinciden las palabras de ésta con las bandas pintadas en el ábside central?
Junto al altar, el ábside derecho cobija más enigmas. San Juan, San Andrés y San Bartolo comparten el mismo espacio. La pintura más desgastada de las tres corresponde a San Bartolomé que conserva perfilado el filo de un cuchillo como símbolo de su martirio, pues fue degollado vivo y comparte también simbolismo con la serpiente, que muda su piel y cuya representación está ligada a los lugares de poder. Este Santo además fue testigo del primer milagro de Jesús de tintes alquímicos: la transmutación del agua en vino en las bodas de Caná. En las paredes de este ábside también se distingue el perfil de un báculo, sostenido por lo que parece la figura de un ministro de la iglesia y que podría representar el “abacus” o bastón con el mango en espiral usado por el Gran Maestre del Temple, que representa el atributo que caracterizaba al intérprete de la voluntad divina.
Epigrafía, restos del pasado.
El conjunto epigráfico de San Vicente, está constituido por cinco lápidas y un canto rodado, que aparecieron en distintos lugares del templo y fueron reunidas en la estancia contigua a la sacristía por don Pedro Zapico entre 1880 y 1886.
El reconocimiento que ha tenido San Vicente de Serrapio ha estado ligado fundamentalmente a la lápida votiva dedicada a Júpiter óptimo e Máximo, en la que se lee textualmente: “A Júpiter óptimo y máximo los Arronidaci y Coniacini dedicaron este altar para su salvación y la de los suyos.”
En opinión de Sánchez-Montaña, “Los Romanos tenían tendencia a reunir a los dioses en grupos de tres, y fruto de esta tendencia son las distintas tríadas que aparecen a lo largo de la historia. Los templos a Júpiter, aunque fuesen en un ámbito rural se emplazaban en un alto, colina o monte para vigilar y proteger la actividad de los hombres – y añade- En San Vicente de Serrapio además el ábside principal apunta al camino de llegada, una buena razón de su origen antiguo”.
Bajo el altar se halló también una piedra muy trabajada con dos cuencos de agua cristalina en los que había dos cajitas de madera, una de ellas se deshizo al tocarla. Contenía un fragmento del lienzo impregnado con sangre quemada o carbonizada. Al parecer estos objetos, junto con las paredes de la cajita, fueron recogidos en un frasquito de cristal para su análisis, pero nadie ha dado explicaciones al respecto.
La epigrafía de esta lápida fue traducida por Diego Santos como “Santas Reliquias”, lo que corrobora la finalidad de estas cajas. En la segunda parte de esta lápida se lee “De ligno Domini I Sancti Grogui” traducido como “Del Leño del Señor a San Grogio” que según este autor podría hacer referencia a San Jorge. Para Bonvin, San Jorge en su lucha a muerte con la bestia mantiene a distancia las energías telúricas denominadas “las energías del dragón” y podría indicar “los dragones internos”, la lucha íntima con nuestros miedos y limitaciones. Al parecer las representaciones de San Jorge están colocadas sobre los puntos de entrada de las energías telúricas de la iglesia. En el punto donde fue hallada esta lápida, sin duda estas energías han sido dominadas y transmutadas, haciendo de ese punto de equilibrio cosmotelúrico.
En letra desigual sobre un enigmático canto rodado leemos ESCEP ENACO, que curiosamente, al colocar algunas de sus palabras para que estas signifiquen algo comprensible nos dan la proposición “Peces en Oca”. Un enunciado lleno de posibles interpretaciones y que refuerza la importancia de la oca considerada el paradigma de la Sabiduría sagrada como guía para aconsejar a los humanos. Pero además, contrapone dos animales, uno alado otro sin alas que en alquimia contrasta dos elementos esenciales, el azufre y el mercurio, lo fijo y lo volátil.
Intriga conocer que bajo una de las lápidas halladas al parecer se encontró una gran osamenta y un cráneo, aún con pelo y cubierto con un gorro de lona morada y adornado con cintas plateadas del que no se conoce ni el paradero ni el significado.
 Bestiario Medieval. La simbología oculta de las formas.
El ábside central está franqueado por dos columnas cuya simbología viaja a caballo entre dos mundos: El del bestiario medieval y el de la simbología oculta que ofrece una lectura entre líneas, cómplice del secreto. Sobre la columna derecha del ábside central aparece esculpido un árbol de la vida con sus frutos en espiral, que para algunos autores están relacionados con el “solve et coagula” alquímico.
Los animales fantásticos que aparecen en las columnas asumen un sentido estético y moral que impone una lucha a favor de la virtud y en contra del vicio. Todos ellos han sido concienzudamente identificados gracias a la tesina de Rosa Álvarez Fernández, San Vicente de Serrapio. En la jamba derecha, un basilisco, con cabeza y cuerpo de gallo, rematado en una larga cola de serpiente. En la antigüedad clásica tenía la misión de custodiar los tesoros. En el románico, representa el guía que conduce las almas de los condenados al infierno. (El basilisco recuerda al llamado sello de abraxas, en el que cambia únicamente el cuerpo de gallo por el humano. Este sello está rodeado por la inscripción “secretum Templi” y podría aludir a la búsqueda del más alto conocimiento.)
