6 de abril de 2013

Eduardo Llanos y Alvarez de las Asturias

Eduardo Llanos: de Chile a Inglaterra

Natural de Corao, trabajó como administrador de obras públicas en el país andino y ejerció como mediador en diversos conflictos territoriales

Eduardo Llanos es un indiano, no del todo infrecuente, que aprovecha el puente de las Américas, en su caso de Chile, para realizar sus actividades en el Viejo Continente, en Inglaterra. Es un poco como las quintas o «chalets» que los indianos construyen a su regreso a la patria, y que eran imitación de los palacetes franceses que afrancesados ilustrados trasladaron a las Indias y los indianos, tal vez no tan ilustrados, y afrancesados de oídas, volvieron a edificar en las quintanas rústicas, y no quedaron tan mal aquellas construcciones, ya que se integraron en el paisaje con la palmera incluida, según reconoce Enrique R. Balbín. Eduardo Llanos emigró de Asturias a Chile, y de Chile volvió a Inglaterra. Se dice que Chile, junto con Argentina, es la República más «europea» de América del Sur. Mal asunto ser tan «europeo», y más cuando el «europeísmo» no pasa de afrancesamiento. Lo mismo les sucede a los catalanes, que, según Salvador de Madariaga, se consideraban los más «europeos» de España, cuando a la vista está que sólo son imitadores que pretenden aparentar lo que no son. En cambio, Madariaga, en ese famoso artículo en el que nos dice a los asturianos grandes piropos, afirma que la verdadera región europea de España es Asturias, porque los asturianos se limitan a ser lo que son, en tanto que los catalanes aspiran a convertirse en lo que sueñan ser: caso que se da con mucho mayor dramatismo en Argentina y Chile. De Argentina se ha dicho, con razón, que es un país poblado por italianos que hablan español, viajan a París y aspiran a ser ingleses. Ésta es la mejor manera de no ser nada.
Eduardo Llanos, que probablemente no fuera afrancesado en sus orígenes, nació en el Palación de Corao, concejo de Cangas de Onís, el 12 de agosto de 1833, hijo de Benito Llanos de Noriega y de Isabel Álvarez de las Asturias Nava y Posada, tercero de ocho hermanos. Su infancia transcurrió en un lugar mágico, entre restos de las legiones de Roma y espesos castañares, y arriba, en el monte, el misterioso y antiguo templo de Abamia, que fue panteón de los primeros reyes de Asturias. Allí estuvieron enterrados Gaudiosa y Don Pelayo, y posteriormente el conocido chamarilero alemán Roberto Frassinelli, en un cementerio abandonado y derruido, que Magín Berenguer describió como sacado de un cuento de Edgar Allan Poe. Frassinelli fue aprovechado por cuatro golfos como punta de lanza para la invasión especulativo-inmobiliaria de Llanes, de la que salió un lamentable plan especial que todavía sigue por los tribunales.
En cuanto al templo de Abamia, fue agredido de manera desconsiderada y brutal por unos reconstructores que, de momento, taparon la fachada con una pasteta amarillenta a costa del erario público, y menos mal que ahora no hay una perra, pues, como decía Churchill, muchas barbaridades dejaron de hacerse por falta de dinero.
Imaginamos la infancia feliz de Eduardo Llanos entre aires de leyenda y los castaños, y arriba, el templo. Recibió las primeras letras en la escuela de Corao Castillo, y a los diez años de edad, en septiembre de 1843, es enviado a la casa de unas tías que vivían en Gijón para continuar los estudios, ingresando en 1846 en la Escuela Especial, el antiguo Real Instituto Asturiano fundado por Jovellanos, para seguir las carreras de Cálculo y Náutico, que finalizó en 1850. Y sabiendo navegar, embarca en Cádiz el 30 de diciembre de ese año de 1850 en dirección a América del Sur. Durante cuarenta y siete años vivió entre Chile, Inglaterra y Perú. Toda una vida.
Curiosamente, nunca aprovechó los estudios de náutica, dedicándose a ocupaciones de tierra firme, como la construcción. Trabajó como administrador de obras públicas municipales y del gremio de jornaleros, y debió de ser bueno echando cuentas, porque llegó a presidir la Sociedad de Beneficencia Española.
En 1876 se establece en el puerto de Iquique, en el que al margen de sus negocios desempeñó el cargo de vicecónsul de España, hasta que se instala en Santiago de Chile, donde fue inspector de Obras Fiscales y superintendente de la exposición de minería y metalurgia celebrada en el año 1894. A través de estas actividades mantiene buena relación con altos estamentos chilenos políticos y empresariales. Debía de poseer excelentes cualidades de diplomático, que le permitieron flotar como un corcho en medio de la tempestad, incluso en los momentos más difíciles, como los de la guerra que enfrentó a Chile y Perú con España de 1864 a 1868, en la que estuvo comisionado por sus compatriotas para atender las necesidades de los españoles residentes en Chile e internados, con motivo de la guerra, en los alrededores de Santiago. Para ejecutar con éxito una misión de este tipo es imprescindible disfrutar de confianza de las dos partes de un litigio.
