7 de abril de 2013

El Capitán masón Juan Rodríguez Lozano (abuelo de Zapatero)

 El abuelo del Expresidente del Gobierno "Rodríguez Zapatero".


El 16 de octubre de 2006, seis meses antes de las elecciones autonómicas y municipales, nos sorprendía una esquela a cinco columnas publicada en un diario madrileño en la que se recordaba a «Carlos González Álvarez, socialista y minero del concejo de Mieres, muerto a los 19 años, en octubre de 1934 junto con numerosos compañeros también socialistas y mineros en los enfrentamientos con una columna enviada desde León por el general Franco y al mando del capitán Rodríguez Lozano y otros oficiales». En el texto también se añadían referencias a los casi 1.200 caídos y asesinados en aquel episodio «víctimas del odio irracional y del clima de guerra civil creados consciente y deliberadamente por los líderes socialistas Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, que ordenaron la insurrección armada contra el Gobierno legítimo de la República» y se incluía una última consideración sobre los «miserables que pretenden desterrar y reinventar la Guerra Civil, olvidando y ultrajando a las víctimas».

Lo primero que llamó nuestra atención fue que el recordatorio, tasado en 3.000 euros, lo pagase tantos años después un sobrino del finado, y lo segundo, que citase expresamente a uno de los oficiales -un simple capitán- como responsable de aquellas muertes en los combates.

Pero el misterio se resolvió cuando supimos que el capitán Lozano no era otro que el abuelo del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, quien había citado a su pariente en aquellos días como un ejemplo a seguir, y que la esquela la había encargado Roberto Centeno, catedrático de Economía en la Universidad Politécnica de Madrid, colaborador de «El Mundo», que, como ya habrán supuesto, fue el diario elegido para la publicación, y viejo conocido de la COPE como responsable del programa «El disparate económico de la semana» y en la tertulia «La linterna de la economía», dirigida por César Vidal.

Siempre me ha llamado la atención la petulancia o, mejor, la inocencia de aquellos ciudadanos de a pie o colaboradores de prensa de corta distancia, como quien esto firma, que publican cartas abiertas dirigidas al Rey, al presidente del Gobierno o al mismísimo Papa, esperando que se distraigan un momento de sus ocupaciones para leer lo que opinan sobre los temas más peregrinos. Vaya la aclaración por delante, porque quiero dejar claro que aunque hoy voy a tratar aquí un aspecto de la biografía del mediático abuelo republicano del señor Rodríguez Zapatero no albergo ninguna esperanza de que la página llegue a la Moncloa y, lo que es más importante, les aseguro que tampoco me importa lo más mínimo. Así que no teman, quienes suelen leer esta página ya conocen lo que verdaderamente me interesa y saben que la única razón que tengo para traer aquí a colación al capitán Lozano es su relación con acontecimientos que hayan ocurrido en las Cuencas.

Al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el talante le viene de familia. El abuelo de Zapatero fue masón bajo el seudónimo de «Rousseau». Su pertenencia a la masonería queda acreditada con un documento sellado en Gijón, sede de la Gran Logia del Noroeste de España, en 1933, que acaba de ver la luz: «Sabed que nuestro querido hermano Juan Rodríguez Lozano, simbólicamente Rousseau, que firma al margen, es un francmasón regular recibido como aprendiz grado 1.º por la respetable Logia(secta) Emilio Menéndez Pallarés número 15 de los Valle de León de la obediencia de esta Gran Logia Regional, y como a tal le recomendamos a vuestro favor y protección», reza el documento.

El caso es que los historiadores de la caverna han descubierto que Juan Rodríguez Lozano fue uno de los capitanes que intervino en la represión de nuestro Octubre revolucionario y por ello no se cortan al insinuar que jugó un papel activo a la hora de «sofocar la revolución emprendida por el mismo partido del que su nieto es hoy secretario general», si a ello añadimos que en el historial del militar figura el haber obtenido en África la cruz al Mérito Militar con distintivo rojo, por su valor contra los moros mientras estaba destinado en el Regimiento de Infantería «Serrallo» número 69, con base en Ceuta, que dirigía el general José Sanjurjo, que luego haría una conocida carrera como golpista, sólo les queda decir que en vez de mandarle al paredón, los franquistas deberían haberle dado un ministerio.