En el centro de este capitel encontramos una sirena de doble cola que amamanta a su cría. Para el experto en Geobiología Daniel Rubio, “la doble cola indica el desdoblamiento del agua subterránea o el cruce de dos corrientes diferentes. El que dicha sirena esté amamantando a su cría podría indicar el chakra corazón y su apertura”.-comenta. La cría de sirena sobre el pecho de su madre extiende su cola y es devorada por un grifo, con cabeza, alas y garras de águila y cuerpo de león. Su simbología está a caballo entre lo humano y lo divino, entre la fuerza y la sabiduría. En el lateral del capitel izquierdo aparece una sirena ave con cabeza de mujer, cuerpo de ave, cola de reptil y patas de cabra, con la misión de arrebatar o raptar las almas de los mortales, para llevarlas al mundo de las sombras. Su intrincada cola podría indicar según Rubio las energías del templo. Sobre la grupa de un león de gran fortaleza aparece esculpida lo que parece la figura de Sansón representado con barba y largo cabello, que trata de abrirle la boca al animal. En el lateral del mismo capitel, aparece la figura de un caballero que por sus vestiduras y cota de malla podría ser Templario, con la espada como símbolo de fortaleza.
SACRISTÍA. UN CAMINO DE ESTRELLAS.
El pequeño recinto que corresponde a la sacristía, está rematado por un sinfín de estrellas de ocho puntas, símbolo que para algunos autores representa a Venus. Según el escritor y científico Plinio el viejo (23-79 a J. C) en su Historia Natural, “por su tamaño, está por encima de todos los demás astros y tiene tanta luminosidad que los rayos de esta estrella son los únicos que producen sombra. También por eso figura con una amplia serie de nombres, pues unos la llamaron Juno, otros Isis y otros Madre de los Dioses. (Plinio el Viejo. Historia Natural. Libro II, 37-38. Editorial Gredos. Madrid, 1995). La Virgen María, heredó buena parte de estas consideraciones por correlación con Venus. La propia letanía cristiana del rosario la considera “Estrella de la Mañana”, el lucero del alba. Por tanto, esta bóveda con las estrellas de ocho puntas podría ser símbolo de plenitud y regeneración e indicar un mensaje cifrado. Al parecer los mandalas servían para alcanzar a través de un recogimiento inducido, meditativo, el conocimiento, “la gnosis”. Todo hace suponer que este mandala presente en la sacristía de Serrapio otorga al Templo un carácter iniciático que solía destinarse a los ritos de iniciación templaria, a través de la meditación por parte de los aspirantes a la iniciación. La llamada “cruz de las 8 beatitudes” es una cruz de meditación que según algunos autores es clave para la construcción y desciframiento del alfabeto secreto de los Templarios, y que parece estar presente en la sacristía. Mª Luisa Bueno Dominguez, catedrática de humanidades de la Universidad Autónoma de Madrid y gran estudiosa del Temple, comenta que “en el siglo XII y debido a la orden cisterciense y especialmente San Bernardo, dan relieve al culto y exaltación de la Virgen María. Los templarios siguen la misma regla que los cistercienses… En el siglo XII surgen los templos dedicados a la Virgen María, la mayor parte de los monasterios cisterciences llevan esa advocación y los templarios rendían un culto muy grande a la Virgen”. ¿San Vicente de Serrapio podría responder a este afán constructor? ¿Podría haber sido concebido como un Templo de iniciación Templaria?
En la documentación del archivo parroquial de San Vicente de Serrapio que alberga el “Archivo histórico Diocesano de Oviedo” el párroco D. Pedro Zapico hace un recopilatorio de los hallazgos más importantes encontrados el 10 de mayo de 1880 con motivo de reparaciones en el Templo y explica textualmente que “dicen los antiguos que habitaron en el comunidad de templarios, para esta aserción se apoyan en que en el Cabildión hay señales claras de haber habido allí habitaciones o segundos pisos”.
A estas alturas de mi viaje siguen siendo muchas las incógnitas, casi tantas como las pistas que en un remoto pasado dejaron los constructores y habitantes de este templo. ¿Templarios, constructores, maestros de la alquimia? La única evidencia es la que en palabras de Sánchez-Montaña define la arquitectura antigua como aquella que transciende a la mera construcción. “Los templos son los ejemplos más próximos a esta búsqueda, que muchos entienden como alcanzar la divinidad, pero que en términos actuales podemos llamar como lugar de conocimiento. La propia arquitectura es a la vez significado y significante, pudiendo transmitir de manera simultanea forma, luz y conocimiento.”- comenta y estos rastros imprecisos, casi borrados por el tiempo parecen tener al menos el regocijo de la duda.

FUENTE:  Cristina Menéndez Maldonado
Publicado en "Más Allá de la Ciencia". Octubre 2010.

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1 comentario:

  1. MAGNIFICO TRABAJO HISTORICO,RELIGIOSO Y ARQUITECTONICO....DA GUSTO LEERLO,TAN INTERESANTE COMO ATRACTIVO ,TODO LO QUE REPRESENTA NUESTRA CULTURA ASTUR,Y GRACIAS POR DIVULGARLO ASI COMO POR TU TRABAJO DESINTERESADO EN DIVULGARLA PARA CONOCIMIENTO DE TODOS.

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