Las labores de mediador lo condujeron a estar en ocasiones en el ojo del huracán de la historia y en medio de alguna batalla naval, a pesar de ser civil y de conservar la nacionalidad española, en una nueva guerra, la desatada entre Chile, Bolivia y Perú a consecuencia de la disputa por el territorio de Antofagasta en 1879. No dejaba de ser extraordinario que el señor Llanos, ciudadano de España que había mediado durante la guerra que sostuvieron contra ella Chile y Perú quince años antes, en 1879 mediara entre Chile y Perú, ahora beligerantes, con una guerra en toda regla declarada entre ellos. Ser mediador en una guerra es difícil; mucho más, si el mediador pertenece a una nación extranjera y lejana, hacia la que existen grandes suspicacias en todo el ámbito territorial de sus antiguas colonias hispanoamericanas, en las que la actitud contraria a la antigua metrópoli no obedece tanto a cómo había administrado las colonias en el pasado como al feroz y a la vez cursi afrancesamiento de las clases dirigentes de las nuevas repúblicas. En este aspecto, la habilidad de Eduardo Llanes me recuerda a la de Víctor de la Concha, recompensado con el Toison de oro a la corrección política por sus sorprendentes y desmesurados esfuerzos de «corrección política extremada». Pues si ahora se concede, como es evidente, el Toison a la corrección política (aunque se revuelvan en sus tumbas los viejos huesos de los duques borgoñones), el señor Solana es «correcto en materia política», de manera natural e indiscutible por su condición de «progre» en ejercicio y republicano de dinastía; mas el asturiano de la Concha hubo de ganárselo a pulso. Asimismo, a Eduardo Llanos le tuvo que resultar más difícil mediar entre Chile y Perú siendo español que si hubiera sido francés. En aquella cruel y absurda guerra entre Perú, Chile y Bolivia por Antofagasta se produjo el 21 de mayo de 1879 el hundimiento del buque chileno «Esmeralda» cuando intentaba abordar al «Huáscar», y en esa acción murieron el capitán Prat y el teniente Serrano. Llanos se ocupó de recuperar sus cadáveres y darles sepultura, a pesar de que los peruanos le mantenían discretamente vigilado por sospechar que sus simpatías se inclinaban hacia los chilenos (lo que, por lo demás, era natural). Esta acción, a la vez piadosa y política, de enterrar a los muertos, obtuvo su recompensa política, ya que en buena medida contribuyó al restablecimiento de las relaciones políticas con España, rotas desde 1865. Cuando en 1880 los chilenos recuperaron Iquique, Llanos fue públicamente reconocido por el Gobierno chileno, al tiempo que se proclamaba al capitán Prat como héroe de la patria, ya que mientras se hundía el «Esmeralda» que mandaba, saltó a la cubierta del barco peruano «Huáscar» y sobre ella luchó hasta que fue muerto. En más de un aspecto Prat recuerda al marino asturiano Villamil, que moriría unos años más tarde en la batalla de Santiago de Cuba. A Prat se le levantó un monumento imponente en Valparaíso, pero Llanos no estuvo presente en su inauguración, porque desde finales de 1879 se encontraba en Londres para hacerse cargo de la oficina en esa ciudad de la compañía salitera de los señores Astoreca y Granja Domínguez. Regresa a Chile en 1890, hasta el año 1897, en que se instala definitivamente en Londres. El regreso al Viejo Continente le permitió una relación más activa con su tierra natal. A los pocos años fue nombrado (era inevitable) presidente de la Cámara de Comercio de España en Londres, y en el ejercicio de este cargo favoreció las relaciones del puerto de Gijón con los puertos ingleses, principalmente en lo que se refiere al embarque de carbón. En el aspecto cultural, adquirió las cartas manuscritas de Jovellanos a lord Holland, conservadas por los descendientes de este en Holland House. La cultura será una de las preocupaciones de Eduardo Llanos, que sufragó la edición de libros como «Historia de la Universidad de Oviedo», de Canella, y «Reseña histórica del Instituto Jovellanos de Gijón», de Rafael Lama y Peña, y patrocinó una escuela modélica en Corao inaugurada en 1900, en la que se seguían los métodos pedagógicos más avanzados de la época. Cada escolar recibía al ingresar cuaderno, lapicero y cepillo de dientes. También contribuyó a costear la construcción de la basílica de Covadonga y publicó en Londres tres álbumes de fotografías, dibujos y mapas, titulados «Recuerdos de Asturias». En 1908 se retira a Cangas de Onís, y acaba siendo elegido presidente de su Cámara de Comercio; también colaboró con la cooperativa agrícola El Despertar. Al cabo de muchos años, don Eduardo volvía a la vida tranquila.