Lo que parece claro es que Juan Rodríguez Lozano fue un militar modélico, y así lo hizo constar el coronel Enrique Álvarez cuando escribió en su hoja de servicios en 1927: «Este oficial es un dechado de pundonor, tiene a su favor el concepto de los jefes y de todos sus compañeros. Su modestia corre pareja con su talento y discreción. Pueden confiársele todas las comisiones y trabajos, que desempeñará a satisfacción».
Acta de enlistamiento de Juan Rodriguez Lozano en la masonería documento fechado en 1933 en Gijón

Pero, ay amigo, al parecer, la consigna era difamar al personaje como fuese y entre ellos no se pusieron de acuerdo en la línea a seguir, ya que si unos le acusaban de matar socialistas, otros se inventaron una historia sobre un comandante que durante la Guerra Civil se especializó en fusilar falangistas en la serranía leonesa enterrándolos en el suelo de forma que sólo saliera fuera la cabeza, y así se pudiera practicar con ella el tiro al blanco. Tremendo, si olvidamos la confusión entre comandante y capitán y si no fuese porque León cayó en manos de los nacionales el 22 de julio, a los cuatro del alzamiento militar, y ni Lozano ni nadie tuvo tiempo para perpetrar tamañas maldades. Aunque debemos aclarar que esta patraña partió también de otro colaborador de «El Mundo», Federico Quevedo, el cual -para que se hagan una idea de sus obsesiones- fue capaz de titular su crónica sobre el tremendo accidente de Barajas echándole la culpa al Gobierno: «Era inevitable: la España de Zapatero se ha teñido de tragedia».
Acta del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo donde consta que Rodriguez Lozano es masón (Documento fechado a 1936).

En fin, volviendo a Octubre de 1934, entonces nuestro hombre se encontraba encuadrado en el Regimiento de Infantería «Burgos» número 36, con guarnición en León, y con él se desplazó hacia Asturias el 12 de octubre como ayudante del coronel jefe Vicente Lafuente Baleztena (y no Vicente La Fuente Valeztena, como escriben los manipuladores), donde estuvo hasta el día 31 para volver después a su acuartelamiento. Veamos ahora cómo se recoge este episodio en su hoja de servicios:

«En 5 de octubre y con motivo del movimiento revolucionario estallado en las provincias de Asturias y León se hizo su Coronel cargo de la Comandancia Militar de la Plaza y quedó a las inmediaciones de dicho Jefe de servicio en la misma hasta el día 12 que acompañando al citado Jefe marchó a Campomanes (Asturias), asistiendo a los reconocimientos que se verifican sobre los Montes que ocupan los rebeldes, el 14 auxilia al citado Jefe en el reconocimiento sobre el poblado de Ronzón, siendo intensamente tiroteado el grupo de reconocimiento y quedando en el pueblo de Vega del Rey hasta el día 18, que a las Órdenes del citado Coronel que manda la Columna Centro toma parte en la operación que da por resultado la ocupación de Pola de Lena y Ujo pernoctando en este último punto y continuando al día siguiente a Mieres donde el tan repetido Jefe se hace cargo de la Comandancia Militar, auxiliándole en su carácter de ayudante en las inspecciones que realiza a los pueblos de aquella zona, donde permanece hasta el 31 de octubre, que regresa a su guarnición».

A tenor de este documento no parece que su actuación haya sido demasiado sobresaliente y, desde luego, nada señala su participación en la represión que siguió a la Revolución.


Ilustración de: Alfonso Zapìco.