FUENTE:  IGNACIO GRACIA NORIEGA
__________________________________________________
 http://valparaiso-1851.blogspot.com.es

El Bombero Español Eduardo Llanos y Alvarez de las Asturias y el Combate Naval de Iquique


Don Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias nació en Corao, concejo de Cangas de Onis, el 12 de agosto de 1833. Sus padres, don Benito Llanos de Noriega y doña Isabel Álvarez de las Asturias Nava y Posada, residían en el Palación, casa solariega de la familia Noriega. Aquí nacieron los hijos del matrimonio: Amalia, Bernardo, Eduardo, Leandro, Luisa, Ana, Rodrigo y Felipe. Eduardo acudió a la Escuela de Corao Castillo hasta los diez años.
En 1843, se trasladó a vivir a Gijón junto a sus tías doña Eulalia y doña Teresa Llanos de Noriega, con el fin de proseguir sus estudios. En septiembre de 1846, fue admitido en la Escuela Especial de Gijón, antiguo Real Instituto Asturiano fundado por don Garpar Melchor de Jovellanos; en este centro cursó los estudios de Cálculo y Náutica, graduándose en junio de 1850....
Su padre, don Benito, decidió entonces enviarlo a América. Salió en dirección a Cádiz en septiembre de aquel mismo año y desde allí embarcó el 30 de diciembre.
Eduardo Llanos el español cuyo paso por Chile lo transforma en uno de los más importantes y señeros iconos patrios de nuestro país. El rescatar el cuerpo del Comandante de la Esmeralda don Arturo Prat Chacón luego del Combate Naval de Iquique el 21 de mayo de 1879, dado el abandono en que se encontraba, lo hace merecedor del respeto y gratitud de todos los chilenos a través del tiempo.
Su gesto fue motivo para que la colonia española fuera reconocida especialmente por la sociedad chilena, lo que estimuló la fundación del Círculo Español el 1º de febrero de 1880. Como es sabido, esta institución es la madre de todas las instituciones españolas a excepción de la Soc. de Beneficencia Española, en cuya fundación participó don Eduardo. En este contexto don Eduardo Llanos se transforma, también en un icono de la colectividad española en Chile.
También fue bombero voluntario, siendo el primer Director de la Compañía Española de Bomberos de Iquique, participando este asturiano como organizador de esa ciudad chilena. De regreso a la capital fue bombero de la 10ª Cía. “Bomba España” de Santiago incorporándose a esa unidad bomberil en 1892, el año de su fundación.
Llega a Valparaíso en mayo de 1851, un mes ante de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso (30 junio 1851), primer Cuerpo de Bomberos de la República. En el puerto da inicio a una exitosa carrera comercial y comprometida actividad en las Instituciones Españolas del país. El año 1863, es elegido tesorero de la Sociedad Española de Beneficencia fundada en Santiago el año 1854, entidad a la que entregó gran parte de sus esfuerzos, la que fue disuelta a causa de la guerra con España el año 1866. En 1874, forma parte de la comisión en Valparaíso para la primera exposición Internacional (exposición del coloniaje) que se organizara en Chile a instancias de don Benjamín Vicuña Mackenna (3ª Cía. “Claro y Abasolo” de Stgo.) en 1873.
Siendo Iquique territorio peruano, se funda en 1870 la Compañía de Bomberos Peruana “Iquique” Nº1. Luego de ser abandonada por los peruanos y gobernada por Chile, la compañía se reorganiza por la colonia española y se nomina como “Iberia”. Según nos relata don Rafael de la Presa “el 21 de mayo año 1881, se iza en el cuartel, por primera vez en Chile desde el bombardeo de Valparaíso, la bandera española”.
Tras la gesta heroica de Iquique, surge para la historia de nuestro país, la gran figura de don Eduardo Llanos. Los cadáveres del Capitán Arturo Prat Chacón, el Teniente 2º Ignacio Serrano Montaner y el Sargento 2º de Artillería de Marina Juan de Dios Aldea Fonseca gravemente herido (fallece 3 días más tarde) fueron desembarcados del acorazado Huáscar; en la tarde de aquel miércoles 21, y dejados en la puerta del edificio de Gobierno Peruano (hoy ex edificio de la Aduana), expuestos en la vía pública, en la calle situada entre el Muelle y la Aduana, expuestos a la burla y al vejamen público. Además en las celdas de dicho edificio, quedan detenidos como prisioneros de guerra los sobrevivientes de la tripulación heroica de la “Esmeralda”.
El destino de estos marinos parecía ser la fosa común donde sus restos se confundirían y perderían. Tal vez el asturiano Eduardo Llanos no haya pensado en la posteridad, pero sin duda que se sintió conmovido por sentimientos aún más elementales y ajenos a sentimientos nacionales, como la piedad y la dignidad humana; por ello encabezó la iniciativa de solicitar a la autoridad militar peruana, un gesto de caballerosidad y humanismo para darles una cristiana sepultura. La autoridad accede con la condición que fuese en silencio, sin cortejo y sin colocar ninguna marca en sus tumbas. Es acompañado por el gallego Benigno Posadas (presidente de la Sociedad Española de Beneficencia de Iquique, fundada en 1877), el español, residente temporal en Iquique, don Jaime Puig y Verdaguer, don Santos de la Presa Casanueva y otros miembros de la colectividad hispana.
Al momento de ser entregados los cuerpos de Prat y Serrano, son trasladados a la 1ª Cía. de Bomberos; aunque un gran número de de voluntarios eran españoles y de otras nacionalidades, aun no tomaba el nombre de “Española”. En este cuartel se fabrican en forma rápida las dos cajas fúnebres con tablas de botes pesqueros que facilitan cuatro boteros chilenos.
Eduardo Llanos utiliza como mortajas un juego de sábanas, las cuales en una de sus esquinas tenían bordadas sus iniciales.
Una vez terminadas las dos cajas fúnebres, la comitiva marchó con los ataúdes al cementerio que en esa época estaba en el extremo de la ciudad; hoy está en medio de Iquique. Los restos fueron llevados en carretas, dignos, mudos e inmutables, pese a algunas miradas y gestos burlescos de los transeúntes peruanos con que se toparon, hasta llegar al cementerio más triste del mundo, sin cipreses, sin flores, sin verdor, todo árido, todo polvoriento y cálido.
Allí contempló por última vez la faz del capitán Prat, lívida como la amarillenta cera de un velón y con una profunda herida en la sien, y le tocó escribir con tinta negra, sobre una cruz improvisada: Arturo Prat Chacón, Mayo 21 de 1879.
Hay que destacar que un alto porcentaje de ciudadanos en Iquique eran chilenos, a tal punto que formaron una Compañía Chilena de Bomberos Nº6 de Ganchos, Hachas y Escaleras. Al producirse el bloqueo fue cerrada por la autoridad peruana; además después del combate, temiendo un levantamiento de los chilenos, son expulsados de Iquique.
El pueblo chileno debe estar profundamente agradecido de estos caballeros españoles. Pero, como lo expresa don Rafael de la Presa Casanueva, “el acto de los españoles en Iquique, no solo se circunscribió al piadoso enterrar a los muertos, sino también, a dar socorro material y espiritual a los sobrevivientes de la épica hazaña”
Al producirse en noviembre de 1879, la ocupación chilena en Iquique, se nombra como su primer Alcalde al Almirante don Patricio Lynch Solo de Saldivar, quien solicita a don Eduardo integrarse al Municipio dentro de los planes de organización de la ciudad. Posteriormente fue nombrado por España Vicecónsul, título que mantuvo hasta su alejamiento del país.
En noviembre de 1879 al tomar el control las fuerzas chilenas, comienza el retorno de chilenos a la ciudad, reorganizando la 6ª Cía. y acuerdan cambiar el nombre de “Chilena” por “Sargento Juan de Dios Aldea”.
Una vez ocupada Iquique por las fuerzas chilenas los bomberos de la 6ª Cía. toman como suya la difícil tarea de ubicar los restos del Sargento Juan de Dios Aldea. Primero hablaron con los médicos quienes les informaron que tenía un brazo amputado, varios impactos de balas y parte de su cuerpo destrozado. Por estos mismos datos, son informados que sus restos no fueron sepultados en una tumba separada como Prat y Serrano; sino que fueron tirados a la fosa común del cementerio.