FUENTE: HERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
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Juan Rodriguez Lozano, abuelo de zapatero
El 12 de octubre de 1934 las unidades militares enviadas por el Gobierno de la República se aprestaban a sofocar la huelga revolucionaria desatada en Asturias por el PSOE y la UGT. Una de las columnas militares, compuesta por moros, legionarios y otras fuerzas del Ejército, tenía entre sus mandos a un capitán de trayectoria africanista, de guarnición en León, que respondía al nombre de Juan Rodríguez Lozano. Era el abuelo paterno del actual secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Zapatero terminó su discurso de investidura como presidente del Gobierno con una cita del testamento de su abuelo, fusilado en 1936 por mantenerse fiel a la República ante el golpe militar: "Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes". Más recientemente, Zapatero ha recordado a su abuelo en un libro que ha prologado sobre los españoles que fueron deportados a Mathausen, diciendo que el capitán Lozano murió "defendiendo los valores de la democracia en la Guerra Civil española". Lo curioso es que estuvo a punto de morir por la misma causa, defendiendo la democracia representada por un Gobierno de la derecha, al ir a sofocar la revuelta organizada por el PSOE en 1934.

La hoja de servicios del capitán Lozano que se guarda en el Archivo Militar de Segovia habla de esta historia desconocida, muy distinta a la que el presidente Zapatero ha referido siempre. Zapatero nunca ha contado que su abuelo participó en la represión contra los mineros asturianos, dirigida por el general Francisco Franco, incluso escapó con vida de un fuerte tiroteo contra los insurrectos izquierdistas. Este hecho, sin duda alguna, pudo haber marcado de forma muy diferente el devenir político de su nieto, que siempre ha sentido el fusilamiento de su abuelo por los franquistas como el origen de su posición política.

Nacido el 28 de julio de 1893 en la localidad pacense de Alange, Juan era hijo de un teniente de infantería, Sebastián Rodríguez. En 1913 entró en la Academia de Infantería de Toledo, y seis años después marchó al norte de África, donde combatió contra los rifeños, teniendo entre sus mandos nada menos que al general Sanjurjo, que luego jugaría un papel muy importante en la sublevación del 36. Lozano consigue en África la Cruz del Mérito Militar por su actuación contra los moros. En 1923 es nombrado capitán y regresa a la Península, primero a Lérida y luego a León. En esta última ciudad se encuadra en el Regimiento de Infantería Burgos nº 36.

Es con este mismo regimiento que participará en la represión contra los mineros asturianos, levantados en armas el 5 de octubre de 1934 a consecuencia de la huelga revolucionaria planeada por el PSOE y la UGT. El capitán Lozano sale de León hacia Asturias el 12 de octubre, según su hoja de servicios, como ayudante del coronel jefe de su regimiento, llamado Vicente La Fuente Valeztena. para reforzar el avance de las fuerzas del Ejército por el sur de Asturias, en la que marchan también regulares y legionarios.

La columna en la que va el capitán Lozano consigue entrar el mismo día 12 en Campomanes, "asistiendo a los reconocimientos que se verifican sobre los Montes que ocupan los rebeldes", según describe textualmente su hoja de servicios. Dos días después, el 14, Lozano participa en la toma de Ronzón, y es allí donde está a punto de perder la vida, según cuenta su hoja de servicios, ya que cuando va a entrar en el pueblo es "intensamente tiroteado" por los mineros.

La firma del capitán Lozano, al pie del documento al que ha tenido acceso LIBERTAD DIGITAL.El capitán Lozano permanece en Vega del Rey hasta el día 18, en que los insurrectos deciden entregar las armas en toda Asturias. Con el fin de la lucha armada, la columna del capitán Lozano entra en Pola de Lena y Ujo. El día 19 llega a Mieres, localidad de la que es nombrado gobernador militar el coronel La Fuente Valeztena, con el capitán Lozano como ayudante, que participa con él en las "inspecciones que realiza a los pueblos de aquella zona", según la citada hoja de servicios. Lozano permanece en Mieres hasta el 31 de octubre. Ese día regresa a León, para, casi un mes después, pasar a la reserva en situación de "disponible forzoso", condición en la que sigue el 2 de abril de 1935, última fecha consignada en su hoja de servicios.

Este documento viene a demostrar, por tanto, que el capitán Lozano mantuvo su lealtad a la República bajo un Gobierno de derechas durante la Revolución de Asturias, como hizo después bajo un Gobierno de izquierdas en 1936. Esta lealtad le costó finalmente la vida, pero su particularidad es que también pudo perder la vida dos años antes, bajo las balas de los mineros izquierdistas, cuando fue a sofocar la revolución emprendida por el mismo partido del que su nieto es hoy secretario general.

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