Con la autorización del Administrador del Cementerio local, remueven “toda la fosa común del cementerio” hasta que ubican los restos del Sargento Aldea, de los cuales se transforman en custodios permanentes. Conservan los restos en su cuartel hasta que son trasladados al Monumento a los “Héroes de Iquique” en Valparaíso, donde descansan junto a su Comandante y la tripulación inmortal de la “Esmeralda”.
Es importante señalar que como consecuencia del Combate Naval de Iquique y el heroico desempeño de su gloriosa tripulación, el 29 de mayo la 2ª Cía. “Bomba Sur” de Santiago se reúne en Sesión de Compañía y acuerda cambiar su nombre por el de “Bomba Esmeralda” en eterno homenaje a la gesta heroica donde combatieron dos de sus más preclaros voluntarios; el Guardiamarina Ernesto Riquelme Venegas y el Cirujano 1º Dr. Francisco Cornelio Guzmán Rocha, a quienes en póstumo homenaje se les pasa lista eterna en todos los actos de servicio.
También el 29 de mayo veintidos quintinos de Santiago escriben a su Capitán solicitando el cambio de nombre de la 5ª Cía. “América” por el del Héroe Mártir “Arturo Prat Chacón”, y que fundamentan señalando que debe estar en la mente y el corazón de todos los chilenos, que debe ser sagrado talismán de los que defienden la honra de la patria en que como la nuestra, alguna vez suele exigir, abnegación y acaso heroísmo. La petición fue aceptada por todos los integrantes de la 5ª Cía. y ratificada por el Directorio General del Cuerpo de Bomberos de Santiago.
Al terminar la Guerra del Pacífico, don Eduardo Llanos y Álvarez de las Asturias deja el Norte y regresa a Santiago, donde se incorpora a la 10ª Cía. “Bomba España” (se aprobó su ingreso en Sesión de fecha 4 de octubre de 1892), para el día 12 de octubre durante una majestuosa celebración que recordó en Santiago el descubrimiento de América, don Eduardo fue el gallardo portaestandarte de la bandera española, que compartía honores con la italiana y la de todos los países americanos. En la actualidad en la testera del Salón de Sesiones de la “Décima” hay un cuadro con la figura de este noble bombero español.
Don Rafael de la Presa en su libro los Primeros Noventa Años del Circulo Español, nos entrega algunos importantes antecedentes de don Eduardo resumiendo hasta el día de su despedida de Chile en 1897 de la siguiente manera: “Don Eduardo Llanos, que cuando estaba en Santiago hacía del Círculo su casa, pues se lo recibía como a socio de honor, no aceptándosele el pago de cuotas - nadie olvidaba que su gesto había hecho posible el nacimiento del Círculo - se despedía de la Institución, regalándole 27 tomos de la “Biblioteca de Clásicos” de Rivadeneyra, que felizmente aún se conservan, teniendo cada uno de ellos, en su primera página, la firma autógrafa del insigne español. El señor Llanos había sido nombrado por la firma salitrera, Granja, Domínguez y Astoreca (todos sus socios, españoles), Agente en Inglaterra y en España para hacerle propaganda al consumo del salitre. También gestionaría se estableciera una línea de vapores entre Gijón y Valparaíso. Largos años cumplió esas funciones, antes de retirarse de los negocios y volver a su pueblo natal, Corao (Asturias), en donde fallece y es sepultado el 4 de marzo de 1927.
Don Eduardo Llanos y Álvarez de las Asturias, puede ser considerado como el personaje de la historia de nuestro país que, junto al mártir de la “Bomba España” de Santiago, Teniente 2º don Luis Aixalá Plubins, muerto en Acto de Servicio en Valparaíso el 9 de marzo de 1930, aúna mejor los principios hispano bomberiles en Chile. Español de cuna y entregando entusiasta el espíritu hispano en nuestro país; bombero voluntario de dos compañías chileno españolas que hoy son parte de la Confederación de Bombas Españolas de Chile y rescatando para Chile lo más sagrado que puede tener un país, los cuerpos de sus héroes.


 Busto de Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias frente al palacio Rímac (Chile).

FUENTE:  Valparaíso 1851 (hrm-cca)

6 comentarios:

  1. Estimados amigos, en la Republica de Chile, especificamente la ciudad de Iquique, funciona la unidad de Bomberos de nombre Compañia Española de Bomberos Nro. 1, en la cual se honra el nombre de Don Eduardo Llanos, quien es parte importante de la historia de nuestra patria, en su cuartel se conservan fotos y escritos dejados por este ilustre personaje. les dejo este link para que puedan ver la importancia e historia que se conserva en esa ciudad.
    https://www.facebook.com/#!/bomba.espanola

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amigo Christian, lo primero agradecerte la visita a este modesto blog. Me gustaría (si es posible?), me pudierais mandar más información inédita sobre D.Eduardo Llanos con el fin de enriquecer la historia del mencionado personaje.
      Gracias de nuevo y saludos desde Mieres - Asturias

      Eliminar
    2. Muy completo trabajo sobre este ilustre español, pero habria que corregir la fecha del combate de Iquique y que fue en 1879 y no en 1871.

      Eliminar
    3. Estimado amigo José Miguel, corregido el error, estás en lo cierto, en la 2ª parte del artículo, la fecha está bien puesta, lamento el error del texto en la 1ª parte del artículo.
      Muchas gracias por detectar el error y visitar el blog.
      Saludos desde Mieres (Asturias-españa)

      Eliminar
  2. Me disculpo después de tanto tiempo, pero había perdido la dirección de esta pagina.
    Les contare que vivo en la república de Chile, en la ciudad de Iquique y soy Bombero Voluntario de la Compañía Española de Bomberos Nro. 1, del cual su primer Director fue don Eduardo Llanos, esta unidad de bomberos fue originalmente peruana y durante la Guerra del Pacifico (1879-1884) entre Chile, Perú y Bolivia, la ciudad de Iquique fue anexada a Chile.
    Es en ese periodo que sus integrantes españoles la re-fundan y le dan el nombre de española (21 de Mayo de 1881).
    En Chile, muchas unidades bomberiles fueron fundadas por colonias extranjeras y la Española de Iquique es la mas antigua del país, pues existen otras en diferentes ciudades.
    Somos orgullosos de nuestro pasado y de la figura del que consideramos un gran asturiano, Don Eduardo Llanos.
    Les dejo este link para que nos visiten y sepan mas de nosotros y nuestro pasado
    http://primeraiquique.wix.com/bombaespanola
    Saludos desde Chile

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amigo Christian, muchas gracias por visitar este modesto blog, agradezco tu comentario y no dudes que visitare vuestra pagina para conoceros un poco mejor.
      Saludos desde Mieres (Asturias-España)

      Eliminar